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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-05-2018

Los gringos no tienen amigos

Homar Garcs
Rebelin


Muchos analistas han anticipado -desde hace aproximadamente 30 aos- las perspectivas de un orden internacional enteramente dominado por el complejo industrial-militar estadounidense, como lo denominara el presidente Dwight Ike Eisenhower. Actualmente, nadie niega que Estados Unidos abandera -junto con sus subordinados europeos y, un poco al margen, Israel- un proceso que pretende reencauzar y asentar slidamente una poltica neoliberal y neocolonialista a escala mundial en beneficio de su predominio y de sus grandes corporaciones capitalistas transnacionales. As, la clase gobernante gringa tiene como un asunto vital y de la mxima importancia para sus intereses la recuperacin y el fortalecimiento de la situacin hegemnica y dependiente que ha marcado la historia comn de las naciones de nuestra Amrica.

Para los gringos, la prdica de soberana y pluralismo democrtico que se forj colectivamente en diferentes naciones al sur de sus fronteras en los ltimos decenios resulta absolutamente amenazante, absurda e intolerable. Sobre todo, cuando ve en su horizonte la presencia, las inversiones y la influencia de otros poderes extraterritoriales (China y Rusia) minan esta situacin histrica. Aunado, como secuela de ello, a lo que pudieran hacer algunos gobiernos dscolos o forajidos que actuaran en su contra, animados por un espritu nacionalista y/o izquierdista.

Si revisamos con mayores detalles esta historia, a fin de no soltar la preciada presa que le correspondera de acuerdo a su destino manifiesto, Estados Unidos recurri a lo largo de doscientos aos a una diversidad de acciones. Algunas cruentas, otras ms sutiles, pero todas orientadas a una misma y nica meta. De este modo, la doctrina Monroe (1823), el corolario Roosevelt (1904), la Unin Panamericana (1910), la poltica del buen vecino bajo la presidencia de Franklin Delano Roosevelt, la doctrina Truman (1948), que dio forma a la Organizacin de Estados Americanos y al Tratado Interamericano de Asistencia Recproca mediante la cual Estados Unidos brind apoyo financiero, poltico y logstico a regmenes que fueran abiertamente anticomunistas y, por lo tanto, enemigos de la URSS; la Alianza para el Progreso, promovida por el malogrado Jhon Fitzgerald Kennedy; el Consenso de Washington, aupado por William Clinton; y la propuesta fallida del rea de Libre Comercio de las Amricas y la guerra preventiva (o infinita) contra el terrorismo internacional de George Walker Bush -pasando por lo propio de Barack Obama y Donal Trump, con su Estrategia de Defensa Nacional- han conformado los hitos principales de la sempiterna poltica estadounidense de dominacin territorial de Nuestra Amrica. A la par de ello, Estados Unidos patrocin una serie de intervenciones militares (Mxico, Cuba, Repblica Dominicana, Hait, Panam, Nicaragua y Grenada), golpes de Estado (Chile, Argentina, Per, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Venezuela), asesinatos selectivos de lderes populares (Augusto Csar Sandino, Jorge Elicer Gaitn, Omar Torrijos, Arnulfo Romero), y el respaldo logstico y entrenamiento militar a grupos contrarrevolucionarios (mercenarios en Guatemala, anticastristas en Playa Girn, Contras en Nicaragua, escuadrones de la muerte en El Salvador); condicionados a la voluntad estadounidense.

Esto le facilit Estados Unidos convencer a nuestros pueblos de la fatalidad que penda sobre ellos: convertirse en colonias o en Estados tutelados del imperio del Norte. A tal grado llega esta conviccin inducida que existen grupos que se atribuyen la representacin nacional (como acaeciera con Panam antes de independizarse de Colombia o, en la actualidad, con la oposicin de derecha en Venezuela) que merodean por los pasillos de la Casa Blanca, el Departamento de Estado o el Congreso gringos, vendindose como las mejores garantas para preservar el orden establecido; en tanto ellos sean quienes controlen el poder. Algunos ya no tienen necesidad de hacerlo, instalados como estn en los palacios de gobierno (Mxico, Colombia, Brasil, Per, Argentina), pero igualmente comprometidos con este objetivo imperial. Olvidan, sin embargo, que para Estados Unidos lo esencial no es tener amigos (recurdese la experiencia sufrida por el General Marcos Prez Jimnez en Venezuela, luego de reconocrsele como el mejor gobernante de Latinoamrica, o por la Junta militar que rigi Argentina cuando sta desencadenara la guerra con Inglaterra por la posesin de las islas Malvinas), slo intereses. -

 





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