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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-12-2005

Fragmentos de Francia
Cuando la periferia viene a ti

Camilla Panhard
La Jornada

En una calle parisina, unos muchachos repartan un volante hace ya siete aos. Hablaban de su mundo sin esperanza en los suburbios y advertan: "Date una vuelta por las periferias y toma conciencia de nuestras condiciones de vida antes de que las periferias vengan a ti". Esta crnica personal ofrece una mirada fresca sobre la reciente rebelin adolescente


Queremos mostrar a la gente que nunca puso los pies en las periferias, lo difcil que es vivir all, por ejemplo: uno tiene que esperar medianoche para que Toto el vecino del piso 13 apague su msica, tiene que aguardar que la hermana de Mamadou deje de botar los paales de su bebita Fatou desde el piso 11, tiene que rezar para que el pitbull de Fred, tan grande como una pantera, no est dormido en el lugar de los carritos de bb.... Puede que un da ya no te sirvan de nada nuestras palabras, mientras, te escribimos esta advertencia, date una vuelta por las periferias y toma conciencia de nuestras condiciones de vida antes de que las periferias vengan a ti.

Esto deca un volante titulado Las razones que nos empujan a gritar, y me lo repartieron unos chicos en una calle del centro de Pars ah por el ao 1998. Las frases habran podido inspirar una cancin de rap o de La Maldita Vecindad; guard el folleto y luego lo olvid.

Hasta el otoo de 2005, cuando las periferias vinieron a m a travs de las cmaras de televisin que filmaban una y otra vez los coches en llamas.

Al momento pens que de la misma manera que el clima, las cosas se iban alocando: en general los coches de los suburbios se quemaban entre la Navidad y el Ao Nuevo, un periodo de frustracin para los excluidos de la sociedad de consumo.

En la tele, alguien comentaba la meteorologa de la violencia: Velada serena gracias al partido de ftbol Francia-Costa Rica, pero queda el riesgo del fin de semana por ser de puente, las cifras de coches quemados se podran disparar y as dar una psima imagen de Francia en los medios de comunicacin.

Aburrida, desvi la mirada del televisor hacia la ventana, las ramas desnudas, el cielo apagado en plena tarde, la soledad del departamento parisino, hacan de este puente de noviembre el ms ttrico del ao. Slo el celular manifest unos espasmos de vida con la llegada de un nuevo mensaje: Chingar a Francia hasta que me ame, el remitente era un tal Hard Core 93.

Dos segundos despus el celular son y, sobresaltada, dud en contestar hasta que apareci en la pantalla un nombre conocido. Una amiga muy informada me coment que el mensaje no era una amenaza individual sino una campaa comercial para promocionar el elep de un rapero. Si las casas disqueras se haban permitido mandar una frase tan fuerte es que este tipo de agresin estaba ya en el aire. Segn las predicciones de mi amiga, los chavos de los suburbios haban decidido aprovechar este fin de semana de puente para cruzar el perifrico y partirle la madre a todos los parisinos.

Antes de colgar me hizo saber que para informarse del cundo, cmo y dnde llegaran, no haba que confiar en los medios de comunicacin sino en las bitcoras.

Dos palabras claves me iban a servir para sobrevivir: la primera, Nik La France (Chinga a Francia), no me dio grandes resultados en Google: decenas de foros adolescentes, letras de rap y hasta una biografa de Nick Kamen, el divo de los ochentas. Bounia, la segunda palabra clave fue ms eficiente ya que me trajo directamente a una bitcora que rinde homenaje a Bounia y Zyed, los dos adolescentes que murieron electrocutados en una cabina de alto voltaje mientras se escondan de la polica. El drama, poco aclarado por las autoridades, provoc la rabia de los jvenes vecinos que prendieron fuego a todos los coches que encontraron en su camino. Ya haban pasado dos semanas desde los hechos y si bien los coches seguan ardiendo, la bitcora ya haba caducado.

Cuando en la tarde sal de mi letargo para adentrarme en el metro Bastille, lugar mtico de la Revolucin francesa, no cuestionaba demasiado el lema de la Repblica: Libertad, Igualdad, Fraternidad. En los pasillos se poda leer un anuncio con la misma resonancia: Atentos juntos! Una advertencia destinada a los pasajeros del metro para que hicieran frente cvicamente al terrorismo. El dibujo, sencillo y de inspiracin infantil, representaba personas de varios colores cuyos cuerpos se fundan hasta formar un ciempis. Seguro se inspiraron de la victoria de Francia en los mundiales de ftbol de 1998, pero el parntesis de euforia ya se haba cerrado desde 2002 cuando Jean Marie Le Pen, un poltico de derechas cuyo partido se basa en una ideologa racista, estuvo por ganar las elecciones presidenciales. En 2005 bastaba con ver las caras de la gente en el metro para entender que Pars ya no era una fiesta.

De repente alguien grit: "Seor! Seor!" Las palabras corteses contrastaban con la exageracin de la escena: uno, dos, tres granaderos se aventaron encima de un tipo cuyo rostro estaba escondido por la capucha de un suter, lo tiraron al suelo, lo esposaron delante de una asistencia muda. Uno de los pasajeros de semblante mediterrneo se atrevi a protestar suponiendo que la persona detrs de la capucha era tan morena como l.

En el 2004 se prohibi el porte del velo en las escuelas laicas; ahora parece que las capuchas de los suteres son el blanco del gobierno. Las siluetas que aparecen fugazmente en televisin entre dos carros quemados llevan suteres con la capucha puesta. Estas prendas baratas, puros productos de la globalizacin, inspiradas por la cultura del mall gringa, hechas en maquilladoras turcas, hacen que Francia pueda desahogar a la vez su antiamericanismo y su repelencia a la idea que Turqua entre en la Unin Europea. Tal vez no tarden en votar una ley que prohba vestir suteres con capuchas en las escuelas y un nuevo debate sin fin ocupar las portadas gallas: Capuchas o boinas?

Por ahora el gobierno est ocupado en apagar el incendio. "La Francia profunda tiene miedo", anuncia la portada de un diario amarillista a la salida del metro Saint Denis Basilique, otro lugar imprescindible de la historia francesa por la baslica del siglo V, donde fueron enterrados casi todos los reyes de Francia. Hace unos aos, hubo una protesta de los nostlgicos de la corona que no soportaban que este lugar sagrado fuera violado por un grupo de inmigrantes ilegales que se haban refugiado all para evitar la expulsin del pas y atraer la atencin pblica.

Saint Denis, suburbio popular al norte de Pars, siempre ha sido al avant garde de los conflictos: despus de la Segunda Guerra Mundial se le apodaba el "suburbio rojo" por ser el corazn del Partido Comunista, ahora se llama "suburbio sensible" por el alto nmero de coches quemados.

En el camino que me lleva a una cena entre amigos no veo ningn bulto carbonizado pero en el ascensor del edificio se puede leer una advertencia tan insultante como un coche quemado: "Estimados inquilinos, unos jvenes ya quemaron coches en nuestra calle, Cuiden el suyo! Cada uno es responsable de su propia seguridad".

Esta advertencia, a las antpodas del colorido ciempis que rezaba "Atentos juntos!", denota un gran malestar: durante 30 aos los gobiernos sucesivos hicieron sus peroratas alrededor del tema de integracin de los inmigrantes, Integracin a qu? Si no la logran con sus propios jvenes.

Fotografa Reuters

La Francia profunda tiene miedo en estas primeras noches de invierno, donde el cielo es tan negro como las aguafuertes de Goya. El sueo de la razn produce monstruos, que llegan entre insultos y cristales rotos, la madrugada es como una ducha helada en la conciencia: los cristales son de las copas de champaa que recogen unos mozos despus de una fiesta en la galera de arte de enfrente.

Toda va bien, en su informe matinal la radio habla del descenso de la violencia como si las periferias fueran un mar que atrae o repela segn las mareas.

En estos das atrae. Vienen de lejos a contemplar los ahogados. Un amigo me llama entusiasta desde Radio Beur, una estacin radiofnica destinada al pblico magreb, dnde hace unos das se agolpan periodistas de todo el mundo. "Hasta vinieron australianos!", dice, invitndome a asistir a un programa intitulado profticamente Los suburbios tambin son la Francia.

La puerta de acceso est blindada. Ningn letrero indica la presencia de esta radio asociativa creada en los ochentas, la confusin entre rabe, musulmn y terrorista por una parte de la opinin pblica, puede ser una de las razones.

Los estudios estn instalados en un departamento bohemio parisino. Los cuartos estn repletos de psteres de cantantes de origen magreb, actores, artistas, un movimiento cultural que Francia extraara si no existiera.

Dulce Francia, el pas de mi infancia, cantaba un grupo doblemente polmico por su nombre: Carte de Sjour (FM3 en Mxico), y por haber desempolvado la cancin de Charles Trenet con una versin en msica ra.

Francia, aunque sea el pas de la infancia de Bilal, no es dulce con l: "Hace 21 aos que estoy en Francia y quiero trabajar", asevera en los micrfonos de Radio Beur el joven que tiene un bachillerato con opcin comercial: "En la agencia de trabajo temporal me dicen que no me inscriba. Por qu los otros s y yo no?"

Los auditores reaccionan en directo: "No somos inmigrantes, somos franceses tienen que aceptarnos", dice uno. "Vivimos la misma discriminacin que los negros en Estados Unidos", avanza otro. "Hay que votar! Hay que inscribirse en las listas electorales para que oigan nuestra voz!", reta un seor que confiesa sufrir "desde hace 40 aos en Francia".

Las llamadas y los puntos de vista se suceden, el debate apasiona. El redactor en jefe de la radio, Ahmed el Keiy, est satisfecho: "Hoy se reconoce nuestra experiencia en este terreno, nosotros siempre apostamos en la multiculturalidad."

Saliendo del programa me pregunta si me gust y con una sonrisa maliciosa aade: "Con estos testimonios tan variados no vas a necesitar ir por all."

Me suena a reto. Maana, me juro, cruzar el perifrico.

