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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-04-2018

Disparen contra Lula

Pablo Stefanoni
Nueva Sociedad (Argentina)

El caso brasileo muestra que la lucha contra la corrupcin puede convivir con el debilitamiento republicano y democrtico. Las denuncias reales conviven con un clima de venganza social y avances desigualitarios que arma un escenario de deterioro generalizado. Al mismo tiempo, lo ocurrido en Brasil sumado al caso argentino obliga a las izquierdas a tomar en serio la discusin sobre los vnculos entre tica y poltica.


En una decisin esperada, el Supremo Tribunal Federal de Brasil rechaz el pedido de hbeas corpus interpuesto por los abogados de Luiz Incio Lula da Silva tras haber sido condenado por dos instancias judiciales primero a 9y luego a 12 aos de prisin. El delito que se le atribuye es haber recibido indebidamente un trplex en la playa por parte de OAS a cambio de ventajas para la empresa constructora. Con 5 jueces a favor y 5 en contra, le toc a la presidenta del tribunal desempatar y lo hizo en contra de Lula.

En las largas horas de debates televisados una particularidad de la corte brasilea se mezclaron diversos tipos de argumentaciones jurdicas, histricas y polticas, y predomin la decisin de mantener la jurisprudencia de 2006. El carcter pblico de la reunin oblig a los jueces a argumentar en favor y en contra del recurso de Lula. Presuncin de inocencia e impunidad fueron los polos entre los cuales deba decidirse si Lula tendra que ir a prisin de manera ms o menos inminente.

No obstante, como qued reflejado en las propias intervenciones, la decisin del tribunal oper en un ambiente crispado, plagado de presiones, y en el marco de un peligroso desplazamiento de la poltica brasilea hacia la injerencia pblica y descarada de los militares. El propio jefe del Ejrcito, general Eduardo Villas Bas, declar desde Twitter, con intenciones poco veladas, que la institucin repudia la impunidad y respeta la Constitucin, la paz social y la democracia. Un mensaje claramente intimidatorio. Estamos juntos en las trincheras!!! Pensamos igual!!! Brasil por encima de todo!!!, se sum con entusiasmo el general Antonio Miotto. Y otro habl de espadas y caballos preparados para el combate.

Con Lula a la cabeza de todas las encuestas, con alrededor de 37% de intencin de voto, el juzgamiento del ex presidente hace tiempo que es percibido por sus seguidores como un intento certero de proscripcin. Y aun ms: como una venganza de las elites contra el presidente obrero nacido en el Nordeste pobre de Brasil y ms tarde sindicalista combativo en el ABC paulista, que sac a millones de compatriotas de la pobreza y les abri camino a un ascenso social material y simblico. As, la foto de Lula detenido bajo la dictadura tom un nuevo cuerpo como prueba de la persecucin permanente contra l. Y en la regin la mayor parte de la izquierda inscribe todo este proceso judicial en la lucha entre el pueblo y las oligarquas.

En verdad es difcil sostener esa imagen a secas. Lula y el Partido de los Trabajadores (PT) establecieron, desde el Planalto, diversos tipos de relaciones, no siempre claras, con el empresariado brasileo, y sus polticas contribuyeron a la expansin de varias translatinas, como la hoy cuestionada Odebrecht, adems de frigorficos como JBS. Tambin el PT qued enredado en sus acuerdos con la vieja poltica, que no pudo reformar. La actual situacin judicial de Lula no puede ocultar la historia de esos aos los esfuerzos neodesarrollistas de un hiperpragmtico PT y sus vnculos con la burguesa brasilea, y por eso no resulta tan fcil construir el entronque del Lula actual con el lder obrero de antao, como ocurri con Dilma Rousseff, quien en medio de su destitucin ya no era la tecncrata posizquierdista que entregaba el Ministerio de Economa a los neoliberales, sino la guerrillera de lentes gruesos fichada por la dictadura.

Pero si este Lula reconstruido por parte de la izquierda y por l mismo resulta poco realista, y en efecto el PT fue atravesado por diversos escndalos de corrupcin, no es menos cierto que el antilulismo constituye el vector para poderosas fuerzas desigualitarias y reaccionarias que marcan la historia brasilea y estn muy activas en la actualidad. Es notable que la muy moderada experiencia petista sea hoy leda como comunista o como dictadura sindical en el marco de un antiplebeyismo a flor de piel, sumado al racismo y el clasismo de gran parte de las elites brasileas. En verdad, la operacin Lava Jato hizo caer a varias figuras otrora poderosas, como el propio Eduardo Cunha artfice del golpe parlamentario contra Rousseff o el empresario Marcelo Odebrecht, y no puede reducirse a una guerra anti-PT. Pero no es menos cierto que la venganza de clase est latente en los imaginarios creados alrededor de la lucha contra el lulismo como fenmeno poltico-social.

