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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-05-2018

La universidad, autonoma al cuadrado

Juan Francisco Martn Seco
Repblica de las ideas


No suelo referirme en mis artculos a los casos concretos de corrupcin. Las denuncias y comentarios suelen estar casi siempre contaminados por los linchamientos; en la mayora de los casos, rodeados de intereses electorales de los partidos de la competencia o del fuego amigo y, si no, del ajuste de cuentas o del morbo ms nauseabundo, sin respetar en muchas ocasiones la presuncin de inocencia. En las acusaciones se dan a menudo posturas inquisitoriales, demasiado farisesmo y bastantes personas dispuestas a tirar la primera piedra.

No digo que la corrupcin no deba ser perseguida. Todo lo contrario, pero sin algaradas, sin talibanes y dejando trabajar a los jueces. Claro que en eso de dejar actuar a los tribunales cada vez nos deslizamos ms por la pendiente de manera peligrosa. La judicatura se est convirtiendo en una profesin de alto riesgo. Todos reclamamos la divisin de poderes, pero a la hora de la verdad son frecuentes los intentos de, por uno u otro motivo, presionar a los jueces mediante manifestaciones o revueltas populares, en ocasiones respaldadas, cuando no propiciadas, por instituciones pblicas y por partidos polticos. Con el pretexto de la libertad de expresin se puede poner en peligro la independencia de los jueces, valor tanto o ms fundamental para la democracia.

Retornando a nuestro tema, ms importante que linchar a los corruptos es descubrir y combatir la corrupcin estructural, implementar las medidas para eliminarla y crear los mecanismos adecuados de control. Pero todo eso no parece que interese demasiado a las fuerzas polticas, ni siquiera a aquellas que se presentan como paladines de la honestidad y la honradez. Los casos concretos deberan tan solo servir de plataforma para planteamientos ms generales.

El affaire del mster supuestamente fraudulento de la hasta hace algunos das presidenta de la Comunidad de Madrid (lo del vdeo es mejor no comentarlo) y los mltiples sucesos que ha ido dejando al descubierto dan ocasin para incidir sobre el funcionamiento defectuoso y las numerosas lacras que afectan desde hace muchos aos a la universidad espaola. Lo ms curioso ha sido la actitud de escndalo que se ha generalizado y cmo muchos se han apresurado a rasgarse las vestiduras, como si la mayora de los aspectos que se iban detectando no fuesen de sobra conocidos.

El problema viene de muy lejos, pero se ha podrido ms y ms segn han ido pasando los aos. Un clebre administrativista afirmaba que la nica institucin democrtica que se mantuvo durante el franquismo haba sido el sistema de oposiciones establecido para acceder a la Administracin pblica. Creo que en gran medida tena razn, pero de esa aseveracin habra que excluir con toda seguridad a la universidad. La concesin de ctedras, adjuntas y dems puestos docentes segua sus propios procedimientos, que en la mayora de los casos poco tenan que ver con el mrito y la capacidad, sino ms bien con la predisposicin a llevar la cartera del jefe del departamento y seguir fielmente sus instrucciones.

Eran muchos los que al terminar la carrera permanecan de PNN, profesores no numerarios (algo as como los profesores colaboradores de ahora, contratados sin la condicin de funcionarios); la mayora de ellos, sin embargo, en seguida continuaban su carrera por otros derroteros o bien pasaban al sector privado o se presentaban a oposiciones para los cuerpos superiores de la Administracin. Solo unos pocos, quizs los peor preparados, incapaces de abrirse camino en otras instancias, permanecan y aceptaban esa especie de meritocracia impuesta por el ctedro de turno.

Al primer gobierno de Surez se le denomin en tono coloquial el de los PNN. No es que en realidad sus miembros perteneciesen a este colectivo. Se quera indicar tan solo la relativa juventud y escaso pedigr de los ministros en comparacin con los currculos que eran habituales en los ejecutivos del tardofranquismo. Pero era en las filas del PSOE de aquel ao 82 donde abundaban los PNN, o al menos escaseaban los catedrticos, de tal modo que para ocupar la Secretara de Estado de Universidades, tuvieron que recurrir a Carmina Virgili, seguramente la nica catedrtica disponible, persona entraable pero sin demasiado inters por la gestin pblica. En aquel entonces los socialistas llegaron al poder con cierto complejo y respeto y no les pareca correcto colocar en este cargo a alguien que no fuese catedrtico.

De hecho, no haba nada de malo ni de reprochable en esta ausencia de profesores titulares. Para ser poltico no se exige ningn ttulo. Lo que, no obstante, s resulta cuando menos extrao es la celeridad con la que cantidad de altos cargos adquirieron rpidamente a partir de entonces la condicin de catedrticos. Cualquiera que haya ocupado un puesto de responsabilidad en la Administracin sabe que no sobra demasiado tiempo para elaborar tesis doctorales o para hacer oposiciones. Por supuesto que estas facilidades no afectaron exclusivamente a los militantes del PSOE, pudieron beneficiar tambin a polticos de otros partidos e incluso a no polticos, pero que posean cierta preeminencia social. Quizs parte de la explicacin se encuentre en la evolucin que a lo largo del tiempo ha ido sufriendo la universidad, agudizando los defectos de partida.

