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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-04-2018

Prlogo del libro La revolucin imposible, de Yassin Al-Haj Saleh (Ediciones del Oriente y del Mediterrneo, 2018)
Siria Yassin Al-Haj Saleh y La revolucin imposible

Santiago Alba Rico
Viento Sur


En un libro de reciente publicacin, El fin del intelectual francs, el historiador israel disidente Shlomo Sand repasa desde su nacimiento la tradicin muy francesa del intelectual comprometido. Tras relativizar el compromiso histrico general de los intelectuales pblicos y sealar tambin las sombras de los que, de Zola a Sartre, Europa ha reconocido como figuras engags, Sand explica con notable brillantez las razones de su extincin: La aflictiva desaparicin del proletariado, los efectos devastadores del maoismo derrotado en China, las consecuencias decepcionantes y a veces horribles de la descolonizacin y, en una etapa posterior, el hundimiento final de los regmenes comunistas de la Europa del Este y de Rusia engendraron un clima de ideas que prepar el terreno para la llegada de intelectuales portadores de ideologas que se cuidaban bien de formular proyectos sobre el futuro. Quienes estn ahora en el candelero son los hombres de letras que temen y repudian toda evocacin de un nuevo horizonte, ms all del momento presente. Si a esto aadimos el vnculo orgnico entre el discurso y la academia y el desplazamiento de la autoridad pblica, incluida la acadmica, a la actualidad sin tiempo del mercado (y, por lo tanto, del periodismo comercial) no es extrao que el viejo intelectual comprometido, a veces inmodesto pero abierto al mundo, haya dejado su lugar a dos figuras irreconciliables e igualmente estriles: el activista aislado en su militancia especializada y la estrella o celebridad, enfermizamente visible, no importa en qu esfera: el ftbol, la msica o la televisin. Obviamente Henri-Levy o Houellebech, que no son activistas, se parecen mucho ms a Cristiano Ronaldo o a Beln Esteban que a Sartre, Foucault o Camus.

El ltimo intelectual que pretendi aportar vigencia universal a las luchas multiconcretas no fue francs y slo fue a medias occidental. Me refiero al palestino y estadounidense Edward Said que, decepcionado de la ceguera parcial de Sartre, se tom sin embargo muy en serio su imperativo de dar voz a los que no tienen voz en un mbito pblico dominado ya por las diferentes hasbaras y por el beneficio comercial inmediato. Desde su muerte en 2003 ese espacio pblico, cada vez ms ceido a la autoridad del mercado, se ha vuelto crecientemente restringido para las voces subalternas o no funcionales en general. Al mismo tiempo una cierta ilusin de transparencia, asociada a la tecnologa, ha hecho concebir a los disfuncionales la esperanza de un cambio sin sujeto a travs de la difusin de mensajes auto-enunciados, evidentes por s mismos y no necesitados de esos mensajeros intelectuales privilegiados que, por otra parte, han sucumbido, al menos en Europa, a la tentacin televisiva. El caso de las revoluciones rabes es trgicamente ejemplar: en ausencia de organizaciones polticas democrticas y de lderes intelectuales investidos de autoridad pblica, se confi en que las imgenes mismas difundidas en las redes serviran para derrocar regmenes injustos y, an ms, para construir regmenes nuevos. Si algo han demostrado las revoluciones rabes, finalmente derrotadas, es (primero) que los viejos partidos y los viejos discursos, aunque sigan gobernando, estn muertos; pero tambin (segundo) que la transparencia no existe, y an menos la tecnolgica, y que la nica manera de enterrar esos partidos y esos discursos muertos es sustituyndolos por organizaciones y discursos vivos.

El caso de Siria es ejemplar porque es tambin paradjico. Es ejemplar porque demuestra hasta qu punto, ms all del periodismo ciudadano y las denuncias transparentes de consumo y olvido inmediato, un proceso transformador, y ms si queda abortado por la violencia extrema, necesita siempre voces que den voz a los que no tienen voz (en muchos casos porque la han perdido junto con el cuerpo mismo). Necesitamos activistas del pensamiento, intelectuales comprometidos que no slo fotografen los crmenes sino que traten de explicarlos; que no se limiten a documentar el horror, cosa sin duda imprescindible, sino que exploren las relaciones entre los cuerpos vivos y entre los cuerpos vivos y los cuerpos muertos, es decir, que exploren los marcos sociales, econmicos, antropolgicos, histricos en los que ese horror se ha gestado poco a poco y se transforma da a da, transformando a su vez a sus protagonistas activos o pasivos; necesitamos mediadores mentales, en definitiva, que no slo organicen sobre el terreno comunidades de supervivencia y resistencia sino que anticipen, a partir de ese horror, sin optimismo mercantil ni desesperacin derrotista, soluciones ticas y realistas.

Pero el caso de Siria, si ejemplar, es tambin paradjico: porque lo cierto es que Siria s tiene a su Zola, a su Camus, a su Sartre, a su Edward Said y no es francs sino sirio. Se llama Yassin Al-Haj Saleh y es autor de este libro preciso y terrible, La revolucin imposible, que explica, entre otras cosas, por qu su voz, junto con la de sus compatriotas, es inaudible en Europa: precisamente porque es sirio. Hay que acudir al ltimo captulo para entender que no se trata de una cuestin personal. Se trata de que los sirios no son importantes, ni a derecha ni a izquierda, para ninguno de los que, de palabra o de obra, se ocupan de Siria. Hay que decirlo claramente: tambin para librarse de un objeto de conocimiento hace falta un discurso; tambin para ignorar, olvidar, rodear o explotar una tragedia ajena hace falta nombrarla. No sin razn -y un punto de irritacin contenida- denuncia Yassin Al-Haj Saleh esta forma de nombrar Siria y a los sirios como una prolongacin colonial perfectamente coherente, por lo dems, con las prcticas del rgimen asadista: Se nos niega la potestad del conocimiento; es decir, nuestra capacidad para proporcionar datos y anlisis ms informados sobre lo que sucede en nuestro pas. O bien lo que decimos sobre nuestra causa carece de valor, o bien se nos limita a los mbitos ms bajos del conocimiento, como fuente de citas que el periodista o el investigador occidental aadirn al conocimiento que ellos mismos producirn. Sin embargo, pocas veces se apoyan en nuestros anlisis, difundidos sin restricciones en Occidente. Este silenciamiento interesado de los protagonistas vivos se llama dictadura en el caso del gobierno de Damasco; se llama imperialismo en el caso de las potencias que intervienen en Siria desde hace aos para evitar una transformacin desde abajo; y se llama elitismo colonial en el caso de las izquierdas occidentales que, desde la ignorancia ms supina y la arrogancia ms eurocntrica, declararon improcedente o sospechosa la revolucin de 2011, hoy derrotada, y siguen nombrando paladn de la justicia universal -del socialismo, el humanismo y el anti-imperialismo- al responsable primero y principal de la muerte, tortura, violacin, desaparicin y desplazamiento de millones de sirios.

