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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-05-2018

Est este pas en el ltimo lugar?
Un relato de la desmedida soberbia estadounidense, o cinco lecciones histricas sobre las derrotas de Estados Unidos

Tom Engelhardt
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


Lecciones histricas? Quin las necesita? Desde luego, el actual elenco de personajes de Washington no las necesita. Se trata de una pandilla que huye de la historia, del pasado o de prcticamente todo conocimiento. Aun as, solo para divertirnos, tommonos unos minutos para pensar en algunas lecciones que los ltimos aos del siglo pasado y los primeros aos de ste podran proporcionar al pas ms excepcional e indispensable del mundo, la nica superpotencia del planeta, el nico guardin del orden global. Por supuesto, todas ellas eran manidas descripciones anteriores a la era Trump; de todos modos, en la poca del eslogan Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser grande, ya estn mohosas y fras como el polvo de una tumba faranica.

Empecemos as: pensemos en los tiempos posteriores a la Guerra Fra, los aos anteriores a la implosin de la Unin Sovitica en 1991, como la primera crisis opicea de Estados Unidos. En ese momento, los polticos y los aspirantes a polticos de este pas estaban tomando drogas callejeras (las de K-Street* y el complejo militar-industrial, para ser ms exactos) y teniendo notables visiones de un planeta para quien quisiera llevrselo y tenerlo para siempre amn.

Obviamente, en un orbe en el que ya no haba otra superpotencia la Rusia anterior a Putin era un destartalado y empobrecido caparazn de la antigua Unin Sovitica, y China todava estaba, a remolque del Partido Comunista, entando en el mundo capitalista se presentaba la ltima oportunidad de la historia. Y a punto de subir a la holocubierta del USS Amrica (sonre, Dick Cheney!) estaban los ltimos oportunistas de la historia, los hombres (y las mujeres) que en enero de 2001 ocuparan los cargos ms importantes de la administracin del presidente George W. Bush. Entre ellos, por supuesto, Cheney quien, despus de echar una mirada a los mejores candidatos a la vicepresidencia, se postul l mismo para ocuparla. Como grupo, no podran haber estado ms capacitados para el momento triunfal de Estados Unidos. Haban estado preparndose durante aos; en su mayora provenan del primer comit de expertos el Proyecto para un Nuevo Siglo Estadounidense para acceder alguna vez al Despacho Oval. Haban estado mucho tiempo en favor de la indiscutible supremaca de este pas mediante la conversin de unas ya sorprendentes fuerzas armadas en una fuerza sin precedentes. Mientras lo hacan, no tenan la menor duda de que conseguiran lo que hasta entonces haba sido algo inconcebible: una preeminencia geopoltica de Estados Unidos lo decan muy educadamente como ninguna otra gran potencia la haba tenido nunca.

Una potencia que est ms all de cualquier desafo

Casualmente, su momento lleg con inesperada rapidez el 11 de septiembre de 2001. Su respuesta sera captada cinco horas despus de los ataques de ese da. Desde el parcialmente derruido Pentgono, el secretario de Defensa Ronald Rumsfeld, seguro ya de que al-Qaeda estaba detrs de los atentados, orden a sus ayudantes (como lo anot uno de ellos) Ir en masa. Borrarlos del mapa. Estn relacionados o no. Y as lo hicieron. Lo que sigui no solo sera la invasin y ocupacin de Afganistn sino tambin la del Iraq de Saddam Hussein, un pas sin absolutamente ninguna conexin con los ataques del 11-S. Y no solo Iraq, al menos no en su afiebrada imaginacin (como volvera a suceder en estos tiempos en los calenturientos sueos del recin designado asesor de la Seguridad Nacional John Bolton y el secretario de Estado Mike Pompeo), sino tambin Irn. Estaban convencidos de que, no muy lejos en la categora de borrado del mapa, estara el resto del Gran Oriente Medio (que en aquellos das todava era llamado el arco de la inestabilidad; bien poco saban!). Finalmente, ellos no tenan la menor duda de que el resto del planeta tambin se alineara (o pagara lo que tuviese que pagar). Acabara siendo un planeta sometido a la Pax Americana durante siglos y siglos.