La competencia en materia universitaria pas a las Comunidades Autnomas y todas ellas se dedicaron a multiplicar -a mi entender ms de lo conveniente- las facultades, las universidades y en consecuencia los puestos docentes y las ctedras. No es de extraar que el acceso a estas se fuese deteriorando an ms y, en consecuencia, la calidad de los ttulos y de los profesores. Es chocante, sin embargo, la consideracin que los medios de comunicacin social continan otorgando hoy en da a los catedrticos. A menudo son requeridos en las tertulias o en otros foros como autnticos orculos, cuando lo cierto es que con frecuencia tanto sus opiniones como su preparacin son muy discutibles y dejan mucho que desear.

Es posible que no se considere polticamente correcto afirmarlo, pero los hechos hablan por s mismos. Hay una cierta correlacin entre autonoma y corrupcin, corrupcin que no tiene por qu referirse exclusivamente al tema econmico. A medida que se incrementa la emancipacin de cualquier entidad se suelen debilitar los controles e incrementar las posibilidades de fraude. En la universidad, a la autonoma territorial se le ha aadido la autonoma universitaria, autonoma al cuadrado. Es ms, ltimamente se ha acumulado tambin la autonoma departamental, con lo que se ha generado una autntica endogamia en la que cada departamento universitario campa por sus respetos sin apenas controles externos.

Los msteres han crecido como las setas sin orden ni concierto. Su proliferacin ha tenido sin duda graves consecuencias, comenzando por que se ha creado un escenario heterogneo y anrquico en el que resulta difcil distinguir el grano de la paja. Se han convertido a menudo en un simple negocio para el estamento universitario, donde el aspecto lucrativo prima sobre cualquier otra consideracin. La calidad y las exigencias se reducen si de esta forma se consiguen ms alumnos o se puede elevar el precio. No tiene por tanto nada de inslito que en ocasiones se hayan puesto a la venta los ttulos, bien directamente por dinero o bien por compensaciones ms sibilinas, ciertas o esperadas. Y ah intervienen los polticos.

El problema de los msteres se ha agravado con la introduccin de la normativa europea que los considera condicin necesaria para la habilitacin profesional. Se complica ms si cabe el caos existente, contradice el principio de la gratuidad e introduce elementos privatizadores en la enseanza universitaria. La aprobacin de las universidades privadas ya haba roto la igualdad de oportunidades, permitiendo que aquellos estudiantes con recursos pudiesen elegir la carrera que prefiriesen, mientras que el resto tuviera que conformarse con las que le permitan sus notas de acuerdo con los cupos existentes en cada una de las facultades. Es ms, no parece demasiado arriesgado pensar que el principio de lucro conduce a que el grado de exigencia de las universidades privadas sea inferior, salvo excepciones, al de las pblicas. Bien es verdad que la proliferacin de los msteres y los intereses econmicos generados por ellos pueden estar terminando por igualar todas las enseanzas, pero a la baja.

El deterioro de la enseanza universitaria ha ido en paralelo con el menoscabo de la actividad poltica. He insinuado a menudo que en la poltica se estaba cumpliendo perfectamente la ley que Gresham aplicaba a las monedas, la mala desplaza a la buena. No es ningn secreto que la mayora de los polticos actuales se han incorporado a la actividad pblica o partidaria desde muy jvenes y no han tenido tiempo de construir un currculo del que ufanarse. De ah que muchos han podido caer en la tentacin de falsificarlos o al menos mixtificarlos, bien inventndose los ttulos, bien empleando su influencia para conseguirlos de manera fraudulenta, bien utilizando a otros para que les escriban los trabajos y las tesis. El caos generado con los msteres y el deterioro de la universidad lo propicia.

Habr que preguntarse si no es hora ya de poner coto a esa idea tan romntica de la autonoma universitaria, que en la prctica se concreta en una endogamia extremadamente peligrosa tanto para el alumnado como para los docentes y para la sociedad. Acaso no ha llegado el momento de que desde el Gobierno central se establezcan los controles necesarios que garanticen el rigor y una cierta homogeneidad en los estudios, en los ttulos, en el acceso y actividad de los profesores, y tambin, por qu no, en las finanzas, que tampoco viene mal? Algn da habr que escribir acerca del papel que ciertas instituciones financieras como el Santander o La Caixa han jugado en las universidades y mediante ellas en la ideologa y en la poltica, pero eso lo haremos otro da.

Fuente: https://www.republica.com/contrapunto/2018/05/03/la-universidad-autonomia-al-cuadrado/

 



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