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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-04-2018

La precarizacin como realidad de mercado
El caso de las empleadas de hogar y de las cuidadoras de personas

Arturo Borra y Alma Sarabia
Rebelin


La situacin del mercado de empleo del sector domstico en particular, en la Comunidad Valenciana- exige la adopcin de medidas correctivas impostergables. A efectos de mostrar la necesidad de semejantes medidas, presentamos este informe sectorial sobre empleadas de hogar relativo a su situacin laboral1.

Puesto que la amplia mayora de trabajadores en el sector domstico son mujeres -en consonancia a la especializacin por gnero y a la falta de una cultura de la corresponsabilidad en materia de cuidados y limpieza domstica-, las presentes observaciones se centran en la situacin de fuerte precariedad que sufren especialmente las empleadas de hogar 2 . No es novedad sostener que las desigualdades de gnero en el mercado laboral tienen carcter estructural, siendo el sector de empleo domstico uno de los ms afectados por dicha desigualdad. En trminos generales, adems de brechas salariales entre varones y mujeres en el ejercicio de los mismos puestos de trabajo, existen estudios que muestran claramente que la movilidad ascendente de las mujeres (en concreto, puestos directivos e intermedios) es ms reducida que la de los trabajadores masculinos, aun si cuentan con una cualificacin similar. Sin embargo, el problema del techo de cristal apenas aparece en el sector de empleadas de hogar y de cuidado de personas, ante todo, porque les resulta una cuestin laboralmente ajena: no tienen ninguna posibilidad de movilidad. Un problema mucho ms generalizado en este sector es la imposibilidad de conciliacin entre vida personal, familiar y laboral (algo que afecta especialmente a las empleadas internas), as como el pluriempleo discontinuo, en jornadas variables, con salarios bajos, con irregularidades en las cotizaciones, con nulas o escasas protecciones legales y con importantes riesgos psicosociales. Semejantes problemas se ven agravados por la escasez de inspecciones de trabajo a domicilios particulares (de no mediar denuncia previa) o la indisponibilidad de testigos en casos de posibles abusos 3 .

Histricamente, el trabajo del hogar est ligado al servilismo, eslabn del cual se sigue manteniendo una cadena de esclavitud disfrazada de Real Decreto. As, aprovechndose de las necesidades de las mujeres migrantes, se han cimentado los cuidados remunerados. Asimismo, otro factor que perpeta la discriminacin y explotacin laboral es la Ley de Extranjera en vigor, la cual, al ser restrictiva y carecer de una perspectiva de gnero y una perspectiva intercultural, hace que las mujeres migrantes acepten condiciones de semi-esclavitud para poder regularizar su situacin administrativa y mantener su permanencia en Espaa.

Dado el menosprecio social y poltico que histricamente se le ha otorgado al trabajo del hogar y de cuidados se ha llegado a normalizar la violencia entre las propias mujeres, ambas vctimas del sistema patriarcal, haciendo que una mujer migrante tenga mayor desventaja frente a una autctona. Dicha violencia tambin se refleja en trminos peyorativos destinados a las mujeres que realizan dignamente este trabajo: las mal llamadas chachas, chicas, asistentas, cuidadoras, mucamas, sirvientas, etc, realizan un trabajo fundamental para la sostenibilidad de la vida de cualquier territorio. A pesar de ello, la sociedad lo considera un trabajo no cualificado, asumiendo que por el mero hecho de ser mujer ya se nace con las habilidades necesarias para realizar trabajos de limpieza y cuidados.

A los problemas mencionados anteriormente hay que agregar la proporcin elevada de empleo sumergido que se produce en el sector, con las dificultades que ello implica al momento de cotizar para obtener una pensin jubilatoria. La cuestin dista de ser anecdtica: la informalidad se traduce en un perjuicio que afecta prioritariamente a mujeres inmigrantes, agravando la discriminacin laboral por motivos de procedencia y edad, ya de por s elevada. La jerarqua sexista se repite en este caso reservando para muchas mujeres puestos mal pagos y en condiciones laborales precarias, en consonancia a la histrica desvalorizacin de las labores domsticas ligadas al trabajo reproductivo.

