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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-04-2018

El 68 en EEUU
La rebelin de la Universidad de Columbia vista con los ojos de hoy

Paul Starr
The American Prospect / Sin Permiso



Si la conocen slo vagamente o se la imaginan bajo una luz amable, la revuelta estudiantil de [la universidad de] Columbia de abril de 1968 podra parecer un episodio romntico de esa poca de rebelin juvenil. Pero se trat de un enfrentamiento mortalmente serio: electrizante para quienes apoyaron la revuelta, espantoso para los que la contemplaron como prueba de un creciente remolino de inestabilidad y violencia en Norteamrica. Los disturbios urbanos eran algo de lo ms familiar en aquellos tiempos. A principios de abril haban explotado los guetos negros despus de que fuera asesinado Martin Luther King Jr. Pero la rebelin de Columbia supona algo nuevo: estudiantes de una privilegiada universidad de la Liga de la Hiedra [Ivy League, denominacin que abarca a las ms antiguas universidades de lite en los EE.UU.] tomaban como rehn al decano y ocupaban la oficina del presidente y otros cuatro edificios del campus durante una semana, hasta que la administracin llam a la polica para que detuviera a ms de 700 de ellos en un descalabro nocturno que dej ms de cien heridos.

Por extraordinaria que haya sido la revuelta, hoy constituira probablemente asunto de inters slo para los antiguos alumnos que van envejeciendo de no guardar relacin con transformaciones mayores que han dejado honda huella en la sociedad norteamericana. Pero la revuelta de 1968 fue tanto smbolo de su tiempo como anticipo de lo que estaba por venir. En el medio siglo transcurrido desde entonces, las demandas de las minoras y los cambios sociales que aparecieron primero entre los jvenes han provocado una furiosa reaccin y han dividido Norteamrica siguiendo divisorias raciales, culturales e ideolgicas. Con frecuencia, la reaccin en contra ha sido mayor que las fuerzas favorables al cambio; desde luego, el impulso radical de finales de los 60 se dispendi en buena medida en pocos aos.

Hoy los campus se encuentran de nuevo inmersos en el conflicto poltico en cuestiones tales como las de la raza y la libertad de expresin. Las manifestaciones recientes no han llegado a las de los 60 en volumen y repercusiones en el pas; los choques sobre libertad de expresin que surgieron en Berkeley el ao pasado no fueron ni de lejos tan significativos como el movimiento en pro de la libertad de palabra de mediados de los 60 en Berkeley. Las tendencias en las actitudes de los estudiantes, sin embargo, muestran un retorno al patrn de esa poca. De acuerdo con un sondeo nacional de estudiantes universitarios de primer ao llevado a cabo anualmente por el Instituto de Investigacin de la Educacin Superior [Higher Education Research Institute] de la UCLA [Universidad de California en Los ngeles], la proporcin de estudiantes que se describan como liberales o de extrema izquierda cay desde por encima del 40 % en 1971 a la mitad de ese nivel en 1980. Pero la proporcin liberal/extrema izquierda ha aumentado desde entonces, llegando en 2016 al 35 %, lo ms que se ha aproximado a su antiguo mximo. Con el decaer de los del trmino medio, y cuando la proporcin de los que se identificaban como conservadores o de extrema derecha se mantiene constante, los campus estn hoy ms polarizados que nunca en los 51 aos transcurridos desde la encuesta de la UCLA.

Ciertamente, tanto los estudiantes universitarios como la sociedad norteamericana han cambiado mucho desde los aos 60. Los estudiantes de hoy son bastante ms diversos tnicamente: en la misma Columbia, los blancos no latinos componen slo el 39 % de los ciudadanos norteamericanos del curso ms reciente. El estudiantado de Columbia y las dems universidades de la Liga de la Hiedra ya no excluye a las mujeres, como hacan casi todas en 1968. Lo destacado de cuestiones como la inmigracin, el racismo, la igualdad de gnero y las agresiones sexuales no debera constituir sorpresa alguna. Las mujeres predominan hoy en la izquierda. Cuando la UCLA comenz a encuestar a los estudiantes, las mujeres eran ms conservadoras que los hombres. Hoy son ms liberales.

