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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-04-2018

Estado de situacin, riesgos y perspectivas de la democracia

Arturo D. Villanueva Imaa
Rebelin


Desde que a inicios de los aos 80 se recuperara la democracia de una noche larga de gobiernos dictatoriales y autoritarios, han pasado algo ms de 3 dcadas. Es decir, prcticamente una vida y una generacin que da por sentada una conquista tan costosamente obtenida, y que actualmente se disfruta como si se tratase de un hecho dado e irreversible. No se suele reparar que ms bien se trata de un logro dinmico y en permanente transformacin, a pesar de la falta de sobresaltos, los golpes de Estado y la inestabilidad social y poltica que fueron tan frecuentes en aquellos regmenes antidemocrticos que parecan haber quedado en el pasado histrico.

Muy en contrario de lo que muchos piensan, entienden, o inclusive viven a la democracia como un estado de situacin dado (generalmente asociado a un conjunto de valores y principios heredados y que el liberalismo burgus y republicano se encarg de reforzar en el imaginario social como si fueran imperfectibles y estticos); en realidad la democracia es ms bien el mejor termmetro que da cuenta de la dinmica de la correlacin de fuerzas en la sociedad y frente al Estado, y de cmo ella misma se encara y resuelve en la realidad. Es decir, que NO se trata de un lugar ideal de llegada preestablecido e inmutable, sino de un continuum en constante bsqueda de perfeccionamiento y profundizacin (que refleja, claro est, la fuerza, la disponibilidad y la potencia de las luchas populares, en su permanente interaccin con el Estado).

Tan dinmica y cambiante es la democracia, que a pesar de percibirse alguna estabilidad y la relativa vigencia de libertades y derechos que dan una sensacin de calma y orden social; stas se ven frecuentemente resquebrajadas, sea por la emergencia coyuntural de crisis y conflictos que ponen en jaque el orden establecido, o sea por la acumulacin de medidas y formas de gobierno que, amparados en el poder circunstancial, deciden adoptar comportamientos y decisiones autoritarias que conculcan derechos, restringen libertades y, a ttulo de efectuar reformas necesarias (muy en consonancia con el modelo salvajemente desarrollista y extractivista tan en boga), atentan contra la naturaleza, el estado de derecho y las conquistas sociales. Ver al efecto lo que sucede actualmente en pases como Argentina o Nicaragua. En el caso de Bolivia por ejemplo, y en el afn de perpetuarse inconstitucional y antidemocrticamente en el gobierno, inclusive pretenden burlarse y desconocer decisiones mayoritarias del soberano expresadas en las urnas.

EL CONCEPTO DE DEMOCRACIA EN LAS ESFERAS DEL GOBIERNO

Para efectuar un ejercicio acerca del concepto de democracia que se tiene en el gobierno, es imposible omitir aquella memorable sentencia utilizada por el vicepresidente Garca Linera, segn la cual nadie debera creer que la repostulacin de Evo Morales la vamos a rifar por un apego abstracto a la norma [1].

El contenido de la misma, como se puede advertir, no solo delata una intencionalidad y una voluntad poltica. Sucede que expresa la falta de respeto y no repara en deshacerse de cualquier tipo de lmite (as sea inclusive constitucional o de otra ndole) para conservar, reproducir y perpetuarse en el gobierno. Pero adems, tambin refleja un concepto de democracia por la cual lo que importa es la detentacin del poder a cualquier costo.

Y esta ltima certeza no es producto de la especulacin o de una deduccin arbitraria; en realidad corresponde a lo que el mismo vicepresidente se ha encargado de explicar ms detenidamente, sobre todo si recordamos cuando espet que entiende a la democracia como una guerra, donde l se ve como un aguerrido e innato luchador.

Es ms, segn l repitiendo a Gramsci las clases dirigentes se constituyen en el Estado, porque cuando estn en el llano son subalternas (y) siempre estn fragmentadas, porque son dominadas y dirigidas. En cambio, cuando las clases subalternas se convierten en clase dirigente, solamente lo pueden hacer a travs del Estado. Son poder estatal. Ms adelante dir: Esta dimensin de lo democrtico no la podemos perder () si las clases subalternas se vuelven dirigentes solo en el Estado, lo que ha permitido ser Estado a las clases subalternas es su unificacin en torno a un proyecto y un lder. Por tanto, renunciar a la candidatura de Evo, es decir regresar a la subalternidad. Eso no pasar.

