Portada :: Otro mundo es posible
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-04-2018

Municipalismo radical: el futuro que merecemos

Debbie Bookchin
Roar Magazine

Slo una confederacin global de ciudades rebeldes nos puede llevar hacia una nueva sociedad racional que cumpla la promesa de una sociedad ms humanitaria


Soy hija de dos municipalistas veteranos. Mi madre, Beatrice Bookchin, se present a las elecciones del ayuntamiento de Burlington, en el estado de Vermont, hace treinta aos, en 1987. Era miembro de una plataforma expresamente municipalista que pretenda construir una ciudad ecolgica, una economa tica y, sobre todo, asambleas ciudadanas que cuestionaran el poder del estado nacin. Mi padre es el terico social y municipalista libertario Murray Bookchin.

Durante muchos aos, la izquierda ha debatido sobre el modo de llevar a cabo nuestras ideas de igualdad, justicia econmica y derechos humanos. En ese sentido, la carrera poltica de mi padre ilustra el razonamiento que quiero desarrollar: que el municipalismo no es solo una de las muchas maneras de hacer efectivo el cambio social, sino que es la nica manera de transformar la sociedad con xito. Tras una juventud comunista y con una educacin esencialmente marxista, mi padre tuvo un dilema con los modos de pensar economicistas y reduccionistas que histricamente haban impregnado la izquierda marxista. Mi padre buscaba una idea de libertad ms amplia, no slo la liberacin de una explotacin econmica, sino una libertad que se despojara de toda forma de opresin: de raza, clase, gnero, u origen tnico.

Al mismo tiempo, a principios de los aos 60, Murray era cada vez ms consciente de que el capitalismo avanzaba hacia un choque con el mundo natural. Pensaba que no se pueden abordar los problemas medioambientales a salto de mata: tan pronto protegiendo bosques de secuoyas un da como oponindose a una planta nuclear al da siguiente, porque la estabilidad ecolgica estaba siendo atacada por el capitalismo. Es decir, la razn del beneficio econmico, la filosofa del crece o muere del capitalismo, es absolutamente contraria a la estabilidad ecolgica del planeta.

As que empez a elaborar el concepto que l denominaba ecologa social, que parte de la premisa de que todos los problemas ecolgicos son problemas sociales. Murray opinaba que, para reconducir nuestra devastadora relacin con el mundo natural, debemos cambiar las relaciones sociales desde su ncleo. No slo debemos acabar con la opresin de clase, sino que tambin debemos poner fin a la dominacin y a las jerarquas en todos los niveles, ya sea la dominacin de hombres sobre mujeres, de heteros sobre lesbianas, gais y personas transgnero, de personas blancas sobre personas de color, o de los mayores sobre los jvenes.

La pregunta para l era: Cmo construimos una nueva sociedad igualitaria? Qu tipo de organizacin social alternativa puede crear una sociedad en la que seres humanos verdaderamente liberados puedan prosperar y que, al mismo tiempo, cure nuestra ruptura con el mundo natural? Realmente la pregunta es: qu tipo de organizacin poltica es la que puede cuestionar el poder del Estado? Y as, a finales de los aos 60, Murray empez a escribir sobre una forma de organizacin a la que denomin municipalismo libertario. l crea que el municipalismo ofreca una salida al punto muerto entre las tradiciones marxista y anarquista.

El municipalismo rechaza tomar el poder del Estado, que tras las experiencias del siglo XX todos sabemos que es una causa perdida, ya que el Estado -sea capitalista o socialista- y su burocracia sin rostro nunca son de veras responsables ante el pueblo. Al mismo tiempo, los activistas deben reconocer que no conseguiremos el cambio social simplemente llevando nuestras reclamaciones a las calles. Las acampadas y manifestaciones multitudinarias pueden desafiar la autoridad del Estado, pero no han logrado usurprsela. Aquellos que participan slo en polticas de protesta o se organizan en los mrgenes de la sociedad tienen que ser conscientes de que siempre habr poder: este no se desvanece sin ms. La pregunta es en manos de quin recae el poder: en la autoridad centralizada del Estado, o en el nivel local con el pueblo.

Es cada vez ms evidente que nunca lograremos el cambio social radical y tan desesperadamente necesario yendo simplemente a las urnas. El cambio social no se producir por votar al candidato que nos promete un sueldo mnimo de 15 dlares la hora, educacin gratuita y baja por motivos familiares u ofrece lugares comunes sobre la justicia social. Cuando nos limitamos a votar al menos malo, conformndonos con las migajas que nos deja la socialdemocracia, somos cmplices y apoyamos la misma estructura centralizada que ha sido diseada para mantenernos subyugados para siempre.

Al mismo tiempo, aunque muchas veces ignorada por la izquierda, hay una rica historia de democracia directa, poltica radical y autogobierno ciudadano: desde la antigua Atenas a la Comuna de Pars, desde las colectividades anarquistas de la Espaa de 1936 a Chiapas (Mxico), desde Barcelona y otras ciudades y pueblos espaoles en los ltimos aos hasta Rojava, en el norte de Siria, donde el pueblo kurdo ha implementado un proyecto de autogobierno profundamente democrtico, sin precedentes en Medio Oriente.

