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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-05-2018

Aqu no hay coronas para reyes

Julio Antonio Fernndez Estrada
OnCuba


La resistencia es una de las banderas del discurso estatal cubano desde el comienzo de la agresividad norteamericana contra el gobierno revolucionario, instaurado en 1959.

El bloqueo estadounidense al gobierno y pueblo cubanos, que es jurdicamente distinto a un embargo, ha creado, ms que un trastorno econmico, uno de tipo poltico, porque ha enrarecido el ambiente de creatividad y revolucin del Estado y la sociedad civil para trastocarlo en otro de vigilancia y guardia en alto, que no es casi nunca propicio para la mejor poltica.

Apenas en 1964, Ernesto Che Guevara contestaba a una periodista norteamericana sobre el bloqueo recin estrenado y su respuesta enseaba un camino que no se ha seguido despus por la propaganda poltica oficial. El Che deca que el bloqueo nos obligara a hacer las cosas bien por nosotros mismos, y nos dejara sin opciones que no fueran las de trabajar mejor.

A casi sesenta aos de cerco comercial y financiero el Estado cubano prefiere comenzar las justificaciones por su incapacidad productiva con el sambenito del bloqueo, que todos sabemos que es real, pero que tambin sabemos superable, como el mismo Estado cubano ha demostrado en algunas de sus funciones y servicios sociales destacados.

El bloqueo, el terrorismo, las campaas de desinformacin sobre Cuba, que el Estado y la sociedad cubana han sufrido desde 1959, y las agresiones de todo tipo que conocemos bien, nos llevaron por un callejn ideolgico que hasta ahora no ha tenido salida: la plaza sitiada.

La fortaleza asediada enardece los nimos patriticos, nacionalistas, extremistas, el dogmatismo y el culto a la personalidad, y en ella, adems, no se comprenden las disidencias, las crticas, la desunin y las reuniones informales.

Todo es traicin en la plaza sitiada, la verdadera conspiracin de un general hereje, el intento de un artista de tocar la trompeta en otro paraje con mejor acstica, la huida de un atleta que quiere pertenecer a un club clebre que le pagar mucho ms, el libelo de un periodista que piensa que la democracia cabe tambin detrs de las almenas amenazadas; un nuevo gremio, una nueva asociacin, una idea demasiado fresca, un ave migratoria con olor a extranjera ostentosa, una revista en otro idioma, un anuncio de un alimento que no existe entre los muros asediados, un peinado a la usanza de otra villa donde la gente debe ser frvola, un ritmo musical que no hemos inventado nosotros mismos.

Por todo esto hemos pasado con mayor o menor intensidad dentro de esta, nuestra vieja plaza sitiada. Dentro de estas murallas se erradicaron las fiestas populares que festejaban fechas de santos catlicos, se aboli la fritura de carita y la de bacalao, y se extinguieron oficios, de seguro burgueses como los de encargado de edificios y bedeles de escuelas. Hemos tenido que pelear en el campo de batalla para que nos dejen poner arbolitos de Navidad y para que el Da de Reyes no sea una ofensa a la patria.

Hemos resistido dentro del asedio, cuando nadie apostaba un centavo por Cuba, sobre todo despus de 1991, pero cuando hemos tenido la posibilidad de abrir ventanales y de construir vidrieras para que la luz entre con ms fuerza en nuestros corredores, no lo hemos hecho.

Se aprende a vivir tambin en la plaza sitiada, existe una escuela de la resistencia, que ensea temple, la frugalidad de algunos para que otros vivan mejor, la valenta de los que se arriesgan por cuidar las murallas, la solidaridad entre nosotros, los bloqueados por todos los bloqueos.

Se aprende tambin que pensar tiene un costo, que se debe asentir para conservar la paz y el empleo, para que no te tachen de contrarrevolucionario o aptrida.

En todos estos aos, los jefes de la plaza no han entendido que los que se quieren ir del asedio, no es porque quieran pasarse a otro ejrcito, o al menos no en todos los casos, sino porque no soportan ms vivir sin saber cundo terminar la vida dura.

Los que hemos decidido permanecer en la plaza sitiada sabemos que aqu la patria es lo mismo que el castillo, que cualquier caballero del Estado es tan importante como toda la historia, que no hay ms que un partido donde militar, aunque dentro de los muros haya miles de ideas encontradas.

La resistencia tensa los msculos y los conceptos, deja sin lubricantes a la burocracia, nadie se prepara para discutir en armona sino para pelear en un ring de boxeo. Para qu hara falta ser un dirigente culto, prudente, comprensivo, instruido y humano, si lo que lo hace exitoso es estar callado, cumplir rdenes, no llamar la atencin, no parecer un sabiondo, no proponer nada nuevo y aparentar ser simple sin exageraciones?

En la plaza sitiada no se resuelven muchos problemas porque el orden y el equilibrio dependen de que todo se mantenga igual, porque ya hemos aprendido a estar as, o eso es lo que piensan los que mandan e interpretan por nosotros, los que debemos seguir hacia adelante.

El bloqueo nos ha puesto en este lugar, la agresividad nos ha puesto en esta situacin: el mejor ambiente para la cultura de la guerra, de la disciplina, de la virilidad, de la unidad y de la incondicionalidad.

Pero los muros son tan altos y tan slidos que hace tiempo que no vemos que tal vez dependamos ms de nosotros mismos que lo que imaginamos. Los enemigos existen, algunos ansan aduearse de todo lo que queda de bueno dentro de este archipilago, pero nada mejor que un pueblo libre para impedirlo, y nada ms propicio para entregar un pas y una cultura, que un pueblo que le d la espalda a la poltica.

No conservaremos esta plaza solo de resistencia en resistencia, de alarido de guerra en alarido de guerra, de consigna en consigna, de marcha en marcha, celebrando el pasado sin querer mirar al futuro.

Hay que producir poltica, esta es tan importante como la papa, alimenta y salva de la misma manera, sin ella no hay presente ni futuro, y no puede ser exclusividad del Estado, ni propiedad del gobierno. La poltica no tiene dueos, si alguien se queda con toda ella la hace inservible e inviable, porque esta depende de la controversia, de la lucha por el poder, de la emulacin de capacidades para adelantar un pas.

Dentro de la plaza sitiada es imprescindible la democracia, el cuento que nos hicieron era un fraude, la nica forma de resistir la vida que pende de un hilo, es bajo el convencimiento de que todos somos parte del proyecto, de que contarn con nosotros para cada movilizacin de nuestro sacrificio. Es falso que dentro del asedio toda disidencia es traicin, porque hay una verdad que no puede ser superada por un lema coyuntural: esta plaza estar sitiada, pero es una repblica, y en ella la poltica es de todos, aqu no hay coronas para reyes.

Fuente: http://oncubamagazine.com/columnas/vox-populi/aqui-no-coronas-reyes/



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