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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-05-2018

Sobre las subsistencias y el derecho a la existencia

Maximiliem Robespierre
El viejo topo


"La primera ley social es aquella que garantiza a todos los miembros de la sociedad los medios para existir"

(2 de diciembre de 1792, en la Convencin)

Nota de edicin:Tal da como hoy [6 de mayo] de 1758 naca uno de los lderes ms prominentes de la Revolucin Francesa: Maximilien Robespierre, apodado el incorruptible. Para l la revolucin poltica era poca cosa si no tena la finalidad de una revolucin social.

Abordamos aqu una de las apuestas mayores del periodo. La Revolucin del 10 de agosto de 1792 haba, entre otras cosas, puesto en entredicho la poltica de la libertad ilimitada del comercio y su medio de aplicacin, la ley marcial. Las ltimas jacqueries de primavera y del otoo de 1792, acompaadas de "motines de subsistencias" de una amplitud in slita, demostraban el fracaso de esta poltica. En relacin a este tema, se abri un importante debate a partir de septiembre y Robespierre intervino en el mismo durante los ltimos das. Partiendo del fin de la sociedad que es "mantener los derechos del hombre", defini "el primero de esos derechos" como el derecho a la existencia y a los medios para conservarla: este derecho es una "propiedad comn de la sociedad", que debe serle ga rantizada a sus miembros. Robespierre invierte la prioridad acordada exclusivamente hasta aqu a la propiedad privada de los bienes materiales (aristocracia de los propietarios).

Entrando en una crtica de la economa poltica doblemente asesina, porque deja morir de hambre al pueblo y no duda en reprimirle militarmente, propone no una tasacin, simple medida de urgencia para hacer bajar los precios, sino otra economa poltica cuyo objetivo es reajustar el conjunto de los salarios, precios y beneficios. El principio est claramente enunciado: teniendo un carcter social la propiedad de los artculos de primera necesidad, su produccin y comercializacin deben ser controlados democrticamente y no pueden ser abandonados nicamente al inters privado. Estamos ante el nacimiento de una concepcin de la economa poltica que se puede calificar de socialista, en la que el derecho social viene a limitar al derecho privado para asegurar el derecho a la existencia de cada uno, que es el fin de la sociedad (1).

Hablar a los representantes del pueblo sobre los medios de subvenir a su subsistencia, no es solamente hablarles del ms sagrado de sus deberes, sino del ms precioso de sus intereses. Puesto que, sin duda, ellos se confunden con el pueblo.

No quiero defender solamente la causa de los ciudadanos indigentes, sino la de los propios propietarios y comerciantes.

Me limitar a recordar principios evidentes pero que parecen olvidados. Indicar nicamente medidas simples que ya han sido propuestas, puesto que se trata de retornar a las primeras nociones del buen sentido, ms que de crear brillantes teoras.

En todo pas en que la naturaleza abastece con prodigalidad las necesi dades de los hombres, la escasez slo puede ser imputada a los vicios de la administracin o de las propias leyes. Las malas leyes y la mala administracin tienen su fuente en los falsos principios y en las malas costumbres.

Es un hecho generalmente reconocido que el suelo de Francia produce mucho ms de lo que es preciso para alimentar a sus habitantes, y la escasez actual es una hambruna artificial. La consecuencia de este hecho y del principio antes establecido quizs pueda ser molesta, pero no es el momento de halagarnos. Ciudadanos, os est reservada a vosotros la gloria de hacer triunfar los principios verdaderos y de dar leyes justas al mundo. No estis hechos para arrastraros servilmente por el camino trillado de los prejuicios tirnicos, trazado por vuestros antecesores. O mejor dicho, vosotros comenzis un nuevo curso en el que nadie os ha antecedido. Debis someter por lo menos a un examen severo todas las leyes hechas bajo el despotismo real, y bajo los auspicios de la aristocracia nobiliaria, eclesistica o burguesa y hasta aqu no existen otras leyes. La autoridad ms importante que se nos cita es la de un ministro de Luis XVI, combatida por otro ministro del mismo tirano (2). He visto nacer la legislacin de la Asamblea constituyente sobre el comercio de granos. Era la misma que la del tiempo que le preceda. No ha cambiado hasta ahora porque los intereses y los prejuicios que la sustentaban tampoco han cambiado. He visto, durante el tiempo de dicha Asamblea, los mismos acontecimientos que se renuevan en esta poca. He visto a la aristocracia acusar al pueblo. He visto a los intrigantes hipcritas imputar sus propios crmenes a los defensores de la libertad, a los que llamaban agitadores y anarquistas. He visto a un ministro impdico de cuya virtud estaba prohibido dudar, exigir adorar a Francia, mientras la arruinaba, y surgir a la tirana del seno de esas criminales intrigas, armada con la ley marcial, para baarse legalmente en la sangre de los ciudadanos hambrientos. Millones para el ministro al que estaba prohibido pedir cuentas, primas que se convertan en provecho para las sanguijuelas del pueblo, la libertad indefinida de comercio, y bayonetas para calmar la alarma o para oprimir el hambre. Tal fue la poltica alabada por nuestros primeros legisladores.

