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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-04-2018

Frontera y sociedad: Qu cambi?

Pablo Ospina Peralta
Mediato


Haca aos que la violencia colombiana se desbordaba por los incontables poros de la frontera. Recuerdo, entre otros, el ataque a una patrulla ecuatoriana en 1993, en el que murieron nueve soldados del Ejrcito y que desemboc en la arbitraria captura de once campesinos en el Putumayo injustamente acusados de pertenecer a las FARC. Fueron hechos pblicos que conmovieron al pas y ocuparon los titulares de los peridicos. Pero hay miles de casos cotidianos, annimos y poco conocidos que desde la dcada de 1980 pueblan el recuerdo y la experiencia de la guerra colombiana en territorio ecuatoriano.

Por ms repugnancia que me provoque el gobierno de Rafael Correa, en justicia no se le puede atribuir ni el inicio ni el recrudecimiento de los problemas de la filtracin de las viejas guerras que asolan Colombia. Tampoco es cierto que la tolerancia a la guerrilla y a otros grupos irregulares haya sido una poltica inventada durante los ltimos diez aos de una debilitada inteligencia militar. As como las FARC trataron casi siempre de evitar enfrentamientos con el Ecuador y eludieron cuidadosamente golpear objetivos ecuatorianos, las Fuerzas Armadas ecuatorianas (o al menos la mayora de sus jefes) trataron de no ganarse un enemigo gratuito y poderoso en conflictos ajenos. Era casi una poltica de Estado, nunca enunciada explcitamente: no deba haber operaciones conjuntas sino tan solo seguridad cooperativa entre los dos ejrcitos. Las presiones para cambiar esa lnea de no intervencin fueron poderosas y muchas veces restaron coherencia a la vacilante poltica militar en la frontera: la instalacin de la Base de Manta, bajo mando norteamericano, fue tal vez la ms recordada y famosa entre todas ellas.

Tampoco es cierto que se trate de una sola violencia criminal, terrorista y narco-guerrillera. Son varias violencias distintas y hay que distinguirlas si queremos entenderlas y enfrentarlas ms eficazmente. En las FARC (y en el ELN, que actuaba por lo general en el Choc) primaba una lgica de clculo poltico. No les convena convertir al Ejrcito ecuatoriano, a la sociedad ecuatoriana ni al Estado ecuatoriano en sus enemigos declarados, como han hecho los seguidores de Guacho. He revisado documentacin colombiana para cerciorarme de que no hay registros de secuestrados por la guerrilla asesinados a sangre fra. La torpe, inhumana y repugnante prctica de retener civiles (o militares) durante aos vagando por la selva solo termin en la muerte de los secuestrados cuando hubo fallidos operativos militares de rescate. El arquetipo del terrorismo, las guerras religiosas en el Oriente Medio, que vuelve enemigo a cualquier civil de otra religin o grupo tnico, y consiente en su exterminio amparado en el fanatismo, no se parece a la violencia del crimen organizado de Pablo Escobar, por ejemplo, carente de todo objetivo social o proyecto ideolgico. La crueldad tiene muchos rostros; no ayuda mezclarlos en un amasijo indescifrable solamente para desacreditar al adversario endilgndole el comn y devaluado rtulo de terrorista.

Las disidencias de las FARC tienen variadas motivaciones, algunas ideolgicas, como las del Frente 1 en el Guaviare, y otras ms delincuenciales, como parecen ser las de Guacho y sus seguidores. Pero hay certeza de que estn aumentando en los ltimos seis meses tanto en nmero como en dispersin geogrfica y capacidad operativa. La razn inmediata es transparente: los incumplimientos en los acuerdos de paz crecen, especialmente en uno de los nudos ms sensibles que siempre obstaculiz la negociacin, el de la seguridad fsica y econmica de los milicianos reincorporados a la vida civil. Solo un dato: la prensa colombiana registra 13 asesinatos de dirigentes de las FARC desde que se firmaron los acuerdos y 60 atentados contra familiares de los exguerrilleros. Hay indicios de que la reincidencia de desmovilizados aumenta. En otras palabras, el recrudecimiento de las acciones militares en la frontera, con un perfil y un mando menos politizado y ms criminal, tiene una parte de su explicacin en los vaivenes del proceso de paz en Colombia.

Pero seguramente hay tambin cambios en la relacin de estos grupos disidentes con Ecuador. Qu pas? No lo s, pero algo ocurri desde enero de 2018 cuando las fuerzas de Guacho empezaron a atacar objetivos ecuatorianos. La prensa colombiana especula que fueron maniobras militares de distraccin ante el cerco creciente de las fuerzas del Ejrcito colombiano. Quizs haya algo ms que involucre a actores ecuatorianos pero es difcil saberlo. Lo que s sabemos es que la guerra militar contra las drogas ha fracasado por dcadas en todas partes. No ha interrumpido el trfico de drogas y pervierte las sociedades que se lanzan en sus brazos. Podrn capturar o matar a Guacho pero aparecern otros o se desplazarn si transitamos el camino trillado que otros han andado sin xito.

La indignacin y solidaridad social ante el secuestro de los periodistas es esperanzadora. En Colombia son apenas tres periodistas ms en una larga lista que ya no conmueve a nadie. Estamos a tiempo de evitar la naturalizacin de este tipo de violencia criminal. Tenemos demasiadas otras perniciosas violencias naturalizadas como para consentir que las violencias abiertas y organizadas se hagan costumbre. Recuperar la indignacin ante hechos indignantes, reivindicar la tristeza frente a hechos tristes; convertir esos sentimientos en la voluntad de cerrar el paso a la guerra como forma de vida.

http://www.mediato.com.ec/opinion/frontera-sociedad-cambio/


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