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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-05-2018

El desprecio histrico del Estado por el pueblo del Catatumbo

Diana Snchez
http://viva.org.co


La crisis que actualmente vive el Catatumbo, no es ms que un sntoma coyuntural de la problemtica estructural que vive la regin desde hace dcadas, sin que el Estado colombiano arriesgue algo por solucionarla. Militarizar y militarizar y militarizar, ha sido la frmula casi exclusiva de los sucesivos gobiernos que han dirigido el pas hasta ahora. Para matizar un poco, la administracin central tambin promete, promete y promete grandes inversiones sociales, especialmente cuando las comunidades tienen que recurrir a la movilizacin y los paros para exigir sus legtimos derechos. Pero esas promesas con los aos se convierten en espejismos para la poblacin y los alcaldes, o en ocasionales programas asistencialistas que no solucionan nada de fondo.

Hasta hoy no se conoce en la regin una sola propuesta realista, estructural y genuina de sacar al Catatumbo del atolladero histrico en el que se encuentra por parte de la clase poltica gobernante ni de las instituciones estatales. En cambio s oportunistamente se lamentan de sus pobres habitantes cada vez que los medios registran una agudizacin de esa crisis humanitaria, y ordenan las consabidas ayudas caritativas como acaba de ocurrir; no sin antes afirmar que todo estaba normal para luego aceptar que el Catatumbo tiene problemas, pero no del momento habra qu precisar.

Porque para el Gobierno Nacional la violencia que hay all es una violencia que siempre se ha vivido, sea por los grupos armados o por las protestas sociales, seala; es algo natural y no es para preocuparse, y se resuelve con pi de fuerza. Como lo aclar contundentemente el Senador Alberto Castilla en su intervencin en la Asamblea Comunitaria del 22 de abril en el Tarra: La historia no es la misma de hoy, pero si es la continuidad de la violencia que siempre ha estado en esta regin, primero la vivieron los Bar y siempre la hemos vivido los catatumberos. Porque violencia es no tener carreteras, violencia es no tener salud, es que exista slo un mdico por cada cinco mil personas de esta regin, violencia es que tan solo uno de cada cien que pueda terminar el bachillerato pueda ir a la universidad, violencia es que no tengan precio las cosechas de campesinos y campesinas, violencia es que no haya reconocimiento, respeto y oportunidades para las mujeres, violencia es negacin de la vida y nuestros derechos1.

Basta recordar tan solo unas cifras socio demogrficas para graficar esta realidad. En el municipio de El Tarra, el 30% de su poblacin no tiene ningn nivel de escolaridad y slo el 1.9% ha logrado estudios de nivel superior. En Ocaa el 14.7% de la poblacin se encuentra en estado de analfabetismo. En Convencin solo el 3.2% de la poblacin ha llegado a la educacin superior y el 29% se encuentra en el analfabetismo. En el Carmen slo el 1.9% de la poblacin ha podido realizar nivel superior de educacin o post grado. En Hacar (uno de los pueblos ms pobres del pas) tan slo el 6.6% de la poblacin logra culminar estudios secundarios. En San Calixto escasamente el 2.4% ha llegado a la educacin superior (universitaria o post grado). En la hermosa poblacin de Playa de Beln el 50.4% de la poblacin termina la bsica primaria y slo el 12.3% ha cursado la bsica segundaria. En Sardinata, poblacin limtrofe con Ccuta, slo el 53.6% logran culminar estudios de primaria y el 16% el bachillerato.

En relacin a las vas de acceso lo que se puede decir es que all no hay vas ni de primera, segunda, tercera o cuarta generacin. Sus vas son prcticamente trochas, que se hacen transitables por la autogestin de las Asociaciones de Juntas, no por la intervencin de los gobiernos tradicionales. Ni qu decir de la salud, los servicios de agua potable y alcantarillado, o la alimentacin; todo se puede resumir en que el Catatumbo tiene un ndice de NBI por encima del promedio nacional.

A lo anterior se suma la estigmatizacin endmica que cargan sus habitantes, especialmente la juventud, quienes ante el Estado y sociedad colombiana nacen con el sello de ser de una Zona Roja, lo que implica en la Doctrina de Seguridad un tratamiento de orden pblico. En los ltimos aos el discurso oficial ha propagado la idea de que su poblacin es narcotraficante y terrorista; y no hace mucho el mismo presidente Santos calific la regin como un Bronx. Lo cierto es que los funcionarios pblicos departamentales y nacionales no conocen en realidad al Catatumbo, a lo sumo llegan en helicptero a Tib o a Ocaa. No lo han recorrido, desconocen el sentir de sus habitantes, su cultura, sus formas organizativas que construyen alternativas de vida, sus ejercicios de gobierno comunitario, sus prcticas de sobrevivencia y convivencia, su creatividad, su espritu humano, cmo sus Juntas de Accin Comunal se fortalecen para integrar la regin alrededor de un buen vivir en medio del olvido estatal.

Incumplimiento a todos los acuerdos

El Catatumbo fue uno de los territorios donde se puso ms expectativa para la implementacin de los acuerdos de paz suscritos entre el Gobierno Nacional y las Farc, dado la importante presencia de sta en la zona. Pero, adems, al drsele cumplimiento a los acuerdos, sera un camino abonado para cerrar parte la conflictividad en esa frontera porosa, alimentada por el narcotrfico que incrementa los cultivos de coca estimadas ahora en ms de 25 mil hectreas, el contrabando de gasolina, trfico de armas y dems fenmenos ilegales de las fronteras colombianas.

La realidad no ha sido as. La implementacin de los acuerdos de paz an no se siente en la regin, no ha habido sustitucin de cultivos, el nivel de convocatoria de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial, PDTs solo ha llegado al nivel veredal, pero no as al nivel de los municipios. As las cosas, la esperanza de estos planes an est lejana.

Pero no slo a las Farc el Gobierno y Estado incumplen, al campesinado tambin. Recordemos la fuerte movilizacin social por cerca de 2 meses del campesinado en 2013. De aqul pliego de 16 puntos acordado con el campesinado para mejorar algunas condiciones de vida, nada queda, solo el recuerdo de 4 campesinos muertos en la refriega. Y as un largo etctera desde las movilizaciones de 1998 que provocaron el Plan de Desarrollo Alternativo del Catatumbo, que qued plasmado en un buen documento prembulo de la entrada paramilitar de 1999. Ah, por all archivado se debe encontrar el Documento Conpes 3739 de enero de 2013 Estrategia de Desarrollo Integral de la Regin del Catatumbo.

Pero ante los evidentes hechos de violencia y crisis humanitaria que padece la regin por el enfrentamiento de las guerrillas del ELN y el EPL, y el paro armado decretado por este ltimo grupo, el Gobierno Nacional no slo se ha quedado corto en atender a la poblacin, sino que ha negado la existencia de la problemtica.

Como desde que comenz la crisis hace cerca de 2 meses, neg el problema, el Gobierno nacional lleg tarde, el 23 de abril, un da despus de la gran asamblea comunitaria, y slo hasta Ocaa -entrar a la regin da pnico-. Las respuestas, las obvias: expertos del DNP y un equipo lite del POT pare revisar los proyectos de los alcaldes, a ao y medio de terminar mandatos. La creacin del Puesto de Mando Unificado, PMU en Ocaa para atender la emergencia y entrar 20 toneladas de comida a la regin a travs de corredores humanitarios. Retomar de manera urgente los PDTs para en 10 das presentar una ruta abreviada para sacarlos adelante. Examinar profundamente qu est pasando con la sustitucin de cultivos y retomar los PNIS, lo cual ser liderado por la Vicepresidencia. Retomar la situacin de infraestructura para lo cual la Agencia Nacional junto con el DNP revisar los proyectos viales. Por su puesto no falt el aumento del pie de fuerza, como si no fueran suficientes los 12 mil efectivos que hay en la regin. All se puede decir que hay un militar por cada 23 habitantes, sin contar los militares de los grupos armados ilegales. Realmente es una cifra absurda que contrasta con los mdicos en la regin, que son ms o menos uno por cada cinco mil habitantes.

En fin, nada distinto de lo anterior. Quizs destacar el reconocimiento a la Comisin por la Vida, la Reconciliacin y la Paz del Catatumbo, conformada por lderes comunitarios, alcaldes, personeros, iglesias y organizaciones sociales.

El enfrentamiento entre el ELN y el EPL

Frente a esta confrontacin todo est dicho en medios de informacin. Es obvio el inters de estos grupos por el control de las rutas del negocio de la coca, la gasolina y la pata de grillo. Hoy, a decir verdad, estos grupos anclados en este territorio, han perdido sus objetivos polticos estratgicos y quedaron atrapados en la trampa econmica ilegal, de la cual derivan el sustento de sus ejrcitos. Sin embargo, les cabe la pregunta de qu sirven unos supuestos ejrcitos del pueblo que con tan agresiva disputa territorial y un paro armado como el actual, se van contra la misma poblacin, esa que les dio la vida y les ha prodigado proteccin en medio de tanta represin? Con estos hechos, pareciera que poco inters tienen en cuidar el escaso margen de legitimidad poltica que an les queda. Todava retumban en los odos las frases de los dirigentes comunitarios en la Asamblea del domingo 22 de abril esa guerra no es nuestra, esa guerra es de ustedes, resulvanla polticamente, pero no involucren a la comunidad.

Pero ms all de la evidente degradacin del conflicto armado, en el fondo de esta tragedia social, gravita la altsima responsabilidad del Estado colombiano, que como ya dijimos, ha engaado a su poblacin con promesas eternamente incumplidas, empujndola cada vez ms a una frontera invisible de lo imposible. Una juventud que desde el mismo vientre ha visto a sus padres y madres correr y desplazarse para proteger sus vidas de arsenales legales e ilegales. Una juventud que sabe construir ranchos de madera en cualquier lugar para atemperar de la violencia. Una juventud que nace con la mirada fija en mesas de billar, no hay polticas de recreacin distinta; en un cultivo de coca, la yuca no da para comer; en una arruinada cancha de futbol, que tanto aman; en una universidad que nunca ha existido; en un montn de sueos irrealizables.

