Portada :: Economa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-05-2018

Nuevas formas de esclavitud

Jos Antonio Prez Tapias
CTXT

La deshumanizacin que comporta la esclavizacin de otros seres humanos no es slo cuestin de la degradacin personal de determinados individuos, sino que es exponente de la violencia estructural del sistema econmico y sociopoltico


No habr un Espartaco del siglo XXI o, mejor, muchos espartacos rebelndose contra las formas de esclavitud que al da de hoy se siguen dando? Lograrn las muchas espartaquistas que actualmente se organizan, como le gustara decir a Rosa Luxemburgo, acabar con las actuales esclavitudes? Porque en nuestro mundo contina habiendo millones de personas esclavizadas. Tal es una ms de las graves contradicciones en las que nos movemos, pues este mismo mundo con esclavos es en el que se hace ondear la bandera de los Derechos Humanos, pretendiendo para ellos es decir, para todos los humanos en referencia a los cuales se predican validez universal. El desmentido que supone el hecho lacerante de las diferentes formas de esclavitud para la universalidad de los Derechos Humanos incluso para lo que ms matizadamente se presenta como su universalizabilidad obliga a invocarlos con mayor cuidado y ms humildad, no sea que de tanto apelar a ellos se nos queden en tapadera ideolgica para encubrir realidades inhumanas.

Porque la esclavitud es in-humana en grado sumo, esto es, negacin de la humanidad de quienes se ven sometidos o sometidas a tal condicin. Quienes llevan adelante las prcticas de esclavizacin presentan, por lo mismo, una extrema des-humanizacin. Pero la deshumanizacin que la esclavizacin de otros seres humanos comporta no es slo cuestin de la degradacin personal de determinados individuos, sino que es exponente de la violencia estructural del sistema econmico y sociopoltico en que ese trato radicalmente injusto encuentra lugar. Cualquier forma de esclavitud es un modo de explotacin mxima de unos seres humanos por otros. Toda forma de esclavitud supone la total reduccin de seres humanos a medios, meros medios, para ser utilizados sin miramiento alguno: es cosificacin, es mercantilizacin, es enajenacin de la condicin humana hasta no dejar resquicio alguno para el respeto a esa dignidad de la que toda mujer, todo hombre, cualquier nio o nia, es acreedor o acreedora. Si el imperativo reconocimiento de la dignidad, como sealara Kant, implica tratar a cada cual como fin en s, la esclavitud se sita en las antpodas.

La trata de personas para explotacin sexual o para el modo de explotacin que sea, el trabajo infantil, el trabajo en condiciones infrahumanas, la vida a total expensas de la voluntad de otros sin libertad alguna y, por tanto, en la ms rotunda desigualdad, son las maneras en las que la esclavitud sigue reproducindose a estas alturas de la historia. Nada vale, no ya como justificacin, sino ni siquiera como atenuante, la impertinente referencia al hecho de que en otras pocas y en muy diferentes culturas se diera la esclavitud. Tales consideraciones tampoco son de recibo como explicacin acerca de las causas de por qu ciertas prcticas perduran. Las circunstancias son muy distintas.

Ciertamente, podemos recordar que hasta los griegos, con el refinamiento espiritual que les permiti inventar su democracia, tenan institucionalizada la esclavitud, el sometimiento de esos otros considerados brbaros o tratados como vencidos sin remisin Basta traer a colacin a ttulo de muestra las palabras del mismsimo Aristteles al comienzo de su Poltica, donde aprueba sin ambages que los griegos sean seores de los brbaros, asumiendo la concepcin dominante en su entorno cultural de que ser brbaro y ser siervo es todo uno. No entraba en el horizonte cultural de la Grecia clsica un cuestionamiento firme de una institucin y unas prcticas sobre las que gravitaba en gran medida la dinmica de la polis desde sus condiciones materiales de vida. Pero fue germinando la semilla de la igualdad, de las exigencias de justicia, del imperativo de trato digno para todos. Desde la Antigedad hasta hoy, la lucha contra la esclavitud ha sido larga, y no ha terminado.

Atendiendo a los ltimos siglos, podemos constatar que esa lucha contra la esclavitud se hizo ms compleja en la Modernidad, algo paradjico si se piensa que esa modernidad europea fue la de la autonoma del sujeto, la de la libertad del ciudadano, la de la progresiva democratizacin de la sociedad y de sus instituciones polticas. No olvidemos, sin embargo, que el reverso de la Modernidad fue el colonialismo, instaurado mediante polticas imperialistas. Fuertes contradicciones iban con ello.

La poca que se inici repensando la naturaleza humana como universal y hablando de dignidad desde parmetros iusnaturalistas, fue la que gener desde el mismo Renacimiento una nueva manera de legitimar ideolgicamente la esclavitud: la consigui cultivando terica y prcticamente el racismo, esa quiebra de la universal condicin humana que se postulaba, estableciendo supuestas divisiones anti-igualitarias en el seno de la especie, apoyndolas falsamente en consideraciones groseramente biolgicas. Las nuevas formas de dominio a gran escala se apoyaron, como bien ha mostrado Foucault, en el racismo como elaboracin discursiva reclamada como legitimacin de una explotacin que trascenda las relaciones de explotacin en trminos de clase. El discurso racista, reforzando el etnocentrismo europeo, sirvi para considerar a los otros no blancos, no europeos, como inferiores, menos humanos, susceptibles de un presunto legtimo dominio, cual si fueran animales o cosas. Cost siglos, y mucho sufrimiento, abolir oficialmente la esclavitud en los pases en los que estuvo legalmente establecida. Si en los territorios de la Monarqua Hispnica el empeo abolicionista arranc en el siglo XVI con figuras como Bartolom de las Casas su empeo por la liberacin de la esclavitud para los indios no impidi frenar la importacin de esclavos desde frica, la esclavitud perdur en dominios espaoles hasta 1886, cuando definitivamente se aboli en Cuba.

