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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-04-2018

Entrevista a Manuel Caada sobre La dignidad, ltima trinchera
El xito mayor de los Campamentos es haber puesto en pie un potente movimiento popular, una comunidad de lucha contra el paro y la precariedad

Salvador Lpez Arnal
El viejo topo


Manuel Caada (Badajoz, 1962) es educador social. Ha trabajado en el campo, la construccin, la hostelera, el telemrketing, como tcnico de educacin infantil y en educacin de adultos. Militante del PCE desde los 17 aos y de CCOO desde 1980, fue secretario general del PCE de Extremadura desde 1992 hasta 1995 y Coordinador general de IU Extremadura entre 1995 y 2003. Desde 2003, su militancia se centra en los movimientos sociales, especialmente en los relacionados con la lucha contra el paro y la precariedad. Milita, desde su constitucin en 2013, en el "Frente Cvico Somos Mayora". Ha publicado numerosos artculos en eldiario.es, rebelin, Nuestra Bandera y El Viejo Topo. Es tambin autor de La huelga ms larga, un ensayo sobre la huelga y posterior resistencia de los yeseros de Badajoz. Para este entrevistador, es todo un ejemplo de activista honesto, coherente y entregado, sin cartas institucionales escondidas de promocin social. Una excelente persona en el decir de Machado y Brecht.

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Nos habamos quedado en este punto. La introduccin lleva por ttulo: "Pequeos ojos de agua". Qu pequeos ojos de agua son esos?

El ttulo alude a un poema de Roque Dalton, "Ley de la vida". Dos de sus versos dicen as: "En la lucha social tambin los grandes ros/nacen de los pequeos ojos de agua". El manantial comn de los artculos que componen este libro es el de los movimientos sociales. Son diez textos vinculados o inspirados en la lucha de algunos de los movimientos populares en los que he participado a lo largo de los ltimos quince aos, desde el movimiento antiglobalizacin a los campamentos dignidad, pasando por la plataforma Refinera No o las asambleas de parados.

Desde que abandon las responsabilidades polticas en IU, en 2003, mi militancia se ha ceido casi exclusivamente a la participacin en los movimientos sociales. En mi opinin, los movimientos populares, "utopas hechas a mano y sin permiso, a pulso, en la calle y el barrio", como dice Miguel Faur, son los verdaderos hacedores de la historia. Descreo cada vez ms de los atajos partidarios, electorales o institucionales, de la visin abrumadoramente dominante que reduce la poltica a tecnologa discursiva, a "ciencia" de interpretadores. En los ltimos aos, especialmente a raz del 15M, se ha desarrollado una riqusima red de movimientos populares la PAH, las mareas o las marchas de la dignidad son slo tres de los ejemplos ms conocidos- de enorme creatividad y potencia, que ha sido en gran medida menospreciada. Pero, como recuerda Roque Dalton en el poema mencionado, "el rbol poderoso comienza en la semilla". Sin movimientos populares de base la transformacin social es una quimera.

Citas a Rafael Chirbes: "Cada poca produce su propia injusticia y necesita su propia investigacin, su propia acta". Qu injusticia esencial produce nuestra poca? Cul debera ser nuestra investigacin?

Creo que nuestra poca es un tiempo de encrucijada, de cambio histrico. La crisis sistmica est desvelando la irracionalidad e insostenibilidad del neoliberalismo, del capitalismo en s. La hondura de la crisis, la condensacin de colapso financiero, cambio climtico, crisis del empleo y de la representatividad poltica -por citar slo algunos de sus principales elementos constituyentes- son percibidas ya por amplios sectores de la poblacin con una mezcla de vrtigo y urgencia. Recuerdo que Santiago Lpez Petit, a principios del siglo, describa la globalizacin como un desbocamiento del capital.

S, s, lo recuerdo. No es mala metfora.

Pues bien, desde entonces, ese proceso no ha hecho sino acelerarse. Pero, aunque todo el mundo intuye que el juego de la cerilla y la fantasa de la globalizacin feliz se han terminado, en el timn continan el capital financiero y la ideologa neoliberal que nos han trado hasta aqu. El neoliberalismo se ha convertido, efectivamente, en la nueva razn del mundo, subordinando todas las clulas de la vida social a la lgica de la competencia, moldeando la subjetividad de las personas a la medida del individualismo, del principio de precariedad.