En la carnicera que sigui, no costaba nada olvidar lo expansivo que eran esos afiebrados sueos. Pero dmosles crdito: ms all de lo que hicieran (o dejaran de hacer), hablando en trminos de geopoltica, la pandilla de George W. Bush pensaba a lo grande. Solo consideremos su influyente documento publicado despus del 11-S, el 2002 National Security Strategy (Estrategia de la Seguridad Nacional 2002). Su finalidad, planteaba, era asegurar que Estados Unidos construira y mantendra unas defensas del pas (esto es, unas fuerzas armadas) que estuviesen ms all de cualquier desafo. Y no olvidemos que estaban hablando de un pas como pona el documento que ya contaba con un poder militar sin precedentes.

Dejemos que, unos aos ms tarde, eso d vueltas unos segundos en su cabeza: un poder militar ms all de cualquier desafo en este planeta. Se trataba de un sueo de dominio que alguna vez se habra adjudicado a los Imperios del Mal o a algn loco (o a aquellos tipos realmente malos de las pelculas de Hollywood). Pero en el mundo tal como ellos lo imaginaban entonces, ese en el que la nica superpotencia permaneca erguida, qu fcil resultaba imaginar un Gran Juego con solo un jugador y una eterna carrera armamentstica de un solo pas.

Cuando se trataba del poder de las fuerzas armadas de Estados unidos, los funcionarios ms encumbrados de la administracin Bush eran, como lo escrib alguna vez, unos fundamentalistas depurados. Tal como seal el presidente Bush ms tarde, consideraba que las fuerzas armadas eran la mayor fuerza de liberacin humana que el mundo haba conocido. En esas circunstancias, por qu se sentira avergonzado cualquiera de soltarle las riendas para que liberase el resto del planeta? En ese documento de 2002, la administracin Bush fundamentalmente propugnaba un mundo en el que ninguna otra gran potencia o bloque de naciones se permitiese nunca jams volver a poner en cuestin la supremaca de este pas. Tal como el presidente lo dej claro el mismo ao en un discurso en West Point, Estados Unidos tiene, y piensa mantenerlo, un podero militar que est ms all de cualquier desafo, de modo que le ha quitado todo sentido a la cerera armamentstica de otros tiempos y ha limitado la rivalidad [entre potencias] al mbito del comercio y otras actividades pacficas.

La Estrategia de la Seguridad Nacional dej sentado as este mismo pensamiento: Nuestras fuerzas sern lo suficientemente fuertes como para disuadir a cualquier adversario potencial de proponerse aumentar su poder militar con la esperanza de sobrepasar, o igualar, la fuerza de Estados Unidos. Y muy pronto el presidente y su equipo empezaron a hacer crecer la asignacin presupuestaria del Pentgono para dar forma a sus excesivas fantasas sobre el aspecto que deba tener la huella estadounidense en el planeta (un proceso que, pese a todo lo que sigui, nunca se ha detenido).

Las lecciones de la guerra estadounidense

Por supuesto, buena parte de esto ya ha sido enterrado en las profundidades de la historia, pero eso no es una razn para sea olvidado. Casi 17 aos despus del 11-S, las partes del mundo donde la mayor fuerza de liberacin, bla, bla... fue lanzada siguen estando notablemente convulsionadas y perturbadas, mientras se multiplican los estados fallidos y los grupos terroristas; la consecuencia es ms gente desplazada y ms refugiados que en cualquier otro momento despus de la Segunda Guerra Mundial. Otra gran potencia, China, est surgiendo, y Rusia que, aunque econmicamente menor que la gran URSS, sigue ah en lo militar y lo estratgico debido a la fuerza del descaro putiniano. De ningn modo sorprendente, la decadencia de Estados Unidos se ha convertido en el tpico de hoy.

Entonces, qu conclusiones pueden extraerse de los tiempos locos que nos llevan a este momento trumpiano? He aqu mis sugerencias de cinco lecciones posibles que nos deja la experiencia blica estadounidense en el siglo XXI.

Primera leccin: Habra sido demasiado obvio decirlo pero no lo es: la Tierra no puede ser conquistada por una nica potencia, no importa lo fuerte que pueda ser. Quien trate de hacerlo, de alguna manera acabar castigado por su arrogancia.

