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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-05-2018

Infancia, adolescencia y salud en el milenio actual en Cuba

Reina Fleitas Ruiz
IPS

La salud psicosocial es tan relevante como la biolgica. Se precisa de enfoques culturales para avanzar en una mirada ms integral e inclusiva de todas las instituciones encargadas de la proteccin de la infancia.


En los ltimos 50 aos, el mundo ha dado un giro positivo en el enfoque de la poltica, la investigacin y el trato que se les dispensa, en general, a los grupos de edades que definen las etapas iniciales de la vida. Ejemplo de ello han sido la Convencin de los Derechos del Nio (CDN) y todos los cdigos que sobre la infancia se reformularon para adecuarse al nuevo espritu consensuado sobre la calidad de vida que debe disfrutar ese segmento de la poblacin, abordado como sujeto de derechos.

La Convencin es, sin lugar a dudas, el primer pacto entre pases pero no el ltimo que deja claro el valor que tienen esos grupos para la construccin de una sociedad humana. La apertura del nuevo milenio trajo la formulacin de los primeros objetivos (ODM) que se trazaron las naciones para avanzar en pro de un desarrollo humano, en varias de cuyas metas aparece de manera directa la preocupacin y necesidad imperiosa de erradicar los problemas que enfrenta la infancia. Pese a que muchos pases no lograron cumplir varias de esas metas, la voluntad poltica de mejorar la vida de nios y nias se mantiene para 2030,en los nuevos Objetivos para el Desarrollo Sostenible (ODS). Los intereses de la infancia aparecen explcitos en ocho de los 17 objetivos y forman parte de las primeras metas de cada uno. Quiere decir esto que no se puede hablar hoy del progreso humano, ni de proyecto sostenible, all donde el crecimiento econmico no se traduce en un mejor bienestar para la infancia, entindase en trminos del inters superior del nio y la nia.

Gracias a la voluntad poltica de muchas naciones, y al papel que durante 70 aos ha desempeado el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en la proteccin de la poblacin infantil, se logr entre 1990 y 2015 que la tasa mundial de mortalidad de menores de cinco aos se redujera en ms de la mitad, de 91 a 43 por cada mil nacidos vivos.[i] Por solo mencionar uno de resultados alcanzados.

Sin embargo, el cambio de mentalidad y los avances tangibles no deben hacernos forjar la ilusin de que el maltrato de los adultos sobre nios y nias ha desaparecido como problema de salud. El informe sobre el Estado Mundial de la Infancia de 2016 afirma: gobiernos y comunidades de todo el mundo celebran, con motivo, estos avances. Sin embargo, pese a este progreso, millones de nios y nias continan viviendo y muriendo en condiciones que son inadmisibles. En 2015, se calcula que murieron 5,9 millones de nios antes de cumplir los cinco aos, la mayora a consecuencia de enfermedades que pueden prevenirse y tratarse de forma fcil y econmica.[ii]

Cul fue el aporte de Cuba a ese progreso en la proteccin a la salud de la infancia y qu retos siguen vigentes en el contexto de la nueva agenda para 2030?

Mirada al contexto

Cuba entr al nuevo milenio con un sistema nico de salud pblica constituido y una experiencia de trabajo de ms de 30 aos, sostenida por una poltica enfocada al reconocimiento del derecho a la salud que tienen nias, nios y adolescentes, sin distincin de procedencia familiar, raza, gnero y territorio. Pese al contexto desfavorable que gener la crisis econmica de la pasada dcada del noventa, y de su efecto sobre la restriccin de recursos necesarios para mantener los ambiciosos programas sociales y la calidad de los servicios, se mantuvo la tendencia a la reduccin de la mortalidad infantil en todos los grupos de edades que la componen, se preservaron los altos ndices de escolarizacin en los niveles de enseanza media y primaria, y se hicieron esfuerzos por mantener libre del flagelo del hambre y la pobreza extrema a esta poblacin.

El censo de 2002 arroj que la poblacin en las edades comprendidas entre 0 y 18 aos era entonces de 2.946.501, que representaba 26,2 por ciento del total. De ese universo, 1.438.077 se hallaba entre 0 y 9 aos, para 12,8 por ciento, en tanto adolescentes entre 10 y 18 aos sumaban 1.508.424, para representar 13,5 por ciento del total. El nuevo siglo se inaugur bajo la influencia de un cambio en la estructura de la poblacin: reduccin creciente de los grupos ms jvenes e incremento de los ms adultos.Esta ha sido una situacin sostenida a lo largo de los casi dos decenios que han transcurrido desde 2000. A pesar de la reduccin del nmero de nios, nias y adolescentes, 42 por ciento de los hogares, en el censo de 2012, contaban con la presencia de alguien de este sector de la poblacin. De ello se infiere que una cifra alta de hogares cubanos estn enfrentando procesos de cuidados hacia nios, adolescentes y ancianos. Tal hecho podra, entre otros, estar influyendo en la decisin de concebir pocos hijos, en tanto se complican los procesos del cuidado, con efectos negativos para la vigilancia que se requiere tanto de los ms jvenes, como de los ms adultos.

La reduccin de la tasa de mortalidad infantil en menores de un ao de edad, durante el perodo que nos ocupa,es de 7,2 por mil nacidos vivos en 2000 a 4.3 en el 2016; las familias disfrutan del bienestar que les proporciona la sobrevivencia de sus hijos y del sentimiento de seguridad que ofrece el programa materno-infantil con el seguimiento al embarazo, primero, y a la salud del nacido vivo hasta los cinco aos. El decrecimiento de la mortalidad opera en todos los grupos de nios y adolescentes. La tasa de mortalidad del menor de cinco aos se redujo de 9,1 por mil nacidos vivos en 2000 a 5,5 en 2016; en tanto, los grupos de cinco a nueve aos, de 10 a 14 y de 15 a 19 mostraban tasas muy bajas de 0,2 por mil habitantes de cada edad, en el caso de los dos primeros grupos, y de 0,4 para el ltimo.[iii]

El enfoque universal de la poltica de salud y la gratuidad de los servicios han hecho posible que este proceso tenga un carcter bastante homogneo desde el punto de vista territorial. En 2016, el valor mnimo de la mortalidad del menor de un ao y de cinco lo tuvo Pinar del Ro, con 2,1 y 3,2, respectivamente. Y el ms alto en ambos grupos lo obtuvo Guantnamo, con 6,2 y 8,1, respectivamente. Los nios menores de cinco aos sobrevivientes alcanzaron la cifra de 99,4 por ciento.[iv] De acuerdo con UNICEF, en 2016 el promedio de la tasa de mortalidad del menor de un ao en Amrica Latina y el Caribe fue de 15 y el de cinco, de 18. Ningn pas de esta regin super el promedio de Guantnamo.

Ambas tasas tambin apuntan a su reduccin para nios y nias, y se comportan con valores muy prximos, aunque desde estas edades ya se observan diferencias que favorecen a las nias. En 2016, la tasa de mortalidad del menor de un ao para nios fue de 4,5 y las nias de cuatro; en tanto la TMM del menor de cinco aos fue para los varones de 5,7 y para ellas, de 5,3.

As como en pocas pasadas las familias con alta fecundidad buscaban en ese patrn la posibilidad de tener hijos que llegaran a la edad adulta, hoy un contexto de mayor igualdad de oportunidades en la salud, les facilita a hombres y mujeres un cambio en su comportamiento reproductivo, para concentrarse en la realizacin de otros proyectos de vida y mejorar la calidad de la proteccin de sus hijos.

Adems del Programa Materno-Infantil, otro de los que ms ha contribuido a la sobrevivencia infantil es el de vacunas. Este ha sido evaluado como el mejor programa de Cuba, debido a la repercusin que ha tenido en el cambio de perfil de enfermedades que prevalecen y provocan muerte a estas edades, y por lograr el fomento de la produccin de vacunas en Cuba, convirtiendo al pas de importador en exportador de esos productos mdicos. A pesar de que se experimenta una inestabilidad en la distribucin de medicamentos, que es conocida y genera mucho malestar, la cobertura de vacunacin del menor de un ao para 10 enfermedades transmisibles se comport,en 2016, en el rango mnimo de 95, 5 por ciento para la meningoccica y de ciento por ciento para rubeola, parotiditis y sarampin.[v] Su efecto positivo se refleja en la erradicacin de la rubeola, el sarampin, parotiditis, tos ferina, ttanos, fiebre tifoidea y meningoccica, y la baja prevalencia de tuberculosis en menores de 15 aos. Las enfermedades no transmisibles han pasado a ser el patrn que determina la mortalidad de nios y adolescentes, aunque nuevas enfermedades transmisibles y problemas de salud tambin suelen afectar su bienestar.

La prioridad de la salud infantil en la poltica se refleja tambin en otras reas. En el presente ao, la directora del Programa de Atencin al paciente con VIH ha declarado erradicada su transmisin de madres a hijos. Entre adolescentes, los cuales se hallan en las edades que despiertan a una vida sexual activa, casi siempre con sexo inseguro, se han desarrollado diversas acciones de educacin sexual, distribucin a bajo costo de condones, diagnstico masivo y de amplio acceso a los medicamentos que alargan la vida para quienes han contrado el virus.Esta no se halla entre las enfermedades que aportan la ms alta tasa de muerte entre adolescentes, pero no por ello deja de ser importante el trabajo de atencin y prevencin.

En la medida que la edad avanza al interior de estos grupos humanos, las determinantes sociales suelen tener un papel ms influyente en la muerte, que las biolgicas. La cultura de los adultos, principales garantes de su educacin y de las condiciones de vida materiales que les proporcionan, repercuten en su sobrevivencia de manera relevante. La proteccin a la salud infantil es tambin responsabilidad de la escuela, la comunidad, los medios de comunicacin y la familia, por citar algunas de las agencias que se involucran. Si bien la baja mortalidad infantil les ha permitido a muchas familias cubanas disfrutar del crecimiento de sus hijos, los problemas que enfrentan en la ejecucin de muy diversos procesos de la vida domstica afectan la calidad de la sobrevivencia de nios, nias y adolescentes.

Dilemas a la vista

La solucin a los problemas de la salud infantil requiere intervencin intersectorial, segn sus diversos orgenes sociales. El pas debe trabajar en la erradicacin de fenmenos de salud pblica que son evitables y afectan la calidad de vida de estos grupos. La principal causa de muerte infantil en Cuba,en las edades comprendidas entre uno y 19 aos, son los accidentes. En el presente siglo se observa una tendencia lenta a la muerte por esta causa, pero no existen estadsticas fiables sobre su repercusin en la morbilidad, porque con frecuencia dejan de reportarse casos al sistema sanitario por la familia.

Una de sus caractersticas es el incremento de la cantidad de accidentes letales en la medida que avanza la edad. En 2016, entre los nios de uno a cuatro aos, ocurrieron 28 muertes; entre cinco y 14, 77; y de 10 a 19 aos, 112, lo cual hace un total de 217 muertes.[vi]

Una parte de los accidentes cargan con el sesgo de gnero, en tanto la mayor mortalidad ocurre entre varones, 70 por ciento entre cinco y 19 aos en 2016. Se trata de accidentes de transporte en su mayora, en los cuales el chofer es casi siempre un hombre/adulto que ha ingerido bebidas alcohlicas y cree que su condicin masculina lo hace inmune al accidente. Pero este fenmeno se conecta con la mayor exposicin al riesgo que sufren los varones por estar en la calle, resultado de la creencia sexista que establece que el varn es de ese espacio y la nia de la casa. Otras posibles causas se asocian al mal estado de la infraestructura vial y del transporte que carga pasajeros.

El acceso al saneamiento es tambin un problema nacional, que implica a los espacios pblicos y a las viviendas precarias, en particular de las familias de bajos ingresos. Se conoce que los problemas del saneamiento repercuten en las enfermedades diarreicas agudas, las que en el ao mencionado afectaron a 151.811 menores de 14 aos; en particular al segmento de uno a cuatro aos, el cual mostr la tasa ms alta, de 135.1 por mil habitantes de esa edad. Ms molestias provocaron las infecciones respiratorias agudas, abarcando a una poblacin de 2.417.531 nios y nias en las edades de 0 a 9 aos.

Incorporar el enfoque de gnero a la poltica de salud es una necesidad imperiosa para poder trabajar con ms efectividad en la reduccin de la fecundidad adolescente, que muestra valores elevados en las zonas rurales y es sntoma del menor desarrollo socioeconmico que an prevalece en esos territorios. En 2016, el promedio de la tasa de fecundidad adolescente fue de 50 nacidos vivos por mil mujeres entre 15 y 19 aos, cifra que la coloca en la cuarta posicin de la estructura etaria de la fecundidad; por encima de esa tasa estuvieron todas las provincias orientales, el valor mayor lo tuvo Granma (67), la regin que tiene el ms bajo ndice de urbanizacin de Cuba; y el ms bajo, la capital (32,6) [vii]. Las adolescentes que fueron madres el ao mencionado representaron, en zonas urbanas, 4,6 por ciento de todas las adolescentes de esos territorios y, en rurales, 5,8 por ciento.

Este es un problema de salud recurrente, cuyos mayores efectos se desplazan a la vida social y psquica de la joven y su nio, gracias al seguimiento prioritario que se hace de la salud biolgica de la adolescente embarazada y de su hijo. En 2016, las madres en estas edades que concibieron nios nacidos con bajo peso representaron 16 por ciento, valor menor que el aportado por las de 20 a 24 (27,5%) y de 25 a 29 (27,1%), consideradas las edades ptimas para la reproduccin. Sin embargo, la fecundidad adolescente contribuye a reproducir un patrn de dependencia para las mujeres, porque trunca su proceso de escolarizacin y no les permite acceder a una actividad remunerada que le ofrezca la oportunidad de autonoma econmica. En el ao citado, de 17.102 madres adolescentes, cinco por ciento solo lleg a primaria terminada y 68,6 por ciento concluy la secundaria. De ese total se declararon en actividades domsticas no remuneradas 70 por ciento de ellas, y solo 5,8 por ciento dijeron ser estudiantes. Si adems se aade que 80 por ciento de ellas estaban en una situacin de pareja como acompaadas, la cual es menos segura desde el punto de vista de la proteccin legal que siempre ofrece el matrimonio, y 11,3 por ciento era soltera; es posible afirmar que se trata de un grupo de mujeres cuya situacin social est en riesgo.

Otra rea que muestra situaciones que se deben atender es la salud nutricional. Como se ha afirmado en el tercer informe sobre el cumplimiento de los objetivos del milenio, en Cuba no existe pobreza extrema que genere problemas de salud en la infancia y la adolescencia. Como ya se ha dicho, el ndice de bajo peso al nacer fue de 5,3 por ciento en 2016. En 2008, el porcentaje de nios menores de cinco aos con insuficiencia de peso moderada y severa fue de 4.[viii] No obstante, se observa un crecimiento de la obesidad y de la diabetes mellitus a partir de los 15 aos, que es mayor en el sexo femenino. La mala nutricin por obesidad es un problema de salud asociado a la pobreza de ingresos, las limitaciones en el acceso a alimentos sanos y patrones alimentarios inadecuados. La diabetes rara vez provoca muerte en estas edades, pero su debut tan temprano determina el patrn de muerte en edades ms adultas, como est ocurriendo entre las mujeres cubanas. Por otro lado, estas enfermedades generan molestias, inseguridades y conflictos entre los miembros de las familias que cuentan con un nio diabtico. Es imprescindible cambiar el enfoque de distribucin de la canasta bsica y centrarse ms en las familias de bajos ingresos, en particular las de jefatura femenina.

La calidad de vida de la infancia no se puede evaluar solo por la sobrevivencia y la erradicacin de las enfermedades que ponen en peligro su vida til, tiene que ver con todo el sistema de sus derechos; algunos de ellos no muestran los resultados deseados para un proyecto de pas basado en la equidad social. Este es el caso del consumo del juguete y su distribucin.

El juguete no puede evaluarse como un objeto secundario para la vida del nio o la nia, es tan importante como el alimento, la ropa, la vivienda, el agua y el saneamiento. Es el alimento del conocimiento y de las relaciones sociales que va construyendo a lo largo de su vida infantil, repercute en su identidad cultural. La calidad del consumo del juguete define tambin las desigualdades que hacia el interior de la infancia persisten en el pas. Desde el punto de vista de la salud, es necesario que el juguete est construido por materiales que no afecten su salud, pero ms an que est presente en sus vidas para contribuir a su desarrollo psicomotor e intelectual. Desde la segunda mitad del siglo pasado, esa poltica ha evolucionado de un enfoque que fomentaba una industria nacional incipiente dirigida a sustituir importaciones y una distribucin igualitaria, a una distribucin desigual, liberada, con altos precios en el mercado no asequibles a los ingresos promedio de las familias cubanas, y basada en las importaciones de objetos que responden a valores sexistas y de otras culturas.

En conclusin, la salud psicosocial es tan relevante como la biolgica. Fomentar los enfoques culturales, que en poltica de salud infantil nos permitan evolucionar hacia una mirada ms integral e inclusiva de las prcticas de cuidado en todas las instituciones responsables de la proteccin de este grupo, es una condicin para seguir avanzando hacia un desarrollo humano sostenible.

Notas:

[i] PNUD. Panorama General. Informe sobre Desarrollo Humano 2016. Desarrollo humano para todos. New York, 2016. P.3.

[ii] UNICEF. Estado Mundial de la Infancia 2016. Una oportunidad para cada nio. New York, 2016, p. 3

[iii] MINSAP. Anuario Estadstico de Salud 2016. Direccin de Registros mdicos y estadsticas de salud. La Habana, 2017. Pp. 29 y 47.

[iv] Ibdem, 2017. Pp. 48-49.

[v] Ibdem, 2017. P. 112.

[vi]Ibdem, 2017. Pp. 55-57.

[vii] ONEI. Anuario demogrfico de Cuba. 2016. CEPD, La Habana. 2017. P. 45.

[viii] Cuba. Objetivos de Desarrollo del Milenio. Tercer Informe. La Habana, 2010. P.13.

Reina Fleitas Ruiz, investigadora y profesora de la Universidad de La Habana

Fuente: http://www.ipscuba.net/sociedad/infancia-adolescencia-y-salud-en-el-milenio-actual-en-cuba/



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