Con todo, erradicar definitivamente la esclavitud, ms all de las declaraciones oficiales, sigue siendo tarea pendiente. Como ocurre con otras prcticas, tambin la esclavitud encontr formas de reciclado, bajo nuevas condiciones e incluso con el amparo de nuevas coberturas jurdicas. Por eso, el mismo Marx, a la vista del modo de produccin capitalista tal como se iba estructurando en el siglo XIX, hablaba de la esclavitud econmica del proletariado, por ms que el obrero se supusiera libre bajo la ficcin legal de un contrato de trabajo entre partes formalmente simtricas y no se va abriendo paso una silenciada esclavitud de nuevo cuo a manos del desespero del desempleo, de la precariedad laboral, de salarios de miseria, de contratos leoninos?.

La historia sigue con las formas de esclavitud que depara el siglo XXI en las condiciones de un mercado global en cuyos intersticios sociales, en los mrgenes de la deslocalizacin empresarial, en los espacios ensangrentados de los escenarios blicos, en el comercio clandestino de seres humanos..., contina dndose la negacin de la humanidad de hombres y mujeres a los que se roba su dignidad a la vez que se les destruye su vida hasta la muerte, si es el caso. Lo nuevo en medio de tan inhumano panorama es la invisibilizacin que se extiende sobre el mismo, la cual afecta a refugiados y migrantes expuestos en su vulnerabilidad, cuando no pierden la vida en naufragios o en imposibles travesas, a caer en las manos desaprensivas de quienes no ven en ellos ms que carne de pinges beneficios econmicos en la ms cruda ilegalidad. Quienes son esclavizados quedan en esa zona trgicamente equvoca a donde los Estados no quieren llevar la ley, en donde los organismos internacionales no pueden hacer valer los Derechos Humanos. Es el territorio de un capitalismo salvaje ante el que se lava las manos el poder poltico, sabiendo cmo se sacrifican humanos en los altares de los dolos econmicos. Quienes quedan sometidos a nuevas formas de esclavitud son sus primeras vctimas propiciatorias.

Con sus nudas vidas sus vidas al desnudo quienes son esclavizados, y en muchos casos bordeando las leyes o retorciendo la legalidad pretendiendo guardar las apariencias de lo que es delictivo, son arrojados extramuros del Estado de derecho y fuera de las estructuras democrticas. El filsofo Giorgio Agamben subraya esa realidad de nuestro tiempo con marcados y bien puestos acentos. Las nuevas formas de esclavitud tienen el terreno abonado en esas zonas en las que cualquier individuo pasa a ser considerado homo sacer, del que se predica su carcter sagrado atribuible en teora a su dignidad, pero que a la vez se aparta al territorio fuera de toda ley donde es sacrificado.

Quienes se hallan en situaciones de esclavitud padecen el ms terrible estado de excepcin. Si en la capacidad para decretar el estado de excepcin pona Carl Schmitt el elemento en verdad identificador del poder soberano, es de suyo la violenta reduccin al ms injusto estado de excepcin lo que muestra el reverso de la soberana que ejercen las instancias de efectivo poder que en nuestro mundo pueden hacerlo. Para los esclavizados se verifica en grado extremo la constatacin de Benjamin acerca de cmo la tradicin de los oprimidos nos ensea que la regla es el estado de excepcin en el que vivimos. Su clamor, el silenciado clamor de ellos y ellas, es interpelacin ineludible que exige esa justicia sin la cual las democracias de este mundo no van ms all de la cobertura indecente de un modo de vida excluyente que conforma la realidad de un sistema de dominio en el que la exigencia de dignidad se ve aplastada por lo inhumano de las esclavitudes actuales: crmenes de lesa humanidad.

Qu cabe esperar? O ms esclavitud o solidaria tarea emancipadora pretendiendo liberacin. Para decantar tal alternativa por el lado de la humanizacin contraria a la deshumanizacin mxima que la esclavitud supone, la cuestin estriba en retomar lo que Ernst Bloch planteaba como el necesario enhebrar el hilo rojo de tantos xodos habidos en la historia tras metas de liberacin; en definitiva para que la Tierra que habitamos est ms cerca de ser, como relata un bello mito guaran, la tierra sin mal sin ese mal del cual la esclavitud es una de sus manifestaciones en grado sumo.

Jos Antonio Prez Tapias es catedrtico y decano en la Facultad de Filosofa de la Universidad de Granada. Es autor de Invitacin al federalismo. Espaa y las razones para un Estado plurinacional. (Madrid, Trotta, 2013) @JAPTAPIAS.

Fuente: http://ctxt.es/es/20180425/Firmas/19287/Perez-Tapias-Esclavitud-filosofia-violencia.htm



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter