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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-05-2018

Cuba cambia?
El da despus de los Castro

Juan Orlando Prez
El Estornudo


El Estado fundado por Fidel Castro sobrevive a todo: a catstrofes naturales, a vaivenes econmicos globales, a la intermitente hostilidad yankee. La nica amenaza que podra hacerlo implosionar, analiza el cubano Juan Orlando Prez, es el mismo Estado, que an se sostiene bajo la leyenda vanidosa de su lder. Frente la retirada de Ral Castro del poder, las especulaciones no quedan aisladas. El autor imagina un duelo en el Partido entre los que siguen defendiendo la revolucin y los que sacan cuentas para quedarse con medio Varadero.

Ni Donald Trump ni los cuentapropistas. Ni la crisis venezolana ni las Damas de Blanco. Ni la OEA ni El Sexto. Ni tres millones de exiliados ni la Muestra (de cine) Joven. Ni el precio mundial del petrleo ni los centristas. Ni OnCuba ni El Estornudo.

El gobierno cubano parece, llegado este punto, invencible, inexpugnable, como si fuera a durar los mil aos que Hitler anhelaba que durara el Tercer Reich.

Podra llegar a la isla una tormenta diez veces ms feroz que Irma, podra subir por la calle San Lzaro desde el Prado hasta la universidad, echar abajo toda Centro Habana, y que solo quedara en pie, con el mar a la altura del piso cinco, el hospital Ameijeiras, que el gobierno se las ingeniara para sobrevivir semejante catstrofe, recoger a los muertos y mantener a raya a los descontentos, y hasta se vanagloriara en Granma de su eficientsima administracin de la tragedia, de su propia nobleza y munificencia.

Podra repetirse 1929, otro Martes Negro, una cada de la bolsa en Wall Street tan honda que cada milln de dlares en los bancos del mundo valga de repente cincuenta centavos, y se vacen estruendosamente los hoteles de La Habana, Varadero y Cayo Como Se Llame, ni turistas canadienses, ni ingleses, ni siquiera cubanetes de Miami.

Caeran la mayora de los gobiernos de Europa y Amrica Latina, pero no el de Cuba, que se ufanara en Granma y en Cubadebate de haber pronosticado correctamente la crisis general del capitalismo, y anunciara la libre circulacin del rublo y el renminbi en la isla, media papa costara cinco rublos, y Granma mismo, cincuenta kopeks o cinco yuanes.

Podra ser sucedido Trump por un Frankenstein hecho con partes de George Wallace, Joseph McCarthy, Barry Goldwater, Richard Nixon, Ronald Reagan y Dick Cheney, que amenace con aniquilar al gobierno cubano, ocupar la isla y convertirla, toda ella, no ya en un estado de la Unin, o siquiera un segundo Puerto Rico, sino en un territorio especial controlado por la alcalda de Cayo Hueso.

A menos que el gobierno cubano haya vaciado diez cpsulas de bola en el Mississippi, o haya regado Novichok en la fiesta de Ao Nuevo en Times Square o en las celebraciones del 4 de julio en Filadelfia, o haya hecho algo igual de estpido, haya dejado que ISIS creara un campo de entrenamiento en la Isla de la Juventud, o que Corea del Norte lanzara un ataque snico contra los diplomticos norteamericanos en La Habana (oh!), es difcil imaginar que incluso el ms belicoso presidente norteamericano, teniendo que resolver tantos otros ms graves asuntos, quiera lanzarse a conquistar Pinar del Ro y Las Tunas, a plantar su bandera no en Pyongyang o Tehern, sino en los mogotes de Viales y en la casa de Kiki y Marina.

