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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-04-2018

Desinformacin, hegemona y fascismo

Jesus Gonzlez Pazos
Rebelin


Recurrentemente en los ltimos aos se ha escrito mucho sobre la pretendida sociedad de la informacin en la que vivimos. La extensin hacia los ltimos rincones del planeta de internet y las redes sociales nos han llevado a esa percepcin. La prensa tradicional escrita, radial o televisiva, aquella que en las ltimas dcadas nos provea de la informacin necesaria para saber qu ocurra en nuestro mundo inmediato y en el ms lejano, parece que se aboca a su desaparicin o, en el mejor de los casos a su radical transformacin. La modernidad informativa nos lleva a nuevas cotas donde ya no hace falta esperar a la maana para comprar el peridico, o a los noticieros horarios para, bien en radio bien en televisin, tener cumplida informacin de los hechos ms relevantes de la jornada. Ahora en cualquier momento podemos acceder a la prensa digital y a una multitud aplastante de datos sobre lo que ocurre en el mundo o sobre el ms inimaginable abanico de temas relevantes o irrelevantes.

Por eso se afirma que vivimos en la sociedad de la informacin aunque, y a pesar de lo extrao que pueda parecer, quizs podamos convenir tambin que esa es una afirmacin que contiene una paradoja evidente, pues tal cmulo de informacin nos desinforma. Para sostener esta idea hay dos razones inmediatas que nos llevan a ello. De una parte, la gran abundancia de informacin que, en simple apariencia, nos asegura que la sociedad est necesariamente informada; de otra parte, la manipulacin y concentracin de la informacin que limita brutalmente las fuentes posibles que nos acercan esa informacin en trminos de cierta objetividad y diversidad de puntos de vista.

En el primer caso, en relacin a la abundancia de informacin, hoy en da sta es de tal magnitud que nos sentimos abrumadas por su cantidad y por su velocidad. As, dar seguimiento a una noticia o temtica nos lleva a estar en constante conexin para acceder a todo lo que se puede publicar, decir, comentar sobre la misma. Todo ello hasta el punto de que posiblemente esa misma abundancia de informacin nos hace alejarnos de la misma en una especie de saturacin y hasto. Y por eso mismo, la posible contradiccin que radica en decir que este cmulo de informacin nos empuja a la desinformacin, no necesariamente es tal.

Respecto a la manipulacin y concentracin, esta caracterstica es ms evidente. La informacin que hoy manejamos nos llega en la inmensa mayora de las situaciones filtrada, manipulada, utilizada o tergiversada desde aquellas fuentes que hoy son controladas por cada vez menos grupos mediticos. Los consejos de administracin de los grandes medios, en la mayora de las ocasiones controlados a su vez por consejos de administracin bancarios y financieros, establecen las lneas editoriales de estos grupos, restringen o eliminan fuentes, y crean y recrean verdades en base a sus intereses polticos y econmicos. Casi se puede hablar ya de latifundios mediticos. Condicionan de esta forma las fuentes y las lneas editoriales de los pequeos medios y, en suma, consiguen as manejar, orientar, encauzar la casi totalidad de la opinin pblica de cualquier sociedad. De esta forma, cuando interesa centrar el inters de esa opinin en un sentido concreto, o desviarla de otro, generarn la cantidad necesaria de informacin controlada que nos orienta en el inters que a ellos ms interesa.

Tomemos un tema con el que podamos ejemplificar claramente lo expuesto hasta aqu y veamos cmo funciona esa hipottica sociedad de la informacin. Se puede afirmar que en los ltimos aos asistimos a una continua y constante manipulacin sobre la migracin de las personas hacia Europa. sta se produce por parte de la inmensa mayora de los medios de comunicacin, al servicio de intereses polticos y econmicos, en cuanto a la presentacin y orientacin de la informacin se refiere.