En el huevo del neoliberalismo se desperezan ya formas nuevas de fascismo, de autoritarismo y control social. La aceptacin de la corrupcin como paisaje inevitable, de los parasos fiscales, de la estafa financiera, de la represin contra la disidencia social o poltica, la organizacin del rencor social contra los de abajo, la normalizacin de las crceles para la inmigracin "ilegal", constituyen la avanzadilla de esa transformacin del capitalismo contemporneo.

En nuestro pas, adems, se han anudado tres crisis, la referida del capitalismo global, la de la Unin Europea y la especfica, del rgimen del 78. El cuento de la UE como tierra de promisin, oasis de libertad y progreso, se descompone vertiginosamente. Tras la fbula que nos hablaba de autovas, erasmus y subvenciones comunitarias, aparece el rostro grantico del austericidio, la Europa del Banco Central y de los CIES. Y el retablillo de la transicin modlica tambin hace aguas, mostrando ahora las entretelas del sistema de puertas giratorias, el entramado oligrquico que se ha alzado en las ltimas dcadas.

Nuestra investigacin, nuestra accin, ha de empearse en estudiar los cambios concretos que estn producindose en la sociedad y muy especialmente en las clases populares.

Como, por ejemplo...

La proletarizacin de las llamadas clases medias, la pauperizacin brutal de amplios sectores de la clase obrera, el estudio de "las casamatas", de los espacios e imaginarios donde el poder genera y ejerce la hegemona, donde se produce y reproduce el aislamiento, el miedo y el consentimiento de la mayora social. Estudiar, s, los discursos del poder, pero tambin cmo se organiza la subcontratacin en las empresas, el corporativismo en los centros educativos o los dispositivos de la industria de la caridad. Pero nuestra "investigacin" no puede ser la propia de una institucin acadmica. Nuestra praxis ha de partir y afanarse en no tratar nunca como objetos a quienes estn llamados a transformar la realidad que padecen. Y, al mismo tiempo, no se trata slo de examinar las formas de dominacin, tambin hay que conocer la riqueza de las expresiones de resistencia, los embriones alternativos de comunidad que van surgiendo.

La primera parte del libro lleva por ttulo "Comunismos: teora, poesa y partido". Qu es para ti el comunismo a da de hoy?

Deca Paco Fernndez Buey que la palabra utopa haba sido deshonrada en multitud de ocasiones. Otro tanto podra afirmarse en nuestro tiempo al referirnos a la palabra comunismo. Como sabes mejor que yo, Fausto Bertinotti, el que fuera secretario general de Refundacin Comunista, afirmaba que con este trmino se haca referencia a tres significados, la experiencia estatal en los pases del llamado socialismo real, un modelo de sociedad al que se aspira y el movimiento que lucha por la consecucin de ese ideal. En las ltimas dcadas desde el poder se ha hecho un intenso trabajo de impregnacin ideolgica reduciendo el significado de la palabra comunismo a la primera acepcin.

Para m el comunismo representa una pasin igualitaria, un compromiso de clase y la adhesin a una tradicin emancipatoria revolucionaria que nace con las primeras rebeliones antiesclavistas y llega hasta los movimientos antisistmicos de nuestros das. Me gusta especialmente la definicin de comunismo que hizo Manuel Sacristn -en un artculo sobre Marx escrito en 1974-: "una sociedad superadora de la alienacin: una sociedad de la armona entre cada cual y los dems, entre cada individualidad y su proyeccin social (entre el hombre y el ciudadano), entre cada cual y su trabajo, entre cada cual, los dems y la naturaleza". Me identifico con una concepcin del comunismo como una identidad fuerte e inclusiva, radicalmente democrtica, que incorpora el legado de otras corrientes emancipatorias tales como el ecologismo o el feminismo, vinculada permanentemente a las luchas populares y a la organizacin de contrapoder.

