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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-05-2018

Dictadura militar, autoritarismo civil y democracia restringida en Bolivia en la segunda mitad del siglo XX

Hugo Moldiz Mercado
Rebelin


Contrariamente al relato contado por la derecha poltica y meditica, que busca borrar el pasado, la historia boliviana muestra como tambin ocurriera en toda Amrica Latina-, la profunda relacin entre dictadura militar, autoritarismo civil y democracia restringida desde la segunda mitad del siglo XX.

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Dos filsofos alemanes, de corrientes ideolgicas radicalmente distintas, advertan hace ms de un siglo sobre la naturaleza de la prctica poltica en la sociedad burguesa y su relacin con la mentira, la manipulacin y el engao. Friedrich Wilhelm Nietzsche afirmaba que hay hombres que enturbian las aguas para que parezcan ms profundas y Carlos Marx que la poltica es alienante y alienada.

Pues bien, de la validez de ambas tesis filosficas se encargan de constatar todos los das dirigentes de partidos de la oposicin, pensadores y analistas que escriben en los principales medios de comunicacin que decididamente han tomado una posicin en contra el proceso de cambio y el gobierno del presidente Evo Morales. Cualquier hecho sirve para alimentar una matriz de opinin que apunta a borrar las prcticas profundamente dictatoriales y autoritarias del viejo bloque dominante en el poder, en algunos momentos disfrazadas de democracia restringida. Es ms, apuntan a querer desmontar la idea de ampliacin de la democracia que efectivamente se hizo prctica en el proceso inaugurado, por empuje del pueblo, en enero de 2006.

La muerte de Luis Garca Mesa tambin sirvi para tratar de convertir la mentira y la manipulacin en realidad. La muerte del dictador fue aprovechada por estos actores viejos y nuevos- para asociar las prcticas del rgimen militar instaurado en julio de 1980 con las prcticas del gobierno actual. Desde editoriales hasta columnas de opinin se refirieron a los peligros que acechan hoy a la democracia por parte de un presidente indgena que asentado sobre el autoritarismo segn dicen- busca perpetuarse en el poder, en contradiccin con la Constitucin Poltica del Estado y los valores de la democracia.

Y cuando se lee y escucha ese tipo de lnea editorial y opiniones, hay que hacer mucho esfuerzo para contener la indignacin que provocan quienes, respaldados por sus medios y el manejo de las redes-, han puesto como ocurre con toda poltica burguesa-, los hechos histricos y polticos desde sus intereses y visiones de clase. Pues bien, tal como lo hiciera el filsofo de Trveris, de quien se recuerda en mayo los 200 aos de su natalicio, hay que colocar de pies lo que el relato conservador ha puesto de cabeza.

En octubre de este ao Bolivia cumplir 36 aos de un retorno complejo a la democracia. Por supuesto que hablar de democracia como categora sometida a las leyes de la dialctica-, sin explicar sus contenidos y la coyuntura del momento, poco o nada aporta a esclarecer los hechos histricos y polticos. Pero tampoco se puede analizar y caracterizar a la democracia sin hacer referencia a los sujetos y su lucha.

Por esta razn, quiz convenga hacer las siguientes puntualizaciones:

En primer lugar, la historia boliviana es demasiado rica en ejemplos que muestran la profunda relacin dialctica entre dictadura y democracia desde las prcticas del bloque dominante en el poder. No sin fundamento el intelectual y lder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz asesinado en 1980-, sostena que en el perodo que abarca a la dcada de los 70, la clase dominante tena una puerta de acceso al poder: el golpe militar, y una puerta de salida: las elecciones convocadas bajo sus reglas de juego. Con esa caracterizacin se significaba que la recuperacin de las garantas y libertades democrticas representaba la expresin de la incansable lucha de los de abajo, pero tambin que el repliegue de los militares a sus cuarteles obedeca a una modificacin tctica de los EEUU y sus aliados locales para no poner en riesgo la reproduccin de su dominacin.

La lucidez terica y poltica de Quiroga Santa Cruz permite salir de la camisa de fuerza que los actuales intelectuales y medios de comunicacin de la derecha le han puesto a la muerte de Garca Mesa, y abrir la puerta de la historia para refutar las manipulaciones y esclarecer la verdad. En un clebre texto escrito poco antes de su ltima participacin electoral, titulado Tercera eleccin, cuarto golpe?, Quiroga Santa Cruz puso de manifiesto la estrecha relacin de la clase dominante con las dictaduras militares y las aperturas democrticas en funcin de las relaciones de fuerza de ese momento. As explicaba la naturaleza de las elecciones generales a las que se convocaron durante tres aos consecutivos y los golpes de Estado que le sucedieron como respuesta a manera de desconocer y revertir el ascenso popular expresado en la victoria de la izquierda reformista de la UDP y del propio partido socialista del que era su mximo lder.

El resultado de las tres elecciones (1978, 1979 y 1980) no era un accidente. A pesar de la sistemtica propaganda anticomunista (un casillero donde se meta a lo progresista tambin), la llamada democratizacin de Amrica Latina a partir del cambio de la estrategia de EEUU con Carter como titular del gobierno temporal de la Casa Blanca, choc con los clculos imperiales y oligrquicos. Bolivia no fue la excepcin, pues la poblacin no acompaaba con su voto a los tradicionales partidos de la derecha (MNR y FSB), ni al primer candidato patrocinado directamente por dictadura de Hugo Banzer Surez en 1978, el Gral. Juan Pereda Asbn.

