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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-04-2018

China y EEUU pugnan por el dominio de los mares
La diplomacia de la caonera y el fantasma del capitn Mahan

Alfred W. McCoy
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


Una nueva era de poder naval?

Introduccin de Tom Engelhardt

Hace mucho tiempo que la grandeza y la decadencia de los imperios estn en el centro mismo de la historia. Desde que los europeos hicieron su primera salida en el siglo XV de lo que ms tarde sera una zona marginal en sus barcos de vela hechos de madera y dotados de caones, pocas veces en el mundo ha habido un momento en el que varias potencias imperiales no estuviesen contendiendo por la supremaca. En 1945, el nmero de esas potencias qued reducido a dos; despus, cuando la elite de Washington imagin fugazmente que sera para siempre, a una. En estos momentos, como el historiador Alfred W. McCoy, autor de In the Shadows of the American Century: The Rise and Decline of U.S. Global Power (En las sombras del siglo estadounidense: grandeza y decadencia de la potencia mundial Estados Unidos), describe hoy en su vvido estilo, da la impresin de que estamos regresando a una actualizada versin imperial de los enfrentamientos navales que dieron comienzo a la historia moderna hace tantos aos. Estados Unidos, China y, ms modestamente, Rusia, estn fortaleciendo su presencia en el mar en una forma cada da ms desafiante. 

Pero hay una cuestin. En realidad, dos. Ya no estamos en el siglo XV. Ni siquiera estamos en el momento, a comienzos del siglo XX, en que aparecieron los grandes acorazados. El relato del ascenso y cada de los imperios ahora tiene lugar en un contexto diferente: la posible desaparicin del mismsimo planeta Tierra (al menos en la forma de razonable hbitat humano). Al principio, desde mediados del siglo pasado, los enfrentamientos entre imperios navales o de otro tipo tenan lugar en un mundo en el que cualquier conflicto entre las potencias ms importantes haba tenido detrs una apocalptica arma de fuego cargada y amartillada. Si el lector se pregunta qu quiero decir, nada ms piense en la crisis de los misiles en Cuba de 1962, en la que un duelo naval entre la Unin Sovitica y Estados Unidos amenazaba con acabar con lo que conocamos como la vida en este planeta. No pensemos siquiera un segundo que eso pudiera volver a pasar. 

Paro es estos das hay otra arma amartillada en este planeta Tierra; la conocemos con el nombre de cambio climtico. En cierto sentido, es todo lo opuesto al arma nuclear en que el posible Armagedn no llegara con la velocidad del dios romano Mercurio sino en una atroz cmara lenta mientras el planeta se calienta lentamente; el derretimiento de la Antrtida y Groenlandia provoca que el nivel del mar aumente poco a poco poniendo en peligro a las ciudades costeras; la estacin de los incendios se alarga; las sequas y los fenmenos climticos extremos de todo tipo se convierten en algo normal; el agua escasea cada vez ms; grandes grupos humanos se ponen en movimiento; y... bueno, el lector ya ha captado la idea. La pregunta es: en un planeta que ya ha empezado a degradarse, qu significa exactamente que una nueva potencia como China ascienda o que una antigua decline?

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La naciente rivalidad China-Estados Unidos como grandes potencias navales

En medio de la intensa cobertura meditica de las cibermaniobras rusas y las amenazas misilsticas de Corea del Norte, otra rivalidad entre grandes potencias ha estado tomando forma calladamente en los ocanos ndico y Pacfico. Las Marinas de Estados Unidos y China han estado moviendo sus barcos de guerra y estableciendo bases navales como si fueran peones en un tablero geopoltico. Para algunos puede parecer algo curioso, incluso extrao, que caoneras y baluartes navales, que fueron emblemticos en la era victoriana, continen siendo remotamente relevantes en nuestros tiempos de ciberamenazas y guerra galctica.

Aun as, si observamos brevemente el papel central que el poder naval ha tenido y sigue teniendo en la suerte de los imperios, la naturaleza mortfera de esta nueva competencia naval adquiere ms sentido. Por cierto, si hoy estallara una guerra entre las mayores potencias, no se debe descartar la posibilidad de que su origen estuviese en un enfrentamiento naval relacionado con las bases chinas en le Mar de China Meridional y no tanto en un ataque con misiles contra Corea del Norte o un ataque ciberntico ruso.

