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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-05-2018

Atmsfera moral

Jos Mara Agera Lorente
Rebelin


Nuestra alma obra ciertas cosas, pero padece ciertas otras; a saber: en cuanto tiene ideas adecuadas obra necesariamente ciertas cosas, y en cuanto tiene ideas inadecuadas padece necesariamente ciertas otras.
(Baruch de Spinoza: tica, 3, proposicin I)


Seguramente a algn lector le pueda parecer que ando algo pesado ltimamente escribiendo sobre sentimientos, moral, poltica, esos asuntos que vienen a conformar el territorio de los jardines filosficos, parcelas de suelos pantanosos en las que quienes se atreven a adentrarse transportados por sus cavilaciones a buen seguro acabarn engullidos por un pozo sin fondo de arenas movedizas. Ser mi caso tambin, pero confieso que no lo puedo evitar; es cosa de la atmsfera moral que en este nuestro pas se respira.

En otros textos mos he empleado la expresin atmsfera mental para referirme al medio en el que vivimos envueltos los humanos, que no es fsico sino mental, y que est compuesto por el conjunto de ideas y creencias o memes, utilizando el vocablo acuado por Richard Dawkins que hacen el mundo para el ser humano. Es anlogo a la atmsfera fsica en el sentido de que, igual que respiramos los gases que la componen, cada uno de nosotros no puede sino pensar a partir de las ideas y creencias que componen la atmsfera mental que le ha tocado en suerte respirar en trminos intelectuales. Esa atmsfera mental vara en su composicin de poca a poca y de sociedad a sociedad. Los pensamientos de los encfalos que la respiran pueden modificar esa composicin por medio de una produccin y trasiego dinmico de ideas. Algunas pueden ser muy txicas y estticas, vindose sometidas con el devenir del tiempo, no obstante, a cambios que las renuevan. Pinsese, por ejemplo, en el caso de la Revolucin Francesa. En fin, creo que todo lo que puede decirse de la atmsfera fsica puede ser aplicado, mutatis mutandis, a la atmsfera mental, no siendo lo menos relevante su paradjica invisibilidad teniendo en cuenta que nos hayamos inmersos en ella. Es como lo de esos dos jvenes peces que van nadando tan a gusto en lo profundo de su mar y se cruzan con uno mayor que les saluda as: buenos das, chicos, qu tal est el agua?. Los dos peces siguen su camino callados un rato hasta que uno de ellos mira al otro y le pregunta: qu demonios es el agua?. Igual pasa con la atmsfera (fsica), que nosotros no vemos inmersos como estamos en ella, pero que los astronautas declaran contemplar desde el espacio describindola como una especie de tul entre gaseoso y lquido que envuelve nuestro planeta. Lo mismo vale para las otras atmsferas, la mental y, por ende, la moral; slo pueden ser vistas a condicin de contemplarlas desde afuera.

Tengo que confesar que la idea de atmsfera mental no es original ma, sino que la encontr en un artculo de Juan Jos Mills titulado Destrozos, en el que el singular escritor consigue decir mucho y muy interesante con muy pocas palabras. Su sospecha de que pudiramos ser presos de una idea -dice l dominante que no podemos pensar entronca con la teora de Ortega y Gasset sobre las ideas y las creencias. En ella el filsofo espaol seala que mientras que una idea puede ser pensada y razonada, una creencia no; porque a sta no la tenemos nosotros, sino que es ella la que nos tiene. Es el sentido de la expresin estar en la creencia de algo. Esta tesis tiene para m un alto grado de verosimilitud a la vista de las experiencias cotidianas y el aval que le otorgan las teoras de la psicologa cognitiva entre las que cabe destacar la de la disonancia cognitiva de Leon Festinger.

Es razonable colegir de lo recin expuesto que tiene sentido hablar de atmsfera moral como dimensin integrante de la atmsfera mental, que, por supuesto, estamos en ella en el sentido orteguiano antes aludido, respirndola sin ser conscientes porque la damos por natural, tanto como la fsica. Se puede decir que ltimamente nos hemos vuelto muy sensibles respecto del medio ambiente (bueno, unos ms que otros, y no siempre esa sensibilidad tiene su correspondiente reflejo en nuestras conductas); sabemos que dependemos de l y que podemos deteriorarlo, perjudicndonos a nosotros mismos consecuentemente y con toda probabilidad arruinando la vida de las futuras generaciones. El filsofo ingls Simon Blackburn duda de que se tenga la misma sensibilidad respecto de lo que l denomina moral or ethical environment, y que podemos traducir precisamente por medio ambiente moral o tico. En la introduccin de su libro de 2001 titulado Ethics. A very short introduction lo define como lo que (traduzco yo) determina lo que encontramos aceptable o inaceptable, admirable o despreciable. Determina nuestra percepcin de cundo las cosas van bien o mal. Determina nuestra concepcin de lo que nos es debido y lo que a los otros con los que nos relacionamos les debemos. Da forma a nuestras respuestas emocionales, estableciendo lo que es causa de orgullo o vergenza, de indignacin o de gratitud, o qu puede ser perdonado y qu no. Establece nuestros modelos, nuestros modelos de comportamiento.

