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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-04-2018

Armas qumicas en Siria
La hipocresa de las acciones militares y las lneas rojas

Taha Ozhan
Middle East Eye

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.



Las nubes de humo se elevan por detrs de los edificios destruidos en la regin de Guta oriental, alrededores de Damasco, 10 de abril de 2018 (AFP)

Es una autntica alucinacin imaginar que sacrificando a los sirios, el rgimen y sus patrocinadores podrn eliminar el riesgo de cambio en el statu quo regional.

La crisis siria ha ocupado un lugar inconfundible desde que se iniciaron los levantamientos rabes. Los pasos proactivos de los grupos internos de la oposicin haban desencadenado revueltas en Tnez, Libia y Egipto, empezando todas ellas con protestas civiles ostensiblemente apolticas en gran medida, centradas en reclamaciones econmicas relacionadas con el destructivo statu quo del siglo XX.

En Tnez y Egipto, el eje geopoltico y las estructuras estatales institucionalizadas impidieron que Zine El Abidine Ben Ali y Hosni Mubarak perpetraran atrocidades masivas para sofocar las revueltas. En Libia, Muammar Gadafi utiliz la fuerza del ejrcito contra los manifestantes sin comprender siquiera contra qu estaba luchando, y el pas se sumi rpidamente en una guerra civil.

Siria fue el eslabn final en la cadena de levantamientos rabes, que estall con una violencia sangrienta por parte del rgimen de Asad incomparable a las otras. En los primeros das de las protestas de 2011 en Siria, los jvenes escribieron mensajes en los muros afirmando: El pueblo quiere derrocar al rgimen. Por tanto, la revuelta siria se inici en un contexto poltico diferente.

Un contexto geopoltico especial

No slo los revolucionarios eran diferentes. Los gobernantes baazistas de Siria aprendieron la leccin de lo que le haba sucedido a otros regmenes rabes e intervinieron en la forma ms sangrienta posible, como haban hecho con anterioridad en varias ocasiones.

A diferencia del presidente sirio Bashar al-Asad, los dictadores de Tnez, Libia y Egipto no ostentaban la propiedad de sus regmenes, al deber sus puestos a dinmicas geopolticas y relaciones de poder internas. Ninguno haba heredado el poder a travs de relaciones de sangre, lo que significaba que su destitucin, si bien problemtica, no implicaba una crisis existencial para sus respectivos establishments estatales.

Asad, en cambio, se hizo cargo de una dinasta sectaria recibida de su padre. Complejas consideraciones geopolticas internas y regionales apuntalaron el establishment de su gobierno a partir de una secta minoritaria en el pas. Las relaciones de Siria con Irn y Rusia, por una parte, y la existencia de Israel como excusa til, por la otra, proporcionaron al rgimen sirio un contexto geopoltico especial. La cooperacin estadounidense-iran tras la invasin de Iraq sirvi para solidificar la posicin de Siria.

Todos estos factores significaron una cosa: el gobierno baazista estaba dispuesto a desencadenar otro bao de sangre para sobrevivir. El pueblo sirio se ha visto sometido a una versin del genocidio ruands en el siglo XXI, slo que a cmara lenta, soportando siete aos de irracionales matanzas masivas, ataques de misiles, bombardeos con bombas de barril y uso de armas qumicas.

Los baos de sangre, las masacres, los asesinatos extrajudiciales, las torturas y la opresin eran elementos que ya existan en el lxico orgnico de los sirios. A finales de la dcada de 1970, prevaleca un ambiente duro mientras el rgimen baazista se preparaba para emprender la guerra contra la oposicin: Se exiga una lealtad absoluta: se consideraba que quienes no estaban con el rgimen, estaban contra l. Haba que defender el Estado baazista, con sangre si era necesario. Stalin haba sacrificado a diez millones de seres para preservar la revolucin bolchevique y Siria debera prepararse para hacer otro tanto, escribi Patrick Seale en Asad: The Struggle for the Middle East.