Hace unos tres aos que se inici un amplio desplazamiento migratorio de personas refugiadas de las guerras en Siria o Afganistn, de la miseria en Eritrea o Sudn; miles de mujeres y hombres que llegaban hasta las puertas de Europa en busca de una vida ms digna que la que les obligaba a abandonar sus respectivos pases. La reaccin inmediata en la sociedad europea fue de una enorme solidaridad y exigencia a los estados para que, en ejercicio de los derechos humanos, proveyeran las polticas necesarias para responder poltica y humanamente a estas personas. La sociedad empatizaba directamente con la situacin de los y las refugiadas y simpatizaba con sus demandas, derechos y necesidades; al mismo tiempo, empezaba a cuestionar las responsabilidades de los gobiernos europeos en las causas ltimas de la generacin de esos empobrecimientos en frica o de las guerras en el medio oriente que originaban a su vez estas migraciones de millones de personas.

La alarma salta inmediatamente en las lites polticas, econmicas y mediticas y cada cual pasar a cumplir su rol para desactivar esta situacin que calificaron rpidamente como peligrosa para el status quo dominante. Pero, al mismo tiempo, esto que ocurra a las puertas de Europa, les servira tambin para desviar la atencin de la sociedad de otros graves problemas internos como la situacin del sistema neoliberal y el desmoronamiento de la idea de la unidad continental, que atravesaban una de sus crisis ms duras y cuyas consecuencias traan una ola de privatizacin de lo pblico, precarizacin de la vida y prdidas de derechos de estas mismas sociedades europeas que siempre se pensaron a salvo. Y todo ese cuestionamiento supona igualmente el resurgimiento de los movimientos de protesta social que haban permanecido adormecidos durante dcadas en la aparente comodidad y seguridad del estado de bienestar que ahora desapareca.

A partir de ah se inicia el bombardeo informativo de noticias sobre la emigracin, al tiempo de la manipulacin ms burda sobre sus peligros para las esencias europeas. Interesa construir en la poblacin la sensacin de peligro a su bienestar, aunque ste realmente est causado por las medidas neoliberales y no por los flujos migratorios. Esto es, crear y recrear las condiciones idneas para el populismo conservador o, directamente fascista, poniendo en el punto de mira a estas personas en vez de a las lites, verdaderas causantes de la crisis que Europa atraviesa en mltiples sentidos. Y para ello juega un papel determinante el uso y abuso de la informacin. Por ejemplo, cuando se presentan informaciones periodsticas sobre la situacin de las personas que migran hacia Europa cruzando el Mediterrneo, de Libia hacia Italia o de Turqua a Grecia, y seguidamente otras informaciones que hablan del funcionamiento de las mafias que trafican con estas personas. Aunque parezcan informaciones directamente relacionadas y, por lo tanto, bien presentadas, en realidad lo que se pretende es trasladar la imagen, y as se empieza a percibir por la poblacin, de que tanto quienes migran como quienes trafican con migrantes son parte del amplio mundo de la delincuencia. Se consigue as incidir en las sociedades europeas en la prdida de la solidaridad y que sta sea sustituida por la preocupacin por la seguridad ante la ficticia y amenazadora invasin. Son millones y millones quienes pretenden entrar en Europa y, adems, son delincuentes. De donde se desprende que ms vale cerrar fronteras, levantar alambradas y respaldar las polticas restrictivas de derechos de los gobiernos que mantener la crtica al modelo y la solidaridad entre los pueblos.

Podemos afirmar as que en esta sociedad de la informacin una gran parte de los medios de comunicacin masiva controlados, como ya se ha dicho, por las lites econmicas contribuyen a asentar una mentalidad localista en la que, bien no importa lo que ocurra fuera de nuestro entorno ms inmediato, con la consiguiente despreocupacin por el otro, bien aceptamos sin cuestionamientos lo que nos cuentan de los otros y los polticas dirigidas contra ellos. Todo para hacer ms manipulable la mentalidad social (ideologa), lo que tiene como resultado directo una fascistizacin de las sociedades europeas desde un sistema hegemnico que cada da que pasa ve su dominio ms amenazado.


Jesus Gonzlez Pazos, miembro de Mugarik Gabe

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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