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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-05-2018

Breve historia de un desencuentro
Theodor W. Adorno perdido en el 68, o cuando Adorno se puso la gorra

Miguel Mazzeo
Rebelin


Theodor Wiesengrund Adorno (1903-1969) probablemente haya sido uno de los intelectuales que ms influy en el movimiento poltico-cultural que estall en 1968 y que, como se constat ms tarde, inaugur toda una poca signada por la modificacin radical en el carcter de los movimientos antisistmicos de todo el mundo.

Adorno fue el pensador ms emblemtico de la Escuela de Frankfurt, uno de los referentes ms destacados de la Teora Crtica y tambin supo ser reconocido como compositor de msica vanguardista. Pero, adems, su figura prcticamente se erigi en la conciencia moral de una porcin importante de la generacin de posguerra.

De ningn modo consideramos al modo idealista que Adorno, la Escuela de Frankfurt y la Teora Crtica hayan instigado directamente un movimiento que responda a causas sumamente complejas e intrincadas, emparentadas con procesos histricos relacionados, por ejemplo, con la consolidacin del capitalismo de posguerra, la emergencia de nuevos sujetos (y mtodos) impugnadores del sistema de dominacin o las evidentes limitaciones de los socialismos reales, en particular del comunismo de hechura sovitica.

Pero cuntos componentes de las subjetividades caractersticas del 68 son filiables a Adorno, a la Escuela de Frankfurt y a la Teora Crtica? Cunto le deben el 68 y la poca que inaugura a esa figura intelectual, a esa institucin y a ese corpus conceptual? Sin dudas, muchsimo. Aportaron insumos tericos bsicos que sirvieron para muchas cosas, entre otras: para pensar las sociedades de capitalismo avanzado actualizando los bagajes conceptuales, incorporando diversas disciplinas y saberes, el psicoanlisis por ejemplo; para comprender los mecanismos de control e integracin del capitalismo de posguerra, colocando el nfasis en el rol en las funciones ideolgicas de los medios de comunicacin, el arte, el consumo, las diversas formas y vas de la alienacin, etc.; para dar cuenta de las limitaciones del antiguo rgimen emancipatorio con sus formatos jerrquicos y piramidales, con sus sujetos transformadores homogneos, con su posicin de clase rgida, con sus parmetros puramente estatales, con su lgica de los dos pasos en los trminos de Immanuel Wallerstein (esto es: primero se toma el poder estatal y desde ah se cambia la sociedad). Esos insumos tericos, de algn modo, inauguraron una forma de pensar la poltica donde no cabe la distincin entre lo pblico y lo privado. Y sirvieron muchsimo a la hora de dar pasos significativos en pos de la renovacin del marxismo (en diversas claves, pero que incluyen algunas indudablemente revolucionarias) dando cuenta de los cambios en los sujetos, las metas, los mtodos. Tambin instalaron a la autonoma, al autogobierno, a la democracia directa y a la persecucin de la felicidad y el placer como horizontes indispensables para los nuevos movimientos antisistmicos.

Adorno, la Escuela de Frankfurt, la Teora Crtica, contribuyeron al desarrollo de una concepcin del cambio revolucionario basada en la multiplicacin de los frentes de lucha y sostenida en una pluralidad de sujetos subalternos y oprimidos. Asimismo, sentaron las bases para una crtica integral al capitalismo, una crtica totalizadora, en trminos sistmicos pero tambin civilizatorios, es decir: una crtica a la civilizacin burguesa moderna y occidental, a su universo material e ideolgico. En este sentido, tambin cabe hablar de aportes al pensamiento descolonizador. Porque esa crtica, indirectamente, colocaba al mundo perifrico, al denominado Tercer Mundo, en un lugar expectante y, de algn modo, lo entronizaba como espacio de posible gestacin de lo alternativo civilizatorio.

En la actualidad, Adorno, la Escuela de Frankfurt y la Teora Crtica, no dejan de ser referencias tericas insoslayables sobre todo para los enfoques de fondo filosfico a la hora de pensar, en otras cosas: el zapatismo, la experiencia de los comuneros chavistas en Venezuela; el movimiento indgena, feminista, ecologista; los movimientos de derechos humanos, antiblicos y antirracistas; el movimiento LGTBI.

Ahora bien, en el 68, Adorno perpetr una intervencin arcaica. A diferencia de otros miembros de la Escuela de Frankfurt que desarrollaron sus facultades empticas, como Herbert Marcuse o Ernst Bloch, Adorno cuestion duramente el movimiento y se enfrent duramente con los y las estudiantes. Su actitud fue abiertamente reaccionaria. Se mostr intolerante frente al conflicto y abiertamente hostil al sujeto multidimensional que emerga. Se comport como un autntico viejo vinagre. Similar fue la actitud de Max Horkheimer, otra figura relevante de la Escuela de Frankfurt. Aunque asumi una actitud menos beligerante que Adorno ya estaba prcticamente retirado de toda actividad pblica y acadmica Horkheimer se distanci del movimiento con posiciones conservadoras. Una paradoja: en 1968 se public Teora crtica, un libro que rene algunos ensayos fundamentales de Horkheimer escritos en su gran mayora en el transcurso de la dcada del 30.

Debemos tener presente que la rebelda estudiantil (los mismo que el inconformismo generalizado) constitua un emergente de otros conflictos de fondo, una expresin ms en un contexto de alza en la lucha de clases en buena parte de Europa y del mundo. Unas luchas que mostraban, adems, a una nueva generacin de trabajadores y trabajadoras disputando la hegemona dentro y fuera de las fbricas, desbordando los limites de las viejas instituciones sindicales y polticas (de derecha a izquierda), de ah el concepto de oposicin extraparlamentaria, tan al uso del 68 y de los aos inmediatamente posteriores.

Las clases y las conferencias de Adorno, en lugar de congregar estudiantes y activistas con la avidez crtico-prctica a flor de piel y con el irrefrenable deseo de obtener saberes emancipatorios y herramientas tericas liberadoras, fueron epicentro de protestas de jvenes encolerizados y encolerizadas. Ya en 1967 Adorno haba sido abucheado por los y las estudiantes de la Universidad de Berln. Y eso fue slo un prembulo.

Adorno, que haba realizado algunos de los aportes tericos ms lcidos para comprender las fuentes del autoritarismo en las sociedades capitalistas, no tuvo reparos a la hora de llamar a la polica para desalojar a un grupo de estudiantes que haban ocupado la sede del Instituto de Investigacin Social que l diriga. Adorno se puso la gorra (o, dicho en otros trminos, cay en una de las peores formas del pensamiento identitario) y puso en evidencia cierta consanguinidad entre la academia y la polica.

Adorno, que haba echado bastante luz sobre los mecanismos de alienacin en el marco del capitalismo pos-industrial, termin cayendo en una forma de alienacin y extroyect una cuota de conciencia opresora. El crtico intrpido no supo ser auto-crtico. Le fallaron las dotes perceptivas.

Consideramos que en esos gestos radica la verdadera oscuridad de Adorno. No tanto en sus libros.

En una ocasin tres estudiantes mujeres, en una de sus clases, le hicieron saber de su repudio y, tal vez, de su desilusin, exhibindole sus pechos tremebundos e inquisidores a modo de conjuro contra tanto conservadurismo, contra tanta incoherencia. Recurriendo a una expresin ms al uso de estos tiempos podramos decir que le hicieron un tetazo. Esos pechos al aire no exigan otra cosa que consecuencia. Asimismo, venan a mostrarle que haba una generacin dispuesta a ponerle el cuerpo a sus ideas y que, adems, repudiaban su ceguera poltica. Por otra parte, de modos diversos, la prdica de Adorno haba puesto sobre el tapete el potencial crtico de la irona y la desvergenza en el marco de una concepcin general que sugera una urgente renovacin de los mtodos de lucha contra el sistema de dominacin. Entonces, l mismo haba sugerido el espritu de la tctica utilizada por las estudiantes. Este episodio pas a la historia como el atentado de los senos. Aunque atentado no nos parece el trmino ms adecuado. Tal vez sea mejor interpelacin anatmica; o, directamente, leccin: la leccin de las glndulas mamarias.

Por qu el autor de Dialctica del iluminismo, La personalidad autoritaria, Mnima moralia, Prismas: la crtica de la cultura y la sociedad, Sobre la meta-crtica de la teora del conocimiento, La jerga de la autenticidad, Dialctica negativa, entre otras obras, termin recalando en estas posturas? Por qu el pensador de lo nunca concluido asumi una actitud tan cerrada frente a un proceso tan copioso y repleto de aristas como el que inauguraba el 68? Por qu alent en la teora unos quiebres que despus rechaz en la prctica? Por qu no pudo percatarse de la coyuntura decisiva del 68? Cmo explicar su tozudez hermenutica?

Adorno consideraba que los y las estudiantes se haban precipitado en el accionismo, es decir, haban privilegiado la prctica y descuidado la argumentacin crtica. Pero acaso su propia argumentacin crtica (por lo menos una parte de ella), no puede considerarse como una invitacin a la prctica radical desplegada por los protagonistas del 68, sea en Berln, en Pars o en Mxico? Acaso esas acciones no eran la expresin de las nuevas lgicas anticapitalistas emergentes? Adorno, que en cada accin slo vea altas dosis de voluntarismo, ni siquiera pudo percibir los vnculos (o las afinidades electivas) entre la teora (que en buena medida l mismo haba producido) y los saberes populares prcticos que se desplegaban delante de sus ojos impvidos. Adorno desconfiaba de la praxis, vea en ella una expresin degradada del pensamiento. Tal vez conjeturamos aspiraba a imposibles decodificaciones consecuentes y fieles de sus planteos tericos y de su bruma semntica; anhelaba un imposible control del proceso de secularizacin del pensamiento terico (que adems era/es un pensamiento con una fuerte impronta antidogmtica!). En concreto, Adorno no toleraba que los textos (todos los textos, los suyos en particular) fueran reducidos a la accin y que sirvieran para instituir unas mediaciones signadas por la impureza, la infidelidad y, para colmo de males, por la eficacia. Porque en Adorno estimamos la eficacia aparece condenada a ser la cifra de alguna inferioridad tica y/o esttica. Por cierto, Enzo Traverso fue certero al caracterizar la posicin de Adorno como reduccionismo esttico, una especie de tierra movediza en la que el maestro de Frankfurt se fue hundiendo ms y ms a medida que buscaba distanciarse, tanto del marxismo dogmtico como del reformismo evolucionista. Definitivamente: el punto ms dbil de Adorno fue su praxeologa. Goethe, que tambin haba nacido en la ciudad Frankfurt, deca: toda teora es gris, amigo, pero verde es el rbol de la vida. Adorno contradijo a su ilustre coterrneo: se aferr a la primera y le dio la espalda al segundo; de este modo se cerr a la posibilidad de producir nueva teora deducindola de las nuevas experiencias que se identificaban con unos sentidos que l mismo haba ayudado a delinear.

Ya existan algunos antecedentes anti-poticos en la trayectoria de Adorno. Por ejemplo, a fines de la dcada del 20 critic duramente la influencia ejercida por Bertolt Brecht sobre Walter Bejamin. Afirmaba que la impronta brechtiana era perniciosa porque empobreca los anlisis de Benjamn. Ahora bien, lo que inspiraba a Benjamn no era tanto la obra de Brecht como su testimonio de vida, su praxis que articulaba los perfiles del intelectual, el militante poltico y social, el agitador cultural y el pedagogo popular. O sea; Adorno tema que la produccin de Benjamn se llenara de vida. Va de suyo que para nosotros y nosotras el vnculo Brecht-Benjamin fue de lo ms fructfero. Cuatro dcadas antes del 68, Adorno ya estaba convencido y se encarg decrselo a Benjamn en tono seco y spero de que slo la teora poda romper con el encantamiento. La teora!, la buena teora, que para Adorno deba ser determinada y especulativa. De la praxis, de sus capacidades extraordinarias para exceder la alienacin y el fetichismo, ni hablar. Estos antecedentes anti-poticos tambin son anti-polticos, porque Adorno se espant cuando la lucha de clases se convirti en revuelta, barricada y enfrentamiento cuerpo a cuerpo.

Los enfoques y planteos frankcfurtianos, que haban sido desodos o repudiados abiertamente por una izquierda anacrnica y conformista, calaron hondo de una nueva generacin que comprendi la inmanente politicidad de los mismos y que, sin decodificarlos como recetas, se decidi a llevarlos a la prctica. Pero los intelectuales ms representativos de la Escuela de Frankfurt Adorno y Horkheimer le dieron la espalda.

Adorno perdido en el 68, fosilizado, incmodo en lo que debera ser para l un entorno libidinal y gratificante, puede servirnos para analizar las taras de algunos intelectuales dizque de izquierda, radicales, o por lo menos progresistas, frente al movimiento real: la prioridad asignada a los conceptos prefijados por sobre la experiencia y los nuevos conceptos que ella produce; la presuncin de que el pensamiento es auto-garante exclusivo de su verdad y que no requiere verificaciones externas (una especie de omnipotencia mgica del pensamiento); la costumbre de utilizar los saberes tericos y universales para generar relaciones de dominio sobre sujetos plebeyos no ilustrados y relaciones paternalistas sobre discpulos y discpulas; las limitaciones para salir del campo de lo ilusorio, lo superficial y lo abstracto; el desinters por las conexiones orgnicas con las organizaciones populares, por las encarnaduras concretas de la teora; la incapacidad para desarrollar empata con los cuerpos rebeldes; en fin: la ambivalencia volitiva y las dificultades para vivir la condicin intelectual en el marco de categoras socio-culturales distintas a las dominantes.

Creemos que en el 68 Adorno se comport como un intelectual ms iluminista que dialctico. No slo afloraron todos los prejuicios burgueses que arrastraba, no slo se pusieron en evidencia los perfiles ms ntidos de un genuino producto de burguesa europea de la primera parte del siglo XX, con pap rico comerciante, con mam culta cantante lrica. Emergi la figura del intelectual que se haba formado exclusivamente en los pasillos y claustros de la Universidad de Frankfurt, del Merton College de Oxford, de la Universidad de Columbia y Princeton, en el Instituto de Investigacin Social: una larga trayectoria intelectual en ambientes homeostticos y en universos hermticos, una historia de vida en la que jams haba asumido alguna referencia poltica explcita.

Ciertamente, esos ambientes supieron desarrollar perfiles abiertamente anti-escolsticos y de ningn modo inhibieron las capacidades de dar cuenta de un conjunto de experiencias de vida, en fin, de la realidad. Pero Adorno se posicion como un negador del mundo casi al modo agustiniano cuando fue interpelado directamente por la dialctica cruda y cuestionadora de los acontecimientos. Entonces, resulta evidente que estos ambientes que saben instruir en el anti-escolsticismo tambin pueden favorecer las actitudes inquisitoriales. Pueden contribuir a la apertura de un campo de accin y despus rechazar las acciones concretas que se suceden en ese mismo campo. Pueden promover la expansin de las ideas que preparan los cambios futuros y despus no asimilarlos o no reconocerlos cuando el porvenir se torna presente, cuando el futuro arriba sin pedir permiso, o cuando la teora se manifiesta como potencia y en los mrgenes. En efecto, el anti-escolsticismo, el rigor terico y la riqueza conceptual resultan indispensables pero no alcanzan para suturar la escisin entre teora y prctica. Son condiciones necesarias pero no suficientes para lucidez poltica estratgica.

Adorno en el 68 se mostr como un representante de la cultura ilustrada y erudita, de la alta cultura en cuyos lmites pretendi confinar a la Teora Crtica. Adorno no se jug. No supo como poner el cuerpo porque, de algn modo, perteneca a una estirpe de acadmicos acartonados, agrisados y entrpicos, poco predispuesta a esa faena. Su principal error fue insistir con la pretensin de dar luz y conciencia mientras que los y las estudiantes, los trabajadores y las trabajadoras le reclamaban fraternidad, recato, acompaamiento. Adorno quiso ser un juez objetivo cuando las circunstancias y su propia trayectoria intelectual lo demandaban como un testigo de parte. No pudo reconocer en el movimiento iniciado en el 68 una posible prueba de la legitimidad de sus propias concepciones.

