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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-05-2018

Democracia Cristiana, una crisis ciertamente no ideolgica

Juan Pablo Crdenas
Diario U de Chile


El senador Francisco Huenchumilla da en el clavo en su diagnstico respecto de la Democracia Cristiana. Habla l de una pugna por el poder, por el control de la colectividad, que poco o nada tiene que ver con diferencias ideolgicas, o con el hecho de que sus militantes se hayan derechizado o izquierdizado, como algunos lo sostienen.

El Partido Demcrata Cristiano naci a la vida pblica como una agrupacin que se propona hacer cambios fundamentales en la vida del pas y que, de hecho, impulso transformaciones tan drsticas como la Reforma Agraria y la chilenizacin de nuestro cobre. El gobierno de Eduardo Frei Montalva, tanto como la candidatura presidencial de Radomiro Tomic disputaron sus banderas progresistas con las de Salvador Allende, los partidos marxistas y la Unidad Popular. Unos y otros deslindados completamente de las alternativas electorales de la derecha, los intereses del gran empresariado y, finalmente, de la conspiracin militar alentada por el imperialismo norteamericano. Aunque, en efecto, es indiscutible que muchos demcrata cristianos respaldaron el Golpe Militar de 1973, no porque se hubiesen derechizado, sino en el prejuicio de que el gobierno de la Unidad Popular podra conducir al pas a una dictadura de izquierda, a una dictadura del proletariado, como algunos hasta lo vociferaban.

Pasado el tiempo del Rgimen Militar, lo cierto es que la balanza poltica qued inclinada totalmente hacia la derecha y que se revirtieron muchas reformas que haban sido impulsadas por demcrata cristianos, socialistas, comunistas y otros. Con esto, lo que queremos afirmar es que la supuesta radicalidad poltica de la DC poco o nada ha podido expresarse durante los gobiernos de la Concertacin, los que ms bien vinieron a sacralizar el modelo neoliberal del rgimen castrense y la institucionalidad heredada de la Constitucin pinochetista de 1980. Todava vigente, por lo dems.

Tampoco se ha expresado en estos aos el izquierdismo del cual hacan gala los partidos de la Unidad Popular y otras expresiones todava ms rebeldes dentro de nuestro espectro poltico. Por algo, todos stos y los demcrata cristianos pudieron co gobernar por casi tres dcadas sin mayores contratiempos. Ya se comprob, asimismo, que las diferencias que prometan pronunciarse entre unos y otros quedaron totalmente descartadas durante el propio mandato de Michelle Bachelet, quien ms bien hizo un gobierno de continuidad en lo econmico social y en algunas materias, como en el tema de los Derechos Humanos, fue hasta regresivo. Incluso si lo comparamos con el primer gobierno del Sebastin Piera, autor de medidas tan contundentes como la de cerrar el penal de lujo Cordillera, en que entonces cumplan pena los militares golpistas y asesinos. As como tambin concretara aquella iniciativa de extender a seis meses el permiso postnatal, sin duda una demandada y postergada reforma progresista.

Lo cierto es que no ha habido espacio para la izquierdizacin de la Democracia Cristiana en un tiempo en que es la derechizacin, en realidad, la que se ha consolidado en el pas, cuando son muy pocas las diferencias que han podido apreciarse entre los programas polticos de quienes han llegado a La Moneda o han compartido bancadas y curules en el Parlamento. Salvo voces muy aisladas, no ha habido expresiones en la DC y en el conjunto de los partidos que propongan, por ejemplo, recuperar la propiedad sobre nuestros yacimientos o volver a repartir las tierras entre los campesinos. Ni siquiera en cuanto a rescatar aquellas empresas arrebatadas por Pinochet al Estado para regalrselas a una serie de empresarios inescrupulosos, como a parientes y amigos. As como tampoco hemos escuchado de la DC y los partidos de izquierda marcar distancia con la hegemona mundial que intenta imponer de nuevo Estados Unidos, especialmente con Donald Trump.

En efecto, apenas algunas tmidas objeciones hemos comprobado en algunos demcrata cristianos y en aquellos izquierdistas del pasado respecto de la poltica exterior chilena y la prctica fratricida de nuestros sucesivos cancilleres en relacin a nuestros pases vecinos. En contraste con la solidaridad y las movilizaciones que en su poca provocaron la guerra de Vietnam, la revolucin cubana y el fenmeno poltico de la Teologa de la Liberacin.

Los estrictos moldes de la institucionalidad vigente, as como el permanente temor a los militares y garantes de la misma, ha llevado a todos los partidos otrora progresistas a conformarse con el orden establecido por el rgimen castrense y los que negociaron nuestra salida poltica. Esto significa que se han sometido a la derechizacin, cuando no han terminado completamente encantados con la ideologa oficial que rige la poltica, la economa, las relaciones laborales y el sistema previsional, entre otros.

Francisco Huenchumilla tiene toda la razn. No son las diferencias ideolgicas las que explican y detonan la crisis de la Democracia Cristiana y otras colectividades. Simplemente se trata de grupos o camarillas que pugnan por el control interno, por acceder al timbre y la campanilla de estos partidos. Controversias y rencillas que hasta aqu fueron controladas por la prctica del cuoteo partidista en la distribucin de los cargos y prebendas de quienes llegan a La Moneda y a las reparticiones pblicas. Y que estallan ahora, cuando ya no tienen mucho qu repartirse.

De lo que se trata ahora en la DC e, insistimos, en otros partidos, es de administrar el poder para quedar bien ubicados para llegar al prximo gobierno en caso de que la derecha no logre repetirse el plato en La Moneda. As como en los que ahora abandonan la Democracia Cristiana estn motivados fundamentalmente, en abrirse espacio en la administracin de Piera o consolidar alianzas con la derecha para quedar mejor representados en el futuro parlamento.

No es que haya anticomunismo en relacin a un partido que evidentemente ya no levanta sus banderas histricas o del marxismo leninismo. Esto se constituye solo una excusa o un pretexto para ganarse la acogida de la derecha. As como tampoco hay tanta radicalidad en los que quieren retener la conduccin de la Democracia Cristiana, sino fundamentalmente la intencin de no cederle ms espacio electoral al Frente Amplio y otras expresiones ms sociales que partidistas para que solo stas funjan de izquierdistas y capitalicen el voto de los que quieren realmente en Chile los cambios y la redencin de los oprimidos por la desigualdad y las discriminaciones.

http://radio.uchile.cl/2018/04/26/una-crisis-ciertamente-no-ideologica/



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