A buen entendedor pocas palabras. Cuando Garca Linera sostiene que por ningn apego abstracto a la norma dejarn de repostular a Evo; lo que est diciendo expresamente es que ello los devolvera a la subalternidad, a la fragmentacin. Es decir, perderan su condicin de lite dominante en el poder. El Estado es concebido y disputado de esa manera, como espacio de acumulacin y concentracin de poder. Es ms, en su repetida y caracterstica lgica de tergiversar y voltear los hechos (y los pensamientos como el de Gramsci) para justificar y fundamentar tramposamente su razonamiento, sostiene que las clases subalternas son portadoras de los democrtico, pero entindase bien, solamente cuando se convierten en clase dirigente a travs del Estado y son poder estatal. En otras palabras, cuando asumen y concentran el poder y se apropian del Estado.

Se trata de un concepto de poder que va totalmente a contrapelo de construir cada vez menos Estado y cada vez ms sociedad; donde el pacto social entre la sociedad y el Estado, solo sea una cesin circunstancial y temporal del poder que reside en el pueblo (el soberano) y no un cheque en blanco para apropiarse y acumular poder. Para Garca Linera lo que importa es que las clases subalternas se constituyan en clase dirigente a travs del Estado, con el propsito de fortalecer el poder, su propio poder, y reproducir nuevas lites de dominio para imponer su voluntad. Es como si los obreros decidieran adoptar y fortalecer el capitalismo que los explota, domina y somete, pero que segn la lgica de Garca Linera, sera para superar su condicin de pobres explotados. El tufo colonial as apesta, porque quiere travestir la nica salida que le queda a los oprimidos (luchar y acabar con el sistema), a cambio de reformarlo, convivir con el sometimiento y convertirlos en sus defensores. La metfora irnica no es casual, habida cuenta de aquel planteamiento suyo sobre el capitalismo andino.

No hay que olvidar que la capacidad de control y manipulacin es el mximo anhelo de los gobernantes sobre la sociedad y sus organizaciones. Esta aspiracin que puede asociarse al concepto de hegemona colonial, viene a constituir un mtodo de anulacin de las autonomas y de las libertades democrticas, que finalmente acallan, dividen y buscan someter a las organizaciones sociales y sus movimientos, destruyendo as sus modos de pensar, de vivir y de interrelacionarse. De esa forma, la cooptacin, el prebendalismo, la clientelizacin y la divisin de las organizaciones y sectores sociales de la que todos hemos sido testigos, vienen a constituir la ms palpable verificacin objetiva de la utilizacin de este mecanismo colonial de subordinacin y control que se ha ejercitado, con tal de preservar el poder como fin ltimo.

Como si todo lo anterior no fuese suficiente y con el explcito propsito de conservar el poder a toda costa, Garca Linera y el gobierno no han tenido ningn reparo de acudir al argumento del racismo y la discriminacin [2], como motivo de descalificacin y victimizacin para capitalizar y cooptar engaosamente lealtades.

Utilizando como ejemplo algunos casos sucedidos (indiscutiblemente condenables, pero no generalizables al conjunto de la sociedad como pretendieron), buscaron asociar la imagen del propio presidente Evo Morales con los sectores sociales que le guardan lealtad y una inocultable afinidad social y tnica, hacindolos aparecer como vctimas y blanco de dichas expresiones racistas y discriminadoras. Al margen de sembrar resistencias y antagonismos que el propio Estado deba haberse encargado de ayudar a superar (pero que solo se ocupa de reprimir en forma selectiva, sobre todo cuando se trata de casos polticamente aprovechables), el propsito ms importante que se buscaba era desencadenar un fuerte movimiento de indignacin, para aprovecharlo como respaldo a las pretensiones prorroguistas y de perpetuacin en el poder.