Recuerdo que en una ocasin preguntaron a Yassin Al-Haj Saleh, militante marxista desde su juventud, si segua siendo comunista. Su respuesta sera un poco la ma. Respondi que segua creyendo en los mismos principios y los mismos valores, pero que se haba dado cuenta de que esos principios y valores no son los que defienden los que se llaman hoy a s mismos comunistas. El diagnstico del autor es duro y desgraciadamente atinado: Mi estimacin es que la base de esas posturas patriarcales retrgradas por parte de nuestros amigos antiimperialistas, es doble. En primer lugar, la transformacin de la izquierda comunista y sus herederos hacia posturas tpicas de la clase media educada, separada del sufrimiento humano, e incapaz de innovar. Esto se relaciona con las transformaciones de la economa en los pases capitalistas centrales, la desindustrializacin, el retroceso del peso de la clase trabajadora industrial y la aparicin de la izquierda del campus, que no hace nada y sabe poco, a pesar de su posicin en la academia. Ya no hay nada revolucionario ni liberador en su formacin y no libran ningn verdadero conflicto. En segundo lugar, estn los esquemas ideolgicos de la guerra fra; es decir, el conocimiento por reminiscencia, al estilo platnico, y tambin, la esterilidad intelectual y la escasez de innovacin. Todos estos lmites de la izquierda occidental, que dificultan la intervencin tambin en sus propios pases y que son aplicables a la muy europea tradicin izquierdista rabe, quedaron expuestos a la luz cuando los pueblos de la regin, sin preguntar, se alzaron contra sus dictadores. Qu descubrimos entonces? Que, sorprendidos todos un poco a contrapi, los islamistas tenan recursos para reaccionar, los imperialistas tenan recursos para reaccionar y los propios dictadores tenan recursos para reaccionar. La izquierda no. Y, porque no los tena, desde su posicin un poco marginal, en lugar de solidarizarse con los que se jugaban y perdan la vida luchando contra los dictadores, los islamistas y los imperialistas, cedi el terreno a los islamistas, los imperialistas y los dictadores, identificndose adems con la ultraderecha europea y su barbarie elitista e islamfoba. Las revoluciones rabes han dejado a la izquierda tradicional en la cuneta de la historia; an ms, han vuelto tradicional a la izquierda en Amrica Latina, que se quera innovadora y democrtica. Siria, s, ha sido y es la tumba de miles de sirios ignorados; pero ha sido y es tambin la tumba de la izquierda. En el captulo 12, sin falsas esperanzas ni falsas desesperaciones, Yassin Al-Haj Saleh, al tiempo que describe la nica solucin realista para Siria, enuncia tambin los valores y principios -comunistas o no- para un impostergable rearme discursivo y organizativo de la izquierda.

Digo todo esto para sealar a un tiempo los obstculos y las virtudes de este libro: las virtudes que, por eso mismo, constituyen un obstculo. Este libro explica lo que ha ocurrido y est ocurriendo en Siria, cosa que casi nadie quiere saber; este libro analiza la historia reciente de Siria, las entraas de la dinasta asadiana, las causas de la revolucin de 2011 y las de su derrota a partir de 2013, cosa que a casi nadie le importa. Ahora bien, si aceptamos el supuesto contrario (el de que todo el mundo quiere saber lo que ocurre en Siria y colaborar en una paz justa y democrtica para los sirios), este libro es sencillamente irrenunciable. El lector espaol tiene ya acceso a una breve pero slida bibliografa sobre la Siria convulsa, tanto narrativa como ensaystica y documental: Cuando la revolucin termine, de Leila Nachawati, El caparazn, de Mustafa Khalifa, el terrible Diario del asedio a Duma, de la desaparecida compaera de Yassin, Samira Khalil; o el completsimo relato activista de Leila Al Shami y Yassin Kassab Pas en llamas; o tambin -de especialistas espaoles- el ms acadmico, Siria: revolucin, sectarismo y yihad de lvarez Osorio o el ms periodstico, Siria, el pas de las almas rotas de Javier Espinosa y Mnica G. Prieto. Pero La revolucin imposible est investido, a mis ojos, de una autoridad adicional. No me refiero -y casi me disgusta mencionarlo- al sufrimiento de su autor: sus 16 aos de prisin, la vida en la clandestinidad, la prdida de amigos, compaeros y familiares, incluida su mujer (que era las tres cosas) o su exilio ahora en Estambul. Todo estos padecimientos son slo la consecuencia de un compromiso poltico que, en el caso de Al-Haj Saleh, ha adoptado tambin, o sobre todo, la forma de un -digamos- compromiso de distancia: acercar el cuerpo, alejar la mente. Quiero decir que, si Al-Haj Saleh es el Camus, el Sartre y el Edward Said de Siria no es porque sea sirio o haya estado en la crcel, pues no era se el caso ni de Camus ni de Sartre ni de Said, sino porque, como ellos, entiende que, sin mediacin intelectual, sin palabras pblicas ordenadas en un discurso honesto y preciso, sin conocimiento abierto y conflictivo de la historia, no hay ninguna posibilidad de intervenir en ella de manera liberadora. Ese es el trabajo de Al-Haj Saleh: comprender. Lo hizo en el calor de la revolucin primera y en el fragor de la explosin sucesiva; y lo hace ahora desde Estambul, donde colabora con la publicacin en rabe Al-yumhuriya (de la que es responsable, por cierto, otro imprescindible Yassin, Yassin Swehat, mitad sirio y mitad gallego, que lleva aos tratando de contarnos en espaol lo que su tocayo cuenta en rabe y sin cuya intervencin este libro, magnficamente traducido por Naom Ramrez, no habra sido posible).

