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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-12-2005

Cmo es la historia?

Juan Gelman
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La tradicin quiere que la desorganizacin del caos precede a la formacin del mundo y es, desde luego, involuntaria. El gobierno Bush la fomenta en Irak deliberadamente y cuestiona esta antigua concepcin: sucede que buena parte de las atrocidades atribuidas a las milicias chitas o sunnitas son la obra de fuerzas especiales y comandos que el gobierno controla y especialistas yanquis entrenan .

Es habitual encontrar cuerpos de personas que fueron esposadas, torturadas y fusiladas. Puede tratarse de los 17 pequeos comerciantes y taximetreros de la aldea de Taji, a 16 km al norte de Bagdad, que en mayo fueron secuestrados por unos 50 hombres con uniforme del ejrcito iraqu que descendieron de vehculos militares y los arrancaron de sus casas . O de los 15 campesinos detenidos en un mercado bagdad que a comienzos de ese mismo mes fueron hallados en la zona industrial de Kasra-Wa-Atash con un tiro en la cabeza . Son vctimas de escuadrones de la muerte que ejercen una violencia ms sistemtica que la de los terroristas suicidas que tambin matan civiles indiscriminadamente.

Es notorio que poco despus de la invasin, EE.UU. comenz a reclutar a ex miembros de las fuerzas de seguridad de Saddam Hussein para combatir a la naciente insurgencia y reabrir centros de tortura como Abu Ghraib. Al mismo tiempo y con el mismo objetivo, milicias de chitas extremistas se dispersaban por territorio iraqu. Los unos y los otros fueron formalmente incorporados al Ministerio del Interior bajo los sucesivos gobiernos provisionales inventados por las tropas ocupantes. Chitas y sunnitas presuntamente enemigos comparten oficinas de la dependencia y misiones que los jefes de turno ordenan. A Washington le sobra experiencia en materia de ejecuciones extrajudiciales: la propia CIA inform que fueron 21 mil durante la guerra de Vietnam.

La opcin El Salvador

Los asesores norteamericanos ensean a las nuevas fuerzas de seguridad iraques en qu consiste la opcin El Salvador, el programa de contrainsurgencia de Reagan que seg la vida de decenas de miles de campesinos salvadoreos. Resulta imposible saber con exactitud cuntos civiles iraques son vctimas de los escuadrones de la muerte. Faik Baqr, director de la morgue central de Bagdad, declar que el nmero de muertes sospechosas bajo Saddam eran de 200 a 250 por mes, con unas 16 producidas por disparos. Bajo la ocupacin estadounidense, esa cifra oscila entre las 700 y 800 mensuales, con unas 500 motivadas por armas de fuego. Se ve que ahora hay democracia en Irak.

El actual viceministro del Interior encargado de los servicios de inteligencia, Hussein Ali Kamal, alega que los asesinos no forman parte de su personal y que se trata de insurgentes disfrazados de policas que matan para fomentar enfrentamientos sectarios. Por su parte, los periodistas en el terreno sealan el extraordinario sentido de impunidad que preside los secuestros y las ejecuciones y el armamento y los vehculos militares que se emplean, propios de las fuerzas de seguridad del nuevo Irak. Yasser Salihee, un periodista de la cadena de peridicos Knight Ridder, reuni varios testigos dispuestos a denunciar la participacin de comandos oficiales en 12 asesinatos de civiles. Steven Castel, hoy principal asesor norteamericano del Ministerio del Interior iraqu y antes jefe del servicio de inteligencia de la DEA, neg las acusaciones, pero el asunto qued ah: pocos das despus, un francotirador norteamericano acab con la vida del periodista. Casualidades son casualidades.

La Casa Blanca habla de retirar 50 mil efectivos el ao que viene, pero no ha abandonado su objetivo central: controlar militarmente a Irak para exprimir sus riquezas energticas por intermedio de un gobierno ttere y, si esto fuera imposible, alimentar el caos y los conflictos sectarios a fin de mantener la inestabilidad del pas ocupado. Para ello no vacila en contratar y entrenar a asesinos profesionales: los halcones-gallina no pueden permitir que un gobierno iraqu fuerte acaricie la fantasa de detener la ola de privatizaciones petroleras que prosiguen y de anular la prevista apertura de las reservas de oro negro a inversores extranjeros seleccionados que, segn The Independent, llevara unos 200 mil millones de dlares a los bolsillos de los amiguetes de W. Bush. Ahora se entiende qu quera decir el presidente norteamericano con la liberacin de Irak.

La mente calenturienta de los llamados neoconservadores no se detiene ah. El Pentgono elabor hace aos un plan secreto destinado a servir de pretexto para intervenir militarmente en pases donde grupos terroristas ponen en peligro su soberana . El plan consiste, qu raro, en extender deliberadamente el terrorismo. El conocido periodista del New Yorker Seymour Hersh revel en abril que el Pentgono no slo infiltra esos grupos con agentes provocadores que financian y acicatean sus ataques: tambin crea sus propios grupos terroristas y escuadrones de la muerte como los que funcionan en Irak. Un enfebrecido W. Bush ha firmado rdenes secretas que dan a Donald Rumsfeld plena autoridad para convertir al mundo entero en zona libre para esos operativos encubiertos, que los jefes militares no supervisan y se enteran de ellos cuando se han ejecutado.

El Pentgono cuenta con una partida de 500 millones de dlares para reclutar milicias locales en distintas partes del planeta. Su modelo, anota Hersh, es la brutal represin que Londres lanz en los aos 50 contra los Mau Mau de Kenia: las tropas britnicas establecieron campos de concentracin, organizaron sus grupos terroristas y asesinaron a miles de civiles etiquetados como rebeldes contra el dominio colonial del Reino Unido. Se trata de la segunda etapa de la presunta guerra antiterrorista y Washington organiza ms terrorismo contra la insurgencia mundial. Es decir, ms terrorismo de Estado contra pueblos y pases con pretensiones soberanas. Y sobre todo con petrleo, como Irn.



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