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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-04-2018

Trump y el movimiento obrero
Ms all del dao inmediato

Dan La Botz
Viento Sur


La gente trabajadora vivimos tiempos de penumbra. Cuando acabe la presidencia de Trump dentro de cuatro aos si es que acaba, puede que ya no tengamos un movimiento obrero organizado. Como me dijo uno de mis compaeros, Ed Ott, del Instituto Murphy, que es la escuela sindical de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, esto es el comienzo del fin del sindicalismo estadounidense basado en la colaboracin con el capital. Estamos en el crepsculo de una era. Los sindicatos y la negociacin colectiva estn a punto de desaparecer, y con ellos las instituciones que nos han amparado en el lugar de trabajo y nos han proporcionado un mnimo de seguridad en el empleo, salarios suficientes, seguros de enfermedad y pensiones de vejez. 1/

El presidente Donald Trump y el Congreso de mayora Republicana, as como los Republicanos en los parlamentos estatales y los tribunales, planean un asalto contra el sindicalismo estadounidense. Este ataque a los sindicatos forma parte de un ataque ms amplio contra la gente trabajadora en general. El gobierno de Trump no solo amenaza a los sindicatos, sino que tambin destruye la red de seguridad social, limitando los derechos de voto y criminalizando a gran parte de la poblacin inmigrante. Al mismo tiempo, la retrica racista de Trump estimula y exacerba las tensiones raciales y religiosas en la sociedad, favoreciendo la violencia de extrema derecha, mientras que su lenguaje misgino degrada a las mujeres y las hace, tambin, ms vulnerables a la discriminacin y el abuso.

Las direcciones sindicales estadounidenses se han mostrado incapaces, durante las ltimas cuatro dcadas, de ofrecer resistencia a un ataque incesante, tanto econmico como poltico, contra los sindicatos, y no han sabido liderar a la clase obrera en su conjunto. Nada ilustra mejor el estado pattico del sindicalismo que su incapacidad para acoger lo que son sin duda movilizaciones de trabajadores y personas oprimidas, como Occupy Wall Street y Black Lives Matter, y para movilizarse en apoyo de las mismas. En este periodo crepuscular, tan solo un puado de sindicatos han plantado cara a los patronos, a los Republicanos y a Trump. Y menos todava han cuestionado el liderazgo del Partido Demcrata o han tenido la valenta de tratar de crear alguna alternativa poltica nueva.

El sol se pone para los sindicatos. El sindicalismo, tal como lo hemos conocido, est siendo exterminado, mientras todava no ha emergido un nuevo movimiento obrero. Tendremos que desarrollar nuevas formas de lucha, y solo sabremos cules sern cuando no tengamos ms remedio que inventarlas. Tendremos que hacer que vuelva a salir el sol, y eso no lo conseguiremos a base de plegarias, o al menos no solo a base de plegarias. Habremos de organizarnos y luchar, aprendiendo de los movimientos sociales y dotndonos de nuestra propia direccin poltica independiente.

En qu punto nos hallamos ahora?

Para construir un nuevo futuro hemos de comprender nuestro pasado reciente y el presente. Empecemos por la situacin objetiva de los sindicatos en estos momentos. La afiliacin sindical en EE UU se halla en su punto ms bajo desde la dcada de 1920, y una serie de proyectos de ley que se debaten en el Congreso y los parlamentos estatales, as como ciertos juicios ante los tribunales, indican que en los prximos aos los sindicatos se enfrentarn a la posibilidad de desaparecer de hecho. En 2016, en EE UU haba 14,6 millones de afiliados a los sindicatos, lo que equivale a tan solo el 10,7 % de toda la clase trabajadora del pas, mientras que en 1983 haba 17,7 millones de trabajadores sindicados, o el 20,1 % de la mano de obra. A mediados de la dcada de 1950, el 35 % de los trabajadores estaban sindicados. En el sector pblico, actualmente estn sindicados el 34,4 % de los trabajadores, frente a tan solo un 6,4 % en el sector privado. 2/ La mayora de los trabajadores nunca han participado en una huelga ni asistido a una reunin sindical, y en las recientes elecciones en el sindicato de camioneros solo han votado el 19 por ciento de los afiliados. Para muchos trabajadores, los sindicatos han dejado de ser relevantes.

A pesar de algunos esfuerzos muy publicitados por ampliar la base de afiliacin, como por ejemplo entre el personal de la industria automovilstica en el sur, el sindicalismo ha sido incapaz de invertir la tendencia. Las campaas de United Auto Workers en Volkswagen y Nissan fueron un fracaso, los militantes no consiguieron crear un sindicato real y por tanto los trabajadores en ningn momento confiaron en que podan ganar sin perder sus puestos de trabajo. 3/
Adems de los sindicatos regulares, en EE UU existen docenas de asociaciones obreras que organizan a inmigrantes, en su mayora latinos y muchos de ellos indocumentados, para proteger sus derechos laborales y mejorar sus condiciones de trabajo. 4/ Estas organizaciones cuentan con miles de miembros que realizan un trabajo muy importante, aunque no tienen, ni mucho menos, el peso y la fuerza de los sindicatos.

No solo hay menos trabajadores afiliados que nunca antes en casi cien aos, sino que los sindicatos tambin organizan cada vez menos huelgas. En 2016 hubo tan solo 15 paros de envergadura, en los que participaron un total de 99.000 personas. A los largo de las ltimas cuatro dcadas, el nmero de huelgas ha descendido aproximadamente un 90 %. El periodo que va de 2007 a 2016 ha sido el que ha conocido menos huelgas, sumando en promedio 14 paros de envergadura al ao. El nmero ms bajo de huelgas en un ao fue de cinco en 2009. 5/Mientras que algunas pocas huelgas han servido de inspiracin para el movimiento obrero y aportado modelos de organizacin, estrategia y lucha, como la huelga del sindicato de enseantes de Chicago en 2012 y la de los trabajadores de telecomunicaciones en 2016, no ha habido ninguna oleada de huelgas importante en EE UU desde 1970-1971.

En la ltima dcada, los sindicatos obreros han adoptado algunas estrategias de afiliacin nuevas entre grupos de trabajadores precarios. La ms destacada de estas campaas fue la de Fight for $15 (Lucha por los 15 dlares/hora), respaldada por sindicatos como la Service Employees International Union y United Food and Commercial Workers. Las manifestaciones de protesta, acciones simblicas de carcter local y ocasionales huelgas parciales, combinadas con gestiones diversas y medidas legislativas, consiguieron un aumento cifrado en 62.000 millones de dlares a lo largo de la dcada pasada, segn un informe asociado al proyecto de ley de empleo. 6/Todo esto est muy bien, pero los salarios siguen siendo demasiado bajos. Y sobre todo, la campaa no logr organizar a los cientos de miles de trabajadoras precarias de los sectores de comida rpida, hostelera y comercio minorista.