No es tan sencillo. Todo lo que toca a las periferias es confuso, empezando por el transporte. La red de RER, el tren ligero parisino, est de lo ms enredada. La iniciativa simptica de dar un nombre a cada tren, adems de un nmero, no facilita la orientacin. En el andn nacen unos dilogos surrealistas: "Perdn, seor, este tren se llama Mona o Lisa?"

El tren tarda en arrancar y se necesita ms de una hora para hacer los 20 kilmetros que separan Paris de Savigny Sur Orge. Uno entiende la rabia slo con este trayecto.

Machir, un hombre apuesto que roza la treintena, me est esperando en la estacin; l s conoce el significado de la palabra paciencia, trabaja con nios y adolescentes de barrios sensibles y tiene tres hijos esperndolo en casa cada noche. El ltimo se llama Ebne que significa color negro. l es negro y su mujer blanca, ambos nacieron franceses. Sin embargo cuenta que nada est ganado para los que no tienen color y apellido blanco, sufre del racismo hasta con la familia de su suegra, que no quiso dar un empleo a su hermano porque su color de piel podra molestar a los clientes.

"Tenemos que trabajar dos veces ms que los blancos para hacernos valer", comenta, mientras nos dirigimos al centro de Grand Vaux, donde trabaja. Desde la ventanilla del coche, no veo la tierra de nadie descrita por la televisin, hasta los conjuntos habitacionales ms pobres son rescatados por la presencia de la naturaleza. Ninguna traza de destruccin. No puedo creer que el alcalde de esta ciudad acabe de decretar el toque de queda para los menores de 18 aos.

Fotografa Reuters

"Aqu se quemaron coches y hasta una escuela", me confirma Machir. Llegamos delante de una casa moderna y bien cuidada, unos nios de origen magreb estn esperando a la entrada, una seora de rasgos rabes con mascada puesta les acompaa. "Machir, Machir!", le gritan impacientes como si fuera un dolo de ftbol.

Machir me ensea el centro, la sala de gimnasia ocupada cada mircoles por un grupo de mujeres hindes que practica su baile tradicional; la cocina, donde se renen el jueves las mujeres magreb; el saln de clase donde se acompaa los nios en su curso escolar; todo est en su lugar, tan cerca y tan lejos de la furia vista una y otra vez en televisin.

Mi anfitrin tiene pocas palabras para describir lo que est pasando. S conoce a algunos jvenes que quemaron los coches de sus vecinos; no, no son delincuentes, van a la escuela y sufren por sentirse olvidados, quieren que el gobierno les oiga.

Segn Machir, la fractura poltica es el problema principal: "A cada eleccin cambian drsticamente de mtodo, la izquierda instala un cuerpo policiaco de proximidad en las zonas sensibles destinado a ayudar al ciudadano y llega la derecha y les ordena a los mismos policas que hagan lo contrario: reprimir".

Hay muchos silencios. Mis palabras se atragantan, o salen torpes, cuando le pregunto si se siente francs, parece sorprendido y tal vez ofendido: "Por supuesto que s, si creces y naces en un pas, te sientes del pas."

Afuera, los nios estn esperando con una urgencia que dice mucho sobre las cualidades de este profe de deportes. Lo mejor es que lo deje trabajar.

Rumbo a la estacin trato de detectar un signo de crisis, pero no hay. "En realidad no pasaba nunca nada en las periferias, nos aburramos", escriba la novelista Tassadit Imache, censurada en un concurso de mujeres escritoras porque prefera describir la frustracin silenciosa de los jvenes a sus estallidos.

En la entrada de la estacin, un grupo de adolescentes encapuchados gastan bromas y pierden tiempo, me gustara preguntarles algo pero no me atrevo, se me hace ms fcil hacer reportajes en Chiapas que en mi propio pas, tal vez sea una cuestin de mirada.

En el andn, los observo de reojo, veo un ojo azul salir de una capucha, una mirada negra y rasgada de otra, en cada mirada cruzada detecto una estrella lejana. En un espectacular est escrito en rosa Yo, t y los dems, es el titulo de una pelcula recin estrenada. Me hace pensar en la fractura mental que hace de Francia un rompecabezas.

Unos das despus, unos educadores que trabajan en las calles de Bagnolet, una periferia a las puertas de la ciudad, me explicarn la violencia a partir de un elemento que escapa totalmente al cartesianismo francs: la magia de los adolescentes.

"Los periodistas, socilogos, polticos, tienen cada uno su esquema, pero hay que tener en cuenta esta parte irracional que tiene la edad adolescente", dice Stephane, apasionado por su trabajo, cuya nica base, subraya, es la relacin humana. El planeta adolescente tiene brotes surrealistas ms que violentos, concluye.

S, nada est claro, todo est borroso, pienso contemplando las nubes desde el avin que me lleva a Mxico. Por un instante se disipan y aparecen unas barras de edificios. Podran ser Interlomas, estas periferias de Mxico dnde se pelean por vivir los ricos. Como dice la cancin: "Todo es segn el color del cristal con que se mira".



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