La era imperial

Durante los ltimos 500 aos, desde los puertos fortificados portugueses desperdigados por todo el mundo del siglo XVI hasta las 800 bases militares de Estados Unidos que hoy dominan la mayor parte del planeta, los imperios han utilizado esos enclaves al igual que Arqumides como palancas para mover el orbe. Desde un punto de vista histrico, los bastiones navales eran invalorables cuando se combinaban con las aspiraciones de cualquier potencia hegemnica, aunque fueran sorprendentemente vulnerables en tiempos de conflicto.

Durante todo el siglo XX y en los primeros aos del presente, las bases miliares las del Mar de China Meridional sobre todo han sido puntos lgidos para el cambio geopoltico. La victoria estadounidense en la baha de Manila, en 1898; la cada del baluarte britnico de Singapur en manos de los japoneses, en 1942; la retirada de Estados Unidos de la baha de Subic, en 1992*; y la construccin de pistas de aterrizaje y plataformas de lanzamiento de misiles en las islas Spratly a partir de 2014, todos son hitos tanto de dominacin geopoltica como de transicin imperial.

Abundando en esto, en el estudio de la historia naval escrito en 1890 por el celebre defensor del poder naval capitn Alfred Thayer Mahan, posiblemente el nico pensador estratgico de Estados Unidos, dice que el mantenimiento de bases navales adecuadas y una decidida preponderancia en el mar hace que un imperio disperso y extendido, como el britnico sea seguro. En marcado contraste con los 300 barcos y las 30 bases de la armada inglesa en todo el mundo, a l le preocupaba que los barcos de guerra estadounidenses, sin establecimientos en el extranjero, ya sean coloniales o militares, sern como aves terrestres, incapaces de volar lejos de su nido. Proporcionarles lugares de descanso... debera ser uno de los primeros deberes de un gobierno que se propone el desarrollo de un poder nacional en el mar.

Tan importantes consideraba el capitn Mahan las bases navales para la defensa de Estados Unidos que sostena: debera ser una inquebrantable determinacin de nuestra poltica nacional que a partir de ahora ningn [buque de un] pas europeo disponga de un sitio donde carbonear a menos de 3.000 millas** de San Francisco; esto implicaba una zona que incluye a las islas hawaianas, de las que pronto se adueara Washington. En una sucesin de influyentes mximas, tambin sostuvo que una poderosa escuadra de guerra y unas bases en ultramar eran esenciales tanto para ejercer un poder global como para la defensa nacional.

Pese a que Mahan fue ledo por todo el mundo desde el presidente estadounidense Teddy Roosevelt hasta el kiser alemn Guillemo II como si se tratara del evangelio, sus observaciones no explican la persistente significacin geopoltica de esas bases navales. Sobre todo en periodos de entreguerras, da la impresin de que esos baluartes permiten que los imperios protejan decisivamente su propio poder.

El historiador Paul Kennedy ha sugerido que el dominio naval de Gran Bretaa en el siglo XIX hizo que fuera extremadamente difcil que otros pases menores emprendieran operaciones navales o comerciales por mar sin contar al menos con su tcito beneplcito. Pero las bases de hoy en da hacen incluso ms que eso. Las bases navales y los navos de guerra que se sirven de ellas pueden tejer una red de dominio a travs de un mar abierto, convirtiendo de facto un ocano sin lmites en unas aguas territoriales. Aun en los tiempos de la guerra ciberntica, siguen siendo esenciales para jugadas geopolticas de prcticamente todo tipo, como lo ha demostrado repetidamente Estados Unidos durante su tumultuoso siglo como potencia del Pacfico.

Estados Unidos es una potencia del Pacfico

En la ltima dcada del siglo XIX, cuando EEUU comenz su ascenso a la categora de potencia mundial agrandando su armada, el capitn Mahan, por entonces jefe de la Escuela de Guerra Naval, sostena que Washington deba construir una escuadra de guerra y conquistar varias islas, particularmente en el ocano Pacfico, para poder controlar las rutas martimas cercanas. En parte influenciada por su doctrina, durante la guerra que en 1898 enfrent a Espaa y Estados Unidos, la escuadra del almirante George Dewey destroz a la flota espaola y se apoder del importante puerto de Manila, en las Filipinas.