Ataques legales, legislativos y administrativos

El derecho de los trabajadores a organizarse en sindicatos est siendo atacado actualmente en los tribunales, en el Congreso y en los parlamentos estatales. 7/ La National Right to Work Legal Defense Foundation, una fundacin antisindical, llev al Tribunal Supremo el caso Janus contra AFSCME, que podra impedir a los sindicatos la capacidad de cobrar cuotas de representacin. Los conservadores alegan que el sindicato obliga a los trabajadores a apoyar econmicamente causas polticas con las que pueden estar en desacuerdo, violando de este modo su libertad de expresin. Actualmente, los trabajadores pueden negarse a afiliarse al sindicato en su lugar de trabajo en el sector pblico, pero siguen estando obligados a pagar la cuota de representacin al sindicato. Son las cuotas de los afiliados y las de los no afiliados las que proporcionan a los sindicatos los medios para comprar o alquilar un local sindical, contratar personal y llevar a cabo sus actividades. Si el Tribunal Supremo da la razn a Janus, muchos sindicatos del sector pblico pueden encontrarse no solo con la prdida de las cuotas de los no afiliados, sino tambin, posiblemente, con la baja de afiliados. 8/

Los derechos sindicales en el sector pblico y el privado tambin estn siendo atacados en el Congreso. Los conservadores han propuesto una ley del derecho al trabajo que, de aprobarse, prohibira, en todo el pas, la exigencia contractual de que el personal pague las cuotas sindicales como condicin del empleo, 9/como escribe la The National Law Review,

La Ley Nacional del Derecho al Trabajo sera sin duda devastadora para el movimiento obrero organizado, reduciendo drsticamente los ingresos de los sindicatos y las cuotas de afiliacin, sobre todo en Estados que ya tienen un bajo nivel de afiliacin sindical y en los que histricamente el sindicalismo cuenta con escaso apoyo. Los estudios realizados indican que existe una correlacin directa entre la promulgacin de leyes del derecho al trabajo y la prdida de afiliados sindicales. De acuerdo con el Instituto de Estadsticas Sindicales, de los 27 Estados con un nivel de afiliacin sindical inferior a la media en 2016, casi todos son Estados en los que rige una de estas leyes. El nivel en Carolina del Sur es de tan solo el 1,6 %. 10/

Una ley federal del derecho al trabajo acabara con muchos sindicatos en numerosos sectores de la economa. Mientras, los parlamentos estatales siguen promulgando este tipo de leyes. Durante muchos aos, tales leyes solamente existan en los Estados del Profundo Sur y un par de los de las Grandes Llanuras. Pero en 2012, Michigan e Indiana se dotaron de leyes del derecho al trabajo, seguidos de Wisconsin en 2015 y Virginia Occidental en 2016. En enero de 2017, Kentucky adopt el derecho al trabajo, y en febrero del mismo ao fue el turno de Misuri, el vigsimo octavo de la lista. 11/
All donde entran en vigor estas leyes, los sindicatos pierden afiliados y parte de su base de sustento, tienen que reducir personal y cuentan con menos capacidad econmica e influencia poltica.

Aun sin sentencias judiciales ni nuevas leyes, Trump ha maniobrado para reducir el poder sindical, nombrando a dos inveterados enemigos de los sindicatos para formar parte del Consejo Nacional de Relaciones Laborales (NLRB), que supervisa la representacin sindical y la negociacin colectiva en el sector privado. Los dos elegidos por Trump, William Emanuel y Marvin Kaplan, ya confirmados por el Senado, proporcionarn la mayora a los Republicanos en el consejo, formado por cinco miembros, y un enorme poder para bloquear la organizacin y representacin sindical. 12/
Peter Robb, quien ser nombrado Consejero General del NLRB, es conocido por sus posiciones antisindicales y podr influir en miles de litigios laborales. 13/El NLRB tiene la facultad de decidir quin en un lugar de trabajo puede votar por un sindicato, cmo se comportan los sindicatos y la direccin de la empresa durante unas elecciones y cmo y cundo tendrn lugar las elecciones sindicales.

Aunque caba esperar lo peor, los sindicatos recibieron con espanto, el 14 de diciembre pasado, la noticia de que el NLRB, con tres votos a favor y dos en contra, tumb la decisin conjunta de 2015, durante la presidencia Obama, por la que se facilitaba la creacin de sindicatos y la negociacin colectiva por parte de los contratistas y los trabajadores en negocios franquiciados, como las cadenas de hoteles y restaurantes. Al da siguiente, en un litigio en la empresa Raytheon Network Centric Systems y tambin por tres votos a favor y dos en contra, el consejo anul una resolucin de 2016 sobre los cambios que pueden implementar las empresas en los puestos de trabajo sindicales. El consejo, en este caso, restableci un precedente de hace 50 aos que permite a las empresas cambiar de poltica sin el permiso de los sindicatos y han tomado iniciativas similares con anterioridad.

Los cargos nombrados por Trump en el Ministerio de Trabajo de EE UU, que supervisa la salud y seguridad ocupacionales, los niveles salariales y las normas relativas a la jornada de trabajo, las prestaciones del seguro de desempleo y los servicios de recolocacin, tambin obrarn en contra de los intereses de los trabajadores. Es de prever que debilitarn el grado de proteccin de la mano de obra en el lugar de trabajo, reducirn el cobro de suplementos por horas extraordinarias e impondrn arbitrajes forzosos a los sindicatos, al tiempo que prohibirn las acciones colectivas ante los tribunales. 14/

Todas estas leyes y causas judiciales y estos cambios de normas y nombramientos harn que disminuya el nmero de afiliados y mermar los recursos econmicos de los sindicatos y, por tanto, el poder poltico del movimiento obrero. Con menos afiliados habr menos personas que trabajen en centros de llamadas del Partido Demcrata, menos voluntarios para las visitas puerta a puerta y menos gente que vaya a votar en las elecciones. Los trabajadores tendrn ms dificultades para defenderse en el lugar de trabajo y pugnar por sus intereses en la sociedad y la poltica. Todo esto significa que hoy urge reconstruir el movimiento obrero o, mejor dicho, construir un nuevo movimiento obrero.

Las promesas de Trump y la realidad

Donald Trump fue candidato a la presidencia con un programa econmico nativista y nacionalista y con la promesa de volver a hacer grande a EE UU, estimulando la creacin de empleo y defendiendo esos puestos de trabajo frente al capital extranjero y a la inmigracin. Trump prometi reconstruir la infraestructura nacional y presionar a las empresas a mantener los puestos de trabajo industriales en EE UU o volver al pas. Asegur que protegera esos puestos de trabajo frente a los mexicanos y otros inmigrantes ilegales y a EE UU frente a la competencia econmica china. Trump afirm que mientras hiciera estas cosas salvara la seguridad social y la atencin mdica a las capas pobres de la poblacin (Medicare). Finalmente, Trump jur que pondra fin a las guerras de EE UU en el extranjero y a la poltica de cambio de rgimen en otros pases, concentrndose en colocar a EE UU primero. Trump incluso lleg a decir que hara del Partido Republicano un partido obrero. 15/Fue este programa econmico nacionalista el que hizo que Trump ganara en unos cuantos Estados clave suficientes votos obreros para tener mayora en el Colegio Electoral y ganar las elecciones.

Trump prometi drenar la cinaga de los buscadores de fortuna de Wall Street y Washington. Sin embargo, cuando asumi la presidencia, nombr para su gobierno a banqueros de Wall Street, de los que varios, como Rex Tillerson y Wilbur Ross, son milmillonarios. Se calcula que el peso total en dlares del gabinete era entonces de 14.000 millones. El programa procapitalista de Trump no solo se refleja en sus nombramientos polticos, sino tambin en su poltica, en particular el presupuesto y el plan fiscal. Conjuntamente no solo representan una enorme reasignacin de la riqueza a quienes ya son ricos, sino que tambin comportan reducciones del personal de diversos servicios federales.

La propuesta presupuestaria inicial de Trump para el ejercicio fiscal, que sumaba en total ms de 4.000 billones de dlares, planteaba un fuerte incremento del gasto en Defensa (un 10 % ms), Seguridad Interior (un 7 % ms) y Asuntos Veteranos (un 6 % ms), y enormes recortes de las asignaciones a la Agencia de Proteccin Ambiental (un 31 % menos), a los programas de desarrollo estatales (un 29 % menos) y a Agricultura y Trabajo (un 21 % menos a cada uno), as como a Justicia (un 20 % menos, por ejemplo mediante la reduccin de las ayudas a las vctimas de crmenes, pese a que el FBI ver un aumento de su presupuesto), Sanidad y Servicios Humanos (un 16 % menos) y Educacin (un 14 % menos). 16/
La propuesta tambin prevea la eliminacin de 19 programas menores, cuyo coste asciende a tan solo 500 millones de dlares, pero que incluyen muchos particularmente detestados por los conservadores, como la Radiotelevisin Pblica, la Corporacin de Servicios Jurdicos, la sociedad de servicios comunitarios AmeriCorps y los Fondos Nacionales para las Artes y Humanidades, 17/ como seal The Washington Post,

Si eres pobre en EE UU, la propuesta presupuestaria del presidente Trump no est pensada para ti. Trump ha presentado un presupuesto que recortar o eliminar de cuajo programas que han venido ayudando a la gente que percibe bajos ingresos en casi todos los frentes, como por ejemplo viviendas asequibles, prstamos bancarios, medidas de ahorro energtico, formacin para el empleo, pagos de facturas de calefaccin y asistencia jurdica en asuntos civiles 18/

El presupuesto de Trump recortar los fondos destinados a organismos reguladores y programas sociales y dar lugar al despido de empleados de agencias federales. Y su plan fiscal, aprobado por el Congreso a finales de 2017, reducir los impuestos de los muy ricos, mermando los ingresos federales y agravando todava ms los recortes presupuestarios.

La estrategia de Trump hacia la clase trabajadora

Trump aplica una astuta estrategia hacia la clase trabajadora. Ha impulsado un programa encaminado a ganarse a la mano de obra muy cualificada, formada en su mayora por trabajadores blancos, y al mismo tiempo ataca a los sindicados que representan a muchos trabajadores negros, latinos y mujeres. Se trata de una estrategia destinada a consolidar su base y dividir y debilitar al movimiento obrero. La reunin inicial de Trump con representantes sindicales en su primer da como presidente fue una jugada maestra. A los sindicalistas de la construccin les revel sus grandes planes de infraestructuras: autopistas, puentes y, por supuesto, el muro fronterizo.

Los dirigentes sindicales alabaron al nuevo presidente. Sean McGarvey, quien preside la confederacin de sindicatos de la construccin, pareca suplantar al propio Trump cuando habl de una reunin increble, lo mejor que jams haba presenciado en Washington. Tenemos algo en comn con el presidente, dijo Garvey. Venimos del mismo sector. l comprende el valor de impulsar el desarrollo, haciendo ascender a la gente a la clase media. James P. Hoffa, presidente del sindicato de camioneros que haba apoyado a Hillary Clinton, tambin ha ensalzado a Trump. Muchos camioneros trabajan en el sector de la construccin, donde conducen volquetes y hormigoneras y transportan vigas de acero a las obras. Los camioneros han cantado las loas a Trump por lo que llaman su objetivo de sentido comn de los proyectos de infraestructura.

Hoffa tambin aplaudi la salida de EE UU del tratado comercial transpacfico. Afirm que con esta decisin, el presidente ha dado un primer paso hacia la reparacin de treinta aos de mala poltica comercial que ha costado a los trabajadores estadounidenses millones de puestos de trabajo bien pagados. Hoffa declar a Fox News que hablamos de cambiar el Tratado de Libre Comercio de Norteamrica (NAFTA) para siempre, y nadie se atreva a hacerlo. Se puede hacer, y aplaudo al presidente por ser tan valiente de decir que lo rompemos y negociamos uno nuevo. Es algo inslito. Pero de verdad es lo que hace falta. Los camioneros quieren asimismo que Trump cambie la clusula del NAFTA que permite a los camioneros mexicanos cruzar la frontera con EE UU.

Es curioso que a pesar de que Hoffa y los camioneros hayan alabado a Trump, siguen obrando a favor del Partido Demcrata, apoyando por ejemplo a Keith Ellison, de Minnesota, candidato del ala de Bernie Sanders de dicho partido para que presida el Comit Nacional Demcrata. Las posturas contradictorias del sindicato de camioneros en estas cuestiones se observan tambin en otros muchos sindicatos.

Aunque Trump prometi a los dirigentes sindicales de la construccin lo que queran or, es posible que los defraude. La Plataforma del Partido Republicano de 2016 aboga por la abolicin de la ley Davis-Bacon de 1931, que obliga a los contratistas de obras pblicas a pagar los salarios vigentes en cada lugar (que suelen ser los negociados por los sindicatos). Esta ley ha sido determinante para el mantenimiento del nivel de ingresos de los trabajadores de la construccin. Cuando McGarvey pregunt a Trump sobre la ley Davis-Bacon, el presidente se neg a prometer nada. Si se abole esta ley, el efecto entre la mano de obra del sector de la construccin sera devastador. Pocos das despus de la reunin con Trump, el senador Jeff Flake, de Arizona, propuso un proyecto de ley encaminado a suspender la ley Davis-Bacon en los proyectos de carreteras federales.

Trump tambin deca que era amigo de la minera del carbn y de los mineros. Una vez elegido, prometi eliminar las restricciones a la produccin de carbn. El 9 de octubre, Scott Pruitt, director de la Agencia de Proteccin Ambiental, anunci en la zona minera del este de Kentucky, para gozo de los ejecutivos de las compaas de carbn, que la guerra contra el carbn ha terminado y que su agencia iba a acabar con el Plan de Energa Limopia de Obama, que se haba adoptado para proteger tanto el medio ambiente como la salud de las personas. 19/Sin embargo, es posible que Trump y Pruitt no puedan cumplir sus promesas de crear ms empleo en la minera del carbn: muchas compaas han pasado a invertir en energa elica y solar o a utilizar gas natural.

Mientras, las plantas de combustin de energas fsiles de carbn o gas siguen contribuyendo al cambio climtico, afectando a la salud de la infancia y agravando enfermedades como el asma. Y la produccin de carbn que apoyan es peligrosa para el planeta y todos sus habitantes, no solo agravando el cambio climtico, sino tambin provocando fenmenos meteorolgicos ms extremos. El anuncio de Pruitt se produjo justo despus de que los huracanes Harvey, Irma, Mara y Nate causaran estragos en Texas, Luisiana, Florida y Puerto Rico en una temporada de temporales sin precedentes que algunos cientficos consideran debidos al cambio climtico. Sin embargo, pese a que seguramente no se crearn muchos puestos de trabajo en el sector del carbn, a muy corto plazo la promesa de Trump de recuperar el empleo en el sector constituye un problema para el presidente de la AFL-CIO, Richard Trumka, en su propio bastin, el sindicato minero United Mine Workers.

Trumka, quien haba apoyado a Hillary Clinton y calificado a Trump de fantico, racista, machista y enemigo de los sindicatos, cambi de actitud inmediatamente despus de la victoria de Trump. En una declaracin remitida por correo electrnico a la prensa, Trumka dijo que la AFL-CIO aceptaba el resultado de las elecciones y ofreci nuestras felicitaciones al vencedor. La estrategia de Trump de cortejar al sector de la construccin parece haber neutralizado efectivamente a la AFL-CIO, la confederacin sindical ms amplia e importante del pas. Trumka parece no atreverse a desafiar directamente a Trump por miedo a perder el apoyo de dicho sector y de algunos otros sindicatos confederados y sus miembros, de los que no pocos votaron por Trump.

Trumka declar a la prensa que las elecciones fueron un referndum sobre el comercio, sobre la recuperacin de la industria, sobre la revitalizacin de nuestras comunidades. Y aadi: Nos esforzaremos por que muchas de estas promesas se hagan realidad. Si l quiere colaborar con nosotros, de acuerdo con nuestros valores, nosotros estaremos dispuestos a colaborar con l. A nadie asombrar que Trumka visitara al presidente pocos das despus de las elecciones y declarara luego que haba mantenido una conversacin fructfera. El hecho de que la cabeza visible de la organizacin sindical ms grande del pas no plantara cara a Trump desde el comienzo supuso una enorme decepcin para muchos sindicalistas, pese a que despus de opusiera a algunos de los nombramientos de Trump.

Trumka, por ejemplo, trat de impedir el nombramiento de Andrew Puzder, ex ejecutivo del sector de la comida rpida, como ministro de Trabajo, afirmando que se ha manifestado en contra de elevar el salario mnimo Se opone a la normativa promulgada por el presidente Obama y ahora actualizada en materia de horas extraordinarias. Desdea las cuestiones de discriminacin en el puesto de trabajo. Se siente cmodo apoyando tpicos dainos sobre las mujeres, y eso no es todo. Trump tuvo la sagacidad de nombrar a Trumka para su Consejo Econmico, en el que pululan empresarios multimillonarios y milmillonarios. El dirigente de la AFL-CIO acept el puesto y permaneci en l durante meses. Trumka no abandon el consejo hasta que una serie de directivos de empresas dimitieran despus de que Trump se negara a condenar la marcha de grupos ultraderechistas, racistas y nazis en Charlottesville. Trumka escribi lo siguiente en un artculo publicado en el New York Times:

Por desgracia, cada da que pasa est ms claro que el presidente Trump no tiene ninguna intencin de cumplir sus compromisos con los trabajadores. Lo ms preocupante es que sus actos y su retrica amenazan con empeorar la situacin en EE UU y dividir an ms a la poblacin. Por esto ayer dimit del consejo industrial del presidente, que ha sido disuelto tras una serie de abandonos. 20/

Trumka, quien ahora ha abierto los ojos, como suele decirse, no deline en dicho artculo, sin embargo, un plan para combatir a Trump. Sus vacilaciones suscitan la cuestin de si la AFL-CIO, tal como est constituida actualmente, todava es viable.

Al tiempo que adulaba a los trabajadores en su mayora blancos y hombres de la construccin y sectores afines, Trump ha atacado a los empleados pblicos. Ha dictado una orden ejecutiva por la que se congela la contratacin en los organismos dependientes del poder ejecutivo, donde trabajan 1,2 millones de personas. El frenazo no afecta a los militares, ya que el presidente ha prometido reforzar el ejrcito. La congelacin de las contrataciones, si perdura en el tiempo, reduce los efectivos al no reponer las vacantes, dando lugar a una desmoralizacin debido a la falta de personal, lo que a su vez comporta un aumento de los ceses a causa de la sobrecarga de trabajo. Los organismos gubernamentales pierden productividad, y eso sirve de excusa para subcontratar o privatizar.