Incluso si se apela a la responsabilidad tica de las personas empleadoras, las regulaciones legislativas actuales son insuficientes: adems de no igualar derechos comenzando por el derecho a la prestacin por desempleo, del cual las empleadas de hogar estn excluidas-, dejan lugar a ambigedades importantes (p..e. las horas de descanso), adems de estar pendiente la ratificacin del convenio 189 (OIT). Por razones econmicas y culturales la resistencia a formalizar un contrato de trabajo a una empleada de hogar es elevadsima, incluyendo la dificultad para conferirle valor laboral a labores o trabajos excluidos de la propia categora del trabajo 4 . En la prctica, cientos de miles de familias cuentan con ayuda de una trabajadora externa o interna sin cumplir las garantas jurdicas mnimas que se corresponden a dicha trabajadora. La realidad resulta inequvoca en este caso: si de forma oficial en 2017 ha habido 418.964 5 en el sector, siendo 180.200 (43,01%) de procedencia extranjera, en trminos estimativos se calcula que 1 de cada tres han trabajado sin contrato 6 .

Una problemtica semejante no puede resolverse apostando meramente a la buena voluntad de las partes, entre otras cuestiones, porque toda relacin laboral es, al mismo tiempo, una relacin desigual entre empleador/a y empleado/a. Si por un lado permite ciertos mrgenes de negociacin, por otro, se plantea una asimetra fundamental entre empleador/a y empleado/a. Eso supone que la negociacin siempre se realiza en condiciones de desigualdad, por lo que difcilmente los consensos alcanzados favorecern en idntica medida a las partes. Hacer un llamamiento al cumplimiento de nuestros deberes cvicos es ineficaz si no se combate de forma activa el trabajo informal. La propia posibilidad de disponer de un contrato ya es de por s difcil, pese a tratarse de una obligacin jurdica o de un imperativo legal que permitira, por otra parte, reducir las brechas de gnero.

Para facilitar la identificacin y discusin de los distintos problemas regulares que afectan con especial virulencia a las trabajadoras del sector, resulta pertinente sealar al menos los siguientes:

  1. Fuerte especializacin por gnero que dificulta la movilidad laboral;

  2. Escasez habitual de elementos de salubridad y materiales de seguridad en los hogares, quedando la prevencin de riesgos laborales a voluntad del empleador;

  3. Salarios bajos y desactualizados con respecto al IPC;

  4. Salarios por debajo del S.M.I. en una porcin significativa de los empleos sumergidos en el sector;

  5. Falta de acreditacin del pago de salarios (pago en metlico y sin nmina);

  6. Cotizaciones a cargo de la propia empleada en una importante proporcin (especialmente cuando se trabaja a jornada parcial o cuando se superan las 60 horas semanales);

  7. Falta de cobertura de Seguridad Social en los empleos a jornada parcial;

  8. Escasas protecciones legales, comenzando por ambigedades presentes en el decreto Real Decreto-ley 29/2012 7 ;

  9. Exclusin en el acceso a las prestaciones y subsidios por desempleo;

  10. Exclusin de ayudas econmicas para la conciliacin laboral, personal y familiar;

  11. Riesgos psicosociales relevantes, surgidos de situaciones abusivas (sexuales y laborales);

  12. Indisponibilidad de testigos en casos de posibles abusos laborales y sexuales;

  13. Tasa elevada de empleo sumergido en el sector (falta de contratos);

  14. Dificultad para acreditar perodos de trabajo importantes (con las subsiguientes dificultades para poder renovar los permisos de trabajo y residencia en los casos de mujeres inmigradas);

  15. Dificultad para acceder al sistema de pensiones (en los casos de empleo sumergido) y exclusin del derecho a la jubilacin parcial y anticipada;

  16. Manifiesta vulneracin de los derechos de las empleadas de hogar (derecho a vacaciones, pagas extra, horas y das de descanso, bajas por enfermedad o maternidad, etc.);

  17. Desinformacin pblica con respecto a los mecanismos de contratacin de las empleadas;

  18. Escasez de inspecciones de trabajo tanto a hogares como a intermediarios laborales (incluyendo ETT y agencias de colocacin);

  19. Falta de acceso por parte de muchas empleadas a un asesoramiento jurdico-laboral adecuado a sus necesidades;

  20. Persistencia de discriminacin laboral por razones de edad, procedencia y clase (especialmente, xenofobia, racismo y clasismo).

Si bien las condiciones laborales afectan en conjunto a las empleadas de hogar, con independencia a su procedencia y situacin administrativa, sin dudas, dichas condiciones afectan con peculiar intensidad a las empleadas de hogar internas, en las que se incrementa la vulneracin de derechos y la precariedad laboral, acentuada en ciertos casos por la situacin de especial vulnerabilidad en la que se encuentra un grupo importante de trabajadoras por no disponer de permisos de residencia y trabajo. En general, el trabajo como interna, con relativa independencia a las condiciones ofrecidas por el/la empleador/a, supone un servicio en el que no suelen respetarse las horas de descanso (privando a las empleadas de desarrollar una vida social y cultural satisfactoria), adems de sufrir condiciones habitacionales precarias y una situacin de aislamiento que se presta con mayor frecuencia a la comisin de abusos. En conjunto, el servicio interno se asemeja en ciertos casos a situaciones de (semi)esclavitud que deben ser urgentemente revertidas. Es importe sealar, asimismo, la doble jornada que las mujeres en rgimen interno realizan. Diferenciar el cuidado de la limpieza, en este sentido, resulta fundamental, en tanto requieren habilidades distintas por su complejidad.

En sntesis, las constataciones precedentes nos permiten afirmar, sin gnero de duda, no slo la manifiesta precariedad de las empleadas de hogar en general y de las internas en particular, sino la evidente discriminacin institucional que sufren, as como las desigualdades laborales persistentes de las que son objeto. Que este tipo de prcticas siga siendo posible no slo informa de la inadecuacin del marco normativo estatal que regula el sector, sino tambin de un mercado laboral nacional que sigue perpetuando el patriarcado y la explotacin laboral de cientos de miles de mujeres en pleno siglo XXI.

Notas:

1 En el presente informe se recuperan diversos testimonios de personas que trabajan en el sector domstico, as como las observaciones de tcnico/as de empleo (pertenecientes a diferentes entidades sociales) y representantes del sector que conocen en profundidad la situacin. El presente trabajo, por tanto, se basa principalmente en diferentes anlisis cualitativos del sector aportados tanto por personas expertas como por personas trabajadoras, complementada con informaciones estadsticas en caso de existir.

2 Puesto que uno de los perfil habituales de las empleadas del sector es de trabajadora de origen extranjero (algunas ya nacionalizadas) con importantes cargas familiares, en situaciones especialmente vulnerables, con necesidad de ingresos tanto para la subsistencia propia como para la manutencin de otros familiares (sea en su pas de origen o en su pas de recepcin), uno de los problemas fundamentales que se le plantean a este perfil es el de la irregularidad sobrevenida por no poder renovar los permisos de trabajo.

3 Un ejemplo claro dentro de estos abusos es el caso de muchas empleadas de hogar que son obligadas a pagarse la seguridad social. Desde hace algunos aos, ciertas propuestas abusivas tambin incluyen la peticin a la empleada de brindar algn tipo de servicio sexual, por no hacer referencia a anuncios de empleo que plantean como requisito el derecho a roce o que la empleada sea cariosa o liberal.

4 Se trata, pues, de un trabajo invisible, socialmente desvalorizado, aunque imprescindible para muchas familias, especialmente de ingresos medios y altos.

5 Cf. Estadsticas 2017. Pas Vasco, Asociacin Trabajadoras del Hogar, versin electrnica en https://drive.google.com/file/d/1gNvcyLVoYKIgV2uDsiniZF89Jxqwyiiq/view, pg. 13.

6 Cf. Slo 2 de cada 3 empleadas de hogar estn dadas de alta en Seguridad Social, en Peridico El Levante, 6/09/2017, versin electrnica en http://www.levante-emv.com/economia/2017/09/06/2-3-empleadas-hogar-dadas/1612236.html . Si bien el perodo de anlisis no cubre todo el 2017, en total las cifras son prximas en tanto el nmero de trabajadoras domsticas cotizantes a la Seguridad Social se habra mantenido estable desde 2012. En el mes de junio de 2017, de las 617.400 empleada/os de hogar que se estimaban a nivel nacional, slo 424.395 habran cotizado en el sistema especial de empleados del hogar dentro del rgimen general de la Seguridad Social.

7 De hecho, el cambio del Rgimen especial de empleadas de hogar a Rgimen General no ha supuesto una mejora real de las condiciones de trabajo de este colectivo. No slo siguen excluidas del acceso a las prestaciones y subsidios por desempleo, sino que, sobre todo en el caso de las pluriempleadas, las cotizaciones quedan de forma regular a cargo de la propia empleada. Adems, las empleadas de hogar no tienen acceso a ayudas econmicas para la conciliacin y la indemnizacin, con independencia al tiempo trabajado, es slo de un mes.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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