El caso brasileo muestra que la lucha contra la corrupcin puede ir acompaada por un fuerte deterioro democrtico e institucional. El asesinato de la concejala Marielle Franco; la corrupcin descarada, que va desde el presidente Michel Temer hasta la mayor parte de los diputados, pasando por gobernadores y funcionarios de todo tipo y nivel; la ampliacin de los grados de libertad para defender pblicamente a la dictadura militar, y la transformacin de la delacin premiada en una especie de mercado persa en el que se regatea informacin por beneficios en las condenas de manera poco transparente vienen encendiendo varias luces de alerta sobre la desdemocratizacin del pas. El segundo en las encuestas para las elecciones de octubre, Jair Bolsonaro, es la expresin de esa degradacin. Ex-militar y con un discurso anticorrupcin y antielite, Bolsonaro expresa a la extrema derecha, y su discurso est permanentemente condimentado con exabruptos homfobos, racistas y misginos. As, dijo que un error de la dictadura fue torturar en lugar de matar y que si tuviera un hijo gay prefera que muriera en un accidente antes de que se apareciera con otro hombre. Tambin le dijo a una diputada que era muy fea para ser violada, entre otras expresiones del diputado que tiene alrededor de 18% en las encuestas.

Frente a este tipo de escenarios, parte de la izquierda nacional-popular especialmente en Argentina usa el trmino honestismo (que en verdad fue creado por Martn Caparrs en Argentinismos para referirse a la forma superficial en que se criticaba al menemismo sin poner en cuestin el modelo econmico-social). Con este trmino se hace mencin a los discursos anticorrupcin que, por su veta antipoltica, terminan encumbrando a empresarios o poderosos que, a la postre, acaban por defender a los ricos y no mejoran ni la repblica ni la decencia pblica (como el propio Temer o Mauricio Macri). En Italia, ese justicialismo del Mani Pulite termin por destruir a los partidos tradicionales, que convivan con la mafia, y llev a la primera magistratura a Silvio Berlusconi. Hay, sin duda, un ncleo de verdad en la crtica a una versin despolitizada de la lucha anticorrupcin, que incluye ingenuas visiones de que sin corrupcin habra ms desarrollo o de que los pobres viviran mejor. Es claro que hay desarrollo cuando hay polticas de desarrollo, que algunos pases se desarrollaron con corrupcin (Corea del Sur) y que dejar de robar no construye mgicamente cloacas para los suburbios populares latinoamericanos. Pero no es menos cierto que la izquierda antihonestista (no Caparrs) suele sobreexpandir estos ncleos de verdad hasta renunciar a construir una nueva tica pblica, despreciando a menudo al punto de no poder ver las demandas sociales genuinas contra la corrupcin en la poltica. El caso ms emblemtico al respecto es el del kirchnerismo en Argentina, que termin casi neutralizado por una forma de financiamiento de la poltica (y no slo de la poltica) muy fcil de judicializar tras perder el poder.

Por otro lado, no es cierto que la lucha contra la corrupcin siempre sea de derecha. No lo fue en la Argentina de los noventa contra el menemismo, no lo fue ms recientemente en Guatemala contra el ultraderechista Otto Prez Molina, y no lo es hoy en Mxico, donde Andrs Manuel Lpez Obrador usa buenas dosis de honestismo en una campaa que puede llevarlo a la presidencia de la Repblica. Y algo parecido ocurre con el discurso republicano: parece un obstculo para realizar cambios progresistas desde el poder pero resulta fundamental para mantener ciertas conquistas sociales y democrticas cuando se lo pierde y es ocupado por fuerzas conservadoras.

Si me encarcelan me convierto en hroe, si me matan me convierto en mrtir y si me dejan libre me vuelvo presidente, dijo Lula en sus caravanas por Brasil para recuperar la mstica poltica. El escenario poltico brasileo se vuelve ahora ms incierto. Resta por ver qu estrategias despliega el PT ms all de insistir con la candidatura de Lula para mostrarlo proscripto, si el extremista Bolsonaro puede crecer y si emergen presidenciables moderados que aprovechen la vacancia de Lula. Y, no menos importante, qu quedar de la potencia de Lula en la crcel, si es que como se espera es detenido y sus abogados no logran liberarlo rpidamente.

Nota

En una versin posterior de estes artculo publicada en Brecha, el autor elimin algunos prrafos e inclua este prrafo final: "Antes de ser detenido, Lula busc generar un fuerte hecho poltico volviendo a su cuna poltico-sindical: el sindicato metalrgico del ABC paulista. De ese modo busc hacer emerger al Lula sindicalista, an no transformado por el ejercicio del poder y los vnculos con la elite poltica en lo que la escritora Eliane Brum denomin el fallido proyecto de conciliacin para aumentar los derechos de los de abajo sin erosionar significativamente a los de arriba".

Fuente: http://nuso.org/articulo/disparen-contra-lula/


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