Portada :: Colombia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-05-2018

Mejor una mala unidad, que refrendar la humillacin

Manuel Humberto Restrepo Domnguez
Rebelin


La brjula poltico social de la coyuntura electoral colombiana marca al norte la necesidad de mirar realidad tal como es, desnuda, sin velos, sin prejuicios, sin acudir a las pequeas diferencias que separan con excusas que impiden asumir la responsabilidad histrica de los sectores populares y medios, ambos excluidos del poder y de las actividades de decisin y control del estado, desde el mismo momento en que empez la vida republicana. El mundo ya no es un barrio obrero, ni la suma de mercancas de un mercado local, ni el volumen de ordenes de represin que expide el poder que sabe acomodar, mentir y confundir, pero tambin seducir. Leer los derechos en esta coyuntura, que es quiz la de mayor relevancia histrica de las ultimas cinco dcadas y de la generacin que termina envejecida con la guerra y de la que empieza a mirar las oportunidades de la paz, necesita entender a fondo que a pesar de que el mundo de hoy sea ilegible polticamente, hay que leerlo en el momento concreto y usando la caja de herramientas adecuada y luchar para transformarlo.

En la coyuntura electoral, esta en juego una concepcin de la poltica y del poder, no estn en disputa solamente los cargos del estado, el control de las rentas, la conduccin de polticas publicas o las garantas del poder coactivo institucional. Es el todo de la poltica, las relaciones entre la sociedad y el estado, el control de las conductas y la formacin de un determinado espritu de ser humano y la creacin de condiciones de garanta del derecho a la paz para vivir efectivamente como estn llamados a vivir los seres humanos del siglo XXI, libres del temor, el miedo y la miseria. Esto implica la necesidad individual y colectiva, de hacer el mejor de todos los esfuerzos del pensamiento, la palabra y la accin, para separase de prejuicios e intolerancias y entender que es preciso y necesario construir el ejercicio del poder de otra manera, solidaria, colectiva, con respeto por la dignidad humana y con capacidad para reconstruir la propia historia de seres humanos que esperan ser reconocidos como sujetos de poder para construir hasta ahora negado por el poder que destruye.

Hay una imagen espacio de pas, forjado con retazos de corrupcin, falsedad, mentira, odio, engao y humillaciones, producidas y propiciadas por un circulo cerrado del poder indolente, que ante sus faltas responde con cinismo y se repone fcilmente cambiando las formas y metodologas o inventando un teatralizado perdn y contricin sin mnimos ticos. Y hay tambin un tiempo propicio para crear la unidad, no de la izquierda, si no de los empobrecidos, excluidos, marginados, intelectuales, estudiantes, trabajadores, desempleados e inconformes de todas partes, para lograr que sea una unidad de propsito con el objetivo de tomar el control del estado. No importa si se trata incluso de una mala unidad provisional, cuando lo central es impedir que las elites asociadas en el bipartidismo fragmentado, pero no antagnico, refrenden su inamovible posicin como poseedores del control del pas. Es preferible una mala unidad con fisuras o brechas, discordancias y tonalidades difusas y una que otra incertidumbre, que recaer en el vaco sin retorno.

Poltica y socialmente la imagen espacio del pas, es la de una tragedia, de la que es urgente salir, y es tambin un tiempo de coincidencias para construir el destino merecido. En sntesis es un buen momento para reafirmar otro modo de ser del pensamiento y de la accin, para ser mas humanos, mas solidarios, mas comprometidos con el afecto que inspira la paz, que con el odio que trae la guerra. La dignidad es el centro de mando, de origen y futuro, es una unidad en la lucha por la dignidad. Es tiempo propicio para la ruptura, la invencin y el comienzo de una nueva era, en la que los derechos aplazados ocupen el lugar que merecen como la mejor riqueza cultural jams producida.