Adorno, tan agudo y preclaro a la hora de analizar el funcionamiento de las sociedades capitalistas modernas, no pudo reconocer que algunas de las muchas cosas que el 68 vena a cuestionar eran: la divisin del trabajo capitalista, la escisin entre especialistas y profanos, las tradicionales jerarquas de saberes, la conversin de los saberes ilustrados en poderes adivinatorios, el sacrosanto respeto a las viejas y sacralizadas formas de autoridad, los roles de los y las intelectuales convencionales, entre otros factores histrico/genticos de la alienacin.

La poca que inaugur el 68 se caracteriz por la puesta en valor de un conjunto de saberes plebeyos, por la revalorizacin de la experiencia, pero tambin y lejos de todo oscurantismo de los saberes tericos que de ella se derivan. En sntesis: otra teora emancipatoria flexible y diversa para otro capitalismo, ms complejo y poroso. Una opcin por los mbitos al aire libre ms que por los cenculos, por el protagonismo de uno mismo y una misma (incluyendo a los cuerpos disidentes), por las relaciones cara a cara y cuerpo a cuerpo. Una refutacin de la inevitable (e insoportable) soledad del pensamiento y de su desasosiego permanente. Una convocatoria a la construccin fraternal y afectiva del conocimiento. Y el consiguiente desdn por toda cultura del poder. En este aspecto, el 68 no slo vena a rechazar al estalinismo y al marxismo-leninismo en sus versiones ms estriles, sino que tambin pona en evidencia algunas de las limitaciones del frtil marxismo occidental.

Al mismo tiempo, el 68 tambin recuperaba el horizonte de audacia y compromiso propuesto por algunas de las Tesis sobre Feurbach de Marx. Concretamente, de la Tesis II que sostena que el problema de si la verdad objetiva compete al pensamiento humano no es un problema terico sino un problema prctico; de la Tesis III, que planteaba que el educador tena la necesidad de ser educado; y, claro est, de Tesis XI, la ms ilustre, la que establece que los filsofos no deban limitarse a comprender el mundo sino a transformarlo. En el 68, Adorno desconsider estas tesis.

Creemos que, en lo que atae al campo intelectual, Adorno permaneci fiel a un esquema previo al 68. (Y aqu el termino campo se aproxima bastante al sentido que le asignara Pierre Bourdieu). Eso, claro est, no poda dejar de tener consecuencias polticas. Adorno fue tan capaz de comprender las nuevas lgicas del sistema de dominacin del capital como incapaz de comprender todo aquello que naca para cuestionarlas y excederlas. Esta incomprensin estaba fundada en carcter irremediable que Adorno asignaba a esas lgicas. Luego, no dejaba de ver en las clases subalternas y oprimidas un producto pasivo y relativamente homogneo. Su actitud, tambin, se corresponde con una profunda desesperanza, con una mirada pesimista y fatalista que inhiba toda empata con rebeldas, sublevaciones y resistencias y propiciaba la impotencia prctica. Con este gesto de capitulacin, de alguna manera, Adorno prefiguraba algunos rasgos de la posmodernidad. Tal vez, por todo esto, no pudo captar el contenido ms profundo (orgnico) del movimiento que se desplegaba frente a sus narices. No percibi la magnitud y la riqueza de las experiencias que condensaban y comunicaban las luchas del 68.

Adorno falleci en 1969 de un paro cardaco mientras se dedicaba a la prctica del esqu en Valais, Suiza. En correspondencia con su corazn, el mundo explotaba.



El autor es Docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y en la Universidad de Lans (UNLa). Escritor, autor de varios libros publicados en Argentina, Venezuela, Chile y Per, entre otros: Marx populi. Collage para repensar el marxismo. Obtuvo la mencin honorfica al Premio Libertador al Pensamiento Crtico (2014).



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