El primer apartado del primer captulo est dedicado a El capital, a los captulos IV y VIII. Por qu esos captulos y no otros? Qu tienen de especial, de interesante?

En el curso 2004-2005, como alumno de la UNED, tuve el inmenso honor de disfrutar del profesor Jos Mara Ripalda, un extraordinario filsofo que imparta "Historia de la filosofa", una de las asignaturas optativas en las que me haba matriculado. Escog esos dos captulos siguiendo la sugerencia de Ripalda y me parece un criterio muy acertado para cualquiera que desee adentrarse en la espesura de El Capital. El Capital no es una novela, sino un mapa, una brjula para descifrar el modo de produccin capitalista, "las leyes naturales de la sociedad capitalista", como dice Marx.

El captulo VIII aborda la jornada de trabajo y el IV la transformacin del dinero en capital. Las huellas del dolor, en uno, y los secretos de la valorizacin en otro. La historia de las clases oprimidas, en el primero, y el descenso a las madrigueras de la produccin, atravesando las brumas donde se esconde, huidizo como mster Hyde, el autntico sujeto soberano en la sociedad burguesa, el capital. Marx es un pensador integral, que condensa filosofa, economa, historia, antropologa y otras disciplinas del saber, que pretende "articular racionalmente el conocer con el hacer, lo que se sabe del mundo social con la voluntad de revolucionarlo" (Sacristn). Los dos captulos en cuestin reflejan muy bien ese vnculo entre afn cientfico y pasin revolucionaria.

Qu tiene que ver el comunismo con la poesa? Cundo puede afirmarse que un poeta es comunista?

En el libro se incluye un artculo sobre uno de los mejores poetas de la conciencia, Antonio Orihuela. El texto no tiene la pretensin de formular una potica y mucho menos un manual sobre el compromiso poltico del escritor.

El vnculo entre arte y revolucin viene de lejos. Las vanguardias polticas y artsticas han andado habitualmente de la mano. Basta recordar la clebre frase de Andr Breton: "Transformar el mundo, dijo Marx; cambiar la vida, dijo Rimbaud: estas dos consignas para nosotros son una sola". Maiakovski, el cine sovitico, el surrealismo, el teatro de Brecht, la generacin del 27, la Alianza de Intelectuales Antifascistas, Miguel Hernndez, el neorrealismo el contubernio viene de lejos.

Y no podra ser de otra manera. "Toda poesa es hostil al capitalismo", escribi Juan Gelman. El capitalismo es la dictadura de las mercancas, la estandarizacin del pensamiento, la naturalizacin de la explotacin del ser humano. Y la poesa, sin embargo, es la singularidad, la mirada nueva y atenta, la exaltacin de la vida. A Rafael Chirbes, que se defina como un escritor "brochiano" le gustaba definir la literatura como una forma impaciente de conocimiento. La lengua es un ojo, un ojo que extrae de lo real lo que de lo real importa, el milagro cotidiano (Ada Salas); el poema es una palabra que muerde un trozo del pan de la verdad (Jorge Riechmann).

Antonio Orihuela acoge en sus poemas esa categora social llamada clase trabajadora que ha sido hecha desaparecer por la cultura dominante. De eso se trata en este escrito, de reivindicar la cultura liberadora, comprometida con los olvidados, frente a la cultura como ventajoso artificio en la cucaa del desclasamiento, frente a la palabra rendida a los intereses del mercado y/o la academia.

Un apartado de este captulo del que estamos hablando lleva por ttulo: "IU, abrazados a una poltica muerta". Sigue siendo as? IU defiende una poltica muerta a da de hoy?

Escrib este artculo en 2004. Haca cuatro aos que Julio Anguita haba abandonado la direccin y sobre IU se extenda de nuevo la larga sombra del eurocomunismo. La nueva direccin, con Llamazares al frente, suba a los altares a Carrillo y purgaba incluso del vdeo oficial a Julio Anguita. IU se mostraba en ese momento como una fuerza crecientemente subalterna del PSOE y de su entramado meditico, agarrotada ya por los intereses de sus aparatos y afincada en el discurso polticamente correcto. De la IU soberana e intento de movimiento poltico-social quedaban poco ms que los ecos.