Podran volver el hambre y los apagones de 1993, que el gobierno cubano, habiendo aprendido entonces una muy til leccin sobre su pueblo, sobre su carcter y valor, sobre lo que quieren y lo que estn dispuestos a pagar por su libertad, no esperara que doscientos malencarados salieran a la calle a protestar para usar el ms efectivo recurso en su amplia coleccin de trucos polticos, abrir las puertas del pas, el que se quiera ir, que se vaya. Eso nunca les ha fallado. Inmigracin expedira pasaportes express, a diez pesos, cubanos. En veinticuatro horas, la gente podra ir de Cienfuegos o Morn a Novosibirsk, y veinte aos despus, en la capital de Siberia se podran comer pastelitos de guayaba y de coco tan buenos como los de Miami.

Ni el hambre, ni el ms hostil y brutal presidente norteamericano, ni los vaivenes de la economa mundial, ni las catstrofes naturales, ni la oposicin interna, ni el exilio, ni el nuevo periodismo independiente cubano amenazan seriamente, ahora mismo, la continuidad del Estado fundado por Fidel Castro. Solo queda un ltimo factor de cambio, peligrossimo, que el gobierno cubano no puede controlar tan hbilmente como controla y anula todos los dems, l mismo.

* * *

Habindole robado todo al pas, su libertad, su orgullo, su historia, el grupo que gobierna Cuba le quit tambin la habilidad para deshacerse de l. Desarticulada por un meticuloso, refinado aparato de vigilancia y represin, horadada fsica, emocional e intelectualmente por sesenta aos de copiosa emigracin, exhausta, cnica, desinformada, ineducada, sin lderes y sin ilusiones, la sociedad cubana no ha vuelto, seriamente, a plantarle cara al Estado desde el 5 de agosto de 1994, cuando los rufianes de Centro Habana, oyendo que vena el Comandante a parar la revuelta, dejaron caer las piedras que tenan en las manos y comenzaron a gritar estentreos vivafideles.

El nico actor poltico que queda en la isla con capacidad de cambiar al pas es el propio Estado, o ms exactamente, las personas que se hacen pasar por l. Esta semana, hubo cambio en la Jefatura del Estado, y alguien distinto a Ral Castro fue proclamado presidente. Nadie espera que cambie nada, y nada cambiar, no inmediatamente, porque Ral, mientras viva y pueda mandar, ser todava quien mande. Pero su retiro aparente, y su muerte, eventualmente, junto con la de los ltimos guerrilleros de la Sierra Maestra, acelera un proceso que comenz cuando Fidel cay enfermo en 2006, la degradacin y fragmentacin de la autoridad poltica e intelectual de los lderes de la revolucin de 1959, y su inevitable disolucin.

Si a algo hay que atribuir la sorprendente duracin de este gobierno cubano es a la feroz concentracin de la autoridad del Estado en la figura de Fidel, que us esa autoridad como si hubiera sido, no Stalin, Luis XIV, un rey escogido por Dios, un hombre hecho con luz de sol.

No fue Fidel un simple, vulgar tirano, y creer que lo era, fue frecuentemente el primer error que cometieron sus enemigos. La fuente de su autoridad no era el Politbur sovitico, ni los generales de las FAR, ni la Seguridad del Estado, aunque todos ellos contribuyeran decisivamente a protegerla, ni siquiera la honesta devocin que la mayora de su pueblo tuvo por l durante muchos aos, sino l mismo, su leyenda, y su rebosante vanidad y sentido de superioridad sobre los dems, un defecto moral que frecuentemente fue llamado, imbcilmente, carisma y, an peor, genio.

Ral, de quien podra decirse lo que Churchill dijo de Attlee, que es un hombre modesto con muchas razones para serlo, fue incorporado, poltica y simblicamente, a la figura y el legado de Fidel, hasta el punto de perder su propia personalidad histrica, y en los doce aos que han pasado desde que sucedi a su hermano, ha gobernado Cuba como si su etapa no fuera ms que un largo eplogo de la anterior. Ha hecho mucho, pero nada, salvo negociar aquel breve armisticio con Obama, ha sido esencial, casi todo correcciones de los excesos y abusos de Fidel, y ha cometido bastantes abusos propios.