Sin embargo, en 1905, la sorprendente victoria japonesa contra la flota rusa del Bltico en el estrecho de Corea revel sbitamente la vulnerabilidad de la fina hilera de bases que a la sazn tena Estados Unidos y se extenda desde Panam hasta las islas Filipinas. Debido a la presin ejercida por la flota imperial japonesa, Washington se apresur a abandonar sus planes relacionados con una importante presencia naval en el Pacfico occidental. Un ao despus, el presidente Theodore Roosevelt haba retirado el ltimo acorazado de la zona y autorizado la instalacin de una nueva base, no en la lejana Manila sino en Pearl Harbor, Haway, insistiendo en que las Filipinas son nuestro taln de Aquiles. Cuando al final de la Primera Guerra Mundial, el acuerdo de Versailles premi a Japn con la Micronesia del Pacfico occidental, el traslado de una fuerza naval de Pearl Harbor a Manila en tiempos de guerra se hizo muy problemtico y las islas Filipinas empezaron a ser prcticamente indefendibles.

Fue en parte por esta razn que, a mediados de 1941, el secretario de Guerra Henry Stimson decidi que el bombardero B-17 acertadamente llamado Fortaleza volante sera la maravillosa arma capaz de contrarrestar el control naval japons del Pacfico occidental y envi a Manila 35 de esos nuevos aviones. Sin embargo, la estrategia de Stimson fue una empresa de fantasa imperial que conden a la destruccin a la mayora de esos aparatos por el fuego de los aviones de combate japoneses en los primeros das de la Segunda Guerra Mundial en el Pacfico y llev al ejrcito del general MacArthur en Filipinas a una humillante derrota en Bataan.

A pesar de que la autonoma de los bombarderos se triplic durante esta conflagracin mundial, en 1943 el departamento de Guerra decidi que una vez acabada la guerra la defensa del pas requerira mantener basas avanzadas en las islas Filipinas. Estas aspiraciones se concretaron plenamente en 1947 cuando la nueva repblica independiente firm el acuerdo de Bases Militares que garantizaba el arrendamiento por 90 aos de 23 instalaciones militares, entre ellas el futuro fondeadero permanente de la Sptima Flota en la baha de Subic y la enorme base area de Clark, cerca de Manila.

Simultneamente, en tiempos de la ocupacin de Japn tras el final la guerra, Estados Unidos se apoder de un centenar de instalaciones militares que se extendan desde la base area de Misawa, en el norte de ese pas hasta la base naval de Sasebo, en el sur. Con su estratgico emplazamiento, la isla de Okinawa mantena activas 32 instalaciones estadounidenses, que entre todas cubran cerca del 20 por ciento de la isla.

En 1951, mientras la Guerra Fra llegaba a Asia, Washington firmaba pactos de defensa mutua con Japn, Corea del Sur, Filipinas y Australia que convirtieron el litoral del Pacfico en el fondeadero oriental de su dominacin estratgica de Eurasia. Hacia 1955, los primeros enclaves en Japn y Filipinas haban sido integrados en una red global de 450 bases en el extranjero cuyo objetivo principal era la contencin del bloque chino-sovitico detrs de una Cortina de Hierro que bisecaba el vasto continente eurasitico.

Despus de estudiar el ascenso y cada de los imperios eurasiticos durante los ltimos 600 aos, el historiador de Oxford John Darwin lleg a la conclusin de que Washington haba hecho realidad su colosal Imperio... en una escala sin precedentes al convertirse en la primera potencia que controlaba los dos extremos del eje estratgico de Eurasia; en el oeste por medio de la OTAN y en el este va los pactos de defensa mutua. Por otra parte, en las dcadas posteriores a la Guerra Fra, la Marina de EEUU complet el cerco del continente apoderndose en 1971 de la antigua base naval britnica de Bahrein y construyendo ms tarde una base a un costo de miles de millones de dlares en el centro geogrfico del ocano ndico, la isla de Diego Garca, para su vigilancia area y naval.

Entre todas esas bases que rodean Eurasia, las que se alinean en el litoral del Pacfico fueron de particular importancia estratgica antes, durante y despus de la Guerra Fra. En tanto punto de apoyo geopoltico para la defensa de un continente (Amrica del Norte) y el control de otro (Asia), la costa del Pacfico ha continuado siendo un constante foco de atencin en la historia de todo un siglo de acciones de Washington destinadas a ampliar y conservar su preponderancia mundial.