Intentando recrear Hama

Segn un prrafo del libro From Beirut to Jerusalem, de Thomas Friedman, un empresario libans implicado en diversos acuerdos con el general sirio Rifaat Asad mencion en una ocasin una conversacin que haban tenido sobre la rebelin de Hama. Supongo que all matasteis a 7.000 personas, dijo el empresario a Rifaat, segn se cita en el libro de Friedman. En vez de minimizar el alcance de la tragedia, al parecer Rifaat respondi: De qu ests hablando? 7.000? No, no. Matamos a 38.000.

El rgimen de Asad se ha pasado los ltimos siete aos intentando recrear Hama por toda Siria.


Voluntarios rocan a un hombre con agua en un hospital improvisado tras un supuesto ataque qumico contra la ciudad rebelde de Duma el 7 de abril de 2018 (HO/Douma City Coordination Committee/AFP)

El supuesto uso de armas qumicas del 7 de abril por parte del gobierno sirio en Duma, Guta oriental, le record al mundo la lnea roja anunciada en 2012 por el entonces presidente estadounidense Barack Obama respecto a la utilizacin de armas qumicas. Desde entonces, la lnea roja se ha convertido en luz verde para todo tipo de masacres, no slo por parte de Asad son tambin del presidente egipcio Abdel Fatah al-Sisi.

En 2013, Obama recurri al Congreso para llevar a cabo una intervencin militar en Siria slo para perder la votacin. En realidad, Obama dio luz verde no slo a Asad sino tambin a Sisi, al negarse a llamar golpe de Estado a los acontecimientos del 3 de julio de 2013 en El Cairo.

Al rgimen de Sisi se le dio luz verde cuando perpetr la masacre televisada al atacar a miles de manifestantes pacficos en la plaza Rabaa y en otros lugares. Asad y sus compinches vieron de forma muy clara esa luz verde que Obama y la Unin Europea ofrecieron con su apoyo pasivo al sangriento rgimen egipcio. La llama del cambio encendida en 2011, se apagaba en Egipto dos aos despus, proporcionndole un gran regalo al rgimen de Asad.

Una visin sangrienta del futuro

En Siria ya no queda ms que dolor y desesperacin, y lo nico que los facilitadores y partidarios del rgimen sirio pueden ofrecer a los sirios no es sino ms sufrimiento. No tienen ms perspectiva que mantener al rgimen mediante todas las masacres que sean necesarias, creando una Siria sin sirios. Continan matando, confiando en que no regresen los millones de refugiados sirios en el exterior y en que los siete millones de seres internamente desplazados permanezcan donde estn.

Sin embargo, es un puro delirio imaginar que sacrificando a los sirios van a poder librarse de su profundo temor al cambio en el statu quo regional. El nico resultado de ignorar las demandas de cambio del pueblo es que se acumule ms ira y que el terrorismo se reencarne bajo nuevos nombres y formas.

Desde el primer momento, el problema sirio no se ha interpretado, intencionada aunque errneamente, como una crisis geopoltica, porque su resolucin implicara un cambio en el statu quo regional. En cambio, la crisis siria se ha reducido a un problema de terrorismo o de armas qumicas. Aunque esto ha provocado la mayor tragedia humanitaria del siglo XXI, la situacin geopoltica se ha deteriorado an ms.

Una respuesta militar parcial al uso de armas qumicas en Duma por parte del rgimen y sus patrocinadores, no har sino prolongar la sensacin de dj vu de los ltimos siete aos. Slo valorando la crisis siria como problema geopoltico y tragedia humana, tendremos alguna oportunidad de ofrecer una solucin global.

La perspectiva perversa que teme el cambio democrtico ms que a las armas qumicas, o al cambio del statu quo ms que al terrorismo, es tan hipcrita como la lnea roja de Obama.


Taha Ozhan es miembro del Parlamento turco y presidente de su Comit de Asuntos Exteriores. Es asimismo acadmico y escritor. Es doctor en Ciencias Polticas y Relaciones Internacionales. Con frecuencia comenta y escribe para medios internacionales. Su ltimo libro publicado es Turkey and the crisis of Sykes-Picot Order (2015).

Fuente: http://www.middleeasteye.net/columns/chemical-weapons-syria-hypocrisy-military-action-and-red-lines-862720487

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma.



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