Las primas pueden ser discutidas. La libertad del comercio es necesaria hasta el lmite en que la codicia homicida empieza a abusar de ella. El uso de las bayonetas es una atrocidad. El sistema es esencialmente incompleto porque no aade nada al verdadero principio.

Lo errores en que se ha cado a este respecto provienen, en mi opinin, de dos causas principales.

1 Los autores de la teora no han considerado los artculos de primera necesidad ms que como una mercanca ordinaria, y no han establecido diferencia alguna entre el comercio del trigo, por ejemplo, y el del ail. Han disertado ms sobre el comercio de granos que sobre la subsistencia del pueblo. Y al omitir este dato en sus clculos, han hecho una falsa aplicacin de principios evidentes para la mayora; esta mezcla de verdades y falsedades ha dado un aspecto engaoso a un sistema errneo.

2 Y an menos lo han adaptado a las circunstancias tempestuosas que comportan las revoluciones. En su vaga teora, aunque fuera buena para los tiempos ordinarios, no se encontrara ninguna aplicacin ante las medidas urgentes que los momentos de crisis pueden exi gir de nosotros. Ellos se han preocupado mucho de los beneficios de los negociantes y de los propietarios y casi nada de la vida de los hombres. Y por qu! Porque eran los grandes, los mi nistros, los ricos quienes escriban, quienes gobernaban. Si hubiera sido el pueblo, es probable que este sistema hubiera sido modificado!

El sentido comn, por ejemplo, indica que la afirmacin de que los artculos que no son de primera necesidad para la vida pueden ser abandonados a las especulaciones ms ilimitadas del comerciante. La escasez momentnea que pueda sobrevenir siempre es un inconveniente soportable. Es suficiente que, en general, la libertad in definida de ese negocio redunde en el mayor beneficio del estado y de los individuos. Pero la vida de los hombres no puede ser sometida a la misma suerte. No es indispensable que yo pueda com prar tejidos brillantes, pero es preciso que sea bastante rico para com prar pan, para m y para mis hijos. El comerciante puede guardar, en sus almacenes, las mercancas que el lujo y la vanidad codician, hasta que encuentre el momento de venderlas al precio ms alto posible. Pero ningn hombre tiene el derecho a amontonar el trigo al lado de su semejante que muere de hambre.

Cul es el primer objetivo de la sociedad? Es mantener los derechos imprescriptibles del hombre. Cul es el primero de estos derechos? El derecho a la existencia.

La primera ley social es pues la que garantiza a todos los miembros de la sociedad los medios de existir. Todos los dems estn subordinados a este. La propiedad no ha sido instituida o garantizada para otra cosa que para cimentarlo. Se tienen propiedades, en primer lugar, para vivir. No es cierto que la propiedad pueda oponerse jams a la subsistencia de los hombres.

Los alimentos necesarios para el hombre son tan sagrados como la propia vida. Todo cuanto resulte indispensable para conservarla es propiedad comn de la sociedad entera; tan slo el excedente puede ser propiedad individual, y puede ser abandonado a la industria de los comerciantes. Toda especulacin mercantil que hago a expensas de la vida de mi semejante no es trfico, es bandidaje y fratricidio.

Segn este principio, cul es el problema que hay que resolver en materia de legislacin sobre las subsistencias? Pues es este: asegurar a todos los miembros de la sociedad el disfrute de la parte de los productos de la tierra que es necesaria para su existencia; a los propietarios o cultivadores el precio de su industria, y librar lo superfluo a la libertad de comercio.

Desafo al ms escrupuloso defensor de la propiedad a contradecir estos principios, a menos que declare abiertamente que entiende por esa palabra el derecho a despojar y asesinar a sus semejantes. Cmo, pues, se ha podido pretender que toda especie de molestia, o mejor dicho, que toda regla sobre la venta del trigo era un atentado a la propiedad, o disfrazar este sistema brbaro bajo el nombre falsamente engaoso de libertad de comercio? Los autores de este sistema no se percatan de que se contradicen a s mismos necesariamente?

Por qu os veis forzados a aprobar la prohibicin de la exportacin de granos al extranjero cada vez que la abundancia no est asegurada en el interior? Fijis vosotros mismos el precio del pan, Fijis el de las especies, o el de las brillantes producciones de la India? Cul es la causa de todas esas excepciones, sino la evidencia misma de los principios que acabo de desarrollar? Qu digo? El gobierno incluso somete a veces el propio comercio de objetos de lujo a modificaciones que la sana poltica aconseja. Por qu aquello que interesa a la subsistencia del pueblo habra de estar necesariamente exento de limitaciones?

Sin duda si todos los hombres fueran justos y virtuosos; si jams la codicia estuviera tentada a devorar la substancia del pueblo; si dciles a la voz de la razn y de la naturaleza, todos los ricos se considerasen los ecnomos de la sociedad, o los hermanos del pobre, no se podra reconocer otra ley que la libertad ms ilimitada. Pero si es cierto que la avaricia puede especular con la miseria, y la tirana misma puede hacerlo con el desespero del pueblo; si es cierto que todas estas pasiones declaran la guerra a la humanidad sufriente, por qu no deben reprimir las leyes estos abusos? Por qu no de ben las leyes detener la mano homicida del monopolista, del mismo modo que lo hacen con el asesino ordinario? Por qu no deben ocuparse de la existencia del pueblo, tras haberse ocupado durante tanto tiempo de los gozos de los grandes, y de la potencia de los dspotas?

Pero, cules son los medios para reprimir estos abusos? Se pretende que son impracticables. Yo sostengo que son tan simples como infalibles. Se pretende que plantean un problema insoluble, incluso para un genio. Yo sostengo que no presentan ninguna dificultad al menos para el buen sentido y para la buena fe. Sostengo que no hieren ni el inters del comercio, ni los derechos de propiedad. Que la circulacin a lo largo de toda la extensin de la repblica sea protegida, pero tomemos las precauciones necesarias para que la circulacin tenga lugar. Precisamente me quejo de una falta de circulacin. Pues el azote del pueblo, la fuente de la escasez, son los obstculos puestos a la circulacin, con el pretexto de hacerla ilimitada. Circulan las subsistencias pblicas cuando los vidos especuladores las retienen amontonadas en sus graneros? Circulan cuando se acu mulan en las manos de un pequeo nmero de millonarios que las sustraen al comercio, para hacerlas ms preciosas y ms raras; que calculan framente cuntas familias deben perecer antes de que el ali mento haya esperado el tiempo fijado por su atroz avaricia? Circulan cuando no hacen sino atravesar las comarcas en que han sido producidas, ante los ojos de los ciudadanos indigentes sometidos al suplicio de Tntalo, para ser engullidas en algn desconocido pozo sin fondo de algn empresario de la escasez pblica? Circulan cuando al lado de las ms abundantes cosechas languidece el ciudadano necesitado, a falta de poder entregar una pieza de oro, o un trozo de papel suficientemente precioso como para obtener una parcela?

La circulacin es lo que pone los artculos de primera necesidad al alcance de todos los hombres y que lleva la abundancia y la vida a las cabaas. Acaso circula la sangre cuando est obstruida en el cerebro o en el pecho? Circula cuando fluye libremente por todo el cuerpo. Las subsistencias son la sangre del pueblo, y su libre circulacin no es menos necesaria para la salud del cuerpo social, que la de la sangre para el cuerpo humano. Favoreced pues la libre circulacin de granos, impidiendo todas las obstrucciones funestas. Cul es el medio para conseguir este objetivo? Sustraer a la codicia el inters y la facilidad de crear estas obstrucciones. Ahora bien, tres causas las favorecen: el secreto, la libertad desenfrenada y la certeza de la impunidad.