Las razones del rechazo popular a los partidos y candidatos de la derecha no eran gratuitas. El vnculo de los partidos de la derecha y las dictaduras militares tiene races profundas. El Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y la Falange Socialista Boliviana (FSB) dos partidos declarados enemigos antes y despus de la revolucin de 1952- se aliaron incondicionalmente con el entonces coronel Hugo Banzer para organizar y llevar adelante, el 21 de agosto de 1971, uno de los golpes militares ms sangrientos de nuestra historia. El golpe de Estado se desencaden en respuesta a la Asamblea del Pueblo y a la nacionalizacin de mina Matilde, entre otras medidas, arrancadas en el gobierno del militar patriota Juan Jos Torres, asesinado en Argentina en 1976. La posterior ruptura de esos partidos con la dictadura de Banzer no borra el alcance de las acciones anti-populares, anti-democrticas y anti-nacionales de esos aos, ni mucho menos los libera de su responsabilidad de la participacin de Bolivia como uno de los engranajes de la Operacin Cndor, una estrategia impulsada por EEUU a travs de Chile y Paraguay para perseguir y asesinar a miles de activistas y dirigentes sindicales y de izquierda de la regin, aunque tambin el vuelo del Cndor dej huella en Europa. En el caso de Accin Democrtica Nacionalista (ADN), fundado por Banzer, particip ya en las elecciones de 1979 y 1980, y fue uno de los actores del golpe militar encabezado por Luis Garca Mesa y la desaparicin de Marcelo Quiroga Santa Cruz, quien le estaba llevando adelante un juicio de responsabilidades ante el Congreso Nacional. Aos despus, tras la muerte del dictador Banzer, le correspondi a Jorge Tuto Quiroga asumir ADN y luego transformarla en PODEMOS para las elecciones de 2005.

En rigor, en la dcada de los 70 y la primera mitad de los 80, dada la debilidad de los partidos de la derecha para jugar un papel en la aplicacin de la nueva estrategia de los EEUU para Amrica Latina (democracia viable con Carter y Democracia Controlada con Reagan), las clases dominantes bolivianas y sus actores polticos se apoyaron en dos instituciones para reproducir su dominacin e intereses: las FFAA y la Confederacin de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB), cuyas polticas y acciones iban a tono con las de los gobiernos militares o en contra de lo que fue el gobierno de la Unidad Democrtica y Popular (1982-85). El autoritarismo econmico se despleg con inusitada fuerza contra Siles Suazo muy al estilo de lo que se hizo en el Chile de Salvador Allende en 1973.

Segundo, hay una estrecha relacin entre autoritarismo y democracia en el perodo 1985-2005. No hay la menor duda que para que la democracia restringida primero y controlada despus- funcionar en armona con los planes y las perspectivas de los Estados Unidos y la derecha boliviana en todos sus colores, el sistema poltico necesitaba compensar su escasa credibilidad domesticando y reprimiendo al movimiento obrero, campesino y popular. La poblacin votaba, pero no elega cmo no llamar a eso autoritarismo? Pero adems el Estado compensaba su crisis de legitimidad por la va de la designacin del presidente y vicepresidente en el Congreso Nacional y activando mecanismos de represin contra el pueblo para imponer sus polticas econmicas que partan del modelo neoliberal. Decretos como el 21060 con Vctor Paz y 22407 con Paz Zamora tomaron medidas por encima de lo establecido en la Constitucin y las leyes. Una muestra de autoritarismo poltico y econmico irrebatibles.

Para la reproduccin de su poder, con sus partidos escasamente representativos, las clases dominantes recurrieron a instrumentos de disciplinamiento social autoritario, como la restriccin solapada a la libre sindicalizacin por la va de la libre contratacin y la intervencin policial y militar permanente que incrementaba su intensidad con el estado de sitio. La medida de excepcin fue tomada por todos los gobiernos de la democracia de pactos en un promedio de dos por cada periodo legislativo. El resultado de la accin abiertamente represiva del Estado fue dirigentes sociales detenidos y confinados a lugares alejados de mucho fro o calor.

En las dos dcadas de democracia neoliberal, las mayores acciones de violencia estatal se dirigieron contra la resistencia del proletariado minero, contra las protestas cocaleras que se oponan a la erradicacin forzosa de la hoja de coca y en la desactivacin de la insurgente Comisin Nstor Paz Zamora (CNPZ) del ELN, de los cuales tres de sus miembros fueron capturados vivos y luego asesinados. Carlos Valverde funga como Director Nacional de Inteligencia.

No menos autoritarias fueron las acciones de los gobiernos de Banzer-Quiroga (1997-2002) y de Snchez de Lozada-Carlos Mesa (2002-2003) en su intento de derrocar a las masas sublevadas democrticamente en las llamadas Guerra del agua (abril 200), febrero negro (2003) y la guerra del gas (octubre 2003). Esos hechos son tocados en la superficie por los analistas y medios, evitando entrar en profundidades para no poner de manifiesto a cmplices de esos gobiernos de autoritarismo democrtico, como es el caso de Samuel Doria Medina y otros que hoy levantan la bandera de la democracia que siempre la pisotearon.

En sntesis, en este mundo de patas arriba del que nos habla en su libro titulado de esa manera el escritor uruguayo Eduardo Galeano, la derecha pretende manipular y cambiar la historia. Lo grave, es que lo hace con la complicidad de ex militantes de la izquierda que, a pesar de haber sufrido la impunidad de los gobiernos militares, se han pasado, al campo de los que hicieron de la relacin dialctica dictadura, autoritarismo y democracia restringida su forma permanente de vida.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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