El paso del tiempo no hizo nada ms que profundizar esa deriva. La irrupcin del 15M y de toda la extraordinaria movilizacin social posterior vino a demostrar la esclerosis de la direccin de IU, su alejamiento de la realidad. No es que no entendieran el 15M es que ni siquiera eran capaces de interpretar las Marchas de la Dignidad, en las que se haba volcado una parte muy sustancial de su militancia. Al final, se quera subordinar aquel terremoto popular a la misma rutina de la ltima dcada: cultura de la transicin, institucionalizacin, politicismo, clasemedianismo

Tras la eleccin de Alberto Garzn y de su equipo parece que se ha abierto una etapa nueva. Ojal sean capaces de sortear las inercias y los bloqueos que han conducido a IU a esta situacin. Ojal se afiance Unidos Podemos ms all de la alianza electoral, como una herramienta til en la construccin de un bloque social crtico, de un movimiento de unidad popular capaz de impulsar el proceso constituyente que necesita el pas. No se trata slo de relevos generacionales ni de afinar discursos, se trata de nuevas prcticas colectivas, de siembra, de coherencia entre el decir y el hacer.

El segundo captulo lleva por ttulo: "Extremadura: caciquismo y resistencia". Se puede hablar, a da de hoy, de caciques? Quines son los caciques extremeos en estos momentos?

El caciquismo fue un modo de dominacin con hondas races en Extremadura y en gran parte de Espaa. Un sistema que iba mucho ms all de la caricatura representada por Jarrapellejos, el personaje de la novela de Felipe Trigo, o por la compra de votos que supona el "encasillado". El caciquismo, como lo definiera Azaa de modo deslumbrante en 1926, era "la sorda opresin cotidiana, una suplantacin de soberana", una red capilar que lo empapaba todo. "El caciquismo viene de abajo a arriba. Es un arrecife de coral. Cuando el poltico emerge en Madrid, coruscante, vanidoso como una tiple, sienta sus pies en un pedestal de roca. Lo que menos le importa al pedestal es la catadura del figurn a quien encumbra". A poco que se conozca Extremadura estas palabras suenan con extraordinaria actualidad e incluso parecen estar refirindose a polticos coetneos fcilmente identificables.

El heredero directo del caciquismo es lo que hoy denominamos como clientelismo, que reproduce, en lo fundamental, la misma lgica de sumisin. El clientelismo se basa en la manipulacin selectiva y estratgica de la escasez, en la degradacin de los derechos en favores, que administra hoy una nutrida red de conseguidores. El acceso al empleo, a la vivienda o a las subvenciones, los crditos, los contratos, las subcontratas, las comisiones de servicio, la publicidad institucional en los medios de comunicacin, nada es ajeno a la malla sistmica. El clientelismo es hoy la segunda piel de la poltica, la constitucin real de las relaciones sociales en esta tierra. Rafael Chirbes lo contaba con amargura, en el 2008, refirindose a la ms acabada expresin del rgimen clientelar, el ibarrismo: "el mal extremeo, que se levanta sobre esa masa coralina que lo ocupa todo, y que te deja sin esperanza porque est hecha de la corrupcin de aquellos a quienes deberas querer; de quienes deberan ser los tuyos. El ibarrismo ha fabricado el cemento de su edificio moliendo el alma de los de abajo. Con todos los tcnicos, artistas, filsofos, sindicalistas, empresarios, y dems agentes sociales, puestos de cara a la pared del pesebre, pensar en Extremadura se tie con aires sombros, trae resonancias de una Espaa que cremos ya superada".

Por qu, como sealas, el 25 de marzo es el verdadero Da de Extremadura?

Con el artculo que escrib junto a Eugenio Romero, un compaero de los Campamentos Dignidad que es actualmente parlamentario de Podemos, pretendemos divulgar un acontecimiento trascendental en la historia de la regin que, al da de hoy, es desconocido todava por la mayora de los extremeos. El 25 de marzo de 1936 se materializ una revolucin que apenas aparece en los libros de historia. Al unsono en 280 pueblos, ms de 60.000 jornaleros llevaron a cabo la ocupacin de 3.000 fincas en toda Extremadura, que empezaron a roturarse ese mismo da. En veinticuatro horas y de forma pacfica, cambi de manos la propiedad de la tierra y la prometida reforma agraria empez a hacerse realidad.