Con Ral, cuando no pueda seguir dando rdenes, o muera, se extinguir definitivamente el poder que Fidel acumul y ejerci impunemente, que no es un ttulo, ni tres, no es transferible, no lo puede pasar la Asamblea Nacional de Ral a nadie, ni siquiera a otro Castro, lo que debera proporcionar a todos los cubanos una suerte de consuelo.

* * *

La desaparicin de la fuente original de poder y legitimidad del Estado cubano podra ser, al final, lo que haga que la isla se ponga de nuevo en movimiento. Necesariamente, la autoridad del Estado deber ser reconstruida, nuevas fuentes de poder emergern, Cuba no se convertir en Libia, o en Somalia, donde el Estado desapareci junto con los tiranos que haban gobernado esos pases con omnipotencia.

Cuando se queden solos, no esta semana, no el ao que viene, despus, los nuevos gobernantes cubanos tendrn que hacer algo que nunca han hecho jams, poltica. Se sabe muy poco de ellos, de estos mustios diazcaneles, de lo que saben, de lo que piensan realmente, de su carcter, de sus gustos, de sus ambiciones, adems de la muy obvia de sobrevivir.

Sin Ral para mediar y decidir, quin sabe cmo se las arreglarn para acordar qu hacer cuando no tengan consenso para una cosa u otra. Es imposible pronosticar cmo reaccionaran ante acontecimientos internacionales que podran golpear a Cuba cruelmente, la cada del tenebroso post-chavismo en Venezuela, el agravamiento de esta incipiente, segunda Guerra Fra entre Rusia y Estados Unidos, otra crisis financiera global. Nadie podra decir si, en caso de otro maleconazo, Miguel Daz-Canel se plantara en el Prado a ver quin se atreve a tirarle una piedra, como hizo brillantemente Fidel, o sacara los tanques a las calles, tendra su Tiananmn.

Algunos observadores creen que en esa fila de blancas guayaberas que rodea a Ral Castro hay un Gorbachov, o un Adolfo Surez, un reformista disfrazado de talibn que, cuando tenga la oportunidad, saldr del closet y se declarar demcrata. Quin sabe, a lo mejor en el futuro el aeropuerto de Santa Clara llevar el nombre de Daz-Canel, como el de Barajas lleva ahora el de quien fue gobernador de Segovia y Secretario General del Movimiento Nacional durante las postrimeras del franquismo.

Sera una sorpresa, porque si hay algo notable en esa generacin de burcratas del Partido y jefes militares a la que Ral aparentemente est abriendo el paso, es su robusta, descarada mediocridad, no hay ninguna indicacin de que ninguno de ellos tenga ya no conocimientos bsicos sobre el mundo y su propio pas, sino al menos mnima curiosidad intelectual, y la rara habilidad de pensar lo que nadie ha pensado antes.

Mientras lo vieron necesario, Surez y Gorbachov pretendieron, el uno, ser tan franquista como Franco, y el otro, la reencarnacin de Lenin, pero nadie nunca crey que eran ignorantes o idiotas, que es la impresin que los sucesores de Ral provocan en los que los oyen hablar. Quizs, en privado, cuando estn seguros de que nadie los oye, salvo sus amigos ms leales, estos gaznpiros se convierten de repente en una combinacin sacrlega de Oscar Wilde y Groucho Marx, ingeniosos y cortantes, disertan brillantemente sobre cualquier tema que cruce su imaginacin, hablan de literatura y msica clsica y The Shape of Water y Kendrick Lamar, admiten que la alharaca sobre esa pelcula y Mart fue una equivocacin, discuten sobre lo que quisieran hacer para transformar la agricultura cubana o reformar los tribunales o insuflarle un poco de vida y del idioma espaol a Granma, especulan sobre lo que haran en Siria si fueran Trump, y lo que haran si fueran Putin. Francamente, alguien cree que esto es siquiera posible? Algunos de ellos no podran encontrar Siria en un mapa.