Por lo que acontece la historia del pas muestra una de las mas grandes tragedias humanas, sociales y ambientales jams ocurrida en otro lugar del planeta de manera sostenida. Se vive entre la desesperacin y el olvido, entre la soledad y el silencio, entre la precariedad y el abandono, pero muchos creen que viven en el pas mas feliz y adems cercano socio de los potentados del mundo o se cree que es querido porque enva soldados a guerras de pases que pocos saben ubicar en el mapa. La tragedia tiene miles de fosas comunes provocadas por la avaricia y la sed de enriquecimiento de los poderosos, los potentados hacen del agua su negocio y muchos gobernantes comercian con la vida de los mas vulnerables para mantener sus posiciones, hay quienes se lucran inclusive con la sangre de los enfermos y hay los que llenan sus despensas con la comida que les falta a los que mueren de hambre. La barbarie, la ignominia, el descontrol de las elites para someter y ocultar sus arbitrariedades y desvaros de poder esta ad-portas de sellar quiz por cien aos mas su pacto de poder y de gobierno para que las formas cambien pero todo siga igual, impedirlo es el reto de la unidad.

Esa historia, la de las elites, tiene hroes y villanos y ha sido contada por ellas mismas convirtiendo en hechos triviales o simples ancdotas el sufrimiento y las carencias de los excluidos, para apropiarse del sistema y del dinero de la salud les basto cambiar el modelo, se apropiaron del congreso y les basto organizar empresas de clientela electoral a la vista de todos, se apropiaron de las riquezas minerales, vegetales, la fauna, la flora, el agua y la tierra y les bastaron unas pocas leyes, se apropiaron de la constitucin y crearon la reeleccin y les basto un par de sobornos pagados con notarias, para hacer lo que quieran les basta con sostenerse en el poder.

La historia que cuentan esta llena de mitos y fantasmas que limitan la comunicacin y sobreponen los apasionamientos sobre los que resulta fcil producir estigmas, descalificaciones y persecucin a sus adversarios, pero ocultan que los principales responsables de la tragedia humana de Colombia son ellos mismos, su violencia sin limite, su capacidad de engao. En presente no cuentan por ejemplo que por encima de los intereses del pas firmaron desiguales tratados de Libre Comercio (TLC) que produjeron la quiebra de miles de pequeas empresas y acabaron otros miles de empleos, o que con la misma actitud aptrida han extraditado a miles de colombianos (decenas inocentes) y permitido crear siete bases militares al servicio de guerras ajenas y vendido, con sobornos incluidos, miles de licencias ambientales, para destruir al planeta en nombre del oro que terminara en sus bolsillos. No cuentan en su historia que la causa de la tragedia resulta de la sumatoria de su voracidad soportada con su control del estado. Tampoco cuentan que la violencia cotidiana tiene como causa principal la desigualdad sostenida, que permite observar como crece la economa mientras la gente se empobrece mas o como unos pocos, no mas de un milln entre cerca de cincuenta millones, viven como prncipes, mientras los otros a su lado sobreviven como mendigos. Y han ocultado sus maneras de vivir con plenos derechos y garantas solo para ellos, menos del 3% de la poblacin, duea de todo, como si el mundo hubiera sido creado solo para ellos, poseen las tierras, los alimentos, las aguas, los negocios, las iglesias, las naves, la radio, la televisin, las vas concesionadas y los parques de la nacin y han creado un apartheid de pobreza o limitaciones para el otro 95% de la poblacin disponible para ellos y que a veces resignada y sin esperanza acepta el sometimiento y la opresin como asuntos naturales.

Superar las interpretaciones meramente formales o normativas, de la realidad, convoca a las organizaciones sociales y polticas, a la academia, a los universitarios sean profesores o estudiantes, a trabajadores y desempleados, a mujeres y hombres, a estudiar y entender la manera como operan las reglas del poder hegemnico, que impaciente trata de impedir, que aquellos a quienes solo han entendido como sus subalternos, sus servidores o sus sbditos se estn tomando en serio rebelarse y usando las mismas herramientas del poder institucional apuesten con unidad a tomar por mano propia la construccin de su destino, para cambiar la manera de pensar, disear y gobernar el pas y sus instituciones con fundamento en la dignidad humana. La Unidad es el medio para aferrarse a la esperanza de que s es posible salvar del desprecio al ser humano, concretar la paz estable y duradera e impedir que la guerra siga ultrajando el sentido de humanidad.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter