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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-04-2018

La humillacin de Lula muestra que no hubo conciliacin ni que jams habr absolucin de la historia

Gabriel Brito
Correio da Cidadania


La escena es de aquellas que no se puede creer ver. Lula est preso, s, es verdad. Dursimo golpe a todos los que soaron con una pas mejor. Incluso para aquellos que haban roto hace tiempo con el Partido de los Trabajadores y los consideran un instrumento de profundizacin del orden neoliberal, con discurso demaggico que no resisti las vicisitudes de una crisis econmica superior al mal rodaje y cuyo impacto era imposible disimular.

Lula preso es un golpe de muerte en los ltimos 40 aos de luchas sociales y de los trabajadores. La tragedia ya era anunciada, al final, estamos hablando de sectores que hace tiempos se despegaron de sus supuestos representados, inclusive bajo innumerables alertas. Tal vez por eso mismo la burguesa brasilera se haya sentido a voluntad para quebrar las reglas de su propio juego y excluirlo de la escena poltico-electoral. Como venimos publicando, su proyecto neocolonial expoliador no puede valerse por medios democrticos. Y despus de aquello que llamamos falsa polarizacin, simbolizada en la disputas con el PSDB, ahora es hora de partir para el asalto.


Hechos versus propaganda

Como escribi el analista poltico Fabio Lus Barbosa dos Santos, en su libro Ms all del PT. La crisis de la izquierda brasilera en perspectiva latinoamericana: se observa una polarizacin sin ninguna correspondencia con lo que estaba en disputa: la gestin de la crisis se profundiza en el pas. En cuanto el tono de las acusaciones entre los candidatos se eleva, se rebaja el debate poltico. Un clima de hostilidad visceral intoxic el electorado, ampliado por la media corporativa. No es difcil percibir la funcin de esa polarizacin postica, que ocult las cuestiones relevantes para Brasil. Junio de 2013 desencaden la insatisfaccin con el padrn lulista de desarrollo del subdesarrollo, que en este momento tuvo expresiones a la izquierda y a la derecha.

Puede parecer persecucin a los aturdidos partidarios de los gobiernos de Lula, pero es nuevamente difcil tejer explicaciones sobre la humillante derrota sin pasar por las protestas de 20013, hasta hoy discriminados por una izquierda que ahora reclama unidad y dice condenar el sectarismo. Hace eso de la boca para afuera, pero sigue torciendo la nariz para las manifestaciones polticas ms diversas de la historia de Brasil. Y pag caro por propagandear de forma fantasiosa un caminada de progreso del grueso de la poblacin, cuando no pas de un vuelo de gallina, un momento de avance material, en una vida cercada de privaciones y violencias.

Vamos a los datos oficiales contenidos en el Catastro nico del Bolsa Familia, disponible en el sitios del Ministerio de Desarrollo Social; en febrero de 2013, haba 71,1 millones de personas que vivan con medio salario mnimo. Da 35 % de la poblacin brasilera. Estamos hablando de un perodo en que se completaban 10 aos de gobiernos petistas, aquellos que supuestamente reduciran dramticamente la pobreza. Slo supuestamente. Saltemos para 2015, el ltimo ao completo de Dilma Rousseff y, como tal, el ltimo ao del ciclo petista (hasta ahora). Haba entonces 73.327.179 personas pobres, lo que da cerca de 36% de su poblacin total. Por tanto, aument el nmero de pobres (en poco ms de dos millones de personas) y aument tambin un poco el porcentaje de pobres en el conjunto de la poblacin, escribi Clovis Rossi, en la Folha de So Paulo.


Unidad en torno a qu?

Por tanto, si hay sectores y grupos que todava se interesan por esa tal unidad contra el mal menor ni siempre asociado al carcter de la explotacin capitalista enraizada en Brasil- contina necesario entender quin y por qu se hicieron aquellos levantamientos masivos. Entre otras cosas porque con resistencia potica y consignas de las redes sociales o churrascos entre amigos en el Sindicato de los Metalrgicos no se saldr de la confusin.

Lamentablemente, el PT y su militancia estn obsoletos, se ahogaron en un mar de prepotencia e intolerancia delante de la alteridad. Toda crtica viene siendo tratada como discurso de odio y, a seguir, achatada en un bloque unitario y amorfo de antipetismo. El extremismo petista parte, entonces, hacia la solucin ms simple: denunciar como fascista todo lo que le desagrada, enfatizando el discurso de polarizacin partidaria, que es la forma no slo de destruir el enemigo, sino tambin de doblar las crticas venidas de la izquierda, segn la tentativa de construir un discurso unificado hegemnico de las izquierdas, es decir, la unificacin que atiende la voluntad del gobernismo, escribi en Correio da Cidadania, en 2014, la abogada de derechos humanos Priscila Prisco, al comentar la contratacin de la empresa de marketing Marissol, involucrada de establecer perfiles sobre el antipetismo.