Los sindicatos de la funcin pblica se han apresurado a criticar la medida, basando sus objeciones en el servicio a la sociedad. La congelacin tendr efectos negativos para quienes utilizan los servicios de los organismos federales, tambin mermar una fuente importante de empleo permanente y de jornada completa aunque a menudo mal pagado, con vacaciones y prestaciones sanitarias, para muchos y muchas trabajadoras, especialmente de raza negra y mujeres.

Con el nombramiento del juez federal Neil M. Gorsuch para el Tribunal Supremo, Trump ha colocado a otro archiconservador en la cpula judicial. La inclusin de Gorsuch dar lugar a una mayora conservadora que asumir el caso de Janus contra AFSCME, poniendo fin, con toda probabilidad, a la capacidad de los sindicatos de la funcin pblica para cobrar cuotas de representacin a los trabajadores no afiliados, a los que estn obligados a representar. Como ya hemos sealado, el resultado probable ser la inanicin econmica de muchos sindicatos de la funcin pblica, obligndoles a reducir personal, con la consiguiente prdida de eficacia.

El gobierno de Trump ser malo para todos los empleados pblicos, pero son los maestros y maestras quienes se enfrentan a los mayores desafos. As lo anuncia el nombramiento, como secretaria de Educacin, de Betsy DeVos, otra milmillonaria, que ha liderado la reforma de la enseanza privada. Esto es lo que escribi el New York Times sobre sus actividades:

Igual que los Koch, los DeVos son generosos simpatizantes de institutos de estudios que pregonan el capitalismo desregulado, como el Instituto Acton de Michigan, y combaten a los sindicatos y estn a favor de la reprivatizacin de los servicios pblicos, como el Centro Mackinac.

Tambin han financiado a grupos nacionales que propugnan la reduccin de las funciones del Estado, entre ellos el Centro Nacional de Anlisis Poltico (que impulsa la privatizacin de la seguridad social y est en contra de la regulacin medioambiental) y el Instituto por la Justicia (que recurre contra la normativa legal ante los tribunales y defiende el cheque escolar). Ambas organizaciones tambin han recibido dinero de la casta reaccionaria y antisindical. As que los maestros y maestras pueden esperar un ataque a la enseanza pblica combinado con un ataque contra sus derechos sindicales.

El presidente de la Federacin de Empleados Pblicos de EE UU, J. David Cox, desafiando a Trump en sus propios trminos nacionalistas, ha criticado el presupuesto de Trump sealando que estos recortes presupuestarios dificultarn todava ms el ya arduo trabajo de las mujeres y los hombres que protegen nuestros cielos, patrullan por nuestras aguas y nos preparan para responder a alguna emergencia. Se refera a los importantes recortes de las dotaciones para la Administracin de Seguridad del Transporte, la Agencia Federal de Gestin de Emergencias y la Guardia Costera. El presidente Trump prometi hacer que EE UU vuelva a ser seguro, pero los fuertes recortes presupuestarios que propone harn justo lo contrario, ha dicho Cox. No se mejora la seguridad reduciendo los presupuestos de programas que impiden que terroristas secuestren aviones, que las drogas ilegales invadan nuestras calles y que en nuestros barrios acten extremistas violentos. Esta retrica nacionalista y alarmista en boca de dirigentes sindicales, en particular de aquellos que representan a muchos trabajadores de color, socava la posibilidad de unificar posiciones de los sindicatos contra el nacionalismo blanco de Trump.

Trumka dud cuando el sector de la construccin y los camioneros aprobaron el proyecto de Trump, pero muchos sindicatos nacionales y locales se han instalado en modo oposicin, aunque en distintos grados. Las maestras y maestros han encabezado la resistencia. La Federacin de Maestros movilizaron a 250 organizaciones locales y sus afiliados en ms de 200 ciudades el da antes de la toma de posesin, en el marco de la jornada de accin del Da Nacional de la Reclamacin de Nuestras Escuelas frente al programa de Trump. La Asociacin Nacional de la Educacin, el sindicato ms grande del pas con 2,7 millones de afiliados, llam a sus afiliados a salir de la escuela en el da de la toma de posesin para protestar contra Trump. Ambos sindicatos haban respaldado a Hillary Clinton.

Miembros de la local n. 10 de la Unin Internacional de Portuarios y Estibadores en Oakland, California, un sindicato con una dilatada historia radical y cuyos afiliados son en un 50 % negros, pararon el da de la toma de posesin de Trump. La huelga salvaje supuso que ese da no se cargaron ni descargaron buques en uno de los puertos con ms trfico de la costa oeste. Aunque simblico, fue un acto significativo.

Sorprendentemente, la presidenta de la Unin Internacional de Empresas de Servicios, Mary Kay Henry, quien no haba sido invitada a la fiesta de hermandad de Trump con algunos dirigentes sindicales, ha declarado que no piensa que el presidente suponga una amenaza para la existencia de su sindicato, el segundo ms grande del pas con su milln y medio de afiliados. Ha aadido que su sindicato est preparndose para la batalla y que seguir impulsando el movimiento Fight for $15. Incluso en el caso de que algn sindicato internacional se haya puesto del lado de Trump, existen uniones locales que han adoptado una postura distinta. Por ejemplo, el consejo conjunto n. 16 del sindicato de camioneros, que representa a 90.000 trabajadores de la ciudad de Nueva York, ha criticado duramente la poltica de inmigracin de Trump.

Al margen de los sindicatos, ha habido protestas significativas de trabajadores del sector servicios y de empresas tecnolgicas, as como de consumidores. La Alianza de Taxistas de Nueva York, un centro que cuenta con gran nmero de trabajadores inmigrantes musulmanes, se declar en huelga en el aeropuerto internacional Kennedy. Al mismo tiempo, trabajadores de Google en California y de Comcast en Filadelfia se manifestaron en contra de la poltica de inmigracin de Trump. Los sectores no organizados e inoficiales del movimiento obrero, por tanto, han sido a menudo ms activos en la oposicin a Trump que los sindicatos.