El secreto, ya que cualquiera puede esconder la cantidad de subsistencias pblicas de que priva a la sociedad entera, ya que cualquiera puede hacerlas desaparecer fraudulentamente y transportarlas, sea a pases extranjeros, sea a almacenes del interior. Ahora bien, se proponen dos medios simples: el primero es tomar todas las precauciones para comprobar la cantidad de grano que ha producido cada regin, y la que cada propietario o cultivador ha cosechado. El segundo consiste en forzar a los comerciantes de grano a venderlo en el mercado y en prohibir todo transporte de mercancas por la no che. No es la posibilidad ni la utilidad de esas precauciones lo que hay que probar, puesto que estn todas fuera de discusin. Es le gtimo hacer esto? Pero, cmo se pueden entender como un atentado a la propiedad unas reglas de polica general, ordenadas por el inters general de la so ciedad? Qu buen ciudadano puede quejarse de ser obligado a actuar con lealtad y a la luz del da? Quin precisa de las tinieblas si no son los conspiradores y los bribones? Por otra parte, no os he probado que la sociedad tena el derecho de reclamar la porcin necesaria para la subsistencia de sus ciudadanos? Qu digo? Es el ms sagrado de los deberes. Cmo pueden ser injustas las leyes ne cesarias para asegurarla?

He dicho que las otras causas de las operaciones desastrosas del monopolio eran la libertad indefinida y la impunidad. Qu otro medio sera ms seguro para animar la codicia y para desprenderla de todo tipo de freno, que aceptar como principio que la ley no tiene el derecho de vigilarla, de imponerle las ms mnimas trabas? Que la nica regla que se le prescriba sea la poder osarlo todo impunemente? Qu digo? El grado de perfeccin al que ha llegado esta teora es tal que casi est establecido que los acaparadores son intachables; que los monopolistas son los benefactores de la humanidad; que en las querellas que surgen entre ellos y el pueblo, siempre se equivoca el pueblo. O bien el crimen del monopolio es im posible o bien es real. Si es una quimera, cmo puede ser que siempre se haya credo en esa quimera? Por qu hemos experimentado sus estragos desde el inicio de nuestra revolucin? Por qu informes libres de toda sospecha y hechos incontestables nos denuncian sus culpables maniobras? Si es real, por qu extrao privilegio slo l obtiene el derecho a estar protegido? Qu lmites pondran a sus atentados los vampiros despiadados que especulasen con la miseria pblica, si a toda especie de reclamacin se opusieran siempre las bayonetas y la orden absoluta de creer en la pureza y la bondad de todos los acaparadores? La libertad indefinida no es otra cosa que la excusa, la salvaguardia y la causa de este abuso. Cmo puede considerarse entonces su remedio? De que nos quejamos? Precisamente de los males que ha producido el sistema actual, o al menos de los males que no ha po dido prevenir. Y qu remedio se nos propone? El mismo sistema. Yo os denuncio a los enemigos del pueblo y me respondis: dejadlos hacer (3). En este sistema todo est contra la sociedad. Todo est a favor de los comerciantes de granos.

Es aqu donde se hace necesaria toda vuestra sabidura y circunspeccin, legisladores. Un tema de este estilo siempre es difcil de tratar. Es peligroso redoblar las alarmas del pueblo, y dar a en tender que se autoriza su descontento. An ms peligroso es callar la verdad y disimular los principios. Pero si queris seguirlos, todos los inconvenientes desaparecen. Slo los principios pueden agotar la fuente del mal.

S bien que cuando se examinan las circunstancias de un determinado motn, provocado por la escasez real o ficticia del trigo, suele sealarse muchas veces la influencia de causas extraas. La ambicin y la intriga tienen necesidad de provocar disturbios. Algunas veces son estos mismos hombres los que excitan al pueblo para encontrar el pretexto de degollarlo, y para hacer terrible la libertad ante los ojos de los hombres dbiles y egostas. Pero no es menos verdadero que el pueblo es naturalmente recto y apacible. Siempre est guiado por una intencin pura. Los malvados no pueden alborotarlo a menos que le presenten un motivo poderoso y legtimo ante su vista. Ellos aprovechan su descontento, no lo crean. Y cuando lo inducen a cometer excesos so pretexto del abastecimiento, es porque est predispuesto por la opresin y por la miseria. Jams un pueblo feliz fue un pueblo turbulento. Quien conozca a los hombres, quien conoce sobre todo al pueblo francs, sabe que no es posible para un insensato o para un mal ciudadano sublevarlo sin razn contra las leyes que ama y an menos contra los mandatarios que ha elegido y contra la libertad que ha conquistado. Es tarea de sus representantes devolverle la confianza que l mismo les ha otorgado y desconcertar la malevolencia aristocrtica, satisfaciendo sus necesidades y calmando sus alarmas.

