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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-04-2018

Entrevista a Manuel Caada sobre La dignidad, ltima trinchera (I)
La palabra dignidad ha condensado la rebelda y las esperanzas de los movimientos populares, del 15M a las Marchas del 22 de marzo

Salvador Lpez Arnal
El viejo topo


Manuel Caada (Badajoz, 1962) es educador social. Ha trabajado en el campo, la construccin, la hostelera, el telemrketing, como tcnico de educacin infantil y en educacin de adultos. Militante del PCE desde los 17 aos y de CCOO desde 1980, fue secretario general del PCE de Extremadura desde 1992 hasta 1995 y Coordinador general de IU Extremadura entre 1995 y 2003. Desde 2003, su militancia se centra en los movimientos sociales, especialmente en los relacionados con la lucha contra el paro y la precariedad. Milita, desde su constitucin en 2013, en el "Frente Cvico Somos Mayora". Ha publicado numerosos artculos en eldiario.es, rebelin, Nuestra Bandera y El Viejo Topo. Es tambin autor de La huelga ms larga, un ensayo sobre la huelga y posterior resistencia de los yeseros de Badajoz. Para este entrevistador, es todo un ejemplo de activista honesto, coherente y entregado, sin cartas institucionales escondidas de promocin social. Una excelente persona en el decir de Machado y Brecht.

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Nos centramos, si te parece, en tu ltimo libro. Hablas de dignidad. Qu es la dignidad? Quines son dignos?

La dignidad es un sentimiento revolucionario, podramos decir, parafraseando la conocida expresin que utiliz Marx refirindose a la vergenza. La dignidad es un motor de transformacin individual y colectiva, una conmocin de la conciencia a partir de la cual se alza la autonoma moral y poltica. No quiero, no soy un esclavo, en mi hambre mando yo, como le espetara el jornalero andaluz a un seorito en los aos de la II Repblica, rechazando los dos duros que le daba para que votase al cacique de turno.

"El lenguaje, al igual que cualquier madre, lo sabe todo", deca John Berger. La dignidad, como todos los conceptos filosfico-polticos es una idea esencialmente histrica, que condensa significados de distintas pocas. Hunde sus races en la reflexin sobre la especificidad de la naturaleza humana que se hace desde la antigedad, vinculando el concepto al de racionalidad y libertad (la "Oda al ser humano", que recita el coro de Antgona, por ejemplo). Y durante siglos se utiliz con un sentido similar al de honor, como en la obra de Caldern de la Barca, El alcalde de Zalamea: "Al Rey la hacienda y la vida se ha de dar; pero el honor es patrimonio del alma y el alma slo es de Dios", dice Pedro Crespo, el labrador acomodado, padre de Isabel, la joven que ha sido violada por un capitn del ejrcito.

Pero ser a partir de la revolucin francesa y, sobre todo, despus de la Declaracin Universal de los Derechos Humanos cuando la palabra dignidad adquiera los perfiles con los que hoy la identificamos. Desde entonces, la condicin de ciudadano ir desplazando a la de sbdito y la nocin de dignidad se vincular progresivamente con la de derechos humanos. "Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en dignidad y derechos", afirma la declaracin aprobada en 1948, levantada a modo de empalizada, tras la segunda guerra mundial, contra la barbarie que supuso el fascismo. La dignidad pasa a ser sinnimo del reconocimiento y de la aplicacin de los derechos humanos -de todos, de los polticos y de los sociales- que han de protegerse "a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelin contra la tirana y la opresin", como se afirma en la solemne proclama.

El concepto dignidad ha ido ascendiendo a los textos legales y constituciones de la mano de las luchas populares, que la han convertido no ya en meta u objetivo, sino tambin en camino, en fuerza motriz. "El proletariado que no quiera dejarse tratar como canalla, necesita de su coraje y de su dignidad ms todava que de su pan", escribir Marx en 1847.

Una cita-reflexin de Marx poco citada, poco recordada.

"Aqu estamos, somos la dignidad rebelde, el corazn olvidado de la patria", afirmar el subcomandante Marcos en 1994, anunciando la irrupcin del movimiento zapatista. La bandera de la dignidad se convierte en la energa propulsora, en el origen de la dignidad misma.

En Espaa, durante el terremoto social que hemos vivido en los ltimos aos, la palabra dignidad ha condensado la rebelda y las esperanzas de los movimientos populares, del 15M a las Marchas del 22 de marzo. La dignidad ha emergido como el grito de lucha frente a la miseria, la injusticia y la humillacin en las innumerables variantes urdidas desde el poder: la vergenza de los desahucios, la degradacin del paro, el envilecimiento de la doble y hasta triple escala salarial, la afrenta de no poderle comprar los libros de texto a los hijos, la denigracin de tener que estar localizable las 24 horas del da para poder trabajar en un contrato de mierda a tiempo parcial, la deshonra de tener que ir a los bancos de alimentos, el desdn de tener que andar esperando 16 meses la respuesta a una solicitud de renta mnima de insercin, el "que se jodan" vomitado a los parados por una diputada del PP, el llanto de la madre que tiene que estirar la leche echndole agua, la postracin sistemtica en las oficinas de empleo y los servicios sociales, el sometimiento a las leyes mordazas

Frente a la presunta "dignidad de los honores, de la etiqueta y de la jerarqua, de los que tienen plata y el protocolo ms la pleitesa", como deca burlonamente Benedetti refirindose a los ladrones de cuello blanco que suelen detentar el poder, se ha alzado la otra, la autntica dignidad: "la dignidad de la pobreza, la que se lleva inscrita en el pellejo", "la dignidad de los leales, la de quienes no cambian sus races por las alas ni exigen el cilicio ni la alfombra".

Dignidad es una de las palabras que debemos rescatar y afirmar, recreando permanentemente su significado desde abajo. Como afirma Marina Garcs, la idea de dignidad "es difcilmente secuestrable. Acoge y moviliza palabras como 'libertad', 'igualdad' y 'fraternidad'. Proporciona un lugar desde donde pensar. Se vive o no se vive". La lucha de y por la dignidad construye un nosotros, convierte el mal individual en resistencia colectiva y nos permite enfrentarnos a la precarizacin sistemtica organizada por el poder.

Por qu hablas de ltima trinchera? Estamos en guerra? En qu guerra?

S, claro que estamos en una guerra, aunque no est declarada. Una guerra social, la guerra del capitalismo contra la humanidad y, si me apuras, contra la propia vida. El capitalismo est mutando, nos adentramos a marchas aceleradas en el "momento Polanyi", como le gusta decir a Manolo Monereo, aludiendo a las tesis del antroplogo austraco. El neoliberalismo es violencia condensada, institucionalizada. Lo que ocurre es que en muchas ocasiones esa violencia "ya no destruye desde fuera del propio individuo. Lo hace desde dentro y provoca depresin o cncer", por decirlo con las palabras de Byung-Chul Han.

Tomemos simplemente dos datos de esa guerra sorda, el que hace referencia a las muertes en el Mediterrneo y el de los suicidios en Espaa. El ao pasado murieron ahogados 5.000 inmigrantes en su intento por llegar a las costas de Europa, un 25% ms de vctimas que en el ao anterior. La plcida baera de Ulises se ha convertido en un brutal y silenciado- naufragio de sangre.

Y el otro dato, estremecedor tambin: una media de 10 suicidios por da en nuestro pas. Ya es la primera causa de muerte no natural en Espaa, por delante de los accidentes de trfico. Quizs haya muy pocos indicadores del desastre social en el que nos encontramos, un sensor que nos habla del intenso sufrimiento al que se est sometiendo al conjunto de la poblacin y muy especialmente a las clases populares.

Las profecas distpicas que anunciara Susan George en Informe Lugano, aquel temprano ensayo sobre las consecuencias posibles de la globalizacin, estn cumplindose con exactitud asombrosa.

S, tienes razn. Pareca imposible pero George acert de pleno.

Ella hablaba de cmo "la prescindibilidad" ascendera en la escala social. Y por aquellas mismas fechas, en 1999, Saramago afirmaba que "lo que se est preparando en nuestro planeta es un mundo para el disfrute de los ricos. A unos mil quinientos millones de seres humanos -entre el veinte o el veinticinco por ciento de la poblacin- se les considera desechables". El mundo se va llenando de prescindibles, de desechables, de "vidas desperdiciadas", de poblacin sobrante. Aunque no lo parezca, la supresin de la tarjeta sanitaria a millones de personas, la instauracin del copago farmacutico incluso a parados sin prestacin, los recortes en los sistemas pblicos de salud o la eliminacin de las ayudas de dependencia, nos hablan de la guerra social en curso.