Shakespeare se habra quedado fascinado por la desmedida soberbia de los lderes de Estados Unidos en estos aos (y esto fue antes de que el mismsimo Sr. Engredo llegara alguna vez a la Casa Blanca). Hoy, no podra ser ms claro que el lema las fuerzas armadas primero en pos de un planeta completamente estadounidense result ser un bocado demasiado grande para Estados Unidos; un error garrafal. Cuando se escriba la historia de la decadencia estadounidense, es posible que se diga que nunca hubo una gran potencia cuyos lderes se hayan hecho tanto dao solo por querer demasiado y de mala manera y por desentraar mal la naturaleza del poder en este planeta. Para Washington, el impulso de convertir la Tierra en su imperio ha sido el equivalente a un submarino disparando un torpedo hacia su propia proa.

Segunda leccin: En el siglo XXI, result que las fuerzas armadas ms grandes del mundo eran incapaces de vencer a fuerzas que ponan unas bombas trampa que costaban lo mismo que una pizza en el borde de la carretera. Si el lector quiere, por ejemplo, tener una dimensin de la eficacia de las fuerzas armadas de Estados Unidos, que despus de una dcada y media de que fuese lanzada su Guerra Total Contra el Terrorismo, al-Qaeda tiene ms militantes en ms lugares que el 12 de septiembre de 2001; la al-Qaeda original contina existiendo; otros desprendimientos de al-Qaeda estn combatiendo con un moderado xito en sitios como Siria, Yemen y el norte de frica; el Daesh aunque destruido como estado o califato contina como organizacin combatiente en partes de Siria e Iraq y sus franquicias se han diseminado a lo largo del antiguo arco de la inestabilidad, desde Niger y Libia hasta Afganistn y Filipinas. En otras palabras, la guerra contra el terror de Washington se ha transformado en una guerra para la dispersin del terror.

Tercera leccin: Las fuerzas armadas son ahora una fuerza para el caos. Histricamente, en tiempos de los imperios que precedieron a este del cual hablamos, esas fuerzas utilizadas brutal y devastadoramente podan ser tambin una forma de mantener el orden en las zonas conquistadas y colonizadas (ah estn, digamos, el imperio britnico en India o el control militar francs en Indochina). Esto ya no es as; da la impresin de que eso pas como consecuencia de las guerras de liberacin e independencia del siglo XX en los antiguos territorios coloniales del mundo. En estos momentos, vivimos en un planeta que sencillamente no acepta la conquista y la ocupacin militar, no importa bajo qu disfraz se presente (incluyendo el tan extendido de la democracia). Entonces, guardmonos de soltarle las riendas al moderno poder militar. Lleva dentro de s pasmosas fuerzas de disgregacin; el mundo no puede permitirse semejante caos.

Cuarta leccin: Al menos en el mbito de los imperios, el concepto de victoria es una completa antigualla. En las guerras estadounidenses de los ltimos aos, las fuerzas armadas de este pas se han alejado de sus sueos triunfales para acercarse a la aceptacin de que los conflictos blicos pueden ser de naturaleza generacional o, ms recientemente, guerras infinitas (esto es, sin esperanza de un final o un xito concluyente). De este modo, los comandantes supremos han admitido que, debido a su propia definicin, viven en un mundo sin victorias.

Quinta leccin: las guerras imperiales se trasladan a la propia casa, incluso en formas que resultan difciles de percibir o descubrir. Ciertamente, las guerras de Estados Unidos del siglo XXI han estado regresando a la patria no como triunfos sino como una especie de derrota, por ms que no resulte fcil verla.

Donal Trump es una prueba de ello. Su eslogan Hagamos que Estados Unidos sea grande otra vez implicando que, como ningn otro poltico de su tiempo se atrevi a hacerlo, este pas ya no era grande hizo sonar la alarma en el pas profundo y le ayud a ganar las elecciones de 2016. De la misma manera, su campaa Estados Unidos primero hablaba de una sensibilidad deteriorada, aunque no se reconociese como tal.