Lo irnico del asunto es que el propio vicepresidente y nada menos que el viceministro de descolonizacin, han sido registrados efectuando el mismo tipo de discriminacin, incitacin a la violencia y racismo del que se quejaban y denunciaban. De esa manera se hizo evidente la grosera manipulacin que luego quisieron volcar como arma en contra de la sociedad que entienden como blancoide y racista, para capitalizarla en funcin de sus intereses de poder. As, aquella tarea de descalificacin y condena en que se embarcaron con el propsito de alimentar adherencias en torno a la figura de Evo Morales, termin siendo un boomerang que se estrell contra la actitud y las expresiones de sus propias altas autoridades.

Un apunte marginal importante. Cuando la defensa por mantener a toda costa el supuesto derecho humano de ser reelegido y perpetuarse en el gobierno, pasa de un inocultable culto a la personalidad (que convierte al caudillo en imprescindible), prcticamente repitiendo el mismo tipo de razonamiento monrquico-feudal por el que se justificaba una especie de designio de dios; entonces se hace inocultable tambin otra evidencia proporcionalmente equivalente en su magnitud y significacin.

Estoy haciendo referencia a que si nada menos que el segundo hombre en el gobierno y el Estado, llega a ese extremo de conclusiones y afirmaciones para sustentar la candidatura de Evo Morales, NO es por la conviccin y la creencia (al menos la nica), de que se trata de la nica carta ganadora de las elecciones a las que legal y constitucionalmente est prohibido de asistir (ntese que es el mismo tipo de cbala que hicieron con el referndum tan prematuramente convocado y perdido el 2016); sino que expresa difana y claramente que sin Evo Morales como candidato, implosionara inmediatamente su estructura partidaria y gubernamental, dando lugar a la divisin, el fraccionamiento y la disputa al interior de todo su aparato. Por tanto, quien guarde la ms mnima esperanza de que el MAS decida ceder, respetar y retomar el cauce democrtico y constitucional, est completamente equivocado, puesto que una decisin en ese sentido (tomando en cuenta las claras expresiones vicepresidenciales), sera imposible, por la sencilla razn de que equivaldra a un suicidio, a decretar su autodestruccin y el fraccionamiento irreversible (lo que Garca Linera llama retornar a la subalternidad).

En ese sentido y vistas as las cosas, se hace evidente que ms all de la diletante como tramposa trama argumentativa y conceptual que crea Alvaro Garca Linera para justificar y defender la candidatura de Evo Morales, en realidad sea sta la causa fundamental (y el extremo pavor) para lanzar semejantes argumentos. Las conclusiones y consecuencias que ello contrae para el proceso democrtico que va hasta el ao 2019 cuando deberan realizarse las elecciones, las debe sacar cada uno.

UNA EMERGENCIA INDITA: LA RESISTENCIA DEMOCRTICA CIUDADANA [3]

El movimiento de resistencia ciudadana democrtica, es un producto inesperado pero previsible que surge como resultado de la negativa oficialista de acatar el mandato constitucional, as como los resultados del referndum nacional 21F de 2016, que fue expresamente convocado por el propio gobierno en la falsa percepcin de que poda ganar holgadamente y con el afn explcito de prorrogarse en el gobierno indefinidamente.

El movimiento ciudadano as constituido, est conformado por un conjunto muy heterogneo y diverso de corrientes, colectivos, plataformas y agrupaciones, cuya caracterstica fundamental es el rechazo contundente a la terca intencin oficialista de prorrogarse en el poder, como a la injerencia de partidos, polticos y dirigentes de la derecha tradicional y neoliberal que habiendo sido expulsados en el pasado, pretenden arrimarse y utilizar esta fuerza social como trampoln para retornar al gobierno.

Desde entonces, este movimiento espontneo esencialmente, ha ido generando un proceso de acumulacin paulatina de fuerza, hasta el punto de empujar al gobierno a que tome decisiones desesperadas, que lo llevaron a obligar y forzar la movilizacin de funcionarios pblicos y otros sectores sociales, que fueron trasladados de una ciudad a otra con la penosa tarea de hacer multitud para contrastar y medir fuerzas con el movimiento ciudadano. A su turno, ste ltimo no solo haba logrado concentrar, marchar y protestar multitudinariamente en las calles primero (cuando se cumpli el primer ao del 21F), sino tambin paralizar el pas despus, en inditas jornadas cuando se logr la abrogacin completa del Cdigo Penal que ya se haba promulgado, y posteriormente, cuando en el segundo aniversario de referndum 21f de 2016, se logr paralizar el pas nuevamente.

