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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-04-2018

La poltica en tiempos infinitivos

Ricardo Orozco
Rebelin


Este domingo 22 de abril se llev a cabo, en la Ciudad de Mxico, el primero de tres debates entre los candidatos y la candidata a la presidencia de la repblica para el periodo 2018-2024. Para quienes comulgan con el formalismo y el funcionalismo de los procesos sociales, vacindolos de contenidos, el gran tema de la dinmica en cuestin es, justo, la pertinencia de las reglas de operacin de la misma, teniendo como puntos de referencia del xito o el fracaso presente las similitudes y las diferencias que se pusieron en juego de cara a las propias que dominaron en los debates anteriores, desde que stos, por all en el trnsito entre las dcadas de los aos ochenta a noventa del siglo pasado, se convirtieron en souvenir obligatorio de los rituales que saturan la vida poltica nacional.

En poltica, por supuesto, esto podra no representar extraeza alguna: no es para nada secreto, ni siquiera a voces, que gran parte de los temas, los mensajes, los simbolismos, etc., que se despliegan de comn en el ejercicio de la misma son tales precisamente porque es la forma en que se ejecutan lo que los reviste de cierta sustancia o fundamento que los hace comprensibles, cifrables y descifrables para quienes comparten el cdigo de cultura poltica dentro del cual aquellos se desarrollan. Y lo cierto es que tal es la fuerza y la validez de tal sentido comn que, sin importar el ejemplo del que se trate, es posible afirmar que en este terreno con pretensiones permanentes de refinamiento y honorabilidad el azar nunca es tal, pues cada movimiento de los participantes tiene una clara orientacin por completo predeterminada.

El problema es, no obstante, que de tanto repetirse y reforzarse ese sentido comn en el marco de desarrollo de un complejo social en el que las personas que lo componen se ven, cada vez ms, capturadas por el despliegue de una lgica utilitarista, puramente operacional y mercantil, orientando su comportamiento y sus ms profundas aspiraciones profesionales y existenciales, la vida poltica en Mxico se encuentra sometida al entero arbitrio de la tirana de las formas por encima de los contenidos.

En ese sentido, el debate de este domingo fue, en los tiempos y los espacios ms recientes, la muestra ms clara de que los silencios que imperaron en l, en particular, y que imperan en la poltica mexicana, en general, no son slo sntomas de candidateables para nada preparados para ejercer las funciones a las que aspiran, de la misma manera en que no son, tampoco, rasgos de personalidad que no se supieron trabajar en el preludio electoral, ni mucho menos silencios premeditados ante asuntos y sealamientos incmodos, falta de respuestas verdaderas o concretas, o situaciones similares y/o derivadas de cualquiera de estas y sus combinaciones.

En trminos amplios, el grueso de los medios de comunicacin nacionales con trayectoria, as como las plumas y los comentcratas al servicio de sus respectivos espectros ideolgicos, intereses empresariales, afiliaciones polticas y partidistas o lealtades personales, han tendido a observar en esa perversa sustitucin de los contenidos por las formas la naturaleza real de los cmos, los porqus y los paraqus del funcionamiento de la poltica mexicana, adjudicando a la personalidad de los candidatos, a la proteccin que estos hacen de los intereses a los que responden y a los rasgos de su preparacin acadmica/profesional, as como a su trayectoria, probada o no en el mbito de competencia, el que durante las campaas o el ejercicio de un cargo pblico se diga o no algo respecto de cierta temtica.

Para expresar lo anterior en las coordenadas del debate organizado por el Instituto Nacional Electoral, en dicha dinmica, con todo y que los candidateables, en estricto, se apegaron a los temas de discusin en un porcentaje de veces infinitamente menor al nmero de descalificaciones, ataques, acusaciones, provocaciones, etc., que entre ellos se profirieron, el que no estuvieran sobre la mesa de discusin infinidad de urgencias nacionales, regionales y locales (tambin internacionales) que es preciso abordar antes de que ellas mismas colapsen sobre s y sobre los mexicanos es, ya de suyo, muestra de que ni de uno ni de otro lado de la ecuacin contenidos concretos son importantes para todo lo que est en juego en los prximos comicios.

El modelo, de hecho, se encuentra polarizado en dos extremos que se saben irreconciliables y que cada uno, a su manera, con sus propios temas y sus estrategias discursivas, le dice algo a una audiencia particular. Por un lado, se encuentra el posicionamiento (dominante) que apela al salto de fe que tendran que dar los electores sobre la base de confianza que le tendran que inspirar las instituciones mexicanas: no es gratuito que durante toda su historia como instituto poltico el Partido Revolucionario Institucional se arrogue la exclusiva, no-compartida e intransferible autora intelectual y material de las instituciones que conforman al Estado mexicano. El Partido Accin Nacional hoy intentando recuperar su posicin histrica a la extrema derecha del prismo y rmoras como Nueva Alianza y el PVEM se encuentran dentro de esta misma tesitura.

Del lado contrario, pero no por ello opositor, se encuentra el posicionamiento que apela a la personalidad del dirigente de un movimiento poltico (tambin hecho instituto), conminando a los electores a que su salto de fe no sea por una institucin, sino por el sujeto al frente de la misma. Aqu, por supuesto, se encuentra el candidato de Morena acompaado por dos individuos que pretenden vender la imagen de independientes a cualquier inters solo porque no cuentan con un vnculo jurdico que diga lo contrario (tipo una afiliacin partidista), como si las lealtades y los intereses respondiesen slo a documentos legales y no a relaciones interpersonales.