Proponiendo una presidencia que pondra (otra vez) a Estados Unidos en el primer lugar, Trump reflejaba lo que, para muchos estadounidenses, era un claro mensaje del siglo XXI. A pesar de los elevados sueos de Washington de un planeta estadounidense, este siglo ha mostrado cualquier cosa menos un Estados Unidos primero en el pas profundo de los blancos. Mientras los dlares de los ciudadanos se derramaban en el sumidero de esas tierras lejanas, el poder corporativo global del pas se ocupaba de crear enormes beneficios y riqueza, sobre todo para el dorado 1 por ciento de la cima de la sociedad. Y as el nmero de multimillonarios se multiplic extraordinariamente, abriendo una grieta de desigualdad cada vez ms ancha. En esos mismos aos, con la ayuda del Tribunal Supremo, el sistema poltico estadounidense fue dado vuelta, bloqueado, abastecido y movido velozmente por esos mismos multimillonarios y sus super-PAC**. Mientras tanto, la inversin real en la infraestructura bsica de este pas, en todo aquello que una vez hizo que fuera el ms avanzado entre los pases del primer mundo, ha cado estrepitosamente.

Todo esto afect profundamente a los habitantes blancos del Estados Unidos profundo; para muchos de ellos, el futuro pareca cerrarse. En su propio modo, ellos haban asimilado una versin intuitiva de las lecciones (expuestas ms arriba) de la historia reciente, como Donald Trump lo haba hecho. Como resultado de ello, en las elecciones de 2016, junto con sus tweets, sus insultos y sus motes, que se convirtieron en el corazn y el alma de la cobertura meditica, l hizo algo mucho ms determinante. Tranquiliz a los estadounidenses que sentan que su vida y la de sus hijos (que se endeudaban para educarlos de una forma en otros tiempos inimaginable) empezaban a ser tercermundistas. Culpaban de esto tanto a las marismas de Washington como a toda la gente de color. En su peculiar forma, Trump les tranquiliz dicindoles que la vida en Estados Unidos no tena por qu ser as y envindoles una y otra vez mensajes de primaca y grandeza sin olvidar su odio al inmigrante con convincente ardor y furor.

Por supuesto, una vez en el Despacho Oval, a nuestro primer multimillonario presidente le falt tiempo para elegir un gabinete de multimillonarios; el gran logro de su primer ao en el cargo sera liberar tanto al sector corporativo de Estados Unidos como a la mismsima clase dorada de cualquier responsabilidad econmica respecto del pas mediante su proyecto de ley de reforma tributaria. Mientras tanto, l supervisaba la expansin de las guerras estadounidenses en tierras lejanas.

Nada de esto ha sido poco sorprendente. Despus de todo, fuera cual fuese la seguridad que l pueda haber ofrecido, el lema no dicho de su campaa fue siempre Donald Trump primero. Y ms all de lo que sus votantes pensaran que estaban haciendo, estaban eligiendo a un hombre cuya destreza ms profunda es cmo salir bien parado y oliendo a rosas de un juicio de bancarrota. Hoy en da, parece estar decidido a aplicar esa especial pericia a la guerra, la paz y la economa.

Eso significa que el lector puede dar por descontado que en un ao o dos ms tendr otras cinco lecciones escritas por m. Mientras tanto, que no se le vuele el sombrero.

* K-Street es una avenida de Washington en la que abundan los comits de expertos, los grupos de presin y los bufetes de abogados. (N. del T.)

** Los PAC (political action committees) son organizaciones que recogen contribuciones dinerarias de sus miembros para financiar campaas a favor o en contra de un candidato o de iniciativas legislativas. (N. del T.)

Tom Engelhardt es cofundador del American Empire Project, autor de The United States of Fear y de una historia de la Guerra Fra, The End of Victory Culture. Forma parte del cuerpo docente del Nation Institute y es administrador de TomDispatch.com. Su libro ms reciente es Shadow Government: Surveillance, Secret Wars, and a Global Security State in a Single-Superpower World. Su prximo libro, A Nation Unmade by War (Dispatch Books); aparecer en mayo.

Fuente http://www.tomdispatch.com/post/176410/tomgram%3A_engelhardt%2C_america_last/

 

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.



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