Las calles se convertan as en el epicentro de la compulsa de fuerzas que, muy a pesar de los criterios enfrentados que todava persisten acerca de quin tiene mayor arrastre y capacidad de convocatoria, solo se dirimir efectivamente en el futuro, y en el mejor de los casos en las elecciones previstas para fines del 2019.

Tambin se puede decir que fueron jornadas de enfrentamiento (simblico y real) entre un concepto de democracia de guerra, del miedo y de la amenaza, contra la resistencia pacfica de un concepto de democracia de la dignidad, la autoconvocatoria, la conciencia de derechos y la libertad.

Sin embargo y a pesar de los incuestionables mritos descritos, el movimiento ciudadano tambin adolece de limitaciones, vacos y errores, que a la postre podran dispersar y atomizar el impacto de sus acciones, pero que sobre todo deberan ser motivo de anlisis para calibrar exactamente el alcance de sus expectativas.

De la merecida sensacin de orgullo y triunfo que emergieron como resultado de las impactantes y sucesivas movilizaciones que pusieron en jaque al gobierno, se ha entrado en un periodo de latencia donde predomina la duda y la incertidumbre sobre lo que queda por hacer. Una vez desgastada la trillada repeticin de lo que NO se quiere, sin saber lo que verdaderamente se busca; lo que sucede es que los diversos colectivos se preguntan ahora qu hacer y cmo lograr mantener movilizada la resistencia pacfica.

Como queriendo curarse en sano y con el argumento de que el movimiento ciudadano debe liberarse de toda tutela poltico partidista, e inclusive de la dependencia de cpulas dirigenciales de sectores sociales agremiados, para reafirmarse como un movimiento autoconvocado e independiente; lo que est sucediendo es la negativa y resistencia a mezclarse y efectuar un anlisis poltico de la coyuntura y el contexto. Se asocia la poltica con las malas prcticas, la corrupcin, la ausencia de tica y el consuetudinario aprovechamiento que han ejercido tradicionalmente los partidos, los polticos y sus dirigentes. Por eso se produce un impulso de rechazo para no relacionarse con la poltica (entendida como el mal mayor), sin advertir que por ms cvico, autoconvocado o independiente que quiera mostrarse el movimiento ciudadano, finalmente no tendr otra alternativa (sea en el plano colectivo o en el individual), que definir posiciones y adoptar decisiones que no podrn eludir una determinada forma de concebir la sociedad, el Estado, la economa y la propia poltica.

Ensimismados como estn muchos de los colectivos en sus reflexiones acerca de qu hacer para defender la Constitucin y la decisin mayoritaria del 21F; no reparan que mientras tanto el gobierno contina conculcando derechos, restringiendo libertades, avasallando organizaciones y destruyendo la naturaleza y los recursos naturales, con base en la exacerbacin del modelo salvajemente extractivista y desarrollista que impulsa. Es decir, que contina atentando impunemente contra la democracia, el Estado de derecho, la institucionalidad y todos aquellos valores que supuestamente son defendidos por aquel movimiento ciudadano por el 21F, la democracia y el respeto a la Constitucin. Sucede que no logran (o no quieren) percatarse y articular las luchas cotidianas que se producen en diferentes lugares del pas (como por ejemplo del TIPNIS, el proyecto Rositas, Bala-Chepete, Tariqua, deforestacin y transgnicos, justicia, feminicidios, etc., etc.), siendo que estas causas constituyen el meollo del problema, que hace al modo de gobernar y el tipo de pas que se quiere, una vez que concluya el periodo del actual gobierno. No se percibe que ms all de hacer respetar la decisin soberana del pueblo y la Constitucin, se encuentra la responsabilidad de evitar la destruccin y construir el pas que queremos (para todos, las generaciones futuras, la naturaleza y la propia vida).

La firme conviccin de defender la democracia como nico escenario que garantiza un futuro para el pas, no puede estar asociada exclusivamente a hacer respetar la decisin soberana del pueblo, e impedir un prorroguismo inconstitucional. Es imprescindible imaginar y construir una alternativa programtica de izquierda que supere aquel tan frecuente error histrico de supeditarse a la figura de un candidato (generalmente improvisado y ficticiamente construido) y/o subordinar sus alcances al establecimiento de pactos y acuerdos (con el argumento de la unidad u otro inconsistente motivo), que con seguridad volvern a desvirtuar, pervertir y traicionar el proyecto nacional-popular.

