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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-05-2018

Problemas de moral: entre Cifuentes e Hiroshima

Carlos Fernndez Liria
CTXT

Vivimos en un mundo en el que las estructuras son mucho ms inmorales que las personas. Eso genera, lgicamente, mucho desconcierto moral y jurdico. Y tambin poltico


El video de Cifuentes robando en un supermercado y su dimisin inmediata es una excelente ilustracin para retomar una de las reflexiones morales ms profundas e interesantes que se plantearon en el siglo XX. Este grotesco episodio es la perfecta inversin del caso Eatherly, en el que intervino el filsofo Gnther Anders y sobre el que public su libro Ms all de los lmites de la conciencia. Claude R. Eartherly fue uno de los pilotos que arrojaron la bomba atmica sobre Hiroshima. Apret un botn y un minuto despus, haban muerto abrasadas 200.000 personas. Nadie puede representar lo que significa una cifra de cadveres de esa magnitud. El ser humano tiene algo de toscamente limitado: podemos llorar profundamente la muerte de una persona, de dos o de cinco, pero no estamos constituidos para sentir la muerte de doscientosmil. El mundo entero, por ejemplo, se conmovi ante la foto del nio de tres aos Aylan Kurdi, tirado en la playa muerto tras haber naufragado su patera, pero es ms difcil intentar sentir algo al recordar que eso est ocurriendo todos los das y que hay decenas de millares de personas en el fondo de Mediterrneo que han sido vctimas de la misma tragedia.

Eartherly era un voluntario de guerra, piloto de la aviacin americana. Tras arrojar la bomba en Hiroshima fue considerado como un hroe de guerra, pero l se vio afectado por sntomas de insomnio y ansiedad que nunca le abandonaron. El primer diagnstico que le dieron fue battle fatigue, cansancio originado por el combate, Efectivamente, tras haber causado la muerte de doscientas mil personas, deba de sentirse algo cansado. Era ms bien un sntoma de normalidad, como no ces de explicar Anders. Pero fue tratado como un neurtico, sobre todo cuando empez a hacer cosas extraas, como atracar pequeos comercios, oficinas de correos, hurtos menores de delincuente aficionado. Normalmente no se llevaba nada y, cuando lo haca, era para enviar el dinero a una cuenta de familiares de vctimas de Hiroshima. Clamaba por ser castigado, por ser encarcelado, porque se le reconociera su papel de criminal y se le despojara de su fama de hroe de guerra. Pero haba ah un abismo irremontable, entre la magnitud de Hiroshima y los robos de los supermercados, aunque l hubiera sido, inexplicablemente, protagonista de las dos cosas. A Gnther Anders le interes especialmente esta enorme desproporcin entre lo que haba hecho en tanto que pieza de una maquinaria de guerra armada con bombas atmicas y lo que era capaz de hacer en tanto que aprendiz de delincuente.

Entendemos bien la responsabilidad individual que tiene una persona que mata o que roba. Nuestra imaginacin moral est conformada a esa escala. Pero no hay manera de explicitar el tipo de responsabilidad que tenemos con las estructuras de un sistema econmico y poltico que roba y mata masivamente de forma ciega y annima. Hay aqu una desproporcin radical. Una desproporcin que deca Gnther Anders nos ha convertido en analfabetos emocionales y en indigentes morales. Podemos sentir emocional y moralmente lo que significa robar un banco, pero no lo que significa tener un banco o que, sencillamente, existan los bancos. Lo que significa que muera un nio de hambre, pero no lo que significa que los alimentos bsicos del planeta coticen en la Bolsa de Chicago. Lo nico que alcanzamos a decir es que eso son cosas del sistema en el que estamos metidos. Pero uno se sorprende entonces de que eso de ser antisistema no est demasiado bien visto, ni sea tampoco especialmente mayoritario.

El Partido Popular, adems de ser, como se est demostrando, un nido de corrupcin y probablemente a tenor del tipo de mensaje que han enviado a Cifuentes una organizacin de tipo mafioso, est muy orgulloso de no ser antisistema. Su inolvidable presidente Jose Mara Aznar estaba incluso muy orgulloso de codearse de igual a igual con los ms poderosos defensores de este sistema. Con ellos fue con los que declar la guerra a Iraq, alegando que ese pas contaba con armas de destruccin masiva que no solamente no existan, sino que se saba perfectamente que no existan. Fue una declaracin terrorista a causa de la cual murieron centenares de miles de personas y otros millones estn an sufriendo las consecuencias. Pero en estos asuntos la desproporcin de la que hablaba Anders acude en auxilio de la conciencia del votante del PP. Emocionalmente es imposible sentir nada cuando se habla de millones de muertos. Y moralmente no hay ah manera de orientarse. La cosa es demasiado grande para la imaginacin humana. De modo que algunos jueces, por ejemplo, prefieren gastar sus energas en perseguir a los que hacen chistes sobre Carrero Blanco.

Eartherly robaba tiendas para que se le considerara culpable, ya que nadie pareca dispuesto a plantear ninguna responsabilidad moral ni poltica en el asunto de Hiroshima. Acab internado en un manicomio. La desproporcin entre una cosa y otra era demasiado grande para que se captara el mensaje. En el caso de Cifuentes ocurre lo mismo. Ha dimitido porque la han pillado robando en una tienda. Sus otras responsabilidades, como las del Partido Popular al que pertenece, son demasiado grandes para la justicia y demasiado complejas para interpelar a la conciencia moral. A la espera de un Kant que reformule los principios del derecho con arreglo a este chocante desnivel, es lgico que el poder judicial navegue a la deriva dando palos de ciego.

Vivimos en un mundo en el que las estructuras son mucho ms inmorales que las personas. Eso genera, lgicamente, mucho desconcierto moral y jurdico. Y tambin poltico, como se vio, por ejemplo, cuando el Ayuntamiento de Cdiz se vio obligado a elegir entre los puestos de trabajo de los astilleros y los derechos humanos, aceptando finalmente fabricar barcos de guerra para Arabia Saud. Kichi, el alcalde de Podemos, tuvo la valenta poco comn entre nuestros polticos de explicarlo a las claras en un artculo.

Este tipo de problemas debera haber interpelado muy directamente al pensamiento tico del siglo XX, que, sin embargo, estaba a otras cosas, intentando resolver el asunto del dilema del prisionero (algo as como que si todo el mundo se comporta como un miserable egosta mentiroso, sorprendentemente el resultado no es siempre el mejor de los posibles). Lo plantearon, eso s, los telogos de la liberacin, que sacaron a colacin el concepto de pecado estructural. Pusieron as sobre la mesa el problema de que la responsabilidad moral no puede indagarse mirando en nuestro interior, sino mirando al interior de las estructuras que vertebran el sistema de este mundo, y preguntando si se puede o no hacer algo por cambiarlas. Lo plante, tambin, Jean Paul Sartre, que no haba cesado de insistir en que la moral no poda resumirse en elegirse a s mismo como bueno, sino en elegir un mundo bueno. Las mximas morales se envenenan fcilmente en un mundo en el que ser bueno es la mejor coartada para permitir que todo siga siendo igual de malo. Lo mismo que hay parasos fiscales, en este mundo existen los parasos morales. En ellos vivimos los que nos podemos permitir ser buenos porque jams necesitamos ser malos, al menos mientras siga en pie la valla de Melilla que nos protege del abismo de tercer mundo, invisibilizando incmodos cadveres en el fondo del Mediterrneo.

Hay que decir, entre parntesis, que en el momento actual, quien est llevando la voz cantante es el Papa Francisco, que es al que ms se oye hablar del terrorismo estructural sobre el que se levanta nuestro sistema capitalista. Desde luego que Podemos, si realmente ha buscado y busca una transversalidad hegemnica, debera haber viajado ms a menudo al Vaticano, pues esta casual posible alianza con el catolicismo no era algo a despreciar.

Y, por supuesto, el problema de fondo lo plante tambin, Gnther Anders, cuyas tendencias polticas sufrieron al final de sus das una evolucin bastante pintoresca, como puede comprobarse en su libro Estado de necesidad y legtima defensa (se trata en verdad de un conjunto de entrevistas en torno a un libro que estaba escribiendo). Hasta los aos ochenta, Anders haba sido uno de los ms eminentes representantes del pacifismo alemn. Sin embargo, en sus ltimos textos vea las cosas desde otro punto de vista. A su entender, la situacin en la que habamos desembocado era tan sumamente grave que poda darse por declarado el estado de excepcin a nivel mundial, de modo que la resistencia violenta quedaba amparada por la forma legal de la legtima defensa. El estado de excepcin legitima la defensa: la moral est por encima de la legalidad. Creo innecesario justificar esta regla doscientos aos despus de Kant. El que a los kantianos de hoy se nos acuse de amigos del caos, no nos tiene que inmutar, pues no es ms que una muestra del analfabetismo moral de los que nos etiquetan as. El pacifismo, deca, no ha asegurado la paz, solo nos ha trado buena conciencia. Y no hay nada tan hipcrita como evitar el mal slo porque se desea tener una buena conciencia. El siguiente texto del anciano pacifista alemn, habra levantado hoy todas las alarmas de la ley mordaza: No queda otra que intimidar de verdad a los que nos amenazan. Eso significa no slo devolver las amenazas verbales lo que no les preocupa lo ms mnimo sino que, de vez en cuando, hay que poner en prctica esas amenazas para que no crean que nos vamos a limitar a un puro teatro festivo. () Y eso significa, de la forma ms imprevisible, de la manera ms imponderable: hoy le podra tocar a ste y maana a aquel. () Como nueva arma utilizaremos su propia ignorancia, su propio no saber si les tocar a ellos o a otros. No basta, continuaba, con hacer pedazos las armas del enemigo, tienen muchas de reserva. Sin embargo, no existe una vida de reserva. Por esta razn, la amenaza contra la vida es la nica amenaza seria. Estas citas pueden servir de muestra de hasta qu punto, al final de sus das, este gran filsofo consideraba la gravedad de nuestros dilemas morales contemporneos. Todo un reto que tenemos por delante los estudiosos de la filosofa.

Carlos Fernndez Liria es filsofo. Su ltimo libro es En defensa del populismo (Los libros de la Catarata).

Fuente: http://ctxt.es/es/20180425/Firmas/19264/moral-cifuentes-robo-hiroshima.htm



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