El hecho de que el debate se centrara evidenciarle a unos las profundas fallas que aquejan a las instituciones a las que les rinden pleitesa y a otros las profundas contradicciones que los aquejan a ellos como personas, antes que centrarse en los temas nacionales que requieren atencin (y no nicamente de un mandatario al frente del ejecutivo federal y su gabinete) dice mucho de cmo, frente a una poltica predecible hasta el cansancio, excesiva en su recurrente insistencia de demostrar la probidad de quienes la ejercen como profesin est plagada de los mismos lugares comunes que imperaban hace un sexenio, hace dos, tres, cuatro, cinco, y as hasta las bases de la estructura poltica en su gnesis. No sorprende, por lo anterior, que el aberrante espectculo al que asistieron los mexicanos este domingo se encuentre dominado por tiempos infinitivos, frases publicitarias, sealamientos cruzados, y generalidades como principales propuestas de campaas.

Y es que, mientras que al lado personalista de la ecuacin se le escapa por completo de las manos el hecho de que al llegar al cargo que se aspira se debe enfrentar con relaciones y andamiajes monumentales, fuertemente enraizados en el imaginario colectivo nacional como los nicos resquicios de un sistema que permite, por lo menos, sobrevivir de manera precaria a un nmero ms o menos abultado de ciudadanos lo nico que evita, aunque a un costo muy elevado, que esas personas corran el riesgo de perder lo poco que ostentan dentro de los mrgenes de su miseria; al lado institucionalista le ocurre lo mismo pero con el hecho de aunque apelan a las instituciones a las que se deben encumbrando sus buenas acciones, cuando se trata de los sealamientos incomodos afirman que es su persona (como lo afirman aquellos a quienes se califica de mesinicos) la que sabr colocar a esas instancias en su rumbo correcto.

As pues, cuando el prismo y sus alteregos subrayan que el Congreso General debe ser la instancia de solucin de conflictos nacionales por excelencia, o que la Fiscala General independiente asegura mayores xitos en el combate al crimen, la corrupcin y la impunidad, pasan por alto que los miembros del Congreso responden a sus propios intereses, que muchos de sus integrantes llevan toda una carrera pblica de ineptitud cobrando del erario solo por votar en grupo la legislacin, que esos mismos congresistas son los que han bloqueado iniciativas ciudadanas de mayor calado, que en otras instituciones con estatus de independencia se sigue trabajando para mantener la impunidad, la opacidad y la corrupcin, etc.; es decir, pasan por alto, en ltima instancia, el uso sectario de las instituciones del Estado para conservar intactos ciertos intereses (polticos y/o empresariales). No siempre los mismos, con las mismas personalidades gravitando a su rededor, pero siempre intereses particulares, especficos, que nada tienen que ver con la colectividad.

Y la cuestin es que al personalismo la pretendida y autodeclarada oposicin a la institucionalidad imperante no le ocurre algo mucho menos deleznable, pues aunque en su programa lo oculta, la propuesta de fondo es colocar en el centro del funcionamiento del aparato estatal a intereses (privados y polticos) menos voraces que los que se encuentran operando en la actualidad; cambiando, as, nicamente la correlacin de fuerzas imperante y la distribucin de los costos y los beneficios de dicha redistribucin, o mejor, reasignacin.

La tragedia y el trauma de este estado de cosas no podra ser mayor de no ser porque en la recepcin que tuvo la ciudadana de la lastimera actuacin que cada uno de los candidateables despleg durante el debate, lo que imper no fue el sentido del humor como estrategia de resistencia y supervivencia a la decepcin provocada por la imagen de cinco personas que siguen repitiendo cada uno sus propios espacios comunes pretendiendo que sus palabras reflejan alguna realidad experimentada en carne propia por aquellas personas a quienes les hablan y les dicen que la realidad y su miseria no es como ellas las experimentan, sino como ellos, los suspirantes a la presidencia, dicen que son. Lo que domin, antes bien, fue el absurdo de un espectculo en el que la sociedad se presentaba ella misma en condicin de caja de resonancia de lo que observaba y escuchaba.

Es hasta ahora inevitable no apreciar que existe un gran vaco en la poltica mexicana que se mantiene constante desde hace varios aos y que el principal actor encargado de profundizarlo no tiene nada que ver con el ejercicio profesional de la poltica, sino con las series y series de reacciones aleatorias con las que se planta la sociedad de frente a sus propios problemas, siendo copartcipe, en procesos electorales que siempre califica de histricos y de coyunturales, de una pobreza de lenguaje y de nivel de discusin poltica que siempre abona al sensacionalismo y al arraigo del dogmatismo, pero que nunca obliga a los ciudadanos a pararse frente a s desde una posicin que no sea autocomplaciente, sino autocrtica.

Que la poltica y las carreras de quienes la ejercen como profesin no se define ni se juega por entero, nunca, en dinmicas como las planeadas por el INE es un hecho. La cuestin de fondo, el tejido que hay que discutir a conciencia y cabalidad se encuentra, por lo contrario, en el reflujo que esos eventos causan en la sociedad, y el punto es que si la sociedad sigue simplemente reaccionando, sin proponer, sin dirigir, sin regular y controlar los temas y las acciones que se juegan en la agenda, la disposicin a seguir aceptando estructuras de supra-subordinacin, de cambios o implementaciones en las cimas que nunca llegan hasta las bases seguir siendo una realidad que abra an ms la brecha entre los polos de la ecuacin.

Si la poltica mexicana se encuentra vaciada de contenidos y saturada de lugares comunes que no hacen ms que redundar en la interminable tarea de limpiar su propia imagen ante quienes la padecen da con da se debe, en gran medida, a la posicin de docilidad de stos.


Blog del autor: https://columnamx.blogspot.mx/2018/04/la-politica-en-tiempos-infinitivos.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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