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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-04-2018

Una apostilla a un debate sobre el cine cubano
Revisitando la polmica Alfredo Guevara-Blas Roca en los aos sesenta

Julio Csar Guanche
La Tizza


En 1963 tuvo lugar una importante polmica pblica sobre la exhibicin cinematogrfica en Cuba. Los intervinientes eran dos altos dirigentes cubanos, con larga experiencia en lides polticas e intelectuales: Alfredo Guevara y Blas Roca.

Las diferencias entre ambos eran muy fuertes.

Blas Roca, en el afn de que el artista, el escritor, se meta en los hechos, penetre en sus entraas, conviva en la granja () y saque de todo ello el material de (sus) obras demarcaba la jurisdiccin del trabajo intelectual: cantar a la accin diaria y/o cantar la vida en toda su dimensin. Ese toda su dimensin no inclua, en sus palabras, el hecho de describir el proxenetismo o el robo de la cadena a un pequeo indefenso y confiado, tal como apareca en las pelculas cuestionadas por Roca (por ejemplo, de Passolini) sino la accin positiva de reflejar con veracidad y pasin, la epopeya de un pueblo que transforma sociedad, economa y naturaleza y que se transforma a s mismo.

Lea aqu los textos Alfredo Guevara y de Blas Roca en el ao 1963 

Por el contrario, para Alfredo Guevara, lo revolucionario no se defina por la vinculacin de la obra del artista con la accin diaria, sino con la audacia, el saber, la penetracin e imaginacin intelectual necesarias para descubrir el hilo de las cosas, o un hilo, o un hito del mundo real hasta entonces inalcanzado, o no suficientemente explorado, y (encontrar) el modo de expresarlo. De esta manera, afirmaba el derecho del intelectual a entrar al terreno de la poltica, aquella que administra la interpretacin de la accin diaria y el acceso a lo no suficientemente explorado.

Roca utilizaba una de las frases del discurso de Fidel Castro a los intelectuales para establecer las relaciones entre arte, esttica y revolucin: El artista ms revolucionario es aquel que pone la revolucin por encima de todo lo dems, el que est dispuesto, incluso, a sacrificar su propia vocacin artstica - si ello es necesario-  por la revolucin.

Sin embargo, lo que segn Guevara necesitaba la Revolucin, y lo afirmaban las Palabras a los intelectuales, no era la dejacin de la condicin especfica del arte, de lo que hace del arte arte, sino la plena asuncin de sus potencialidades, de sus capacidades crticas, indagativas, imaginativas, puestas en funcin de la Revolucin. El arte no es propaganda, y ni en nombre de la revolucin resulta lcito el escamoteo de sus significaciones, aseguraba Guevara.

En su conviccin, la misin del ICAIC no consista en hacer las pelculas sino crear, sostener y desarrollar dos cuestiones de enorme importancia: el clima institucional, poltico e intelectual en el que las pelculas son hechas, y la industria que las soporta.

Habr quien piense que el ms reciente episodio alrededor del cine cubano (el debate alrededor de QHUP) es algo nuevo, pero llevamos cinco dcadas discutiendo sobre temas con diferentes nombres  - el carcter sagrado del pueblo o de los hroes, y un largo etctera-  con una base de problemas similar: la lucha por el espacio poltico y el clima intelectual disponibles para hacer cine, la eleccin entre la proteccin debida al pblico, o la afirmacin de su soberana para juzgar por s mismo - proceso de formacin crtica mediante-  y la necesidad de una cultura y de una infraestructura institucionales capaces de desarrollarlo.

En esta ya larga historia, tomar partido por criterios como los de Alfredo Guevara llev al cine cubano a ser patrimonio de la nacin  - lo que incluye la formacin crtica del pblico en la valoracin del cine -, y a ponerlo en el mapa mundial de la cinematografa de vanguardia. Esa adscripcin no garantiza de oficio la calidad de todas las pelculas, pero s contribuye a lograr el clima que podra contribuir a ello.

Los tiempos son otros, pero no est de ms tener memoria. Durante el intercambio entre Roca y Guevara ninguno acus al otro de ser poco tico, ni profiri ofensas personales, ni vio sospechosas relaciones con el enemigo en sus respectivas creencias. Tambin, los textos de la polmica fueron publicados por igual en los medios de difusin masiva de la hora. Parece una experiencia tica, y productiva, de sostener una polmica desde las instituciones. Era tambin la opcin de Mart: un pueblo no se manda como se manda un campamento.

Ahora que se ha hecho costumbre hacer todo lo contrario, con el inaudito relevo de la obligacin de presentar pruebas en momento alguno, para proferir toda clase de acusaciones, y que tambin se ha hecho tradicin publicar sempiternamente en los medios estatales/pblicos a una sola de las partes en debate (y difamar a la otra por no quedarse callada, obedientemente), debera ser un deber seguir aquel tipo de experiencias, ms si se trata del grupo profesional, y del pblico, al que se debe tal institucin.

Tal vez te interese leer un trabajo previo de Julio Csar Guanche, donde aborda algunas de las problemticas que subyacen en medio de esta polmica entre Alfredo Guevara y Blas Roca Caldero: http://www.perfiles.cult.cu/articulos/3_tensiones%20historicas.pdf

Fuente: http://medium.com/la-tiza/una-apostilla-a-un-debate-sobre-el-cine-cubano-d864802eb3a4

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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