Historiadores como Vctor Chamorro y Francisco Espinosa han explicado la trascendencia de esa jornada para la regin y para el pas. El golpe militar del 18 de julio y la matanza de la plaza de toros de Badajoz tienen una estrecha relacin con esta fecha, un emblema de la primavera del Frente Popular.

En la transicin, PSOE y PP impusieron como Da de Extremadura el 8 de septiembre, el da de la Virgen de Guadalupe. La fotografa del ltimo 8 de septiembre que junta a Guillermo Fernndez Vara, Cristina Herrera (delegada del gobierno) y al arzobispo de Toledo encarna a la perfeccin la Extremadura del poder y de la resignacin.

El 25 de marzo, que ha empezado a reivindicarse por diversos movimientos de la regin, representa, por el contrario, no solo un momento crucial en la historia de Extremadura -la lucha de "generaciones de campesinos empeadas en desestrechar la tierra del privilegio", como dice Vctor Chamorro-, adems constituye un smbolo de esperanza y de empoderamiento popular. Una ensea contra el paro, la emigracin y el clientelismo, los tres grandes problemas estructurales de la regin.

El tercer captulo lleva por ttulo: "Precariedad, crisis y luchas sociales". Existe el precariado como clase como algunos autores afirman? Una nueva clase social?

En este debate, con demasiada frecuencia, sobra mucho bizantinismo y brilla por su ausencia el anlisis riguroso y, sobre todo, la praxis. Es evidente que no existe una nueva clase social, pero no lo es menos que la precariedad estructural est produciendo hondas trasformaciones en la clase trabajadora. En lugar de debates nominalistas que confrontan, ya sea con tonos msticos o milagreros, los conceptos de clase obrera y precariado, podra ser ms fructfero estudiar qu cambios concretos est produciendo la precarizacin generalizada del trabajo -y de la vida en su conjunto- y, sobre todo, las experiencias de lucha capaces de unir lo que el capital astilla.

Es cierto que en algunas ocasiones, como seala la sociloga Isabel Bentez, el concepto "precariado" ha constituido "un ejercicio de distincin muy extendido entre los que se creyeron que por tener estudios superiores eran mejores que los que curraban desde los 16 aos. "No soy trabajadora, soy freelancer". Cuando se ven trabajando por cuatro duros y sin cobertura, entonces es que "soy precaria". No me hables de accin colectiva porque lo mo es diferente, yo tengo vocacin y tengo estudios". Pero ese uso ideolgico del concepto precariado, a modo de nostlgico hermano menor de la nocin clase media, no puede desviar nuestra atencin de lo fundamental, es decir, de la centralidad de la precariedad en el capitalismo global y de los cambios que est comportando en las condiciones materiales y en la subjetividad.

La precariedad extiende hoy su rgimen de incertidumbre mucho ms all del mundo laboral. La precariedad es temporalidad, extensin de las ETT y de las oficinas privadas de colocacin, abaratamiento del despido, reduccin brutal de los salarios, impago de las horas extras, sobrecualificacin, disponibilidad permanente, emprendedores de auto-subempleo, devaluacin de los convenios S, la precariedad es todo eso pero, adems, tambin se llama desahucios, pobreza energtica, consumo de ansiolticos, crisis de los cuidados o bloqueo de la emancipacin familiar. Y, sobre todo, equivale a miedo, impotencia, ruptura del nosotros.

El paro, la precariedad y la exclusin social se convierte en la cotidianidad para millones de personas.

Y de manera creciente.

Tres datos que retratan la nueva situacin que los poderes aspiran a normalizar, a asentar: en 2010 el 80% de los desempleados ingresaban algn tipo de prestacin, actualmente la tasa de cobertura es del 56%; 8 millones de personas asalariadas no llegan a los 1.000 brutos mensuales; 13,3 millones de personas estn en riesgo de pobreza o exclusin social.

