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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-05-2018

En qu manos estamos o que dios nos pille confesados

Antonio Jos Gil Padilla
Rebelin


Por fortuna, pocas veces he tenido algo que ver con tribunales, juicios, jueces o dems asuntos de esta ndole. Desde luego, en ningn caso como acusado. Los ciudadanos sentimos miedo de que alguna vez te toque pasar por las dependencias judiciales porque desconfiamos de quienes administran justicia, de aquellos en cuyas manos pudiramos caer, y si, por desgracia, alguna vez cayramos, no nos quedara otra que pensar aquello de que dios nos pille confesados.

Anecdotario

Cuando era un nio, me vi en una sala frente a unos seores que me hicieron unas cuantas preguntas cuyo contenido no recuerdo. Ms tarde me enter de que aquello era un tribunal. Unos das antes, o unos meses, no recuerdo, me mordi un perro de un vecino, tal vez fui yo el culpable porque estaba jugando con l. Por aquello del miedo al contagio de la rabia, mis padres me llevaron a un servicio mdico de urgencias, a una de aquellas casas de socorro de entonces. Por el hecho de pasar por all, se puso en marcha, de oficio, un proceso que obligaba al pobre dueo a pasar por los tribunales, aunque por parte de mis padres nunca hubo denuncia, ni acusacin.

Ms tarde, ya de adulto, estuve involucrado en algunos otros casos, nunca imputado, como ahora se dice en estos casos de corrupcin. En tiempos de la Dictadura, cuando la represin, la persecucin y el miedo eran seas de identidad de aquel criminal sistema totalitario, luchbamos por conquistar algunos de los derechos de los que gozaban los ciudadanos de los pases vecinos. Nos organizamos para hacer un paro en el departamento de aquella empresa en la que yo trabajaba. El paro era simblico, unos diez minutos, pero nada ms comenzar se present la plana mayor de la direccin de personal. Dos compaeros fueron despedidos. La cosa no fue a ms por falta de tiempo. Denunciamos el despido y, por lo tanto, hubo que pasar por lo que se conoca como Magistratura de Trabajo. Yo estaba all en calidad de testigo. Mire usted por donde, al parecer, el apellido de uno de los despedidos, de uno de mis compaeros, coincida con el de un magistrado amigo del presidente de aquel tribunal, quien, antes de la vista, pregunt a nuestro abogado si el acusado era hijo del tal magistrado amigo, a lo que nuestro letrado le contest que no. Se acerc a nosotros y nos dijo: hemos perdido, si fueras el hijo de un magistrado con tu mismo apellido no tendramos ningn problema. Por supuesto aquellos hombres de toga negra dictaminaron despido procedente. Es este un caso evidente de falta de objetividad.

Por suerte, como he dicho, pocas veces me he visto implicado en asuntos judiciales, pero an queda algo ms. Ya en esta etapa democrtica, y siendo yo responsable de una institucin pblica, me pidi una jueza informacin sobre la nmina de uno de los trabajadores de la plantilla, con un desconocimiento absoluto, por su parte, de que en la Administracin Pblica existen unidades habilitadoras encargadas de abonar los salarios de los funcionarios sin que los jefes orgnicos nada tengan que ver. Contest de manera reglamentaria, indicando que yo nada tena que ver con el abono de las nminas. Sin embargo, en una segunda peticin, la susodicha jueza me amenazaba con amonestarme si no le daba los datos que me peda, absolutamente desconocidos para m. Una falta de profesionalidad de aquella, un exceso en sus atribuciones y un abuso de poder, lo que deja a la vista que quien tiene algn tipo de poder lo ejerce, a veces, en muchas, de forma arbitraria.

El poder judicial y sus agentes

A pesar de que la mayor parte de la ciudadana no ha tenido nada que ver con los tribunales, cada da, los medios de comunicacin se encargan de informarnos de los casos de corrupcin y dems delitos que cometen unos cuantos, demasiados del mbito poltico. Lo nico instructivo de toda esta informacin es que nos hemos dado cuenta de que no todos somos iguales ante la ley. No todos los casos son iguales. Slo comparar los casos Urdangarn, Grtel y tantos parecidos con otros como el de Valtonic y Pablo Hasel, condenados por las letras de sus canciones. Incluso para el ms lego, no es difcil distinguir la aplicacin de la ley para el caso de los ricos y para el de los pobres. En algn momento hemos sealado que la ley en un sistema como este es un instrumento de represin y sometimiento para los ciudadanos de a pie y de defensa de los intereses de la oligarqua, y sus servidores.

Cmo se alcanza la condicin de juez o fiscal? En el marco de un modelo educativo basado exclusivamente en la memorizacin y la obediencia, el acceso a la funcin pblica se sustenta sobre los mismos elementales principios. Para ser juez la nica exigencia es la de memorizar alrededor de 340 temas, y luego cantarlos (unos cinco de ellos), como se conoce en el argot, en un tiempo, ms bien ajustado. No queremos entrar ahora en los traumas, desequilibrios y trastornos que se proyectan en las posteriores conductas, fruto del encierro y desconexin con el mundo exterior durante 4, 5 o 6 aos, hasta que se logre la plaza. Por cierto, el contenido de los temas que tienen que memorizar es el mismo que el de las asignaturas que se estudian en la carrera de Derecho. Nada diferente, por lo que se trata de una prueba de sometimiento y destruccin.

Las capacidades intelectuales (razonamiento, resolucin de problemas, creatividad, etc.) y el estado mental o emocional de los aspirantes no son evaluados. Una vez alcanzada la meta la tranquilidad, la satisfaccin y el cambio de ritmo en las vidas de los que sern jueces marcan su futuro. Un amigo que obtuvo una plaza de Inspector de hacienda, un proceso de acceso semejante, me deca: el esfuerzo lo he hecho para aprobar la oposicin, ahora me toca vivir. Algo parecido debe de ocurrir con los jueces.

Lo que es cierto es que no se conoce la trayectoria formativa una vez obtenido el puesto de juez. Eso que se conoce en otros pases como formacin continua. Pases que consideran obsoleto al profesional de alto nivel de cualificacin a los cinco aos si no actualiza su formacin inicial.

Los jueces, junto a otros cuerpos de la Administracin son instrumentalizados a cambio de otorgarles prestigio (aunque slo sea formal), estabilidad y un salario bastante por encima de la media.

Los jueces se organizan en sindicatos amarillos que se diferencian unos de otros por matices, pero todos ellos, y el cuerpo en su totalidad, son de corte conservador, que sufren de endogamia, de clientelismo, de corporativismo, de prepotencia y de soberbia, como ocurre en otros colectivos. Sobre todo de corporativismo como estamos observando en estos das ante la aberrante sentencia dictada por un tribunal por un caso de violacin masiva por parte de cinco energmenos. La sociedad y, particularmente, las asociaciones feministas se han puesto en pie. Sin embargo, en todas las declaraciones de jueces en los medios de comunicacin han sido para arropar a los colegas.

La sociedad entre temerosa e ignorante manifiesta un respeto inmerecido por estos colectivos, pero, poco a poco, nos vamos dando cuenta de que tras esas togas negras se esconde la parcialidad, la arbitrariedad, la contradiccin, la imprecisin y la injusticia.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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