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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-05-2018

La Universidad en la encrucijada
Resistencia, integracin, transformacin

Ariel Petruccelli
Rebelin


Dese hace al menos treinta aos, los sistemas universitarios a nivel mundial se han visto modificados por una serie de transformaciones legales y materiales asociadas a lo que usualmente se denomina neoliberalismo. Una mirada de larga duracin nos permitira destacar otros hitos, por ejemplo el proceso de profesionalizacin universitaria comenzado luego de la Segunda Guerra Mundial, o la enorme expansin de las matrculas universitarias durante los aos sesentas y setentas, que modificaron el panorama fundamentalmente aristocrtico de los estudios superiores. En el mundo universitario, se podra decir, las reformas neoliberales se proponen mercantilizar y privatizar un sistema cuyo carcter relativamente masivo y en expansin no se pone en discusin: masividad y expansin son caractersticas que responden a tendencias profundas del desarrollo capitalista, asentadas en imperativos econmicos, pero sobre-determinadas por exigencias de control social, expectativas culturales contradictorias y batallas poltico-ideolgicas.

Cmo respondi el mundo universitario a las reformas neoliberales?

Al analizar el campo intelectual ingls, Perry Anderson destac que, en los aos sesenta, desafiados por una revuelta estudiantil desde abajo que puso en discusin las prcticas acadmicas y su funcin social, los profesores universitarios adoptaron posiciones mayormente reaccionarias. El fenmeno no fue exclusivamente ingls: el cuerpo de profesores francs, italiano o alemn no se comport de manera muy diferente. Los intelectuales que pudieron moverse como pez en el agua en el Mayo francs o que pudieron hacer propias las revueltas de los campus en los sesentas eran mayormente ajenos al sistema universitario (como Sartre, Marcuse o Simone de Beauvoir), o bien graduados recientes, precariamente instalados en la academia. El desencuentro entre la insurgencia estudiantil y el grueso del profesorado alcanz incluso extremos patticos. Tal el caso de Adorno, fundador de la Teora Crtica y de la Escuela de Francfurt, incapaz de reconocer vnculo alguno entre la practica crtica de sus estudiantes y su propia teora crtica.

Sin embargo, pasada o aplastada la revuelta juvenil, el centro profesoral se vio desafiado, a finales de los setenta y comienzos de los ochenta, por reformas desde arriba impulsadas por gobiernos neoliberales como el de Margaret Thatcher. Y ante esta nueva situacin, los universitarios reaccionaron, al menos en Inglaterra, como una fuerza de oposicin [2].

El proceso en Argentina no sigui esta pauta. El ascenso militante de los aos sesenta y setenta, con un componente juvenil muy importante, no tuvo como centro de su accionar a las universidades. La lucha armada o la accin sindical en el movimiento obrero tuvieron un peso mayor que la militancia en las facultades. Por lo dems, como consecuencia de la Reforma Universitaria de 1918, las universidades argentinas tenan un carcter algo ms democrtico que lo usual en otros pases. Por esos aos, ms que desafos por abajo, las universidades se vieron acosadas por medidas reaccionarias desde arriba (como la simbolizada por la noche de los bastones largos, durante el onganiato). Pero, sintomticamente, cuando las reformas neoliberales desembarcaron plenamente durante los primeros noventa, los profesores universitarios dieron muestra de una muy escasa capacidad de resistencia. Vale la pena citar al respecto lo que Roberto Follari escriba en 2001:

En tiempos menemistas lo vimos ante nuestros propios ojos, y a veces nos costaba creerlo: amigos, compaeros, colegas que haban sido perseguidos, que haban estado silenciados o exilados, que haban sostenido con dignidad el silencio y el oprobio de la dictadura, no soportaban en cambio las seducciones democrticas. De modo que las lacras que la dictadura no haba exhibido -al menos en sus casos- ahora se hacan tristemente patentes: a cambio de un contrato, de una asesora de gobierno, de un cargo a veces nada brillante, se colgaba las convicciones y se trabajaba para cualquiera [3]

Cmo operan en la vida universitaria normal, la adaptacin a-crtica a un sistema que es cualquier cosa menos democrtico y crtico? Permtaseme reproducir una descripcin ya publicada. No modificara un pice lo escrito hace ya varios aos:

Comencemos sealando una paradoja. Una paradoja que est all, ante nuestras narices; que en buena medida nos constituye a todos los que en mayor o menor medida tenemos alguna pertenencia, como docentes o investigadores, con el mundo acadmico. Que nos atraviesa a diario y cuya cercana y familiaridad es, precisamente, lo que dificulta verla, sopesarla, discutirla. Se trata de lo siguiente. El mundo acadmico se ha convertido en una potente fuerza de desnaturalizacin. En sus recintos se ensea, se argumenta, se escribe, se defiende que toda realidad es una construccin social e incluso lingstica, que nada es natural, que todo puede y debe ser criticado y, llegado el caso, modificado. Sin embargo, las prcticas mismas que estructuran el campo acadmico casi nunca son objeto de anlisis, crtica o modificacin. Tales prcticas son curiosamente aceptadas de la manera ms natural. Los grandes desnaturalizadores parecemos ser, en nuestro mbito especfico, naturalmente a-crticos. Los sagaces crticos de prcticas ajenas devenimos en perfectos conservadores de nuestras propias prcticas.

El gnero, la clase, la raza, el estado o el mercado son objetos de deconstruccin, desustancializacin y desnaturalizacin, mientras se aplaude a los movimientos que luchan contra esas formas de opresin. Pero las disciplinas acadmicas, las jerarquas profesorales, los criterios de legitimacin de los saberes o las prcticas que imperan en las clases, congresos y seminarios son objeto de un piadoso silencio general, a penas roto de tanto en tanto por dbiles y anmalos quejidos disidentes. El homus y la mulierem acadmicus cursa el posgrado como se espera, asiste regularmente a esos congresos, encuentros y coloquios que constituyen su segunda naturaleza, escribe la cantidad de papers estipulada, acepta el trabajo ad honorem como el precio a pagar por pertenecer, respeta las jerarquas burocrticas con la ntima conviccin de que, con paciencia y con saliva, en unos lustros l o ella estar en la cima de esa ctedra en la que ahora es pinche. Y los acadmicos que nos hallamos vinculados a organizaciones polticas o movimientos sociales no escapamos plenamente a esta situacin.[4]

La pasividad y la escasez de crtica profesorales, con todo, no implicaron ausencia de resistencia colectiva a la Ley de Educacin Superior. Los estudiantes plantaron cara a las reformas, y recurrentemente se movilizaron contra el neoliberalismo acadmico. La Universidad Nacional del Comahue es una muestra cabal de esto. La toma de 1995, el boicot a la Asamblea Universitaria de 1996, el conflicto en unidad con los estudiantes terciarios en 1998, la toma contra las acreditaciones de 2004 y la toma por la democratizacin en 2006 fueron todas, sustancialmente, obras suyas. Tan slo en 2001 -cuando el gobierno de la Alianza y su ministro Lpez Murphy impusieron un recorte salarial- un conflicto universitario de gran magnitud tuvo como epicentro a los docentes.

Cules son las bases de la pasividad observable entre el cuerpo docente? Sin duda la propia estructura etaria que informa la vida universitaria, perspicazmente destacada por Immanuel Wallerstein, juega su rol [5]. Pero la misma explica mejor la resistencia al cambio, antes que la incapacidad para resistir cambios reaccionarios. Quiz la clave pase por comprender los sutiles mecanismos disciplinadores que operan en el mundo acadmico; sobre-dimensionados en tanto y en cuanto docentes e investigadores se enfrentan individualmente a la maquinaria institucional. El individualismo es la variable fundamental [6]. Es cosa sabida que no es lo mismo la racionalidad individual que la racionalidad colectiva; como no es lo mismo la racionalidad instrumental (los mejores medios para alcanzar fines que no estn en discusin) que la racionalidad de los valores (la discusin sustantiva sobre los fines mismos). En la vida cotidiana -excepciones al margen- universitarios y universitarias construyen trabajosamente sus carreras, que son carreras individuales. Se impone as una racionalidad instrumental de corte individualista que premia a quienes respetan las reglas del juego establecido. Si lo que prima es la racionalidad instrumental individual, slo cabe esperar que la mayora se integre y slo una minora resista. O que los elementos de adaptacin sean mayores que los de resistencia. Slo la emergencia de una racionalidad colectiva puede modificar esta situacin. Pero una racionalidad colectiva no puede emerger sin la existencia de un movimiento. Cuando esto sucede -caractersticamente con el estallido de acciones estudiantiles de resistencia- quien ms, quien menos, debe repensar su accionar pasado. Pero, desgraciadamente, los movimientos estudiantiles de resistencia han solido ser fogonazos de gran combatividad, sin demasiada continuidad en el tiempo. Las estructuras conmovidas por sus luchas, se restablecen luego de las mismas... y los/as profesores/as interpelados regresan, mayoritariamente, a la lgica individualista a que los impulsa su carrera. Romper esta dialctica del diablo implica necesariamente la emergencia y consolidacin de un movimiento de resistencia no slo estudiantil, un movimiento inter-claustros con real capacidad para sobrevivir en el tiempo. En su ausencia, slo cabe esperar la general integracin, el silencio cmplice.

Siendo las cosa como son, todo depende, a largo plazo, de la aparicin y vitalidad de un movimiento colectivo, que por fuerza har eje en los estudiantes. Puedo aqu repetir lo que escribimos colectivamente en El Cascotazo, hace ya una docena de aos, en ocasin de la toma de 2006:

En este contexto la nica esperanza son los estudiantes y su capacidad para patear el tablero. Entre ellos, siempre los ms quilomberos por ser una especie de oprimidos del sistema, esta lucha, aunque no necesariamente, a veces colisiona con la rosca y el acomodo. Y dicho sea esto sin el ms mnimo atisbo de acrtica adulacin. Como ya vimos, entre los estudiantes tambin florecen la apata y ciertamente no faltan los oportunistas. Son fuertes las tendencias dentro del estudiantado a acomodarse al actual modus vivendi universitario o pasar por l sin pena ni gloria, colaborando as en la reproduccin de un crculo vicioso. Pero a la corta o a la larga, ellos son los nicos que casi no tienen poderosos intereses creados, y es entre ellos donde florecen pequeos ncleos con ganas de cambiarlo todo. Es verdad que muchas veces actan apresuradamente, con ms pasin que ideas, con menos claridad que ganas, con pedantera y vanguardismo. Pero no nos confundamos! Detrs de la ms impropia accin de los estudiantes sobrevive el legtimo anhelo de cambiar un sistema basado en la mediocridad, la rosca y el acomodo. Y detrs del ms meditado discurso de los profesores, casi siempre se oculta la defensa de sus privilegios. Por eso El Cascotazo apoya sin reservas (pero s con crticas) a los estudiantes en lucha contra los Bucaneros del saber. [7]

Para que un movimiento contrario a las dinmicas neoliberales dentro del mundo acadmico pueda prolongarse en el tiempo, trascendiendo los estallidos intermitentes, es necesario que, a la indispensable voluntad de resistencia se sume un proyecto de transformacin. Sin perspectiva de transformacin, la resistencia de hoy puede fcilmente devenir en la integracin de maana. Abundan los casos de resistentes de ayer convertidos en dciles integrados e integradas del hoy.

Un movimiento de transformacin universitaria, es claro, debe pensarse como parte de un proyecto global de transformacin social. Hoy estamos lejos de un movimiento de transformacin. Pero ese debe ser el norte. Entre tanto, debemos afianzarnos en la resistencia, estoica, terca, tenaz. Una resistencia que, como toda resistencia, como toda lucha, tiene sus riesgos.

Me parece apropiado terminar estas reflexiones con otra nota colectiva, escrita esta vez en el ao 2004, en la que se expone clara, pero contextualmente, la diferencia entre racionalidad valorativa y racionalidad instrumental. No es poca cosa el contexto: una enorme lucha estudiantil desafiaba las acreditaciones ante la CONEAU (el organismo acreditador cuya naturaleza misma viola la autonoma universiaria de la que siempre se enorgullecieron las universidades argentinas) y, en ese marco, el Secretario Acadmico de la Facultad de Ingeniera -quin en otros tiempos fuera militante estudiantil y partcipe de otra luchas- public en el Diario Ro Negro una nota en contra de los revoltosos estudiantes apelando a argumentos pragmticos. Luego de rebatir los argumentos del funcionario en cuestin, cerrbamos nuestra crtica con las siguientes palabras que hoy, 14 aos despus, sigo haciendo mas:

Como toda lucha, claro, la lucha por la derogacin de la LES es de resultado incierto. Y como en toda lucha, cuando uno se embarca en ella se arriesga a las consecuencias y puede equivocarse. Nuestra diferencia con Cares reside en que, arriesgando equivocarnos, nosotros preferimos equivocarnos con los estudiantes, a tener razn con Bohoslavski y la Pechn.


Notas

1) El presente texto es una versin escrita de la intervencin en el debate sobre las acreditaciones y las polticas neo-liberales que tuvo lugar en la facultad de Humanidades de la UNCo a fines de abril de 2018; y en el que tambin participaron Rolando Bonato y Vernica Trpin.

2) Anderson, Perry, Una cultura a contracorriente, Zona Abierta, Nro. 57/58, 1991, pp. 51-192.

3) Follari, Roberto, La claudicacin de los intelectuales, El Rodaballo, Nro. 16, 2006, p. 81.

4) Petruccelli, Ariel, Esbozos crticos para investigadores militantes, Debates Urgentes, Nro. 1, 2012, p. 12.

5) Ver Wallerstein, Immanuel, La antropologa, la sociologa y otras disciplinas dudosas, en su Las incertidumbres del saber, Barcelona, Gedisa, 2005, pp. 147-148.

6) Vale la pena reflexionar sobre las siguientes palabras de Emmanuel Todd en una entrevista reciente: La enseanza superior es sociolgicamente disfuncional. Nuestro sistema universitario ha perdido su funcin emancipadora. Ya no se encuentra suficiente gente que tenga un espritu libre y abierto. Se ha convertido en una mquina de clasificar y la seleccin se realiza de acuerdo con criterios de sumisin, de disciplina, de conformismo. Su funcin consiste en reclutar buenos soldados.

Hay una experiencia que he vivido a menudo en las universidades. Soy un investigador heterodoxo, que dice cosas que no estn en el programa. Con frecuencia, los estudiantes son el peor de los pblicos, con una buensima justificacin: saben que no podrn utilizarme. Peor, notan instintivamente que citndome en un concurso o en un examen correran un riesgo. Hay un pequeo cariz represivo en la educacin superior.

Periodista: Represivo o normativo?

Para m es la misma palabra. Pero normativo, por qu noTiene usted razn, es mejor, es ms sobrio y, como sucede a menudo, lo que es ms sobrio es ms duro. Declaraciones al semanario francs Mariannerecogidas por Bertrand Roth y Herv Nathan, reproducidas en el Portal Sin Permiso: http://www.sinpermiso.info/textos/nuestro-sistema-universitario-ha-perdido-su-capacidad-emancipatoria-entrevista

7) Brutus Botnia, Clientelismo de papel, El Cascotazo, Nro. 19, 2006, p. 8.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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