Portada :: Brasil :: Brasil en lucha con Lula
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-04-2018

Vergenza, vergenza, vergenza

Eric Nepomuceno
Pgina 12


La imagen es clara: sentado bajo el sol junto al portn de ingreso de la Superintendencia de la Polica Federal en Curitiba, capital del estado de Paran, un hombre canoso y de vasta barba blanca, vestido con una camisa roja y con una bufanda del mismo color sobre los hombros, espera. Parece cansado.

Otra imagen es igualmente clara: un hombre de estatura mediana, igualmente canoso y vistiendo una camisa blanca, sale por el mismo portn. l s logr ingresar, pero solamente hasta la mesa de recepcin de visitantes. Los dos queran lo mismo, que, a propsito, est asegurado por la legislacin penal brasilea: en da de visitas, visitar a un preso.Una jueza suplente de primera instancia vet la visita. Ha sido una decisin arbitraria, que viol la ley y agredi los derechos del preso.

Pero se trata de la justicia de Curitiba, la muy reaccionaria (atencin corrector: sta es la palabra correcta; conservadora es otra cosa) capital de la muy reaccionaria provincia de Paran. Una justicia arbitraria, parcial, injusta, que da s y el otro tambin viene dando sobradas muestras de abuso.

El hombre de camisa roja se llama Leonardo Boff, es uno de los ms nobles ciudadanos de este pas absurdo, un telogo iluminado, un batallador de la vida. Estaba sentado porque padece de problemas serios en las rodillas.

El hombre de camisa blanca se llama Adolfo Prez Esquivel. Es otro batallador de la vida y de los derechos del ser humano. Y, adems, es un Premio Nobel de la Paz.

El preso que queran visitar es amigo de los dos. Se llama Luiz Incio Lula da Silva. Ha sido presidente de Brasil por dos mandatos seguidos. Entre otras muchas iniciativas, cometi la hazaa o el crimen, segn el punto de vista de sacar a 43 millones de brasileos de la pobreza y la miseria, y sacar a su pas del mapa mundial del hambre.

Est preso porque fue condenado en un juicio absurdo, sin una nica y miserable prueba del crimen del que fue acusado, y la sentencia ha sido confirmada y la pena ampliada por un tribunal de segunda instancia cuyos integrantes leyeron casi en unsono votos que repetan las palabras de unos y otros. Dicen los juristas que cuando una segunda instancia de justicia examina la sentencia del tribunal inferior, sus magistrados deben llevar la decisin inicial a un debate. Lo que se vio en este caso especfico ha sido todo lo contrario, como en un juego de cartas clarsimamente marcadas. Una especie de espantosa puesta en escena de una comedia bufa.

Todo eso, la visita prohibida, ocurri el pasado jueves. Y al da siguiente, la noticia apenas apareci en la prensa local. Como si impedir que un preso reciba visitas, un derecho asegurado por ley, fuese algo rutinario. Como si tener como visitantes prohibidos a un telogo insospechable y a un Nobel de la Paz fuese parte del cotidiano de Curitiba.

A cada da se hace ms claro que mi pas tiene dos constituciones. Una, de la Repblica Federativa do Brasil. Y otra, de la Repblica Abusiva de Curitiba. La segunda viola a la primera. Y parece no haber nadie capaz de defender lo que est escrito en lo que, se supone, es la Carta Magna.

El tribunal de primera instancia, encabezado por un fundamentalista travestido de justiciero llamado Sergio Moro, que inaugur una nueva modalidad del Derecho un juez que no juzga, prefiere acusar y condenar es parte esencial del golpe institucional que destituy una presidenta legtima (Dilma Rousseff), instal en el poder una pandilla de corruptos vulgares, encabezada por un indecente llamado Michel Temer, y alcanz su objetivo final llevando Lula da Silva a la crcel e impidindole disputar una nueva presidencia que fatalmente alcanzara.

La creciente presin internacional contra la barbaridad cometida contra Lula, y que incluye la prohibicin de que don Adolfo Prez Esquivel y Leonardo Boff lo visiten en la crcel, no tiene, al menos por ahora, ningn efecto sobre la obsesin de Moro y compaa. Se creen seres superiores, enviados de los cielos, que sobrevuelan las menudencias de la Tierra.

l y la jueza suplente llamada Carolina Lebbos, que lo reemplaza mientras Moro deambula por Estados Unidos, se creen, y efectivamente lo son, inmunes a todo. No se dan cuenta de que, con su absurda arbitrariedad, encubren de vergenza su pas. No se dan cuenta, ni ellos ni nadie del Poder Judicial brasileo, ellos por abusadores, las instancias superiores por cobarde omisin, del verdadero alcance de sus actos. Se creen inalcanzables. No se dan cuenta de que son pura vergenza. Son abyectos. Son infames.

Lula sac a 43 millones de brasileos de la pobreza y la miseria. Michel Temer, en un ao, devolvi un milln y medio de brasileos a eso que los elegantes acadmicos llaman pobreza extrema, y que en la realidad de la vida se llama miseria.

Un milln y medio en un ao. En un ao, medio Uruguay. Tres veces la poblacin de Salta. Ms que la de Rosario. Es como imaginar una Crdoba de puros miserables.

A Lula, lo condenan. A Temer, lo permiten. La Justicia de mi pas es esa vergenza. Las instituciones de mi pas estn podridas.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/109617-verguenza-verguenza-verguenza


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