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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-05-2018

En tanto que llega la era del microchip

Antonio Lorca Siero
Rebelin


Las masas estn ilusionadas con el progreso basado en el desarrollo de las ltimas tecnologas, porque hacen la vida mejor; aunque tal vez no lo sea en el plano real, cuanto menos as lo parece. La cosa se entiende como si de magia se tratara; basta con tocar un botn para que, acortando distancias, todo marche a voluntad del operador. Esto fascina a cualquiera y llega a producir satisfaccin. Incluso anima a soportar lo rutinario, alienta en la espera y permite ir tirando. Lo cotidiano se ha hecho tan dependiente de los artilugios modernos que sin ellos ya no se puede vivir. Posiblemente porque no solo aportan comodidad y bien estar momentneo, sino ilusin, esa pieza que completa el paso de los das porque les da sustancia.

No solamente las masas viven sus ilusiones con los aportes de la tecnologa, hay otra presencia que se aprovecha de sus creaciones, este es el caso de la burocracia. Cada da estrecha ms el cerco de los administrados, acogindose a la mxima del menor esfuerzo para lograr la mayor eficacia. El objetivo es consolidarse todava ms como poder para presionar a los gobernados. En tanto que llega la era del microchip incorporado al individuo como documento de identificacin, en lo que actualmente se trabaja a nivel general, otros artilugios como ordenadores, smarphones, cmaras de vigilancia, drones y, en general, el amplio arsenal del espionaje -en forma de programas y aplicaciones indetectables u otros ingenios-, contribuyen a hacer real el propsito de administrar a los gobernados con eficacia. El asunto ha avanzado hasta el extremo que ya casi no se mueve una paja sin que el ojo avizor lo detecte. Nadie lo ve pero l nos ve, y somos permanentemente espiados con diversos fines, aunque se crea ingenuamente que nadie nos observa. El resultado es que la tan cacareada intimidad se va desgarrando, dejndose la piel por el camino.

Aunque pudiera decirse que todos debieran estar satisfechos con la tecnologa de vanguardia, seguramente sean las empresas capitalistas las que obtengan mayor retribucin en forma de beneficios. Aumentar su capital otorga, adems de caja, poder de influencia. No obstante, colaborar con el poder poltico -que debera mostrar agradecimiento a la tecnologa, puesto que ha permitido disimular la fuerza bruta con la suave dominacin a travs de las mquinas- supone una carga, porque, no contento con la aportacin empresarial al proceso de dominacin de los gobernados, aprovecha la ocasin para explotar a la vez a las empresas utilizando el soborno y la multa, amn de lo que se mueve en el terreno de la legalidad bajo el epgrafe de tasas e impuestos. Como compensacin, aquellas disponen de pequeas libertades que permiten escapar de las apetencias incontroladas de los Estados merced a los llamados parasos fiscales o acogindose a la ingeniera de la evasin impositiva. De ah que aunque los avances tecnolgicos a disposicin de la burocracia pudiera suponer tirar piedras contra su propio tejado, porque permiten dar pistas para incrementar los controles burocrticos pblicos sobre ellas mismas, la tecnologa tambin permite adoptar los oportunos remedios, que se reservan en exclusiva.

Al amparo de los intereses generales , el poder se robustece echando mano de las tecnologas que le aportan las empresas, a la espera de encontrar argumentos desde esa base para vender a la opinin pblica el microchip como algo racional y necesario. Entonces, todo resuelto, la contestacin ya no ser posible porque el centro de control leer todos los pensamientos y adoptar las resoluciones antes de que trasciendan a la accin, La masa de borregos seguir las consignas de sus amos, y no supondrn problema porque se les controlar en todos sus pasos. De momento, ante la disidencia, basta con entregarla al ostracismo, con seguimiento de las opiniones y las actuaciones que ya no sea posible ocultar usando de los medios de comunicacin convencionales. Si sale algo inconveniente a la luz, el blsamo frente a la discrepancia viene con los productos tecnolgicos diseados al efecto para hacerlo desaparecer. Los iconos culturales, las modas del mercado, el pensamiento teledirigido por los asalariados del sistema -un coto cerrado reservado al grupo de fieles- frenan la disidencia y refuerzan el dogma, prefabrican la libertad y preparan a las masas para la recepcin de lo inevitable.

Nadie controla a la burocracia, porque la burocracia es la misma ley y su jurisprudencia. En este panorama totalitario, en un mundo de derechos y libertades de papel, amparado por la democracia representativa virtual -un simple juego para guardar las apariencias-, la burocracia se mueve a sus anchas -todo est bajo control gracias al instrumental tecnolgico-, sin que las masas puedan salir del crculo de fuego por temor a quemarse. El reinado de las minoras dominantes se reafirma mientras se juega al entretenimiento y a marear la perdiz con la incauta ciudadana. Incluso cuando esta se desborda, siempre hay alguien del poder dirigiendo el espectculo. En el juego poltico, las masas ahora son poca cosa, pero se camina hacia la nada absoluta. Su nica posibilidad de redencin est en manos del consumo, porque disponen de la llave que abre y cierra la puerta.

Si polticamente las masas permanecen anestesiadas por efecto del juego poltico que ha trado al democracia representativa, se mantienen vivas travs del consumo -no as en el caso del consumismo-. Y aqu los creadores de la tecnologa necesitan permanecer despiertos. El problema que se plantea es que las masas se han vuelto exigentes y reclaman cotas de ilusiones crecientes que el nuevo demiurgo llegar el momento en que no est en condiciones de atender, porque este camina a paso lento y las otras a golpe de pedal. Si no se pueden aportar dosis de entretenimiento la gente se aburre y empieza a incordiar.

Tan pronto falle la inventiva del  consumismo encomendado al capitalismo creativo, el espectculo se resentir. La burocracia, por tradicin, carece de capacidad imaginativa para suplirlo. Por otro lado, las masas se rebelan cuando no se las entretiene. Aqu est el inicio de la gran crisis: la falta de creatividad de los poderes dirigentes. Pero si todo va bien y el motor capitalista sigue incrementando el capital empresarial, repartiendo beneficios entre los accionistas y es capaz de proseguir con su modelo social de renovacin permanente en el campo de las ficciones culturales, todo marchar. Mientras el espectculo contine y las masas estn entretenidas, la tranquilidad social estar servida y el terreno abonado para imponer el microchip que viene. Pero, ojo al panorama, porque, pese a las previsiones, a veces el equilibrio se rompe por el punto ms insospechado.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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