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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-04-2018

Los presupuestos ms sociales de la historia!

Juan Francisco Martn Seco
Contrapunto


Estamos acostumbrados a que los polticos mientan, o al menos a que pretendan vendernos un relato falaz. Pero, en ocasiones, los embustes adquieren tales proporciones que inclinan a pensar que nos toman por tontos. Eso es lo que ocurre con la prdica que el secretario de Estado de Presupuestos y Gastos ha ido sembrando por los distintos medios de comunicacin a propsito del proyecto presupuestario de 2018. Hay que tener mucha osada y ser muy petulante para afirmar -ah es nada- que son los presupuestos ms sociales de la historia.

Desde el Ministerio se establecen tres objetivos fundamentales: primero, apoyar el crecimiento econmico y la creacin de empleo. Todos los aos se afirma lo mismo. Otra cosa es conseguirlo y, adems, a menudo alcanzarlo o no depende de otras muchas variables distintas de los propios presupuestos. Segundo, lograr adems que ese crecimiento sea inclusivo, es decir, hacer que redunde en las clases ms vulnerables de la sociedad, que en buena medida han sido las que ms han sufrido con la recesin. Tercero, en esa misma lnea, devolver a los empleados pblicos parte de los esfuerzos realizados en la poca de crisis. Sin duda, se trata de tres finalidades encomiables, pero, al menos las dos ltimas, solo existen sobre el papel y en la chchara del secretario de Estado, y no guardan relacin con el proyecto presentado.

Esta falsedad queda al descubierto cuando se analizan los mismos datos y previsiones que aparecen en los documentos presupuestarios. La cifra clave es el crecimiento del PIB nominal, cuya estimacin es del 4,3%, desglosado en un incremento real de la economa del 2,7%, y un componente precios del 1,6%. A su vez, se calcula que los ingresos tributarios van a crecer al 6%, cifra que es creble no porque se vaya a hacer algo especial, aunque se diga lo contrario, sino porque los impuestos suelen tener una elasticidad mayor que la unidad con respecto al PIB.

Era de esperar que en un presupuesto tan social los gastos sociales creciesen al menos como el PIB nominal, para mantener el porcentaje respecto a esta variable. Pues no. A pesar de ser los presupuestos ms sociales de la historia, los gastos sociales crecen solo el 2,8%. Es decir, que ni siquiera conservan su participacin en el PIB. En ese afn de hacer juegos malabares, como el paro ha descendido y como consecuencia, el gasto del seguro por desempleo, la Secretara de Estado ofrece la cifra de los gastos sociales prescindiendo de esta partida, creyendo as que su tasa de crecimiento presentar una mejor apariencia (3,5%); sin embargo, a pesar de ello, contina siendo inferior al crecimiento del PIB nominal. Por otra parte, no hay ninguna razn para excluir de los gastos sociales una partida tan sumamente fundamental como el seguro de desempleo. El hecho de que las cifras de paro se hayan reducido no es motivo para dedicar menos recursos a esta finalidad cuando an existe un nmero importante de desempleados que no reciben ninguna prestacin. En todo caso, la rbrica de gastos sociales es un todo, y si fuese verdad que el cambio de circunstancias aconseja dedicar menos recursos al seguro de desempleo, la modificacin tambin de las circunstancias (mayor nmero de jubilados y con una prestacin de entrada mayor) obligara a orientar ms fondos al captulo de pensiones.

Si en el presupuesto ms social de la historia, segn el secretario de Estado, los gastos sociales crecen el 2,8%, paradjicamente otras partidas se incrementan a un ritmo mucho mayor: el gasto en defensa, 10,2%; las infraestructuras, 16,5%; industria y energa, 6,2%; investigacin y desarrollo, 8,3%; seguridad ciudadana y poltica penitenciaria, 6,4%. Podemos afirmar que son estos los presupuestos ms sociales de la historia? No dudo de que todas estas finalidades son muy importantes y que durante la crisis las partidas dedicadas a subvenirlas han podido sufrir reducciones, o al menos estancamiento; pero no son ms necesarias que las dedicadas a la mayora de los gastos sociales ni han soportado ms recortes que las economas de las clases ms desfavorecidas, que suelen ser las principales beneficiarias de las prestaciones sociales y de los servicios pblicos. No es precisamente en las infraestructuras donde se encuentra el mayor de los dficits de la economa espaola, bien es verdad que ser seguramente, eso s, el gasto pblico que ms interesa a muchos empresarios. De todos modos, lo que s parece claro es que con estos datos difcilmente se puede hablar de un presupuesto social.

Dado que la educacin y la sanidad estn transferidas a las Autonomas, la partida mayor y ms importante en que se concreta el carcter social de los presupuestos del Estado se encuentra en las pensiones. A pesar de la propaganda existente acerca de la evolucin explosiva de este captulo, lo cierto es que su incremento en estos presupuestos es ms bien reducido, el 3,7%, inferior al crecimiento nominal del PIB. Pero es que, adems, la casi totalidad de este porcentaje se explica por la ampliacin del nmero de pensionistas y por la cuanta ms elevada de las nuevas prestaciones respecto al de aquellas de los que abandonan el sistema. El aumento, sin embargo, del gasto por la revalorizacin del total de las prestaciones no llega al 1%, es decir que teniendo en cuenta la inflacin, por trmino medio las pensiones no se revalorizan, sino que se reducen.