Qu fcil me resulta aplicar esta feliz definicin de Blackburn a la atmsfera moral de nuestro pas, y todos los parmetros en aqulla indicados a los sucesos concretos de las ltimas semanas, o quiz meses, o quiz aos. Porque en un artculo de Emilio Lled de hace casi nueve aos titulado Pandemia y otras plagas, ya nos adverta su autor de lo que llamaba plagas sociales, que calificaba de crnicas en nuestra sociedad. Denunciaba en ese texto Lled la inconsciencia que convierte en impotente a los ciudadanos, cuyos cerebros y comportamientos estaran en proceso de deterioro como consecuencia de vivir inmersos en un ambiente moral incompatible con los ideales propios de una sociedad saludable. Sealaba en su artculo de hace ya casi una dcada, no lo perdamos de vista a la corrupcin poltica como la principal pandemia; un gas txico en la atmsfera moral de cualquier sociedad con poder para corromper la mente, la conciencia y la sensibilidad de todos aquellos que la respiran. Eso supone segn el veterano filsofo no slo la impunidad de la desvergenza sino, lo que es ms grave, el deterioro y podredumbre del propio cerebro, de la propia personalidad. No es de extraar, pues, que se haya negado recientemente a recibir la Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid tras los recientes y bochornosos acontecimientos; era lo coherente segn el δαίμων (daimon) de la virtud socrtica, que no del triunfador de nuestros das. Modelo de virtud tambin admirablemente plasmado en el personaje de Atticus Finch de la pelcula Matar a un ruiseor que por s misma merece un extenso comentario basada en la novela del mismo ttulo, en la que se muestra con sobrada elocuencia lo que significa ser un hroe en el sentido tico, sin alharaca, mantenindose ntegro en su vida cotidiana en una sociedad equivocada desde el punto de vista tico.

Como ilustracin de ese deterioro y podredumbre de la personalidad por efecto de una atmsfera moral txica puede valer un artculo de Rafael Argullol publicado en 2005 bajo el elocuente ttulo de El prestigio de los necios. En l Argullol diseccionaba, a partir del anlisis del fenmeno social del abuso escolar, un elemento que a su juicio emponzoaba el medio tico ya en aquel entonces al considerarse un modelo de comportamiento normal el que representa el necio. La valoracin de lo necio como algo mejor que lo noble conlleva a su juicio la extensin de la vulgaridad, la estupidez y la preferencia del gracejo a la inteligencia y de la picarda a la cultura. La verdad se torna irrelevante en una sociedad tal frente a la capacidad de persuasin, y ridiculizar y humillar otorga ms dividendos que argumentar. El efecto sobre el medio ambiente tico es la merma de competencia moral y la degradacin de la autoridad moral, lo que tiene su ms conspicua manifestacin en el escenario poltico donde campan a sus anchas la coaccin y el servilismo. Es inverosmilmente negativo Argullol en su anlisis? Lo que uno oye en las noticias de cada maana da que pensar, porque son una fuente casi continua de casos que muy bien podran servir de ejemplos con los que ilustrar sus afirmaciones.

Tengo para m que el descuido de la atmsfera moral, el comportarse como si no existiese, es consecuencia de la desvinculacin de la conducta individual respecto de sus efectos sobre el cuerpo comunal. El individualismo y el colectivismo son dos planteamientos extremos y reduccionistas de la compleja realidad que supone la relacin entre el individuo y la sociedad en la que se integra. Uno de los epifenmenos a que da lugar es precisamente esto que estamos llamando atmsfera moral o ambiente tico. Una cultura hiperindividualizada como la que ahora impera en nuestra sociedad, una concepcin de las relaciones entre el individuo y la colectividad que reduce a la insignificancia esa dialctica que los conecta fomenta la creencia en una libertad desvinculada, de gran toxicidad para la atmsfera moral y degradacin del medio ambiente tico. Deshecha la conciencia de ese vnculo pasa lo que con el medio natural cuando nos olvidamos de nuestra condicin de organismos pertenecientes a la naturaleza: cada cual se sentir libre para polucionar todo lo que la satisfaccin de sus egocntricas apetencias requiera con el consiguiente efecto pernicioso para la salud de todos los que convivimos en el mismo entorno respirando el mismo aire.

Cae de suyo que convivir en un ambiente tico degradado lleva necesariamente al fracaso de una sociedad; as tiene que ser por el deterioro de los elementos que han sido mencionados ms arriba (bsicamente de los criterios por los que juzgamos qu es aceptable o inaceptable, admirable o despreciable). Qu es una sociedad fracasada? Jos Antonio Marina nos lo dice muy clarito en su libro titulado Las culturas fracasadas de 2010: sociedad fracasada es la que crea ms problemas de los que resuelve, destruye capital comunitario y entontece o encanalla a sus ciudadanos; una sociedad fracasada -aado yo equivale a una sociedad desmoralizada. Reconocemos alguna que cumpla con esos tres funestos rasgos? O estamos demasiado inmersos en su atmsfera para percatarnos de ella igual que los peces de nuestro cuento?

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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