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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-04-2018

Una de los nuestros

Julio Anguita
El Economista


En plena ovacin a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, por parte de los asistentes a la convencin del Partido Popular en la ciudad de Sevilla, las palabras de la ministra de Defensa, la seora Mara Dolores de Cospedal, han resonado como las de Jahv en el Sina. El resumen de las mismas es obvio: Hay que defender lo nuestro y a los nuestros.

Est claro que al hablar de los nuestros se estaba refiriendo a la seora Cristina Cifuentes, la ms ilustre y recin llegada al club de la cosa nostra en el que hace tiempo se convirti el entramado direccional del partido que est en el Gobierno de Espaa. Pero, qu significa exactamente lo nuestro? Qu contenidos conlleva tal expresin? Qu comparten en comn todos ellos? Si se tratase de una propuesta poltica hubiera dicho nuestro proyecto. Si por el contrario hubiera hecho alusin a la organizacin habra hablado de nuestro partido. Est claro que en este caso el inconsciente, el subconsciente y el consciente le han jugado una mala pasada a la seora ministra.

Lo nuestro no es otra cosa que el uso y abuso de la cosa pblica como si fuera de su propiedad privada. Conexiones y ramificaciones en la administracin de la Justicia, en el funcionamiento de la Universidad pblica, en numerosos medios de comunicacin influyentes, tanto pblicos como privados, en instituciones y organismos del Estado, en empresas necesitadas de proveer sus carteras de pedidos con obras pblicas o suministros de material blico, etc.

Es decir, lo nuestro, como dice Mara Dolores de Cospedal, es el campo de actividad por el que transitan con la patente de corso que les dan los usos y costumbres tan afincados en esta piel de toro as como la aquiescencia de quienes como Lzaro coman las migajas que caan de la mesa del rico Epuln.

Lo nuestro es la eterna confusin entre democracia y campechana. Entre la Ley y las comidas entre amiguetes con mucho poder, las caceras, las juergas con hetairas de alto standing, los importantes acontecimientos sociales impresos en las revistas del corazn: bodas, bautizos, puestas de largo, y un inacabable etctera.

Y por debajo de tanto oropel, sobres, comisiones, fulleras burstiles, primas, subvenciones, fondos buitre, trinques, coimas y en fin, la parte alcuota en el botn. Hay algo ms nuestro? Hay algo ms sagrado que esta causa? Cmo osan cuestionar este estatus secular que la Transicin bautiz en el Jordn democrtico?

Artculo publicado originalmente en El Economista



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