Es, como deca Paco Fernndez Buey en una hermosa intervencin con motivo de una marcha contra el paro, "como si la noria de la historia hubiera vuelto a los tiempos del capitalismo salvaje", "como si el trabajo del hombre y de la mujer trabajadora fuera slo esto: fuerza de trabajo, ejrcito de trabajo disponible: sin reconocimiento de la dignidad personal, sin historia". Por eso es tan importante cavar las trincheras de la dignidad, porque slo desde ah seremos capaces de organizarnos, de levantar un movimiento a la altura del envite.

Negar la condicin de mercanca, dar valor a nuestras vidas, ese es el indispensable punto de partida. Me gusta mucho la ltima pelcula de Ken Loach, "Yo Daniel Blake".

A m tambin. Una de las mejores en mi opinin.

Cualquier parado de larga duracin de nuestro pas se identificar fcilmente con el protagonista, un carpintero ingls de 59 aos que ha perdido el empleo y acude a solicitar el subsidio. El calvario de las oficinas de empleo y de los servicios sociales, la maraa burocrtica aplasta-pobres, nos resultan familiares. La pelcula termina con una estremecedora carta: "No soy un cliente, ni un consumidor, ni un usuario del servicio. No soy un gandul, ni un mendigo ni un ladrn. No soy un nmero de la Seguridad Social o un expediente. Siempre pagu mis deudas hasta el ltimo cntimo y estoy orgulloso. No acepto ni busco caridad. Me llamo Daniel Blake, soy una persona, no un perro, y como tal exijo mis derechos. Yo, Daniel Blake, soy un ciudadano, nada ms y nada menos".

El prlogo del libro est escrito por Julio Anguita. Por qu pensaste en l?

El prlogo de Julio Anguita es para m un inmenso honor, un enorme privilegio por muchas razones, pero destacara sobre todo dos de ellas. Primero porque es la persona que ms ha influido en mi formacin poltica, ha sido y es un maestro y un hermano de lucha. Ayer en IU y hoy en el Frente Cvico.

Pero adems porque, en mi opinin, Julio es uno de los militantes, de los revolucionarios ms virtuosos que ha parido este pas en mucho tiempo. Es un ejemplo constante de dignidad y lealtad a su pueblo, de lucidez y honradez. En definitiva, un espejo donde mirarse y una brjula contra el extravo y los cantos de sirena.

La primera vez que vi a Julio Anguita fue en el X Congreso del PCE (julio de 1981). Yo era un chaval de 19 aos y recuerdo cmo me impact a m como a tantos compaeros- aquel hereje, que hablaba de Gramsci en su intervencin como portavoz de la minora. Por cierto, de un Gramsci que tena poco que ver con la versin paniaguada del eurocomunismo. Luego fue creciendo aquella figura tan extraa, aquel alcalde tan ajeno al incienso de la transicin que peregrinaba explicando el presupuesto pizarra en mano por los barrios de Crdoba, que se enfrentaba al obispo o al rey. Y desde su eleccin como secretario general del PCE en 1988 he tenido la fortuna de haber compartido camino y vendavales con Julio, sobre todo desde mis responsabilidades orgnicas en Extremadura.

A Julio Anguita le gusta mucho utilizar la metfora del junco, indicando con ella la orientacin estratgica deseable para una formacin poltica que aspira a transformar la realidad, es decir que ha de ser, al mismo tiempo, flexible y firme. Creo que la imagen le define a l mismo: dctil pero indomable. Siempre ha demostrado, como dice Juan Andrade, "la voluntad de no ceder a las presiones del sentido comn institucionalizado y de no temer al vaco meditico". Las bondades de Anguita son muchas, pero, de entre todas, me gustara subrayar su apertura constante a la alianza con otros, su sensibilidad a las nuevas experiencias de lucha y el rechazo hacia el corporativismo poltico.

El eplogo lleva la firma del historiador Juan Andrade. La misma pregunta: por qu Juan Andrade?

Lo que deca respecto de Julio es, en cierta medida, atribuible tambin a Juan. Me precio de ser amigo y compaero de fatigas de ambos. En mi opinin, representan lo mejor del pasado, del presente y del futuro en la piel de toro. Y, por otra parte, la garanta de que el libro al menos cuenta con algunas pginas que merecen la pena.

Juan es capaz de fundir, de manera nada frecuente, rigor y radicalidad. Es, sin duda alguna, uno de los mejores intelectuales con los que cuenta nuestro pas, que amasa en sus libros, artculos e intervenciones la finura y el compromiso, el aprecio a los matices y el arrojo disidente.

Los tres libros que ha publicado hasta ahora son, cada uno de ellos, piezas magistrales. El primero, El PCE y el PSOE en (la) transicin, se ha convertido ya en una referencia indiscutible para cualquiera que pretenda analizar ese perodo histrico con profundidad y afn crtico. Atraco a la memoria, el libro en el que hace un recorrido sobre la vida poltica de Julio Anguita, es otro ejemplo de saber hacer, en el que combina de modo original la entrevista, la contextualizacin histrica y el anlisis poltico. La ltima de las obras que ha coordinado, 1917 La revolucin rusa cien aos despus, es otra muestra del estilo de trabajo de Juan Andrade, slido y al mismo tiempo innovador. Nada que ver con el gremio corporativo de la historia al uso, que pontifica desde sus "poltronas objetivas", que trata la historia como una disciplina anticuaria. Juan hace una historia viva, reflexiva, en dilogo con la filosofa o la literatura, vinculada a los debates y necesidades fundamentales del presente.

Y para m, adems, Juan representa una forma de entender el compromiso que nos previene frente a los atajos del activismo y del oportunismo. Contar con un eplogo escrito por l constituye, tambin, otro obsequio impagable y una gran alegra.

Por ltimo, tambin me gustara agradecer la aportacin de Paco Garabato, el autor de la portada

Me he olvidado, tienes razn. Disculpas.

Paco es un artista militante de una generosidad extraordinaria. Y de una vala que todava no ha sido reconocida. Eduardo Galeano sola decir que "si Beethoven hubiera nacido en Tacuaremb, como mucho hubiera llegado a ser director de la banda del pueblo". Si Paco estuviera en la villa y corte merodeando a los poderosos -como es, por desgracia, extendida costumbre- y no en Extremadura y al lado de los movimientos de lucha, tendra todas las puertas del "mundo de la cultura" abiertas de par en par. Pero Paco ha decidido ligar su arte al destino de la gente que sufre y pelea. Y, adems, sabe que el artista verdadero se forja "basculando entre el dolor y la belleza", "entre el ir y venir constante de l a los otros; a medio camino de la belleza, sin la que no puede vivir, y de la comunidad, de la que no puede desarraigarse", como deca Albert Camus.

Dedicas el libro a Nela, Ernesto y Carmen, faros y aliento permanente, y a los militantes de los Campamentos Dignidad. Qu son esos Campamentos Dignidad? Cmo surgi el nombre?

Los Campamentos Dignidad son un movimiento por los derechos sociales que nacieron en Extremadura en febrero de 2013. Son una de las creaciones ms originales de la clase obrera en estas tierras, "una anomala salvaje", un rbol bravo que se ha alzado en los pramos de Extremadura, desafiando al mismo tiempo el clientelismo del poder y las prcticas rutinarias polticas y sindicales, que casi siempre acaban llegando a la conclusin de que el paro y la precariedad son "inorganizables". Y que parecen condenadas a girar eternamente alrededor de la noria del "clasemedianismo".

Los Campamentos Dignidad nacieron alrededor de tres reivindicaciones, la renta bsica universal, la creacin de empleo y la oposicin a los desahucios de vivienda, ya fuera esta pblica o privada. Desde entonces han seguido ampliando su mbito de intervencin (pobreza energtica, apertura de comedores escolares, precariedad laboral). Son un espacio de empoderamiento muy presente en la vida de algunos de los barrios ms machacados de las ciudades extremeas, un movimiento con una fuerte base comunitaria, que ana el conflicto, la pedagoga y la vida cotidiana.

El nombre surgi la noche del 20 de febrero, da en el que irrumpi el primero de los Campamentos, en Mrida. Recuerdo que aquella noche, rodeados de polica que no sabramos si al final desmantelara la acampada, unas setenta personas debatamos cmo le llambamos a aquella criatura que pugnaba por nacer. Haba una emocin enorme, era como si todos intuyramos que, en ese gesto de desobediencia balbuceaba algo nuevo, que beba de luchas anteriores pero rompa tambin con el repertorio ritual. Era una acampada, como el 15M, movimiento en el que habamos participado algunos de nosotros. Pero la acampada naca en la puerta de la oficina de empleo y con la participacin de gente de las barriadas, con personas que portaban otra indignacin distinta. Era una especie de 15M obrero, empeado en organizar el S se puede de los parados, de la gente ms humilde. "Campamento de los parados", propuso un compaero; "Ciudad de los parados", plante otro. Y, como en el poema de Neruda, "una callada slaba iba ardiendo/congregando la rosa clandestina", fue creciendo el rumor de una palabra: Dignidad. Creo que fue el compaero Ramn Carbonell quien lo propuso, aunque otros dicen que fue Mila Ranz o quizs fuera Manolo Pineda

El fantasma de Kant, sin saberlo, estuvo all aquella noche. "Las cosas tienen un valor relativo al que llamamos precio, pero las personas tienen un valor absoluto en s mismas al que llamamos dignidad". El Campamento naca all, en los eriales del INEM, uno de los lugares emblemticos donde el ser humano deviene mercanca, donde miles de personas paradas "sudan para adentro su secrecin de sangre rehusada" (Csar Vallejo). Aquella palabra, dignidad, nos dara cobijo durante ochenta das y, desde entonces, acompaar al movimiento como acicate permanente.

Tambin dedicas el libro a "las personas que luchan desde abajo". Y qu personas luchan desde abajo? Cundo se lucha "desde abajo"? La expresin, como sabes, le era muy querida a Francisco Fernndez Buey en sus ltimos aos.

"Arriba los de la cuchara, abajo los del tenedor". Tu pregunta me trae a la memoria esa letra de la Internacional nada cannica pero, como sabes, muy extendida entre la gente obrera hasta los aos setenta. El tenedor, como recuerda Sergio Molino en La Espaa vaca, es un utensilio que entr tardamente en Espaa y asociado siempre a las clases dominantes. Yo les escuch cantar esta versin a mis padres, siempre con una media sonrisa, sarcsticos pero orgullosos en el fondo, de haber atravesado la densa prohibicin que pesaba sobre aquella cancin aunque fuera con ese formato.

Los de abajo son los oprimidos y oprimidas de cada poca, con independencia del utensilio del que se valgan para comer. Pero la dedicatoria la hice pensando sobre todo en unas oprimidas y unos oprimidos muy especficos, aquellos que sufren el paro, la pobreza o la precariedad ahora y luchan desde ah. Las Marchas de la Dignidad o la Marea Bsica son dos buenos ejemplos de ello. Movimientos construidos desde la base, que no han contado ni cuentan con demasiados focos mediticos y que se fajan con las realidades ms duras.

De qu altavoces ha dispuesto la huelga de las trabajadoras de Bershka? En qu peridico informan de la lucha de las kellys? Quines se han enterado de que cuatro personas de Mlaga y Granada, Paco Vega, Demetrio Cano, Mario Arias y Feliciana Mora, han mantenido una dursima huelga de hambre exigiendo la renta bsica que contempla el Estatuto de Andaluca? En qu televisin ha salido la acampada de la Plataforma de Afectados por la Crisis (PAC) de Badalona? Quin se ha enterado de que desde hace meses se mantiene una acampada de la pobreza en Vigo? A todos ellos est dedicado este libro pues, adems, son los autnticos inductores del mismo, quienes le dan sentido.

Para Juan Carlos Rodrguez -el profesor granadino fallecido recientemente- pensar desde abajo quera decir, pensar desde la explotacin, no desde el yo-pobre diablo correveidile, sino desde el yo-histrico.

Es hermoso -y comparto- tu homenaje a Juan Carlos Rodrguez.

Pero, si ese pensamiento aspira a la transformacin de la realidad, necesita hacerlo con los de abajo, con las luchas y clases populares. Creo que a eso se refiere tambin Paco Fernndez Buey y de ah su permanente imbricacin con los movimientos sociales. "Hay que volver a poner el acento en la atencin a la principal de las fuerzas productivas, la baza de trabajo llamada hombre. Esto es lo que nos permitir hacer realidad una sugerencia muchas veces repetida, desde hace dcadas, entre los trabajadores: hacernos personas a pesar del capital". Estas hermosas palabras son de l y fueron pronunciadas en la concentracin final de la Marcha contra el paro", como sabes bien, en la marcha obrera y ciudadana que mencion anteriormente, que recorri toda Catalua en abril de 1996. Pensar desde abajo es pensar desde la clase de los de abajo y hacerlo, siempre que se pueda, con la lucha y la reflexin de los de abajo, nutrindose de ella y nutrindola al mismo tiempo.

La introduccin lleva por ttulo: "Pequeos ojos de agua". Qu pequeos ojos de agua son esos? Te pregunto ahora por ellos.

Cuando quieras.

 

Fuente: El Viejo Topo, marzo de 2018.



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