Un nuevo sindicalismo

Habr dos principales fuentes de ideas para la construccin de un nuevo sindicalismo: una ser la experiencia propia de los trabajadores, con sus tcticas y estrategias desarrolladas de forma emprica en su lucha contra los patronos y el Estado. La otra ser la izquierda socialista, que puede aportar una teora revolucionaria, es decir, una visin de una sociedad socialista democrtica, as como estrategias ms incluyentes para hacer confluir las luchas en los lugares de trabajo, en los barrios y de los movimientos sociales en una batalla ms amplia por el poder poltico. Esta sinergia entre organizaciones de trabajadores, movimientos sociales e ideas socialistas ha estado en el origen del cambio radical de la sociedad durante ms de 150 aos, y sigue siendo la fuente de nuestro poder potencial.

El programa de la izquierda en materia sindical ha consistido durante muchos aos en construir un movimiento de base para transformar los sindicatos corporativos en organizaciones democrticas y combativas. En la dcada de 1970, muchos activistas de izquierda ingresaron en los sindicatos con diversas estrategias, desde colaborar con dirigentes sindicales progresistas hasta tratar de crear una alternativa revolucionaria a la direccin existente. La estrategia del movimiento de base pretenda organizar a los trabajadores para desbancar a las direcciones sindicales existentes y transformar los sindicatos en organizaciones de lucha de clases. Uno de estos grupos, International Socialists (IS), tena el objetivo de unir a grupos de base de diferentes sindicatos, as como de los movimientos sociales, en un pequeo partido socialista revolucionario de masas. Esta estrategia posteriormente desconectada del objetivo de construir una organizacin revolucionaria la asumi IS cuando se fusion con otros grupos socialistas para constituir Solidarity. No solo Solidarity, sino tambin la International Socialist Organization y ms recientemente Democratic Socialists of America, han adoptado a veces esta estrategia.

IS, que desarroll esta estrategia en la dcada de 1970, opinaba que la burocracia sindical, incluso en los sindicatos progresistas, sola controlar a los trabajadores ms que asumir sus intereses y luchar por ellos. Afirmaba que dicha burocracia, especialmente en los niveles superiores, constitua una casta social con sus propios intereses materiales: salarios, gastos, pensiones y patrimonio sindical. Y tal vez por encima de todo, la burocracia sindical tambin tena su propia ideologa, a saber, que en virtud de sus relaciones privilegiadas con miembros del gobierno, patronos y trabajadores, conoce los intereses de la clase trabajadora mejor incluso que los propios trabajadores.

La estrategia de movilizacin de las bases estaba destinada precisamente a desbancar a la burocracia sindical y permitir que los trabajadores se unan para combatir a los patronos. Esto implicaba asumir las quejas de los trabajadores de a pie, organizar campaas de negociacin contractual y presentar candidaturas a las direcciones locales y nacionales, siempre con el objetivo de impulsar un sindicalismo ms democrtico y combativo. La construccin de un movimiento obrero de este tipo estaba en el centro del proyecto de construir un partido socialista de los trabajadores. Tal como escribe Kim Moody, quien mejor explic la teora, la nocin de un puente entre la conciencia de clase rudimentaria o militancia sindical y la conciencia socialista es la piedra angular de la poltica de transicin y la estrategia del movimiento de base. 21/

La idea de la estrategia del movimiento de base tuvo su origen en la Liga de Educacin Sindical del Partido Comunista de comienzos de la dcada de 1920 y en las mejores prcticas de los trotskistas en el sindicato de camioneros en la dcada de 1930. Tambin se inspir en las rebeliones de las bases sindicales en EE UU que comenzaron a mediados de la dcada de 1960 y continuaron hasta 1981, cuando una combinacin de recesiones econmicas y represin poltica acab con el movimiento. En aquel periodo, mineros, obreros del automvil, camioneros, trabajadores de correos, jornaleros y otros se rebelaron contra sus direcciones sindicales, sus patronos y en ocasiones el gobierno. 22/

Los y las militantes de izquierda desempearon un papel importante en estos movimientos. La labor de International Socialists en el sindicato de camioneros, donde contribuy a unir a jvenes radicales y disidentes veteranos para fundar la asociacin Camioneros por un Sindicato Democrtico (TDU) en 1976, impuls la ms exitosa de las rebeliones de la poca. 23/Con el apoyo de TDU, en 1991 sali elegido Ron Carey presidente del sindicato de camioneros, y bajo su liderazgo el sindicato organiz una huelga nacional contra la empresa United Parcel Service en 1997, una batalla que inspir al conjunto del movimiento sindical. 24/
La estrategia del movimiento de base sigue siendo vlida y necesaria, aunque no suficiente, para construir un nuevo movimiento obrero. Labor Notes, que publica una revista mensual, distribuye libros como Troublemakers Handbook (Manual del agitador), imparte cursos para agitadores en todo el pas y organiza una conferencia bianual a la que asisten nada menos que 2.000 activistas, sigue siendo un centro neurlgico del activismo de base.

Actualmente, activistas sindicales han adoptado la estrategia del movimiento de base en sindicatos que representan a trabajadores del transporte, enseantes y personal sanitario. Aunque los sindicatos de la funcin pblica se enfrentan a dificultades particulares porque sus miembros a menudo atienden directamente el pblico pensemos en enfermeras y maestros, el principio de organizar a los trabajadores de base para desafiar a la burocracia sindical, para poder combatir a los patronos, no deja de ser el mismo. Ahora que los sindicatos de la funcin pblica son objeto del ataque concertado de los tribunales y los parlamentos, los trabajadores necesitarn movimientos de base para presionar a sus lderes reticentes a fin de que movilicen a los miembros en defensa propia. Y los socialistas deben ayudar a que estos movimientos se doten de direcciones combativas.

Sin embargo, la mayora de los trabajadores alrededor del 90 % no estn sindicados, de manera que necesitamos estrategias de sindicacin. Algunos lugares de trabajo, como por ejemplo en el sector logstico, es decir, en almacenes y centros de expedicin, todava tienen carcter de lugares de trabajo industriales tradicionales. Esto significa que hay all una numerosa mano de obra semicualificada organizada en torno a instalaciones y mquinas en este caso, estanteras, recogepedidos, carretillas elevadoras, muelles y camiones y reunida en una planta o constelacin de instalaciones. Por ejemplo, Amazon, una empresa cuyo valor asciende a 386.000 millones de dlares, tiene 350.000 empleados. El centro de Fall River, a las afueras de Boston, emplea a un millar de almacenistas. Aunque hasta ahora los esfuerzos por sindicar a esta mano de obra han fracasado, 25/trabajadores como estos pueden organizarse de la misma manera que se han organizado siempre los trabajadores industriales, creando un ncleo de militantes clandestinos en los distintos lugares de trabajo y coordinndolos a escala de todo el pas a travs de un sindicato. El personal de grandes empresas de distribucin, como Wal-Mart, que cuenta con 2,1 millones de empleados, muchos de ellos almacenistas, podra organizarse de la misma manera.

