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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-05-2018

Ay Nicaragua, Nicaragita

Ral Zibechi
La Jornada


Cmo hacer para no volverse fascista incluso cuando (sobre todo cuando) uno cree ser un militante revolucionario? La frase de Michel Foucault describe a la perfeccin el proceso que sufre Nicaragua.

El gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo decret una reforma de la seguridad social que, entre otras cosas, impone una reduccin de 5 por ciento de las jubilaciones para enderezar las cuentas del Instituto Nicaragense de Seguridad Social (INSS), siguiendo la sugerencia del FMI. La situacin econmica se ha deteriorado a raz de la crisis venezolana, pero los daos los pagarn los de abajo.

Como se sabe, la represin se cobr entre 25 y 30 muertos en apenas cuatro das. La Articulacin Feminista Nicaragense denuncia un tipo de represin muy particular, contra jvenes universitarios y la poblacin que les apoya activamente, conjugando las fuerzas antimotines de la Polica Nacional con las fuerzas paramilitares integrados por jvenes supuestamente organizados en lo que ellos denominan Juventud Sandinista.

La mayora de los muertos fueron baleados por policas antimotines que protegen a los paramilitares. El gobierno clausur temporalmente los pocos medios de informacin independientes que todava subsisten en el pas, segn denuncian las feministas que definen al gobierno de estos 11 aos como patriarcal, excluyente y misgino.

Lo que debemos develar es cmo se ha llegado a esta situacin. Cmo ha sido posible que una fuerza poltica revolucionaria, y jefes que construyeron el Frente Sandinista de Liberacin Nacional, se hayan convertido en asesinos de su pueblo. Creo que esta crisis ilumina por lo menos cuatro cuestiones.

La primera consiste en recordar que no es la primera vez que esto sucede con los movimientos revolucionarios en el poder. Es la historia de la Unin Sovitica de Stalin, pero es tambin la terrible historia de Sendero Luminoso, de la guerrilla salvadorea que asesin a Roque Dalton por diferencias polticas y que organiz el asesinato de la comandante Ana Mara. Cuestiones incmodas de las que no se quiere hablar y menos an aprender.

La segunda es que el matrimonio Ortega-Murillo ha cometido crmenes, sin que la izquierda hegemnica haya dicho una sola palabra, porque todo consiste para ellos en retener el poder, al precio que sea. Cuando Zoilamrica Narvez, hija de Murillo e hijastra de Ortega lo denunci por violaciones en 1998, los partidos miembros del Foro de Sao Paulo no levantaron la voz, ni cuestionaron al denunciado. Cuando la actual vicepresidenta de Nicaragua, la seora de los anillos y las joyas, defendi a su esposo contra su hija para fortalecer su poder, las izquierdas miraron para otro lado.

Tampoco se alz la voz al firmarse el pacto de Ortega con el derechista Arnoldo Alemn, tambin en 1998, para repartirse el pas y proteger sus riquezas. No denunciaron la alianza con el poder econmico, la corrupcin escandalosa de la cpula del FSLN, las amenazas a los opositores de izquierda que son los verdaderos sandinistas, que consideran traidores a la camarilla de Ortega y Murillo.

Probablemente uno de los anlisis ms lcidos sobre la degeneracin del gobierno lo haya escrito Mnica Baltodano, en la revista Envo en enero de 2014, bajo el ttulo Qu rgimen es ste? Qu mutaciones ha experimentado el FSLN hasta llegar a lo que es hoy? La ex comandante guerrillera apunta cuatro mutaciones en el orteguismo que explican la deriva actual.

Sostiene, en primer lugar, que se ha fortalecido como nunca antes un rgimen poltico y econmico en contra de los pobres y en favor de la concentracin de riqueza y poder. En segundo lugar, menciona que se ha profundizado la subordinacin del pas a la lgica global del capital, que se aprovecha de las riquezas naturales y de la mano de obra barata en Nicaragua. La tercera es que el actual sistema econmico-social necesita acabar con las resistencias sociales y el rgimen de Ortega lo logra ejerciendo un severo control social. Y la cuarta consiste en la concentracin de poder en la camarilla Ortega-Murillo.

La privatizacin del Frente Sandinista fue un proceso que se desarroll antes que la creacin de la oligarqua econmico-financiera del Frente, lo que les permiti un control absoluto de las principales instituciones del pas, para usar ese poder concentrado para reproducirse, afianzarse e instalarse en la cspide del Estado por aos. Considera que se trata de una simbiosis de los Ortega con el poder econmico nicaragense, entre la burguesa tradicional y la burguesa rojinegra emergente.

La tercera cuestin que ilumina la crisis nicaragense, es que desnuda la pobreza tica y poltica de las izquierdas. Ms que pobreza, descomposicin en toda regla. Todava hay intelectuales (mercenarios, como dice un veterano militante comunista) que siguen mentando la intervencin del imperialismo en Nicaragua para justificar los crmenes. No tengo la menor duda que Estados Unidos alienta a los jvenes nicas a voltear a Ortega. Pero eso no tiene la menor importancia, porque no estamos para jugar al ajedrez geopoltico sino para defender la vida de los pueblos, esa vida que el gobierno de Managua se empea en destruir.

La cuarta cuestin es que debemos trabajar arduamente para romper con un dilema de hierro: la poltica como guerra, aunque sea por otros medios, como dijo Clausewitz y celebr Lenin. La guerra consiste en la derrota y aniquilacin del enemigo, con o sin armas. Creo que debemos defendernos de los enemigos, an con las armas. Pero fundar la poltica en la guerra (con estrategias, tcticas y con artes militares) es un camino que conduce la lucha por la emancipacin hacia un abismo insondable. Nos formamos en esa tradicin, pero es hora de repensarla.

Cuando los jvenes nicas gritan Ortega y Somoza, son la misma cosa, es porque se ha perdido el norte, en aras del poder. Nos queda el ejemplo de kurdos y de zapatistas, que resisten sin convertirse en criminales.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2018/04/27/opinion/020a2pol



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