En los aos que siguieron a la Guerra Fra, mientras las elites de Washington se deleitaban siendo lderes de la nica superpotencia mundial, el ex asesor de la seguridad nacional Zbigniew Brzezinski, un maestro de la implacable geopoltica eurasitica, adverta de que Estados Unidos podra conservar su poder global solo hasta que el extremo oriental de la vasta masa continental de Eurasia no se unificara de un modo que pudiese conducir a la expulsin de EEUU de sus bases en el extranjero. De no ser as, afirmaba l como si presintiera el futuro, en alguna parte surgira un potencial rival de Estados Unidos.

De hecho, el debilitamiento de esas bases en el extranjero ya haba comenzado en 1991 el mismo ao de la implosin de la Unin Sovitica, cuando Filipinas se neg a prolongar el arrendamiento del baluarte de la Sptima Flota en la baha de Subic. Mientras los remolcadores de la Armada trasladaban los diques secos flotantes de regreso a Pearl Harbor, lo filipinos asumieron la responsabilidad total de su propia defensa, en realidad, sin poner un dlar ms en poder areo o naval. Consiguientemente, durante un furioso tifn en 1994, China fue capaz de ocupar rpidamente algunos bajos arenosos en las inmediaciones de las islas Spratly conocidos con el nombre de arrecifes Mischief; en lo que acabara siendo solo el primer paso de un intento de controlar el Mar de China Meridional. En 1998, sin capacidad de realizar sus propias patrullas areas y navales, las fuerzas armadas filipinas, en un intento de refirmar sus reclamos de la zona encall un oxidado barco de rezago estadounidense en un banco de arena cercano Ayungin para utilizarlo como base de un grupo de soldados descalzos que se vieron obligados a pescar para alimentarse.

En el nterin, entre 1990 y 1996, la Marina de Estados Unidos sufra su propio declive con una reduccin del 40 por ciento de los barcos de guerra y submarinos de ataque. En las dos dcadas siguientes el enfoque de la Marina sobre el Pacfico se debilit an ms en la medida que el centro del despliegue naval se trasladaba a las guerras en Oriente Medio, se recortaba la dimensin total de la armada en un 20 por ciento (apenas 271 barcos en servicio) y las tripulaciones estaban forzadas a hacer despliegues cada vez mayores, lo que dej a la Sptima Flota poco preparada para oponerse al inesperado desafo de China.

La estratagema naval de China

Despus de aos de una aparente conformidad con las reglas estadounidenses para una buena ciudadana global, las recientes acciones chinas en Asa central y los mares a su alrededor han revelado una estrategia en dos fases que, de tener xito, debilitara el poder global de Estados Unidos. La primera, China est gastando miles de millones de dlares para crear una vasta red transcontinental de nuevos ferrocarriles, autopistas, oleoductos y gasoductos que aprovecharan los enormes recursos de Eurasia como motor econmico para impulsar su ascenso a la categora de potencia mundial.

Paralelamente, China est construyendo una armada ocenica y fundando sus primeras bases fuera de sus fronteras, en el mar Arbigo y en el de China Meridional. Tal como Beijing dej claro en un documento, La nocin tradicional que deca que la tierra tiene ms peso que el agua debe ser abandonada... Es necesario que China desarrolle una estructura militar naval moderna acorde con su seguridad nacional. Pese a que la fuerza de la que habla el documento difcilmente compita con la presencia global de la Marina de Estados Unidos, China parece resuelta a dominar un significativo arco martimo alrededor de Asia, desde el Cuerno de frica [Somalia] y, cruzando el ocano ndico, todo lo que se est en el trayecto a Corea.

El intento de Beijing de contar con bases fuera de sus fronteras se inici calladamente en 2011 cuando empez a invertir cerca de 250 millones de dlares en la transformacin de un aletargado pueblo de pescadores en la costa del mar Arbigo Gwadar, Pakistn en un moderno puerto comercial a solo 370 millas de la salida del golfo Prsico. Cuatro aos ms tarde, el presidente Xi Jinping asign otros 46.000 millones a la construccin de un Corredor Econmico China-Pakistn, con carreteras, vas frreas, oleoductos extendindose unos 3.300 kilmetros desde el oeste de China hasta el nuevo puerto de Gwadar. Para no alarmar a Nueva Delhi o Washington, se evit admitir que hubiera aqu alguna finalidad militar. Sin embargo, en 2016, la Marina pakistan anunci la apertura de una base naval en Gwadar (reforzada pronto con dos barcos de guerra donados por China) y agreg que tambin seran bien recibidos los barcos de Beijing que quisieran utilizar la base.