En la mayora de ciudades de EE UU, sin embargo, hoy en da las entidades que cuentan con ms personal suelen ser una o dos universidades importantes y un hospital o complejo hospitalario. Mientras que en el siglo XIX y comienzos del XX las grandes fbricas constituan el centro de la economa, actualmente son los trabajadores de la sanidad y la enseanza quienes se concentran en enormes lugares de trabajo que ejercen un poder econmico, social y poltico considerable. Veamos por ejemplo la pequea ciudad de Cincinnati: la Universidad de Cincinnati cuenta con 15.000 empleados, ms de la mitad de los cuales trabajan en el campus principal. En el cercano centro mdico, el Hospital Infantil, trabajan 15.000 personas, mientras que el Hospital Universitario de Cincinnati, que tambin se halla cerca, tiene 12.000 empleados.

En muchas ciudades de todo el pas existen complejos similares. Numerosos trabajadores universitarios y hospitalarios estn sindicados, sean grupos profesionales como profesores y enfermeros, sean empleados no profesionales. Todava queda trabajo bsico de sindicacin por hacer en algunas universidades y hospitales, mientras que en otras falta organizar movimientos de base. Algunos de estos sindicatos se han politizado bastante. Organizaciones como la Asociacin de Enfermeras de California, que han creado el sindicato National Nurses United, contribuyeron mucho al apoyo a la campaa presidencial de Bernie Sanders y otras campaas progresistas.

Un sector importante que sigue en gran medida sin organizar es el de las empresas tecnolgicas. Segn fuentes oficiales de EE UU, en 2014 trabajaban 17 millones de personas en esta industria, que representa el 23 % del PIB del pas. Estas empresas emplean a miles de personas: Google cuenta con 75.000, Facebook con 17.000 y Yahoo con 8.500. Se han hecho algunos intentos entre estos trabajadores, pero hasta ahora no ha habido ninguna campaa de sindicacin seria que haya dado lugar a la formacin de un sindicato y de un convenio sindical. 26/

Se han dedicado muchos esfuerzos a debatir sobre la dificultad de organizar al precariado, es decir, a los trabajadores temporales a jornada parcial y sin horario regular. 27/ A lo largo de las ltimas dcadas, los lugares de trabajo se han fisurado, como dice una autoridad en la materia. 28/Muchas empresas de diversos sectores han ido subcontratando a otras empresas, muchas de ellas sin sindicacin, todos los elementos de su actividad, salvo los productivos bsicos y los rentables. Estas empresas, a su vez, han contratado a trabajadores temporales o a jornada parcial. Otras firmas del sector de la hostelera y restauracin tambin contratan a personal temporal. Incluso en los casos en que los trabajadores tienen supuestamente contratos de jornada completa o indefinidos, muchos de ellos consideran que su puesto es inseguro. 29/
Actualmente millones de jvenes, muchos de ellos endeudados hasta el cuello por sus estudios, no encuentran trabajo en las especialidades para las que se han preparado y no tienen ms que un empleo precario. Organizar a estos trabajadores, muchos de los cuales estn pluriempleados, exigir nuevas estrategias y tcticas, pero la labor de organizarlos ha de llevarse a cabo de una manera u otra. La organizacin de los no organizados debe ser una prioridad del nuevo movimiento sindical y de los socialistas.

Construir un nuevo movimiento obrero

Qu ocurrir con los sindicatos? En estos momentos, los sindicatos de la funcin pblica que estn a punto de ser desmantelados a raz de las medidas legales y judiciales comentadas ms arriba sobre todo el caso Janus, se dedican a lo que algunos han denominado campaas de mantenimiento de la afiliacin o de reafiliacin. Los lderes sindicales llevan a cabo una labor educativa sobre el sindicato entre los miembros y piden a estos que firmen compromisos de seguir pagando sus cuotas. Todo esto est muy bien, pero no parece que vaya a reforzar de nuevo a los sindicatos, y mucho menos a convertirlos en organizaciones combativas.

A medida que avanza el ataque y se desmantelan los sindicatos, algunos de ellos y algunos trabajadores se encontrarn implicados en sindicatos minoritarios, es decir, en organizaciones que solo representan a algunos trabajadores y tal vez no a la mayora del centro. Aunque los trabajadores tienen el derecho legal a organizar tales sindicatos minoritarios, puede que no tengan derecho a negociar convenios. La fuerza de los sindicatos minoritarios radica en su capacidad para organizar al personal de taller o de oficina para resistir, y esta resistencia suele adoptar la forma de huelgas de celo, trabajo lento o tal vez algn tipo de sabotaje, y puede implicar tambin huelgas salvajes o ilegales. La capacidad de los trabajadores para recurrir a estas acciones, en particular la huelga, es fundamental para la reconstruccin del movimiento obrero.

El sindicalismo minoritario se asemeja a lo que histricamente se llamaba la minora militante, es decir, el grupo de trabajadores que resulta crucial para la movilizacin de grupos ms amplios o incluso masas de trabajadores. El trmino se refera inicialmente a pequeos grupos que organizaban importantes huelgas en fbricas y astilleros de Gran Bretaa durante la primera guerra mundial, pero en Alemania, Francia e Italia suceda lo mismo a finales de la dcada de 1910 y en los aos veinte. La minora militante la formaban a menudo obreros cualificados, cuyo conocimiento y experiencia no solo les proporcionaba cierta proteccin, sino tambin una base econmica en el lugar de trabajo.

El ncleo de la minora militante lo compona, casi siempre, un puado de socialistas con una visin radical del cambio social, una idea estratgica sobre la lucha contra los patronos y el gobierno y un compromiso duradero con la lucha. Aunque el trmino se acu durante la primera guerra mundial, tambin hubo minoras militantes en el corazn de las huelgas de la dcada de 1930 que condujeron a la creacin del Congreso de Organizaciones Industriales, el CIO. Y grupos similares fueron los que dirigieron los movimientos huelgusticos de finales de la dcada de 1960 y comienzos de la de 1970 en Francia, Italia y EE UU. La construccin de organizaciones militantes minoritarias en los centros de trabajo ser fundamental para reconstruir el movimiento sindical, y ser tarea de los socialistas construirlos.