Pero, si es importante que examinemos con atencin toda la diversidad de mecanismos que desmigajan hoy a la clase trabajadora, lo es an ms analizar y extender el original movimiento obrero que est surgiendo. La movilizacin de los repartidores de Deliveroo, la huelga de los trabajadores de Eulen, las luchas en Movistar o Berskha, la organizacin de las camareras de piso son algunas muestras. Como afirma Eddy Snchez, una "consecuencia de la precariedad estructural es el surgimiento de una nueva forma de expresin del conflicto obrero", que se corresponde sobre todo con la aparicin de una nueva clase trabajadora de servicios, ms extensa y feminizada. Y junto a ese reciente sindicalismo en el centro de trabajo, la red del sindicalismo social, la PAH, las plataformas de parados y precarios, los centros sociales. El reto planteado, como nos advierte Jos Luis Carretero, "no es slo la auto-organizacin social desde la precariedad, que es vital, sino tambin la construccin popular de un tejido social muy inclusivo". Se puede, claro que se puede recrear la unidad y la solidaridad de clase.

De los aos de lucha de los Campamentos Dignidad, qu es lo que ms te ha emocionado? Cul ha sido su principal xito?

El 20 de febrero de 2013, la noche que naci el primero de los campamentos, un viento irresistible de dignidad y coraje me sacudi, a m como a tantas otras personas. Era el viento generoso y valiente de la gente ms humilde, el vendaval de la fraternidad obrera. Ah sigo, aunque ahora colaborando de otro modo, no conozco ningn espacio social ni poltico que rena tanta verdad, tanta humanidad y tanta voluntad de lucha como ste. Quizs el momento ms doloroso fue la muerte de Jos Gimnez Lorente, que fuera el primer cocinero del campamento. A Jos le mat la miseria el 6 de agosto de 2014. Tena una enfermedad grave y no poda pagarse los medicamentos. Luch hasta el final, sin regatear esfuerzos, sin pedir nunca nada para l. Le mat la miseria pero jams le derrotaron los miserables.

Creo que ms all de los desahucios impedidos o de las rentas mnimas arrancadas a la Junta de Extremadura, el xito mayor de los Campamentos es, justamente, haber puesto en pie un potente movimiento popular, una comunidad de lucha contra el paro y la precariedad.

Se sigue celebrando este 2018 el primer centenario de la revolucin de octubre. La sigues reivindicando? En cinco lneas, diez como mximo: qu significa aquella revolucin para las gentes insumisas de nuestro hoy?

Todava dura el temblor. Diez das estremecieron al mundo. Pero todava se escucha el llanto de la madre con el hijo muerto en brazos, en la escalinata del crimen. Y todava produce asombro la inslita hazaa: obreros y campesinos echndose el mundo a la espalda, demostrando que slo depende de nosotros que siga o acabe la opresin. Los nada de hoy todo han de ser.

Pero no naci la memoria para ancla, sino para catapulta. Memoria del volcn, catapulta de la revolucin. Y la revolucin es una inmensa escuela de dignidad y de audacia. Revolucin!, para matar la guerra, dijo el poeta. Paz, pan y tierra!, grit el bolchevique del soviet, el odo atento al pueblo que ordena.

Vuelve la revolucin. Slo hace falta escuchar atentamente a los que sufren para presentirla. Solo hace falta escuchar el temor de los saqueadores en sus bancos centrales de invierno para saber de su posibilidad. Pero la revolucin es siempre nueva, siempre creacin, siempre arte de la situacin y de la crisis. Todava dura el temblor, todava dura la esperanza.

Quieres aadir algo ms?

Pedirte disculpas por mis retrasos sucesivos y darte las gracias por tu amabilidad y paciencia.

Por favor querido Manolo... Mil gracias por tu tiempo, su saber, tu compromiso y tu inmensa generosidad.


Fuente: El Viejo Topo, marzo de 2018.

Nota de edicin. Primera parte de esta entrevista:

"La palabra dignidad ha condensado la rebelda y las esperanzas de los movimientos populares, del 15M a las Marchas del 22 de marzo". http://www.rebelion.org/noticia.php?id=240474


 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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