Recordar que sus comunidades enfrentaron y resistieron como ninguna las arremetidas militares de los aos 90. Luego soportaron estoicamente el cerco paramilitar de principios del 2000, que los masacr con el beneplcito del Estados colombiano (lo dicen las sentencias judiciales). Lograron parar los falsos positivos cometidos por el Ejrcito colombiano contra sus hijos campesinos entre el 2006 y 2007.

Ante este panorama, la realidad es pura y dura y se hereda de generacin en generacin, convirtiendo a las guerrillas en especies de Robin Hood que les salva de la perversidad de un Estado ausente pero represivo cuando se trata de imponer intereses ajenos a la regin. No obstante, estos salvadores tambin empiezan a recibir de los habitantes catatumberos, legtimos reclamos que con seguridad les dejar claro quines son los dueos histricos del territorio y quines mandan en l.

No es la primera vez, ya antes las comunidades catatumberas han ejercido esa misma autoridad frente a la incursin de los grupos paramilitares que pretendieron desplazar y confinar la poblacin en varios momentos; o frente a un Ejrcito estatal que pretendi sembrar la regin de falsos positivos, conminando a sus oficiales de mando a comparecer ante audiencias pblicas para reclamarles por qu mataban a sus inocentes hijos y a otros trados de afuera, como fueron los de Soacha.

El valor del poder popular

Entonces la gente del Catatumbo ha demostrado tener una capacidad de resiliencia en medio de tantas violencias, buscando la cohesin y la articulacin desde sus Juntas de Accin Comunal y Asociaciones de Juntas hasta sus expresiones regionales como el Cisca, Ascamcat, MCP y la Asociacin del pueblo Bar. Esta difcil coyuntura lo demuestra una vez ms. Son ya muchas las concentraciones y movilizaciones en casi todos los municipios reclamando el Catatumbo es nuestro y exigindole a los armados el respeto a la vida de la poblacin. Es en este proceso que fue conformndose la Comisin por la Vida la Reconciliacin y la Paz del Catatumbo, acompaada por la Defensora del Pueblo, las Dicesis, Naciones Unidas y varias alcaldas.

La gran Asamblea Comunitaria del pasado 22 de abril realizada en El Tarra, con la presencia de ms de cinco mil personas movilizadas desde todos los rincones del Catatumbo que atendieron la convocatoria de la Comisin, asumiendo los riesgos del paro armado, constituyeron la expresin de una extraordinaria fuerza social que le dio legitimidad al encuentro, a sus decisiones y a sus organizaciones. En esta Asamblea se concentraron las memorias de valientes y osadas respuestas a las intervenciones en el territorio y la vida del pueblo catatumbero, para erigirse nuevamente con dignidad y trazar autnomamente como gobierno legtimo de la regin, unas lneas que conduzcan progresivamente a la superacin de la crisis.

Pero ms all, con una visin de largo aliento consecuente con la lectura integral e histrica de la situacin que se presenta, la Asamblea traz tambin una ruta que busca proyectar los acumulados sociales y polticos del momento en construir nuevos escenarios que mandaten sobre otros asuntos que estn presentes en el contexto de la regin.

Por eso frente a la nueva crisis que genera el enfrentamiento entre el ELN y el EPL, es preciso enfatizar que la salida se encuentra solamente en el tejido comunitario del pueblo del Catatumbo. Aqu la salida militar sera totalmente contraproducente en trminos de los graves impactos que tal opcin producira, por la extensin y profundidad que la crisis adoptara, en el presente y el futuro de la regin y sus entornos. Tal vez quienes quieren pescar en ro revuelto, una situacin de violencia generalizada en la que se desarticulen por ensima vez los procesos sociales les resulte conveniente a sus intereses; pero deberan considerar que la voluntad de los pueblos de la regin ha terminado siempre sobreponindose a las circunstancias.

Como lo han reclamado las comunidades y sus organizaciones, se precisa de un gran dilogo de todos los actores del Catatumbo para armonizar la casa y comprometer manos y corazones en la definitiva solucin de todos los conflictos y angustias que se viven a diario, en muchos asuntos y desde hace mucho rato. Para algo deben servir los momentos de crisis, se ha dicho y se ha comprobado.

Es una exhortacin que se corresponde con el propsito de muchas organizaciones y sectores sociales del pas, quienes desde varios escenarios le apostamos a la participacin protagnica de la sociedad en la superacin del conflicto armado y la construccin de la paz transformadora de realidades injustas como las que soporta el Catatumbo. Por eso el llamado a respaldar, desde los espacios nacionales e internacionales, esa propuesta de configurar un gran escenario de Dilogo Regional liderado por la Comisin por la Vida la Reconciliacin y la Paz del Catatumbo, que incluya de alguna manera a los armados, con una agenda que resuelva el enfrentamiento que se presenta y sus diversas tensiones, pero que proyecte el futuro que los catatumberos y catatumberas han soado.


Fuente original: http://viva.org.co/cajavirtual/svc0585/articulo02.html



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