Las propias alarmas de los ciudadanos deben ser respetadas. C mo calmarlas si permanecis inactivos? Si las medidas que os proponemos no fueran tan necesarias como pensamos, bastara que l las desease, es suficiente que stas probaran ante sus ojos vuestra adhesin a sus intereses, para determinaros a adoptarlas. Ya he indicado cul era la naturaleza y el espritu de estas leyes. Me contentar aqu con exigir la prioridad para los proyectos de decreto que proponen precauciones contra el monopolio, reservndome el de re cho de proponer modificaciones, si es adoptada. Ya he probado que estas medidas y los principios sobre los que se fundan eran necesarias para el pueblo. Voy a probar que son tiles para los ricos y todos los propietarios.

No quiero arrebatarles ningn beneficio honesto, ninguna propiedad legtima. Slo les quito el derecho de atentar contra el de otro. No destruyo el comercio sino el bandidaje del monopolista. Slo les condeno a la pena de dejar vivir a sus semejantes. Sin embargo, nada podra serles ms ventajoso. El mayor servicio que el legislador puede rendir a los hombres es el de forzarlos a ser gen te honesta. El mayor inters del hombre no es amasar tesoros y la ms dulce propiedad no es devorar la subsistencia de cien familias infortunadas. El placer de aliviar a sus semejantes y la gloria de servir a su patria, bien valen esta deplorable ventaja. Para qu les sirve a los especuladores ms vidos la libertad indefinida de su odioso trfico? Para ser oprimidos u opresores. Este ltimo destino, sobre todo, es horroroso. Ricos egostas, sabed prever y prevenir por adelantado los resultados terribles de la lucha del orgullo y de las cobardes pasiones contra la justicia y la humanidad. Que el ejemplo de los nobles y de los reyes os instruya. Aprended a disfrutar de los encantos de la igualdad y de las delicias de la virtud. O, al menos, contentaos con las ventajas que la fortuna os da, y dejadle al pueblo pan, trabajo y sus costumbres. Se agitan en vano los enemigos de la libertad, para desgarrar el seno de su patria. Ellos no pararn el curso de la razn humana, como no pueden parar el curso del sol. La cobarda no triunfar sobre el valor. Es propio de la intriga huir ante la libertad. Y vosotros, legisladores, os acordis de que no sois los representantes de una casta privilegiada sino los del pueblo francs? No olvidis que la fuente del orden es la justicia. Que la garanta ms segura de la tranquilidad pblica es la felicidad de los ciudadanos, y que las largas convulsiones que desgarran los estados no son otra cosa que el combate de los prejuicios contra los principios, del egosmo contra el inters general, del orgullo y de las pasiones de los hombres poderosos contra los derechos y contra las necesidades de los ms dbiles.

El 8 de diciembre, la Convencin, siguiendo a la Gironda, prorrogaba la poltica de libertad ilimitada del comercio, de defensa de los propietarios y de la ley marcial: en consecuencia, los motines de subsistencias prosiguieron. Esta fue una de las causas que condujeron a la Revolucin de los das 31 de mayo a 2 de junio de 1793. El 24 de junio, la ley marcial fue por fin abrogada, despus, el 4 de septiembre la libertad ilimitada de comercio dej sitio a la poltica del Maximum general.

Notas:

(1) La oposicin entre "economa poltica tirnica" y "economa poltica popular" ha sido expresada por Rousseau en "Economa Poltica", artculo de lEnciclopdie, aparecido en 1755. Robespierre conoca bien tambin la crtica de la economa poltica de Turgot hecha por Mably, Du commerce des grains, escrito en 1775, publicacin pstuma, Pars, 1790. Sobre la crtica de la economa poltica en el siglo XVIII ver F. Gauthier, GR. Ikni (ed.) La Guerre du bl au XVIII sicle, Pars, ditions de la Passion, 1988.

(2) Se trata del ministro Turgot, cuya experiencia de libertad ilimitada del comercio de granos, acompaada por vez primera por la ley marcial, produjo la guerra de las harinas de 1775. La accin de Turgot fue criticada por Necker que le sucedi de 1777 a 1781, antes de que fuera vuelto a llamar en 1788. Ver la intervencin de Robespierre contra la ley marcial, el 21 de octubre de 1789, en este mismo volumen.

(3) Laissez faire, laissez passer (dejad hacer, dejad pasar) era consigna de los fisicratas. O sea de la economa poltica a la que Robespierre opondr la economa popular. Esa mencin al "dejar hacer" adquiere en este texto un tinte muy cargado (nota del traductor).

Texto extrado del libro de M. Robespierre: Por la felicidad y por la libertad. Discursos

 

Fuente: http://www.elviejotopo.com/topoexpress/sobre-las-subsistencias-y-el-derecho-a-la-existencia/

 



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