S, quien un da tuvo a Florestan Fernandes para comprender la mecnica de la lucha de clases brasilera, atac con una oscura empresa de marketing y sus encuestas de campo que ven a manifestantes como clientes de una democracia que slo podra realizarse por el mercado y por el consumo.

Qued patente, desde entonces y con renovados ejemplos, la muerte del partido como instrumento de transformacin social. La acomodacin y burocratizacin de la sigla lleg a tal punto que, adems de incapaz de comprender la realidad, o se recus a hacerlo, siempre respondi con ms y ms austeridad. No solamente en 2015-2016, en el mandato nacido muerto de Dilma, sino en aquel huracanado 2013 y tambin en 2014.

Confrontado con la impotencia de cambiar el orden, el pueblo brasilero asisti a una radicalizacin reaccionaria durante el proceso electoral. En este contexto, muchos cuadros acudieron a una defensa apasionada del petismo, vacindola de cualquier potencial de cambio. De otro lado, una clase dominante siempre opuesta al protagonismo popular sinti que el momento lulista pasaba y retom la ofensiva. Sin alternativas programticas a presentar, su discurso se desliz rpidamente a preconceptos y rencores que revelaban la intolerancia con la existencia de un partido de trabajadores, aunque desprovisto de autonoma de clase, observa Fabio Lus en su libro.


La falsa polarizacin y su destruccin final

De impotencia en impotencia y propaganda chapa blanca irresponsable, alienada de suelo social, fuimos siendo tragados por los sectores reaccionarios de la sociedad, estos que irguieron un monumental apartheid social y apenas toleran el habilidoso arbitraje poltico de Lula. Pues si del lado de ac nos acomodamos, por la all jams descansaron en su lucha de clases. Cuando las condiciones del gana-gana se borraron su ofensiva siniestra ya estaba armada. Porque siempre estuvo, basta revisar los acervos de los medios hegemnicos y sus portadas entre 2003 y 2012.

Los tems de la cuestin es que el PT se torn prescindible para realizar las reformas antipopulares exigidas en el momento. En 2015, la militancia estaba aprisionada entre la dispersin y la resignacin. Acomodados al neoliberalismo, los defensores del gobierno recorran a argumentos cada vez ms delirantes, sin resonancia popular, dice Fabio Luis.

Traicionada la ciudadana en tos los momentos decisivos, tambin podemos comprender la ausencia de rebelda ante tamaa ofensiva conservadora. La acomodacin, burocratizacin y desmovilizacin fue tanta que en la hora en que las cosas salieron del control no hubo fuerzas para el combate. Y cuando hubo se dio el inexplicable marcha atrs.

Eso se vio en todos los momentos posibles: en la tentativa de nominar a Lula para la Casa Civil (Ndet: cargo de confianza presidencial que acta como una jefatura ministerial ), en las dos votaciones del impeachment de Dilma, en las fuertes protestas contra Temer en 2016, en las millares de alianzas con el PMDB en las elecciones municipales y en las dos huelgas generales entregadas a este gobierno en 2017, en la estrategia mezquina de las centrales sindicales que vislumbraban una victoria electoral a partir de un pas arruinado en este 2018.

Slo rest, como fue dicho, la resistencia potica. En cuanto la actitud de Lula, creo que, la opcin de permanecer en el pas, era lo inverso a entregarse resignadamente en Curitiba. Era como si l dijese al juez Sergio Moro: me encanta el modo. Sobre la militancia que lo rode, era toda ella de izquierda, en una especie de mistificacin de Lula como efecto de su decisin de no entregarse en Curitiba y hacer un juego de fuerza con Moro, juego ese que Lula gan, a mi ver, en el campo poltico. En tanto, me parece que esa movilizacin est restringida al campo de la izquierda y no contamina a la sociedad, complementa Marcelo Castaeda.

Sobre los metalrgicos del ABC, adems, cabe recordar que se trat de una organizacin pionera en proponer la tesis de negociar sobre lo legislado, ya en 2007, ahora tornada realidad en la Reforma Laboral de Temer. Al final, hablamos de aquella clase trabajadora que fue al paraso, consigui sus victorias, tendr jubilacin. Por eso, una vez ms, no se comprende lo que fue 2013, levantamiento de la generacin nacida y crecida bajo la gida de la mercantilizacin total de la vida. Tambin por eso jams podra partir de ah una resistencia real y destruccin de la figura de Lula y del PT.

En 2012, yo estaba luchando por el Pinheirinho, cuando Dilma firm la desapropiacin y vi ms de 600 familias ser masacradas. En 2013, yo estaba luchando por el asentamiento Milton Santos, cuando tambin Dilma afirm el decreto que mantena a los asentados en sus tierras, pero que ya estaban asentados haca muchos aos. En 2013, yo estaba en las calles luchando por el transporte pblico de calidad, en cuanto el PT condenaba a los que luchaban de ser brazo de la derecha. En 2014, yo estaba luchando contra el gran desvo de dinero que fue la Copa del Mundo del gobierno del PT, en cuanto Dilma firmaba la Ley Antiterrorismo, que antecede lo que peor ha de venir a los movimientos sociales. De 2016 hasta hoy estoy en las calles, en las ocupaciones, en las periferias, en los sindicatos, haciendo lucha, formacin y resistencia, en cuanto buena parte de los movimientos que blinda a Lula en Sao Bernardo se recusaban a movilizarse porque hallaba que cuanto peor-mejor, pues las chances del PT aumentaran en las prximas elecciones. Ahora no voy a salir a la calle por Lula y por el PT. No me condenen por eso, escribi una lectora a la redaccin del Correio da Cidadania, que pide el anonimato pues lidia en su cotidiano con el proxenetismo de la derecha rabiosa y su proyecto reaccionario de Escuela Sin Partido.

Sin dudas, son tiempos sombros que pueden acentuarse. Slo por estos das, lidiamos con noticias de masacres y rebeliones en el presidio de Par, carniceras en Fortaleza, en nueva demostracin de la quiebra del Estado brasilero y ascenso de su brazo paralelo, y la informacin de que en Baha, gobernada por los petistas Jacques Wagner y Rui Costa, el asesinato de negros creci 118% en los ltimos diez aos.

Un pas destrozado, sin dudas, y con instituciones que no estn a la altura de nada, todava que el destruido PT de ellas dependa para recomponerse polticamente, pues por las calles sabe que pasar vergenza y hablar solito.

La decisin del STF (Ndt: Supremo Tribunal Federal) sacraliz el desbarranque final de las instituciones pblicas brasileras. Con claridad meridiana los jueces decidieron con la presin inmediata de los que operan con la fuerza fsica del Estado, las Fuerzas Armadas, que se pronunciaron con amenazas a la forma institucional. Jueces supremos que deciden bajo el dictado de la fuerza muestran que no tienen poder de hecho y de derecho. Adems, la historia de nuestra Suprema Corte est plena de episodios en que magistrados, en colegio o individualmente, se curvan ante los caones. Perderemos incluso la ficcin del pacto constitucional que todava ofrece alguna garanta de sobrevida a la sociedad civil. Si hubiese dilogo y buen sentido de todos, los prximos aos sern profundamente oscuros. Y tal situacin apenas prolonga lo que vivimos desde el golpe de Estado que instaur la supuesta Repblica brasilera, contextualiz al IHU (Ndt: Instituto Humanitas Unisinos) el filsofo Roberto Romano.

Pero, nuevamente recurriendo a la excelente obra de Fabio Lus y recordando las crticas del socilogo Ricardo Antunes, para quien el lulismo no toc las estructuras de la tragedia brasilera, no habr la propalada absolucin de la historia. La transformacin del PT en brazo izquierdo del partido del orden ser integrada como un captulo de la contrarrevolucin permanente, que caracteriza la historia brasilera contempornea. La comprensin de los aos sombros que vendrn no deber ser hecha por contraste, sino como desdoblamiento de los gobiernos que lo procedern. No hubo inflexin histrica: el sentido de la actuacin, aunque el ritmo, el tiempo y los medios difieran. Al contrario de ser una novedad, es casi una ley de la historia que la frustracin de los gobiernos identificados con la izquierda prepara el terreno para el ascenso de la derecha radical.

Gabriel Brito es periodista y editor de Correio da Cidadania.
Traduccin y notas: Ernesto Herrera, para Correspondencia de Prensa.

Fuente: http://www.correiocidadania.com.br/34-artigos/manchete/13208-a-humilhacao-de-lula-mostra-que-nao-houve-conciliacao-e-jamais-havera-absolvicao-da-historia


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