No importa cun ignorantes sean los sucesores de Ral, o bien, s importa, por el dao que su ignorancia y crueldad causarn al pas, por todos los innecesarios sufrimientos que los cubanos padecern mientras aparece una salida a este atolladero, pero ms importa el hecho de que posean una comn caracterstica poltica, su pequeez.

Esos pigmeos terminarn peleando entre s, tratando cada uno de escapar con un pedazo del decrpito edificio del Estado castrista antes de que se derrumbe. Algunos querrn apoderarse de los restos del ideario original de la revolucin y de esos retratos de cartn de Marx, Engels y Lenin que adornaban los congresos del Partido, y ya no, pero deben estar guardados en alguna parte, mientras que otros preferirn quedarse con ETECSA o con medio Varadero.

Los dividirn todos los grandes temas eternamente pospuestos por Ral, desde la reforma del Estado hasta el matrimonio gay, y lo primero que los podra dividir, y permanentemente, sera cmo responder a una ms animada actividad opositora en el pas tras la muerte o incapacidad de Ral, con dilogo, con indiferencia o a golpes. En ausencia de un lder indiscutible, que todos acaten, de un propsito comn, y de un sistema ideolgico coherente, tres cosas de las que estos nuevos gobernantes carecern, se formarn previsiblemente clanes y fracciones que encontrarn crecientemente difcil convivir, no se diga colaborar.

* * *

No sera nada extraordinario, lo inusual es que no haya pasado antes. Los politburs comunistas en Europa del Este y la Unin Sovitica fueron nidos de vboras, Erich Honecker forz el retiro de Walter Ulbricht en Alemania Oriental, Nicolae Ceauşescu pele con Gheorghe Apstol por el poder en Rumana, Antonin Novotn fue desplazado por Alexander Dubček en Checoslovaquia, y, por supuesto, el Kremlin fue durante dcadas un matadero.

Quizs dentro de tres o cuatro aos El Estornudo est comentando cmo un nuevo bloque de reformistas en el Consejo de Estado orquest la destitucin de Daz-Canel, visto como el ttere de una faccin neocastrista, un lder aptico, ineficiente y ampliamente despreciado, mientras en la Asamblea Nacional ocurren cosas nunca vistas, votaciones no unnimes, fragmentacin, aparicin de bancadas rivales, discursos mencionando la palabra democracia no para referirse a la de tipo socialista, y un diputado sugiriendo que el artculo 5, captulo 1 de la Constitucin, el que establece la supremaca del Partido Comunista, debe ser anulado, y recibiendo a la vez abucheos y aplausos.

Cuando se llegue a ese punto, todo podra pasar.

No sera necesario que un huracn como Irma llegara a La Habana para derribar a esos capitostes. Cualquier vientecito podra hacerlo. O un puado de rufianes de Centro Habana.

Juan Orlando Prez. Periodista cubano. Estudi y ense periodismo en la Universidad de La Habana. Crey l mismo ser periodista en Cuba durante varios aos hasta que le hicieron ver su error. Fue a parar a Londres, en vez de al fondo del mar. Tiene un ttulo de doctor por la Universidad de Westminster, que no encuentra en ninguna parte, si alguien lo encuentra que le avise. Tiene, y eso s lo puede probar, un pasaporte britnico, aunque no el acento ni las buenas maneras. La Universidad de Roehampton ha pagado puntualmente su salario por casi una dcada. Sus alumnos ahora se llaman Sarah, Jack, Ingrid y Mohammed, no Jorge Luis, Yohandy y Liset, como antes, pero salvo ese detalle, son iguales, la inocencia, la galante generosidad y la mala ortografa de los jvenes son universales. Ahora solo escribe a regaadientes, a empujones, como en esta columna. La cada del ttulo es la suya, no le ha llegado noticia de que haya cado o vaya pronto a caer nada ms.

Fuente: http://www.revistaelestornudo.com/despues/


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