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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-04-2018

Necropensiones

Antoni Jess Aguil
Pblico.es


Se jacta el ministro Cristbal Montoro de que los Presupuestos Generales del Estado (PGE) de 2018 son los presupuestos ms sociales de la historia de la democracia espaola. No es necesario ser especialista en la materia para saber que la afirmacin del ministro de Hacienda es falaz y est fuera de la realidad. A ttulo indicativo, el proyecto de PGE del Gobierno incrementa la partida de gasto de Defensa en un 10,7% y le asigna 819 millones ms para 2018, mientras que la inversin en pensiones, consecuencia de la revalorizacin del 0,25%, tan solo aumenta un 3,7% ms. Por su parte, el presupuesto educativo crece solo un 3%. Para sorpresa de muchos, la calculadora de Montoro solo contempla una partida estatal de 80 de millones de euros para la lucha contra la violencia de gnero. De aprobarse los PGE, el ministerio de Defensa sera uno de los ms beneficiados, cuyo incremento porcentual muestra una clara tendencia alcista. Si se compara el incremento porcentual entre el gasto militar y el gasto social, se ve que al Gobierno le resulta ms gratificante y rentable invertir en armas que en desarrollo humano y social.

La reciente visita del prncipe heredero saud, Mohamed bin Salmn, para la compra de material de defensa, que fue recibido con los mximos honores de Estado, es reveladora de algo todava ms preocupante y profundo que la tendencia alcista en el gasto militar de los PGE: ilustra la estrecha relacin entre militarismo y neoliberalismo, auspiciada en este caso por el Gobierno y la Jefatura del Estado espaol. Investigadoras como Vernadette Vicua han ido mucho ms all al denunciar las complicidades entre el neocolonialismo, el militarismo y el neoliberalismo. En su libro Asegurar el paraso: turismo y militarismo en Hawai y Filipinas (Duke University Press, 2013), Vicua explora los vnculos existentes entre el crecimiento de la industria turstica y el complejo militar-industrial en Hawai y Filipinas: en el Pacfico, el turismo depende y camufla proyectos imperiales que el poder militar respalda, en el sentido de que este apoya y abre nuevos mercados para que fluya el consumo y el capital financiero bajo el discurso del ocio y la movilidad.

Sin duda, uno de los temas que vienen marcando la agenda poltica y social de las ltimas dcadas, sobre todo desde la crisis financiera de 2008, es precisamente el estrangulamiento del Estado de bienestar en Europa por la economa neoliberal del desempleo, de la deuda, de la guerra, de la precariedad, de la austeridad y del fin de la proteccin social. Los neoliberales quieren un Estado al servicio de las lites financieras, de las trasnacionales y de organismos abducidos por el neoliberalismo, como el Fondo Monetario Internacional; un Estado cada vez ms represivo y autoritario que convierta los derechos econmicos y sociales conquistados en asistencialismo, filantropa y caridad.

En los ltimos tiempos, el neoliberalismo ha alcanzado un punto de no retorno en el que, para reproducir los procesos de acumulacin y explotacin, necesita poner en marcha aquello que el filsofo Achille Mbembe llama necropoltica. Se refiere a la adopcin de una poltica de muerte a gran escala dirigida contra determinadas vidas humanas: vidas no rentables, vidas dependientes, vidas crnicamente enfermas, vidas desempleadas, vidas sin techo, vidas migradas, vidas con VIH, vidas refugiadas, vidas con discapacidad, vidas jubiladas, etc. La necropoltica establece quin tiene derecho a vivir y quin tiene que ser sacrificado en el altar de los intereses del capitalismo global, determina, por tanto, quines son sujetos y quines objetos. El necropoder es un poder que no solo buscar intimidar, sino tambin destruir material y simblicamente las expectativas de las personas, cuya existencia es instrumentalizada por los intereses del poder, por lo que incluye formas extremas de violencia, despojo y corrupcin. Se trata de un concepto que sugiere el paso de un capitalismo de la exclusin a un capitalismo del exterminio y el genocidio social que funciona con el apoyo de la democracia liberal. En este contexto, no resulta extrao que analistas como Boaventura de Sousa hablen de la actual presencia de un fascismo social que corroe la democracia, castiga a los pobres y conduce a nuevos autoritarismos en el campo social. El Estado crea las condiciones para la necropoltica a menudo con el consentimiento implcito de la sociedad, como cuando se guarda silencio ante el racismo, la transfobia institucional y otras formas de discriminacin.

En qu medida la revalorizacin del 0,25% de las pensiones de jubilacin y el incremento presupuestario del 3,7% no es el reflejo de una operacin ms de necropoltica cotidiana? Realmente estamos ante unos presupuestos sociales, como pretende hacer creer el Gobierno, o ante unos presupuestos propios de una necroeconoma que se ceba con la explotacin y el empobrecimiento de la vida, en este caso con la de los jubilados? No nos engaemos: el parche presupuestario que propone el PP en los PGE no garantiza el combate efectivo a las pensiones de miseria que hoy tenemos. El Estado de bienestar que Europa ha conocido debe tener como objetivo la justicia social. Precisamente uno de los instrumentos de realizacin de esa justicia es la redistribucin de los rendimientos.

Pero hay ms ejemplos espeluznantes de una necropoltica de clase en el marco de los PGE que muestran una distribucin escandalosamente desigual e injusta de los recursos pblicos. Como se detalla en la web de la Casa Real, la Familia Real cont en el ejercicio 2017 con un presupuesto de 668.952 euros, que en el proyecto presupuestario de Montoro para 2018 se incrementa en un 0,9%. De esa cantidad, al rey emrito le correspondieron 191.124 euros (repartidos en 12 mensualidades de 15.927 euros procedentes de las arcas pblicas). Mientras que ciertas lites privilegiadas gozan de una jubilacin emrita premiada con una fabulosa pensin, el 41,85%, de las pensiones de jubilacin en Espaa no supera los 735,89 euros, por no hablar del bajsimo nivel cuantitativo de las pensiones no contributivas (personas con esquizofrenia, por ejemplo, que perciben 369 euros mensuales).

Lo nico que democratiza la agenda de la necropoltica neoliberal es la pobreza, la exclusin y la explotacin. En este sentido, para combatir los procesos contemporneos de institucionalizacin necropoltica es imprescindible radicalizar la democracia y defender polticas y estrategias de construccin de lo comn que se reapropien de la vida y de la justicia social capturadas a lo largo de la historia por el capitalismo y sus aliados, como el patriarcado y el colonialismo.

El filsofo Baruch Spinoza deca que el ser humano es en esencia deseo, y en particular deseo de conservar la propia vida, porque es un ser que est ontolgicamente determinado a perseverar en su propia existencia, a esforzarse cuanto puede por ser y vivir. Sin embargo, lo que sus seoras de la necropoltica no quieren saber es que ese deseo de vida es tambin el deseo de querer vivir dignamente y de la mejor manera posible.

Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/25613/necropensiones/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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