Las manifestaciones masivas de jubilados y pensionistas han obligado al Gobierno, para justificarse, a introducir algunas mejoras en estas prestaciones no previstas inicialmente. Se ha lanzado toda una campaa de publicidad y propaganda. El distinto tratamiento dado a cada clase y tramo de pensionistas ha creado el suficiente ruido como para dar a entender que los presupuestos eran sumamente generosos, pero la realidad es que globalmente, como hemos visto, ni siquiera se compensa el incremento de la subida de los precios. La realidad es que las pequeas mejoras que se introducen en las pensiones ms bajas se financian a costa de la prdida de poder adquisitivo de las ms altas (si es que podemos considerar alta una pensin de 9.800 euros) y los pensionistas en su conjunto financian en euros constantes otras partidas de gasto. Tngase en cuenta que todos los ingresos del Estado se actualizan automticamente no solo por el incremento de los precios, sino tambin por el crecimiento de la economa real. Prescindiendo de la hojarasca con la que se pretende ocultar la realidad que afecta a este captulo, se comprueba que a todas las pensiones por encima de 9.800 euros anuales se las considera suficientemente elevadas como para que sea necesario reducirlas, en mayor o menor cuanta. Todas pierden poder adquisitivo; y no se pretenda ocultar este hecho con supuestas rebajas fiscales que son otra trampa. Pero el tema impositivo merece otro artculo.

El tercer objetivo que el Gobierno plantea para estos presupuestos es el resarcimiento de parte de los esfuerzos realizados por los empleados pblicos en poca de crisis. Se fija una subida para los funcionarios de 1,75%. Si tenemos en cuenta que se prev una inflacin del 1,6%, el incremento real y por tanto la compensacin efectiva que se pretende hacer a los recortes realizados en el pasado es del 0,15%. Todo un lujo. Parece claramente una tomadura de pelo. Y ms an cuando se considera la argumentacin del secretario de Estado, Alberto Nadal: Ayuda a aquellos que no se benefician de la mejora experimentada en el sector privado. La mejora ser para las rentas de capital, los empresarios y para algunos ejecutivos, porque no creo yo que la mayora de los asalariados del sector privado estn percibiendo precisamente aumentos en sus remuneraciones. Este planteamiento -que es pura demagogia- puede indignar a la mayora de los trabajadores del sector privado y hacer que su irritacin se dirija hacia los funcionarios creyndose de verdad que se les favorece enormemente cuando en lugar de subrseles el 2,7% (lo que va a crecer en trminos reales la economa) se les despide con un 0,15 %.

No cabe duda de que en los ltimos aos las retribuciones de los empleados pblicos han sufrido mermas muy importantes. En primer lugar, la reduccin del 5% impuesto por Zapatero y Elena Salgado (en algunos colectivos alcanz el 10%), que en ningn momento se ha compensado y se arrastra ejercicio tras ejercicio. A ello hay que aadir la congelacin de sueldos (sin corregir la inflacin) experimentada desde no se sabe cundo y que representa una minoracin de las remuneraciones en trminos reales. En conclusin, en una dcada la capacidad adquisitiva de los sueldos de los funcionarios se habr reducido del 10 al 15% segn los colectivos. Subirles ahora el 0,15% y lanzar las campanas al vuelo puede resultar una broma macabra.

Lo grave es que, segn dicen, han participado en ella los sindicatos. Bien es verdad que las organizaciones sindicales han ido perdiendo capacidad de convocatoria y el crdito que tenan, y no digamos ahora en que parecen haber abandonado las reclamaciones sociales y laborales para sumarse a la causa secesionista. Quizs deberan borrar lo de organizaciones de clase para denominarse nacionalistas. No puede extraarnos luego que existan esas diferencias tan sustanciales en las retribuciones de los empleados pblicos entre las distintas Autonomas y entre estas y la Administracin central. En los presupuestos de 2018, y es quizs de las pocas medidas positivas, se inicia, si llega a aprobarse, la equiparacin de los sueldos de polica nacional y guardia civil con los de mossos y ertzaintza. Pero las diferencias se producen en todos los colectivos y niveles. No en balde el presidente de la Generalitat es el que ms cobra de todas las Comunidades Autnomas y bastante ms que el mismo presidente del Gobierno de Espaa, y hay que suponer que la diferencia se traslada a todos los niveles y puestos (qu pena, la regin ms oprimida y explotada).

En fin, la expresin ms clara de cunto de sociales son estos presupuestos se encuentra en la previsin que se establece para el porcentaje entre la totalidad del gasto de las Administraciones pblicas con respecto al PIB. Se cifra en 40,5%, cuando la media en la Eurozona se encuentra en el 47,6%. Con este nivel de gasto pblico es imposible hablar de presupuestos sociales e incluso se pone en cuestin la permanencia del Estado social en el futuro. Ciertamente este problema nos conduce al presupuesto de ingresos y a la presin fiscal que se sita en Espaa tambin siete puntos por debajo de la media de la Eurozona. Pero de esto hablaremos otro da.

Fuente: https://www.republica.com/contrapunto/2018/04/19/los-presupuestos-mas-sociales-la-historia/



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