El nuevo movimiento obrero estadounidense tendr que reconstruirse tanto en los lugares de trabajo como en los barrios, as como en alianza con los movimientos sociales progresistas. Aunque el movimiento sindical est centrado en los lugares de trabajo, los trabajadores tambin intervienen en las luchas de sus barrios en torno a la vivienda, la mejora de la enseanza y la sanidad. Participan en luchas contra la polica racista y violenta y por la disponibilidad de recursos pblicos. Hemos de hallar la manera de mejorar la conexin entre los lugares de trabajo y los barrios. Tambin tenemos que sacar al movimiento sindical a la calle. Un movimiento sindical sano se aliara naturalmente con Occupy Wall Street y se colocara sin vacilar del lado de Black Lives Matter, y adems de unira a la lucha contra el cambio climtico y por un cambio de sistema.

Nuestro nuevo movimiento obrero, cualquiera que sea la forma que adopte, no debe construirse sobre la base de la colaboracin con el capitalismo, sino bajo el principio de que luchamos para abolirlo. La nocin de una lucha por una sociedad basada en la democracia, la igualdad y la solidaridad puede y debe inspirar, e inspirar, a un nuevo movimiento, del mismo modo que la lucha contra la codicia, el supremacismo blanco, el militarismo y la destruccin del medio ambiente. Nuestro objetivo de construir un nuevo movimiento obrero tendr ms posibilidades de realizarse si somos capaces de proyectar la visin de una lucha desde abajo por una sociedad socialista democrtica, una visin que hoy por hoy solo atraer a una minora de trabajadores, pero que puede ayudar a inspirarles para convertirse en una minora militante que galvanice a la mayora de la clase trabajadora.

Notas:

1/ Este artculo est basado en una charla titulada La eleccin de Donald Trump y su impacto en el sindicalismo que dio el autor en el marco de una conferencia sobre Norteamrica como espacio de solidaridad sindical en la Universidad McMaster, Hamilton, Canad, 12-14 de octubre de 2017.

2/ U.S. Bureau of Labor Statistics.

3/ Chris Brooks, Why Did Nissan Workers Vote No?, Labor Notes, 11/08/2017.

4/ Janice Fine, Worker Centers: Organizing Communities at the Edge of the Dream, Economic Policy Institute, www.epi.org/publication/bp159/.

5/ U.S. Bureau of Labor Statistics, Work Stoppages Summary, 09/02/2017.

6/ National Employment Law Project, Fight for $15s Four-Year Impact: $62 Billion in Raises for Americas Workers. En la web del proyecto hay un enlace al informe completo.

7/ Josh Eidelson, Unions Are Losing Their Decades-Long Right-to-Work Fight, Bloomberg Businessweek, 16/02/2017.

8/ Ian Millhiser, Springtime for Union Busting?, The Nation, 26/06/2017.

9/ Garen E. Dodge y Anna M. Stancu, Congress Considers National Right-to-Work Bill: Beginning of the End for Unions?, The National Law Review, 08/02/2017.

10/ Dodge and Stancu, bid.

11/ LaborPress.org, Another State Goes Right-to-Work Missouri, 14/02/2017.

12/ Noah Lanard, Trumps Labor Board Appointments Are Another Blow for Unions, Mother Jones, 19/07/2017.

13/ Mike Scarcella y Erin Mulvaney, Peter Robb, Trumps Pick for NLRB General Counsel, Is Poised to Pivot Board, Corporate Counsel: Inside Counsel, 19/09/2017.

14/ Alexia Elejalde-Ruiz, Labor Policy Is in the Midst of a Shift Under Trump, Chicago Tribune, 21/02/2017.

15/ Nick Gass, Trump: GOP Will Become Workers Party Under Me, Politico, 26/05/2016.

16/ Alicia Parlapiano y Gregor Aisch, Who Wins and Loses in Trumps Proposed Budget, New York Times, 16/03/2016.

17/ Sharon LaFraniere y Alan Rappeport, Popular Domestic Programs Face Ax Under First Trump Budget, New York Times, 17/02/2017; Aaron Blake, The 19 Agencies that Trumps Budget Would Kill, Explained, The Washington Post, 16/03/2016.

18/ Tracy Jan y Steven Mufson, If Youre a Poor Person in America, Trumps Budget Is Not for You, The Washington Post, 16/03/2016.

19/ Lisa Friedman y Brad Plumer, E.P.A. Announces Repeal of Major Obama-era Carbon Emissions Rule, New York Times, 09/10/2017.

20/ Richard Trumka, Why I Quit Trumps Business Council, New York Times, 16/08/2017.

21/ Kim Moody, The Rank and File Strategy, en Kim Moody, In Solidarity: Essays on Working Class Organization in the United States (Chicago: Haymarket Books, 2014), 114.

22/ Aaron Brenner, Robert Brenner y Cal Winslow, eds., Rebel Rank and File: Labor Militancy and Revolt from Below During the Long 1970s (Nueva York: Verso, 2010).

23/ Dan La Botz, The Tumultuous Teamsters of the 1970s, en Aaron Brenner, Robert Brenner y Cal Winslow. Y Dan La Botz, Rank-and-File Rebellion: Teamsters for a Democratic Union (Nueva York: Verso, 1990).

24/ Dan La Botz, The Fight at UPS: The Teamsters Victory and the Future of the New Labor Movement (Solidarity, 1997). Pocos meses despus, el gobierno de EE UU destituy a Carey alegando corrupcin de subordinados suyos durante la campaa electoral; Carey nunca fue declarado culpable de delito alguno.

25/ Nick Wingfield, Amazon Proves Infertile Soil for Unions, So Far, New York Times, 16/05/2016.

26/ Michael J. Coren, Silicon Valley Tech Workers Are Talking About Starting Their First Union in 2017 to Resist Trump, Quartz, 24/03/2017.

27/ Guy Standing, The Precariat: The New Dangerous Class (New York: Bloomsbury, 2014), passim.

28/ David Weil, The Fissured Workplace: Why Work Became So Bad for So Many and What Can Be Done to Improve It(Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 2014), passim.

29/ Wayne Lewchuk, Precarious jobs: Where are they, and how do they affect well-being?, The Economic and Labour Relations Review (vol. 28(3), 2017), 402-419.

Dan La Botz es coeditor de New Politics y autor de varios libros sobre sindicalismo, movimientos sociales y poltica.

Fuente: http://vientosur.info/spip.php?article13688

Fuente del original en ingls: http://newpol.org/content/trump-and-labor-movement



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