 APUNTES A MODO PROSPECTIVO

En perspectiva a futuro, lo que se puede apreciar es que mientras se siga divagando para encontrar modos de cmo defender la decisin soberana del 21F y la democracia, es claro (como de hecho ya lo hace), que el gobierno continuar conculcando derechos, atentando contra la democracia, restringiendo libertades y avasallando todo indicio de resistencia que interfiera o ponga en riesgo su decisin de perpetuarse en el poder.

Eso significa que mientras se prefiera continuar criticando e interpelando acremente las intenciones prorroguistas del oficialismo en forma exclusiva (y que por lo dems supone un esfuerzo de movilizacin muy desgastante), pero sin hacer nada frente al modelo de desarrollo extractivista y las cotidianas medidas que se imponen, siendo las principales causas de los problemas y conflictos que tiene el pas; entonces debe tenerse clara conciencia de que no se lograr el objetivo buscado, pero sobre todo no se crearn, ni existirn condiciones para generar una verdadera articulacin social, que permita cohesionar las luchas sociales con la necesidad de defender la democracia y construir una alternativa popular.

El llamado a la unidad tampoco constituye una alternativa. Los acuerdos con la vieja poltica y la derecha tradicional, no suman, solo restan, por la sencilla razn de que lo que en principio aparece como la nica o mejor solucin con condiciones para disputar electoralmente y generar posibilidades de alternancia; la experiencia y los ejemplos frecuentes que se han dado recientemente en pases vecinos, muestran que a lo largo y final del proceso emprendido por dichas alianzas, termina como lastre y mala carga. Se ha demostrado suficientemente, que a la postre los pactos por la democracia (u otros principios aparentemente enaltecedores que sirven de anzuelo), terminan imponiendo y haciendo prevalecer los impulsos conservadores y reaccionarios, pero lo que es peor, terminan destruyendo las posibilidades de construir un pas y un futuro diferentes para todos.

Por ello, a tiempo de recuperar el claro rechazo y la explcita resistencia democrtica al prorroguismo oficialista, como tambin a la derecha tradicional, cuya conviccin se ha impostado en el imaginario nacional; debe tenerse claro que si no se da curso y construye paralelamente una verdadera alternativa de izquierda, entonces es previsible esperar un resultado negativo y desfavorable para la nacin. Es decir, que el pas tendr que conformarse en el peor de los casos con el retorno de una derecha reaccionaria y neoliberal (al estilo de Argentina, Brasil o Chile) o, en el mejor de los casos, con una opcin moderada y amarilla (producto de componendas y pactos que ya haban sido desterrados), que en buenas cuentas no ser otra cosa que ms de lo mismo. Es decir, la exacerbacin de un modelo salvajemente extractivista y desarrollista que terminar con la naturaleza, los recursos naturales y la propia economa nacional.

Notas:

[1] Para conocer el contexto y la versin completa de la afirmacin sostenida por Alvaro Garca Linera, ver: http://www.eldeber.com.bo/bolivia/Alvaro-Garcia-Linera-Las-fuerzas-opositoras-lograron-irradiarse-a-escala-nacional-20180224-9355.html

[2] Se trata de un asunto de gran importancia vinculado a la descolonizacin interna del pas, que merecera una reflexin aparte. Sin embargo, lo que se puede decir es que en 12 aos de gobierno del MAS y pese a tratarse de una tarea fundamental de cambio y transformacin, el enfoque utilizado tuvo nicamente un carcter penalizador y de castigo, preferentemente utilizado para sancionar a adversarios polticos, y casi nunca para abordar los reiterados como evidentes casos protagonizados por diversas autoridades de gobierno.

[3] El abordaje de este acpite no est relacionado en absoluto, ni hace mencin alguna a la oposicin tradicional de derecha, porque en 12 aos de gobierno no ha logrado siquiera generar el ms mnimo atisbo plausible de alternacia y, mucho menos, una alternativa poltica que no sea el retorno al modelo neoliberal ya expulsado de Bolivia.

Arturo D. Villanueva Imaa. Socilogo boliviano.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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