Ese mismo ao, China empez a construir una importante instalacin militar en Djibouti, en el Cuerno de frica, y, en agosto de 2017, inaugur all su primera base de ultramar, accediendo as su Marina al mar Arbigo, tan rico en petrleo. Simultneamente, Sri Lanka, situada en un punto central del ndico, cancel una deuda de 1.000 millones de dlares que tena con China cedindole el estratgico puerto de Hambantota, con la posibilidad de darle un doble uso militar y civil. En efecto, una vez ms el estratgico sigilo Gwadar.

Polmicos como pueden ser estos enclaves (al menos desde el punto de vista de EEUU), parecen menores frente a los intentos chinos de reclamar un mar entero. Iniciados en abril de 2014, Beijing subi su apuesta por el control territorial exclusivo del Mar de China Meridional ampliando la base naval de Longpo en la isla de Hainan para albergar sus cuatro submarinos nucleares dotados con misiles balsticos. Sin ningn anuncio previo, China empez tambin a verter arena en siete atolones en las disputadas islas Spratly para crear pistas de aterrizaje militares y futuros fondeaderos. En apenas cuatro aos, la flota de dragas chinas extrajo enormes cantidades de arena del lecho marino transformando esos bajos y atolones mnimos en activas bases militares. En estos momentos, el ejrcito chino utiliza una pista para aviones de caza defendida con bateras de misiles antiareos HQ-9 en la isla Woody, una base de radar en el arrecife Cuarenton y tiene plataformas mviles de lanzamiento de misiles cerca de las pistas preparadas para repeler cazas a reaccin en otras tres de esas islas.

Mientras los aviones de combate y los submarinos son peones en las primeras jugadas chinas de la contienda por el Mar de China Meridional, Beijing espera hacer un da al menos un jaque (por qu no un jaque mate?) a Washington gracias a su creciente armada de portaaviones y modernos acorazados en este moderno juego de imperios. Despus de haberse hecho con el inacabado portaaviones de la clase Kusnetsov en Ucrania en 1998, el astillero naval de Dalian modific el oxidado casco y lo bot en 2012 con el nombre de Liaoning, el primer portaaviones chino. El casco ya tena 30 aos, una edad en la que normalmente un buque de guerra se destina al desguace. Aunque sin capacidad de combate, sirvi de plataforma para que el primer grupo de aviadores navales se adiestrara en el aterrizaje de veloces cazas en una cubierta movida por las olas. En marcado contraste con los 15 aos necesarios para modificar este primer barco, el astillero de Dailan demor apenas cinco para construir desde la misma quilla un muy mejorado segundo portaaviones con total capacidad para operaciones de combate.

Los estrechos cascos y las proas apuntando al cielo que limitan el nmero de aviones transportados a solo 21 aviones de combate tiburn volador no se mantienen en el tercer portaaviones chino, en construccin a partir de planos propios en un astillero de Shanghai. El ao que viene, cuando se bote, ser capaz de llevar una reserva de combustible que le asegurar gran autonoma de navegacin y de tener una dotacin completa de 40 aviones y un sistema electromagntico para despegues rpidos. En 20130, gracias a un acelerado ritmo de adiestramiento, tecnologa y construccin, China dispondr de suficientes portaaviones para garantizar que el Mar de China Meridional se convierta en lo que el Pentgono ha llamado un lago chino.

Esos portaaviones son la vanguardia de una sostenida expansin naval que en 2017 ya haba proporcionado a China una moderna flota de 320 barcos, una flota respaldada por bases de misiles en tierra, aviones de combate a reaccin y un sistema satelital de vigilancia global. Sus actuales misiles balsticos tierra-agua tienen un alcance de 2.500 millas, por lo tanto pueden atacar a los buques de guerra estadounidenses en cualquier lugar de Pacfico occidental. Beijing ha avanzado tambin en el dominio de la tecnologa de combustibles voltiles para misiles hipersnicos que alcanzan los 8.000 kilmetros por hora, lo que los hace imposibles de parar. Mediante la construccin de dos submarinos nuevos cada ao, China ya rene una flota de 57 barcos de este tipo, tanto de propulsin diesel como nuclear; los planes son llegar pronto a las 80 unidades. Cada uno de sus cuatro submarinos nucleares lleva 12 misiles balsticos que podran alcanzar cualquier blanco en el oeste de Estados Unidos. Adems, Beijing ha botado docenas de embarcaciones anfibias y corbetas, lo que le asegura el dominio de sus aguas territoriales.

Segn la Oficina de Inteligencia Naval de EEUU (USONI, por sus siglas en ingls), dentro de cinco aos China completar su transicin desde una fuerza costera de los noventa del siglo pasado a una marina moderna capaz de operaciones sostenidas en aguas abiertas y variadas misiones en todo el mundo, incluso enfrentamientos blicos a gran escala. En otras palabras, China est creando una futura capacidad de controlar sus mares territoriales desde el Mar de China Oriental al Mar de China Meridional. Al hacerlo, se ha convertido en la primera potencia que desafa el dominio de la Marina de Estados Unidos en la cuenca del Pacfico en 70 aos.

La respuesta estadounidense

Despus de asumir el cargo, el presidente Barck Obama lleg a la conclusin de que el ascenso de China representaba una seria amenaza; por lo tanto implement una estrategia geopoltica para contrarrestarlo. En primer lugar, promovi la Asociacin Trans-Pacfico (TPP, por sus siglas en ingls), un pacto comercial que inclua a 12 pases y dirigira el 40 por ciento del comercio mundial hacia Estados Unidos. Ms tarde, en marzo de 2014, despus de anunciar un giro [militar] hacia Asia en un discurso ante el parlamento de Australia, despleg un batalln completo de infantes de marina en una base cerca de la ciudad de Darwin, en la costa del mar de Timor. Un mes ms tarde, el embajador de EEUU en Filipinas firm un tratado mejorado de cooperacin defensiva con ese pas que permita el estacionamiento de fuerzas estadounidenses en cinco de sus bases militares.

Combinando las instalaciones existentes en Japn y el acceso a las bases navales de la baha de Subic, Darwin y Singapur, Obama reconstruy la cadena estadounidense de enclaves a lo largo del litoral asitico. Para utilizar plenamente esas instalaciones, el Pentgono empez a hacer planes para basar el 60 por ciento de sus medios navales en el pacfico hacia 2020 y puso en marcha las primeras patrullas regulares con el nombre de Libertad de navegacin en el Mar de China Oriental desafiando a la Marina china enviando incluso varios grupos navales de ataque con portaaviones.

Sin embargo, inmediatamente despus de asumir la presidencia, Trump anul la Asociacin Trans-Pacfico y, con la interminable guerra contra el terror en el Gran Oriente Medio a toda mquina, el desplazamiento de fuerzas navales al Pacfico se ralentiz. En lneas generales, la unilateral poltica exterior de Estados Unidos primero da las relaciones con los cuatro aliados Japn, Corea del Sur, Filipinas y Australia que sostenan su lnea defensiva en el Pacfico. Adems, en su obsesivo cortejo para conseguir la ayuda de Beijing en la crisis coreana, el presidente incluso suspendi sus patrullas navales en el Mar de China Oriental durante cinco meses.

El ltimo presupuesto de defensa de la administracin Trump 700.000 millones de dlares financiar hasta 2023la construccin de 46 buques para la Marina (para llegar a 326 unidades), pero la Casa Blanca parece incapaz como se refleja en su reciente National Security Strategy (Estrategia para la seguridad nacional) de captar la importancia estratgica de Eurasia ni de concebir un eficaz esquema de despliegue de sus cada vez mayores fuerzas armadas para poner freno al ascenso de China. En lugar de eso, despus de haber declarado oficialmente muerto el giro hacia Asia de Obama, la administracin Trump ha ofrecido sus ocanos ndico y Pacfico libres y abiertos sobre la bese de una impracticable alianza de cuatro democracias supuestamente parecidas: Australia, India, Japn y Estados Unidos.