Pero si la demografa, los problemas y las posturas son diferentes, hay paralelos entre los polmicos campus de los 60 y los de hoy. Una vez ms existe una izquierda que resurge en un pas amargamente dividido. Eso no significa decir que los decanos universitarios necesiten seguridad adicional ni que los presidentes tengan que ponerles cerraduras nuevas a las puertas. Se trata de un momento, sin embargo, en el que volver de nuevo sobre los acontecimientos de hace cincuenta aos en Columbia podra ser instructivo para pensar en lo que est pasando ahora.

Los problemas que ocupaban los titulares e impulsaban las protestas a escala nacional en los 60 la injusticia racial, la guerra de Vietnam, las normas tradicionales y los sistemas de autoridad que la nueva generacin consideraba arcaicos e insensibles eran tambin las preocupaciones que se encontraban en el corazn de la revuelta de 1968. Result que Columbia era el lugar en el que convergan el movimiento de expresin (por entonces un movimiento en favor del poder negro), un movimiento antibelicista radicalizado y la rebelin cultural.

Organizativamente, la revuelta de 1968 fueron dos en una, resultado de una incmoda coalicin entre la Student Afro-American Society (SAS) y los radicales organizados a travs de la seccin en Columbia del Students for a Democratic Society (SDS). Aunque los dos grupos estaban de acuerdo en demandas conjuntas, era distinto el orden del da subyacente de cada una.

Para los estudiantes negros, la exigencia clave era que la Universidad detuviera la construccin de un gimnasio en el cercano Parque Morningside, proyecto al que se oponan muchos de los lderes de Harlem. Diseado con una entrada trasera que daba a Harlem, lo que ofreca a la comunidad acceso a una parte separada de las instalaciones, el gimnasio se convirti en smbolo perfecto de la desigualdad y el racismo. Gym Crow, [juego de palabras con Jim Crow, nombre popular de las leyes y prcticas racistas posteriores a la Guerra Civil] lo llamaron quienes protestaban.

El primer da de las protestas, despus de marchar sobre la Low Library (edificio administrativo central) y el emplazamiento del gimnasio, manifestantes tanto blancos como negros ocuparon Hamilton Hall, aprisionando al decano de los estudiantes de grado, Henry Coleman, en su oficina. Esa noche, sin embargo, los lderes de la SAS echaron a los estudiantes blancos, les dijeron que se fueran a ocupar su propio edificio y bloquearon Hamilton. El papel de los estudiantes negros en la revuelta cre pnico en la administracin, que dud durante das si llamar a la polica por temor de que un asalto al Hamilton desencadenara una revuelta en Harlem. Pero los estudiantes estaban decididos a ser a la vez respetables y militantes. Liberaron enseguida al decano, mantuvieron limpio y ordenado Hamilton Hall y finalmente se avinieron a ser detenidos sin resistencia de forma que preservaran su dignidad.

Los radicales blancos no se mostraron tan contenidos. Despus de que los echaran de Hamilton, irrumpieron en la Low Library, donde ocuparon la oficina del presidente Grayson Kirk, pusieron los pies encima de su mesa de despacho, se fumaron sus cigarros y revolvieron sus efectos y archivos personales. Durante los das siguientes, grupos adicionales ocuparon otros tres edificios de la Universidad, estableciendo zonas liberadas en las que podan gozar de verdadera libertad debatiendo durante horas ideas radicales, mientras las chicas de Barnard (la facultad femenina asociada a Columbia) se ocupaban de la responsabilidad primordial de la comida y labores domsticas. El liderazgo radical, como la misma Columbia, era todo masculino.

Aparte de oponerse al gimnasio, los radicales blancos se centraron en la complicidad de la Universidad con la guerra, exigiendo que Columbia cortara sus lazos con el Instituto de Anlisis de la Defensa [Institute for Defense Analysis], un consorcio inter-universitario para la investigacin de Defensa. Aunque la Universidad insista en que deba permanecer neutral en materia poltica, los radicales insistan en que su papel en la investigacin militar demostraba que no lo era. Entre otras demandas se contaba la de amnista general para todos los manifestantes, as como adherirse en toda sancin en el futuro a los baremos del debido proceso en audiencia abierta ante los profesores y los estudiantes. La demanda de un juicio justo implicaba un rechazo de la autoridad de la Universidad a la hora de actuar in loco parentis (autoridad que Barnard estaba ejerciendo en aquel entonces en un procedimiento disciplinario contra una estudiante a la que se haba descubierto viviendo con un hombre de Columbia fuera del campus).

Conseguir las demandas concretas de la huelga no era, sin embargo, lo que buscaban los lderes. Se consideraban a s mismos vanguardia revolucionaria en apoyo de insurgentes de todo el mundo, entre ellos el Viet Cong, y su meta consista en desenmascarar a la Universidad como agente de opresin con el fin de radicalizar e inspirarles para que se unieran a la lucha revolucionaria.

Los radicales apenas s constituan una mayora de los estudiantes de la universidad de Columbia. Desplegados en su contra haba contramanifestantes, la mayora de ellos atletas, continuamente apremiados por decanos y entrenadores a dejarlo enfriar para que el campus no degenerase en violencia arbitraria. Muchos otros, con simpata variable, se quedaron en los mrgenes. El profesorado se interpona entre manifestantes y contramanifestantes y trataba infructuosamente de mediar entre los radicales y la administracin.

Una direccin universitaria ms diestra podra haber gozado de mayor apoyo de estudiantes y profesorado. En una entrevista sobre el papel de los estudiantes en la toma de decisiones de la Universidad un ao antes de la revuelta, un administrador le haba dicho a un reportero del Spectator, el peridico estudiantil, Que los estudiantes voten s o no en una determinada cuestin es para m como que me digan que le gustan las fresas. Los estudiantes que podan haber querido utilizar algn canal no tenan canales a los que recurrir. La administracin tambin consigui enajenarse al profesorado que trat de llegar a un acuerdo durante la crisis. En los momentos de coyuntura crtica, los mximos administradores y los consejeros publicaron declaraciones que minaban la credibilidad de los mediadores ante los dirigentes de la huelga. En defensa de su decisin de llamar a la polica, Kirk afirm que haba actuado en nombre de todas las universidades. Conceder una amnista a los estudiantes habra supuesto un golpe casi fatal a la educacin superior norteamericana.

La direccin de los SDS, cierto es, no tena ningn inters en llegar a un compromiso, pues traer a la polica ayudara a radicalizar a los estudiantes. Como recalc entonces el desaparecido Allan Silver, profesor de Sociologa, los SDS y la administracin se encontraban ligados por una relacin de cooperacin antagonista. Ambos se vean como instrumentos de una causa ms elevada que volva imposible hacer concesiones.

Al final, por supuesto, las esperanzas de revolucin de los lderes de los SDS se vieron defraudadas, aunque la revuelta tuvo efectos concretos. El gimnasio se construy en otra ubicacin, en lugar del Parque de Morningside, y la Universidad introdujo cambios en su gobernacin para demostrar mayor receptividad a una mayor participacin. Quizs el resultado ms significativo fue una nueva comprensin de la relacin de la Universidad con sus estudiantes, que quien mejor explic fue la antroploga Margaret Mead, veterana asociada del Departamento de Antropologa de Columbia.

En un ensayo publicado ese otoo, Mead escriba que los acontecimientos de Columbia sealaban el final de una poca en la que se trataba como nios a los estudiantes y se les concedan privilegios e inmunidades especiales por parte de los autoridades civiles. Al llamar a la polica, la Universidad haba revocado su tradicional pretensin de proteccin y disciplina de sus propios estudiantes. Aunque mucha gente se sinti indignada, Mead sostena que era hora de derogar ese viejo pacto: Ya no resulta apropiado que se trate a los estudiantes como un grupo privilegiado y protegido que, a cambio de esta posicin especial, se abstena de actividad poltica de cualquier gnero, se someta a la reglamentacin de su vida privada, y se arriesgaba a ser expulsado por cualquier tipo de infraccin menor de una serie de reglas obsoletas. Una vez que se tratara a los estudiantes como adultos, conclua Mead, tendran que formular demandas socialmente responsables y adquiriran la educacin en la vida real que, segn sus quejas, les niega la universidad. Fue una especie de revolucin, aunque no la que tenan en mente los radicales.

As que estamos otra vez de nuevo en 1968? No es el caso.

Pero 2018 es tambin un momento en el que los norteamericanos estn en desacuerdo unos con otros, los jvenes se sienten ajenos al gobierno y la chispa precisa podra prender en disturbios y enfrentamientos sangrientos. Igual que las universidades se vieron arrastradas a los conflictos de los 60, as se ven empujadas a las controversias de hoy. Hace cincuenta aos, los estudiantes exigan que las universidades se desprendieran de cualquier pretensin de neutralidad y se opusieran a la guerra de Vietnam; hoy exigen que las universidades adopten una posicin sobre la inmigracin, sirvan de santuarios a los indocumentados y protejan a sus Dreamers [nombre dado a los jvenes de familias inmigrantes ilegales que ya han hecho toda su vida en los EE.UU.]. En los aos 60, la poltica nacional tena implicaciones personales para la gente en edad universitaria, debido al riesgo de verse reclutada para luchar en Vietnam. Hoy en da, la administracin de Trump tiene implicaciones personales para muchos estudiantes, que, aunque sean blancos, heteros y nacidos en el pas, conocen a otros que viven temiendo la deportacin o el acoso debido a su minora o a su estatus de inmigrante.

En campus con diversidad social, la raza y la diversidad no son nicamente cuestiones abstractas sino realidades prcticas de la vida diaria. De modo semejante, los problemas polticos relativos al gnero y la sexualidad la igualdad de las mujeres, los derechos de los homosexuales, la disconformidad de gnero, el acoso sexual tienen un significado directo y personal. Al contrario de lo que apuntan ciertos observadores, no se trata simplemente de polticas de identidad que denigrar por comparacin con las grandes cuestiones pblicas de los aos 60. Son parte de la misma lucha por la igualdad. Movimientos como Black Lives Matter, #metoo y #timesup constituyen hoy la ltima fase de crecientes reclamaciones de respeto en igualdad. Desde la perspectiva de gnero, la revuelta de 1968 tuvo lugar en una antigua era retrgrada, pero muchos radicales de la poca creyeron que lo personal es poltico para descubrir luego que tena ms hondas posibilidades de lo que haban entendido en principio.

En algunos aspectos, se han invertido los papeles de izquierda y derecha. En los aos 60, el liberalismo de las universidades era atacado por la izquierda; hoy lo ataca con ms frecuencia la derecha. En los aos 60, los radicales de izquierdas recurran a acciones y lenguaje provocativos para desenmascarar a las universidades como instituciones represivas. Hoy los oradores de la alt-right van a los campus con la esperanza de que sus provocaciones desenmascaren tambin la hipocresa liberal de la libre expresin. El juego funciona slo gracias a la cooperacin antagonista: por ejemplo, cuando los estudiantes progresistas exigen que se prohiba hablar a determinados oradores con el fin de mantener el campus como espacio seguro, protegido de aquellas ideas y palabras que les ofenden. Sugiere eso que desean que vuelva el viejo orden cuya muerte certific Mead hace medio siglo.

Uno de los esplendores de la universidad es que no se trata de un espacio seguro en ese sentido especialmente protector. Si bien las aulas de clase necesitan urbanidad y una mano rectora, el foro pblico del campus, no. Esa es la parte buena del enfrentamiento poltico en el campus. Puede resultar tan educativo como un seminario y suponer, de hecho, una inmersin ms profunda en la argumentacin poltica de la que pueden proporcionar habitualmente las aulas. Y aunque no deberamos imaginar la revuelta de 1968 bajo una luz demasiado amable, ste fue su lado positivo. Si prestramos atencin, podramos aprender mucho. Los estudiantes de hoy pueden hacer otro tanto.

Paul Starr es co-fundador y co-director de la revista The American Prospect, y profesor de Sociologa en la Universidad de Princeton. Ganador del Premio Pulitzer en su apartado de no ficcin y del Premio Broft de Historia norteamericana, es autor de siete libros, el ms reciente de los cuales es Remedy and Reaction: The Peculiar Struggle over Health Care Reform (Yale University Press, edicin revisada, 2013).

Traduccin: Lucas Antn

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/el-68-en-eeuu-la-rebelion-de-la-universidad-de-columbia-vista-con-los-ojos-de-hoy



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