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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-04-2018

Renombrando a la guerra de 1948 en Palestina
Particin, desposeimiento y fragmentacin

Richard Falk
Brecha


Israel ha logrado moldear y desviar el discurso pblico sobre el futuro de Palestina de manera brillante durante muchos aos. Entre sus primeros logros en este sentido cuenta con la victoria propagandstica de conseguir que la guerra de 1948 sea conocida internacionalmente como la guerra de independencia. Esta denominacin borra a los palestinos de la conciencia poltica y distorsiona las consecuencias humanas y polticas ms profundas del conflicto armado. El lenguaje importa, especialmente en circunstancias vitales, cuando hay ganadores y perdedores, y ese es el caso de una guerra de desplazamiento, como aquella.

Les llev dcadas a los palestinos elevar sus experiencias de la guerra de 1948 incluso a conocimiento de aquellos a nivel internacional que respaldaban la lucha nacional palestina por su autodeterminacin. Incluso ahora, ms de medio siglo despus de la guerra, la Nakba, como la llaman los palestinos, permanece opacada internacionalmente. La palabra significa catstrofe, debido principalmente a que al menos 700 mil residentes no-judos de Palestina fueron despojados de sus propiedades en el nuevo Estado de Israel, luego de 1948, y a que dicho pas les neg el derecho de retornar a aquellos palestinos que haban abandonado sus hogares y pueblos por miedo o como resultado de la coercin israel. Este doble proceso de desposeimiento y arrasamiento fue implementado con fuerza a travs de la demolicin y la total destruccin de entre 400 y 600 pueblos palestinos en el nuevo Estado de Israel.

Es llamativo que incluso aquellos que han aceptado esta concepcin revisionista de la Nakba suelen tratarla como un acontecimiento calamitoso, pero rara vez la abordan como un proceso. Para los palestinos que fueron desposedos de sus hogares, sus tierras, sus comunidades, de su empleo y dignidad, y para sus familiares y posteriores generaciones, la vida ha sido un calvario. Y esto es as por la miseria y humillacin que acompaan la residencia prolongada en campamentos de refugiados o por las tantas vulnerabilidades y el desarraigo que implica un exilio involuntario y permanente. En otras palabras, la tragedia de la Nakba no concluy con los traumas de desposeimiento, sino que se prolong en las horribles experiencias que le siguieron. Y eso debe entenderse como consecuencias inseparables de la catstrofe originaria.

La resolucin de participacin de la ONU

Para muchos pensadores palestinos las duras pruebas que supuso la lucha por el control del territorio y por derechos fundamentales que se dio tras la resolucin 181, aprobada por 33 votos contra 31 (con diez abstenciones y una ausencia) en la Asamblea General de las Naciones Unidas del 29 de noviembre de 1947 se agravaron durante las dcadas que sucedieron a 1948.

Una muestra del dominio israel sobre el discurso pblico internacional fue la dramatizacin de la aceptacin sionista (representada por la Agencia Juda para Palestina) de la propuesta de particin de la Palestina histrica, mientras los palestinos, sus vecinos rabes, India y Pakistn la rechazaron al sealar que llevarla a cabo sin el consentimiento de los habitantes de Palestina constitua una flagrante violacin de los estatutos de la Onu en cuanto al derecho de los pueblos a su autodeterminacin y a elegir su propio destino poltico.

Este choque de posiciones fue interpretado entonces por Occidente como una demostracin de lo razonable que era el encare sionista ante las complejidades que supona compaginar reivindicaciones contrarias sobre el derecho a la autodeterminacin y la soberana territorial.

El sesgo sionista-israel consista en afirmar que Israel estaba dispuesto a resolver el conflicto a travs del compromiso poltico, mientras que, por oposicin, supuestamente el plan palestino para el futuro del pas sera exclusivista, incluso genocida, sugiriendo una supuesta intencin rabe de tirar los judos al mar. Una afirmacin que, con las heridas del Holocausto todava abiertas, obviamente perturbaba una sensibilidad poltica, liberal y occidental, ya extremadamente delicada.

Una interpretacin ms objetiva de estas dos posiciones opuestas nos lleva a sacar una serie de conclusiones que van casi totalmente en contra de la narrativa que Israel le ha vendido al mundo sobre el plan de particin de la Onu y sus secuelas. Sin embargo, esa versin sigue siendo la dominante.

Luego de un inicial y comprensible reflejo palestino de repeler a intrusos judos que buscaban ocupar y dividir su patria, han sido los palestinos, no los israeles, quienes han venido proponiendo un compromiso integral, mientras que los israeles, por lo general, adhieren a la idea de que la tierra prometida juda incluye a Cisjordania y una Jerusaln unificada, y que cualquier dilucin de estas metas sera una traicin fundamental al proyecto sionista de restablecer enteramente un mtico Israel bblico como Estado soberano. Los israeles ms ideologizados, como Menachem Begin (comandante de Irgn y sexto primer ministro de Israel, entre 1977 y 1983), se oponan abiertamente a la particin en 1947 previendo correctamente que generara violencia y consideraban que Israel slo conseguira su seguridad y completar el proyecto sionista a travs de operaciones militares con ambiciones de expansin territorial. David ben-Gurion, el principal estratega sionista y lder israel, comparta el escepticismo de Begin sobre la particin, pero la apoy por motivos pragmticos, como un paso hacia el cumplimiento del proyecto sionista y no como un fin. En ese sentido la particin de Palestina era considerada provisional. A partir de 1947 se busc justamente completar la agenda sionista.

La particin era una conocida tctica britnica colonial que complementaba aquella de divide y reinars. La estrategia de la ocupacin fue propuesta ya en 1937 en el informe de la Comisin Peel, pero debido a la necesidad de colaboracin rabe en la Segunda Guerra Mundial, Reino Unido desisti de su propuesta de fraccionar Palestina. En un libro blanco posterior los britnicos afirmaron que una particin sera poco prctica en el caso de Palestina, y un tanto sorprendentemente se abstuvieron de votar la resolucin 181 en la Asamblea General de la Onu.

Prolongando el sufrimiento palestino

La propuesta palestina de un compromiso integral data al menos de 1988, cuando la Olp decidi aceptar a Israel como un Estado legtimo y ofreci una normalizacin de las relaciones, si Israel cumpla con los preceptos de la resolucin 242 del Consejo de Seguridad de la Onu que ordenaban el retiro de las fuerzas israeles de ocupacin hasta la lnea verde, las fronteras previas a la guerra de 1967, y llegar a un acuerdo sobre cmo solucionar efectivamente el asunto de los refugiados. La iniciativa rabe de paz de 2002 aadi nuevos incentivos regionales para aceptar la propuesta de compromiso poltico de la Olp, pero Israel respondi con silencio y Occidente con poco entusiasmo.

La diplomacia de Oslo fue un fracaso unilateral. Nunca produjo propuestas sobre los asuntos en disputa que tuvieran alguna chance razonable de generar un fin sustentable del conflicto. Mientras tanto le daba tiempo valioso a Israel para seguir expandiendo su red de colonias ilegales, una forma de anexin sigilosa que tambin serva para transformar el mantra de los dos Estados en una quimera cada vez ms cruel y til para apaciguar la opinin pblica que buscaba una paz sustentable para ambos pueblos y un fin al conflicto.

Un anlisis ms objetivo de los dos posicionamientos sobre la solucin de la particin nos permite tambin desconstruirlos. Por un lado, el movimiento sionista tom lo que poda conseguir en cada etapa, mientras que en el terreno y a nivel diplomtico generaba condiciones para obtener ms, extendiendo sus reivindicaciones y expectativas polticas, corriendo los postes del arco. Esta tctica de feta por feta, de pequeas conquistas sucesivas, se puede rastrear al menos hasta la Declaracin de Balfour, cuando los sionistas aceptaron la terminologa de hogar nacional judo a pesar de sus aspiraciones desde el principio de establecer un Estado judo que no tomara en cuenta los derechos morales, legales y polticos de los palestinos. Gracias a recientes investigaciones de archivos ha quedado cada vez ms claro que la verdadera meta sionista siempre fue el Israel de la tradicin bblica, la tierra prometida, que incluira la totalidad de la ciudad de Jerusaln y la zona que internacionalmente es conocida como Cisjordania y en Israel como Judea y Samaria.

Por otro lado, el rechazo palestino a la solucin de particin de la Onu que inicialmente fue respaldada por todo el mundo rabe, al igual que por la mayor parte de los pases de poblacin mayoritariamente musulmana se basaba en que Palestina sera bisecada sin ningn previo proceso que intentara buscar el consentimiento de la poblacin mayoritaria que all resida, ni, siquiera, la consultara al respecto. Fue un intento arrogante de la Onu, que entonces era controlada por Occidente, de dictar una solucin que no tomaba en cuenta las preocupaciones de los palestinos y que tampoco era conforme al espritu ni la letra de sus propios estatutos.

Interpretar el rechazo palestino de la resolucin 181 de la Asamblea General como una muestra de antisemitismo o siquiera como un rechazo de la existencia misma del Estado de Israel es aceptar una explicacin acorde a la narrativa israel que ignora el desastroso legado de la particin. Esta explicacin desconoce tambin las dinmicas reales que han mantenido el conflicto vivo durante todas estas dcadas. Hasta el da de hoy Israel sigue creando condiciones que empeoran las perspectivas futuras de los palestinos, mientras sutilmente presenta al proyecto sionista como una bsqueda razonable y ms clara de ambiciones no manifestadas anteriormente.

Esto nos lleva a una pregunta central que tambin tiene que ver con los motivos de los israeles para aceptar temporalmente la particin que en realidad no queran, como una forma de expandir sus mrgenes de maniobra polticos y de mostrarle al mundo una cara razonable que inclua un compromiso con la paz.

Los palestinos se sintieron excluidos y humillados por la manera en que era tratado el futuro de su sociedad por la Onu y Occidente, no obstante, no queran distanciar a la comunidad internacional, especialmente a Washington. Fue por eso que le dieron crdito a la declaracin de principios de Oslo de 1993 y actuaron como si el proceso de paz tuviera algo que ver con la paz. Ese tipo de diplomacia de complacencia que fue practicada por la Autoridad Palestina durante los ltimos 25 aos mientras Israel anexaba y judaizaba Jerusaln oriental y penetraba ms profundamente en Cisjordania gener la impresin en muchos crculos, palestinos y otros, de que la Autoridad Palestina no era suficientemente rechazista, y que o bien, ingenuamente, estaba jugando una partida que perdera, o haba fracasado totalmente en comprender el verdadero plan sionista.

La guerra de particin

Para volver a nuestra afirmacin inicial de que el lenguaje es en s mismo un espacio de lucha, ahora, 70 aos despus de los hechos, es aun ms conveniente llamar a la guerra de 1948 por un nombre que revele ms claramente sus caractersticas esenciales. Y ese nombre es Guerra de Particin. Slo con esta opcin lingstica podremos comenzar a comprender hasta qu punto la comunidad internacional, encarnada en la Onu, fue culpable de un pecado original con respecto al pueblo palestino, sus derechos naturales y legales y sus razonables expectativas polticas. Respaldar la particin de Palestina fue lo que yo llamara un crimen geopoltico.

 

Richard Falk, Profesor emrito de derecho internacional de la Universidad de Princeton.

Fuente original: https://brecha.com.uy/


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