Mientras Trump se mueve dando tumbos de una poltica exterior a otra, sus almirantes, influidos por las sentencias estratgicas de Mahan, son plenamente conscientes de las obligaciones del poder imperial estadounidense y son francos en su determinacin de conservarlo. Sin duda, la expansin naval de China junto con los avances de la flota de submarinos de Rusia, han hecho que la Marina de EEUU diera un fundamental giro estratgico de unas operaciones limitadas contra potencias regionales como Irn a una preparacin total para un regreso a la competicin de las grandes potencias. Despus de una radical revisin de sus fuerzas, en 2017, el almirante John Richardson, jefe de operaciones navales, inform de que la cada vez ms moderna armada china estaba acortando la histrica ventaja estadounidense en el Pacfico. La competicin est en marcha, alert, y el ritmo es dominante. En una pugna cada vez ms marcada, el ganador se hace con todo. Debemos sacudirnos cualquier vestigio de comodidad o complacencia.

En una revisin paralela de la fuerza de superficie de la Marina, su comandante, el vicealmirante Thomas Rowden anunci una nueva poca de poder naval, un regreso a la dinmica de las grandes potencias dejando de lado la competencia entre casi pares. Cualquier posible ataque naval, agreg, debe encontrarse con una letalidad repartida capaz de infligir unos daos de tal magnitud que obligue al adversario al cese de hostilidades. Evocando al fantasma del capitn Mahan, el almirante advirti: Desde Europa a Asia, la historia est llena de naciones que ascendieron al rango de potencia mundial solo para cederlo por carecer de un poder naval.

Rivalidad de grandes potencias en el siglo XXI

Como seala esa retrica, en el Mar de China Meridional ya hay una aceleracin de la competicin naval. Apenas el mes pasado, despus de un prolongado parntesis en la patrullas libertad de navegacin, la administracin Trump envi el superportaaviones Carl Vinson, con su dotacin completa de 5.000 marinos y 90 aviones, a que recorriera el Mar de China Meridional para hacer una visita simblica a Vietnam, que desde hace tiempo tiene una disputa con China sobre los derechos de explotacin petrolfera en esas aguas.

Solo tres semanas despus, en unas imgenes satelitales se poda ver un extraordinario despliegue de poder naval, es decir, una flota de unos 40 barcos de guerra chinos entre ellos el portaaviones Liaoning navegando en ese mismo mar en una formacin que se extenda varias millas. Junto con las maniobras organizadas en esas aguas con las marinas de Camboya y Rusia en 2016, est claro que China como los imperios del pasado planea utilizar sus caoneras y sus futuras bases navales para tejer una red de control imperial de hecho en los mares que rodean Asia.

Quienes rechazan la existencia de un desafo del podero chino nos recuerdan que su armada solo opera en dos de los metafricos siete mares, vale decir, se trata de una pobre imitacin del slido posicionamiento global de la Marina de Estados Unidos. Aun as, la cada vez mayor presencia de China en los ocanos ndico y Pacfico tiene implicaciones geoestratgicas de gran alcance para el orden mundial. En una serie de derivaciones, el futuro dominio chino en importantes partes de esos ocanos comprometer la posicin estadounidense en las costas del Pacfico, har aicos el control que hoy tiene de ese determinante extremo de Eurasia y permitir que China domine ese vasto continente en el que est el 70 por ciento de la poblacin y los recursos del mundo. Tal como una vez advirti Brzezinski, el fracaso de Washington en el control de Eurasia podra muy bien significar el final de su hegemona mundial y el surgimiento de un nuevo imperio global basado en Beijing.

* En realidad, el Senado filipino se neg a renovar el contrato de arrendamiento de la nica base que le quedaba a Estados Unidos en la baha de Subic, por lo que en noviembre de 1992 la base se cerr. (N. del T)

** La milla marina, que es la nica unidad de longitud utilizada en estuarios navegables, mares y ocanos, equivale a un minuto de grado de latitud (es decir, entre cada paralelo hay 60 millas marinas) y tiene 1.852 metros. Mientras que la milla terrestre tiene 1.610 metros. (N. del T)

Alfred W. McCoy , colaborador habitual de TomDispatch es profesor de Historia en   la   Universidad de Wisconsin-Madison. Es autor de The Politics of Heroin: CIA Complicity in the Global Drug Trade, un libro que se ha convertido en un clsico por analizar la conexin entre trfico de drogas ilegales y operaciones clandestinas durante ms de 50 aos, y del recientemente publicado   In the Shadows of the American Century: The Rise and Decline of U.S. Global Power (Dispatch Books) .

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176408/tomgram%3A_alfred_mccoy%2C_a_new_age_of_sea_power/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.



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