Si acercarse con el cuerpo y alejarse dos pasos con la mente (para orientar en pblico a los que estn demasiado cerca o demasiado lejos) es lo que define a un intelectual, nunca han sido los intelectuales ms necesarios. Desde 2011 algunos tuvimos la suerte de seguir los avatares sirios a travs de los trabajos de Yassin Al-Haj Saleh (y de otros sirios o casi-sirios a los que traduca precisamente Naom Ramrez: Salame Keile, Elias Khouri, Subhi Hadidi). Pues bien, La revolucin imposible recorre de nuevo todo ese largo y sangriento septenio en el que el eslogan Asad o nadie -cuyo nihilismo analiza Al-Haj Saleh en el captulo 4- se va haciendo realidad de la manera ms trgica: Asad y nadie. Lo haba explicado muy bien el propio autor en un artculo de mayo o junio de 2011 a travs de una metfora sinttica y brutal: la de esa sociedad-bomba construida durante cuarenta aos por la dinasta asadiana a fin de que cualquier tentativa de liberacin, por pequea o parcial que fuera, desencadenase un gran estallido nacional, regional e internacional: Asad o quemamos el pas era, ms que una consigna, un efecto mecnico del propio entramado dictatorial. Lo que Al-Haj Saleh describe en detalle es ese efecto mecnico, su saturacin del espacio y su despliegue en el tiempo, antes y despus de la revolucin, frente a la voluntad subterrnea de los sirios que, privados de esfera poltica, han tratado de sobrevivir y combatir la dictadura.

Hay que aclarar que Yassin Al Haj Saleh no escribe crnicas o testimonios personales. No es un periodista ni un analista. Es un intelectual; un intelectual con el cuerpo dentro. Le interesan precisamente los vnculos tericos entre los mecanismos de poder y los cuerpos concretos que los transmiten o los sufren. En La revolucin imposible el autor nos cuenta cmo la revolucin de 2011 ha quedado sepultada bajo tres capas sucesivas que son cronolgicas pero tambin acumulativas y performativas: la guerra civil desde octubre de 2011, la sectarizacin a partir de 2012 (con el enfrentamiento sun-chi alimentado por el rgimen y enseguida por Irn y por el yihadismo) y la internacionalizacin posterior con la intervencin concertada entre EEUU y Rusia contra Daech (ver el captulo 11). Para entender este proceso Al Haj Saleh tiene que atender a lo ms menudo y a lo ms general: detallarnos la composicin interna del rgimen, la connivencia orgnica entre familias mafiosas, ejrcito y secta, la oposicin rural/urbano y su relacin con las clases y las corrientes religiosas, las tensiones geopolticas y sus repercusiones locales; pero tiene tambin que penetrar en profundidad las cristalizaciones propiamente sirias de temas, por as decirlo, universales: los smbolos en disputa, la degradacin del lenguaje y, sobre todo, el nihilismo de la violencia, esa violencia que por s misma ha ido seleccionando -darwinismo al revs- a los ms duros y fanticos y concediendo el protagonismo a minoras hasta hace poco aisladas de la mayora social y cuyos componentes, enfrentados a muerte entre s, acaban por disolverse, sin diferencias, en las penumbras del rgimen. En la guerra civil espaola, la anarquista y filsofa francesa Simone Weil tuvo esta misma experiencia: la de que, en un conflicto armado cada vez ms feroz, slo hay dos clases sociales, los que tienen armas y los que no tienen armas, y que un abismo separa a los hombres armados de la poblacin desarmada, un abismo en todo semejante al que separa a los pobres de los ricos. La tesis de que, a travs de la violencia, todo es rgimen, es muy dura de aceptar, y no debe ser fcil de enunciar, para un intelectual con el cuerpo dentro que puso tantas esperanzas y se expuso a tantos peligros apoyando la revolucin; y que, cuando sta se arm a travs del Ejrcito Sirio Libre, advirti de los peligros pero confi en la posibilidad de gestionar la defensa militar desde los sectores civiles organizados. Ahora bien, Yassin Al Haj Saleh -lo hemos dicho- ni se hace ilusiones ni sucumbe a desesperaciones. Sabe que la revolucin ha quedado sepultada (que no muerta) bajo esas capas -guerra civil, guerra sectaria, guerra inter-imperialista- que dificultan todo optimismo: Siria ofrece hoy un ejemplo de Estado horadado como geografa, desmembrado como entidad, desamparado como sociedad y bestializado como rgimen: un ideal de no-patria, lo que la hace candidata a infiltraciones de todo tipo.

Hay alguna solucin? Al Haj Saleh sabe que, all donde la justicia no tiene fuerza y la fuerza no es justa y donde los tres enemigos que hay que combatir de manera simultnea son radicalmente injustos (la dictadura fascista, el yihadismo igualmente fascista y el imperialismo multinacional) hay motivos para sentirse descorazonado. Pero sabe tambin lo importante que es, en medio de la violencia cegadora e igualitaria, mantener un programa y un objetivo. Al Haj Saleh lo tiene: una solucin justa para Siria se basa en la conformacin de una nueva mayora poltica en el pas, en la que una amplia mayora de los sirios reconozcan a sus representantes polticos, que rompa con el gobierno minoritario (oligrquico), y que funde una nueva Siria con un sistema de gobierno inclusivo. Ello exige liberarse del gobierno asadiano, de Daesh, y de los grupos salafistas yihadistas, una igualdad poltica y cultural para los kurdos, sin dominio nacionalista, y la fundacin de una Siria democrtica basada en la ciudadana. El lector que llegue hasta el final del libro comprender cunta paciencia, conocimiento y realismo fundamentan esta propuesta.

Alguien podr pensar que este libro habla de Siria y su revolucin derrotada, de la dictadura asadiana y de Oriente Prximo, del imperialismo y de la cuestin kurda (muy interesantes y polmicos los captulos 10, 11 y 13), del yihadismo y de la violencia. No. Este libro habla de todos nosotros. Una de las tesis que ha sostenido Al-Saleh en los ltimos aos es la de que Siria revela y representa un derrotero universal y que, por tanto, no se puede pensar en Siria, y an menos en un mundo globalizado, sin pensar en el destino comn. Por esa razn, cada vez que elaboramos un discurso para olvidar, negar o evitar Siria nos hacemos dao a nosotros mismos. Es una advertencia clara a los europeos, de derechas y de izquierdas, que no deberamos desatender. Nos lo dice uno de los pocos intelectuales vivos, junto al cameruns Achille Mbembe, que sigue pensando en trminos universales. Ninguno de los dos es francs y eso es una buena noticia. Porque, al menos desde Franz Fanon, el mundo lleva muchos aos esperando a que, frente a relativismos y multiculturalismos elitistas occidentales, sean los no europeos, tantas veces vctimas suyas, los que se hagan cargo de la universalidad que los europeos traicionaron y siguen traicionando. En Siria es ms fcil morir que en Francia o Espaa, pero Siria -como demuestra Yassin Al-Haj Saleh- es un sitio mejor para pensar. Y para pensar en el destino de todos.

Tnez, 2 de febrero de 2018, cumpleaos de Samira Khalil.


Fuente original: http://vientosur.info/spip.php?article13723



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