Una poltica municipalista es mucho ms que impulsar una agenda progresista en el ayuntamiento, por importante que esto pueda ser. El municipalismo -o comunalismo, como mi padre lo llamaba- es un retorno a la poltica en su definicin original, como un llamamiento moral basado en la racionalidad, la comunidad, la creatividad, la libre asociacin y la libertad. Es una visin profundamente articulada de una democracia descentralizada y asamblearia, en la que las personas actan unidas para disear un futuro racional. En un momento en el que los derechos humanos, la democracia y el bien pblico son atacados por gobiernos estatales cada vez ms nacionalistas, autoritarios y centralizados, el municipalismo nos permite reclamar la esfera pblica para el ejercicio de la ciudadana y la libertad autnticas.

El municipalismo exige que devolvamos el poder a los ciudadanos de a pie, que reinventemos lo que significa hacer poltica y lo que significa ser ciudadano. La poltica real es lo contrario a la poltica parlamentaria. Comienza en la base, en las asambleas locales. Es transparente, con candidatos 100% responsables ante sus organizaciones vecinales, candidatos que son delegados ms que representantes entregados al tejemaneje. Celebra el poder de las asambleas locales de transformar, y de ser transformadas, por una ciudadana cada vez ms informada. Y es festivo: en el mismo acto de hacer poltica nos convertimos en nuevos seres humanos, construimos una alternativa a la modernidad capitalista.

El municipalismo pregunta: Qu significa ser un ser humano? Qu significa vivir en libertad? Cmo organizamos la sociedad de manera que promueva el apoyo mutuo, el cuidado y la cooperacin? Estas preguntas y las polticas que se derivan de ellas llevan consigo un imperativo tico: vivir en armona con el mundo natural para evitar destruir la base ecolgica de la vida misma, y al mismo tiempo maximizar la libertad y la igualdad humanas.

La buena noticia es que la poltica se hace cada vez ms visible en movimientos horizontales alrededor del mundo. En las fbricas recuperadas de Argentina, en las guerras del agua de Bolivia, en los ayuntamientos vecinales que han surgido en Italia, donde el gobierno se mostr intil ante las necesidades de los municipios gravemente afectados por las inundaciones, una y otra vez vemos gente organizndose a nivel local para tomar el poder, para de hecho construir un contrapoder que reta a la autoridad y el poder del estado nacin. Estos movimientos estn tomando la idea de democracia y expresndola en su mximo potencial, creando una poltica que es fiel a las necesidades humanas, que promueve el compartir y la cooperacin, el apoyo mutuo y la solidaridad, y que reconoce que las mujeres deben tomar posiciones de liderazgo.

Lograr esto significa llevar nuestra poltica a todos los rincones de nuestros barrios, haciendo lo que los conservadores de todo el mundo han hecho con tanto xito en las ltimas dcadas: presentar candidatos a nivel municipal. Tambin significa crear un programa mnimo -como acabar con los desahucios, poner fin al aumento de los alquileres y la desestabilizacin de nuestros barrios a causa de la gentrificacin- pero tambin desarrollar un programa mximo en el que reconsideremos lo que la sociedad podra ser si pudiramos construir una economa solidaria, aprovechar las nuevas tecnologas y expandir el potencial de cada ser humano para vivir en libertad y ejercer sus derechos civiles como miembro de comunidades prsperas y verdaderamente democrticas.

El siguiente paso es confederarnos, trabajar ms all de las fronteras estatales y nacionales en el desarrollo de programas que aborden cuestiones regionales e incluso internacionales. Esta es una respuesta importante a aquellos que dicen que no seremos capaces de resolver grandes problemas transnacionales actuando de manera local. De hecho, es precisamente a nivel local donde estos problemas se estn resolviendo da tras da. Incluso grandes desafos como el cambio climtico se pueden gestionar a travs de confederaciones de comunidades que enven delegados a tratar asuntos regionales y globales. Necesitamos crear instituciones polticas permanentes a nivel local, no simplemente mediante lderes polticos que articulen una agenda de justicia social, sino mediante instituciones que sean directamente democrticas, igualitarias, transparentes, totalmente responsables, anticapitalistas, con conciencia ecolgica y que den voz a las aspiraciones de las personas. Requerir tiempo y educacin la formacin de asambleas municipales como un poder que contrarreste el poder del estado nacin, pero es nuestra nica esperanza de convertirnos en los nuevos seres humanos necesarios para crear una nueva sociedad.

Este es nuestro momento. Alrededor del mundo las personas no quieren slo sobrevivir, sino vivir. Si queremos transitar desde la espiral mortal que dcadas de neoliberalismo nos han impuesto hasta una nueva sociedad racional que cumpla la promesa de una sociedad ms humanitaria, debemos crear una red global de ciudades y pueblos audaces. No merecemos menos.

Debbie Bookchin escritora, periodista laureada y coeditora de The Next Revolution: Popular Assemblies and the Promise of Direct Democracy (Verso, 2014), una coleccin de ensayos de Murray Bookchin.

Fuente original: http://roarmag.org/magazine/debbie-bookchin-municipalism-rebel-cities/
Traduccin: ADELA BRIANS JUNQUERA



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter