Portada :: Espaa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-05-2018

El Caso Almera sigue a la espera de un relato democrtico casi cuatro dcadas despus de los asesinatos

eldiario.es

En realidad fue un montaje para eliminar indicios incriminatorios de las torturas y asesinatos cometidos por la Guardia Civil a tres jvenes inocentes


La fotografa que ilustra el texto corresponde al barranco de Grgal, en el desierto de Tabernas, lugar elegido por los guardias civiles implicados en el Caso Almera para escenificar, de madrugada, un delirante intento de huida de Luis Cobo, Juan Maas y Luis Montero, tres jvenes trabajadores que residan en Cantabria y que se haban desplazado a Pechina para asistir a la primera comunin del hermano pequeo de Juan y que haban sido detenidos horas antes.

En realidad se trat de un montaje para eliminar indicios incriminatorios de las torturas y asesinatos cometidos. En 1981 no se haba construido an el tramo de la autova A-92 que se aprecia en la imagen (se inaugur en el ao 2001), por lo que nos encontramos en un paraje solitario, apropiado para el fin que se persegua. En este lugar, hoy prximo a la salida 388 de la citada autova, se renen cada 10 de mayo familiares, amigos y miembros de sociedad civil para rendir homenaje a las vctimas y tratar de que el crimen no caiga en el olvido.

Sin embargo, en el relato de los acontecimientos, en el qu y el cmo de los hechos, con demasiada frecuencia se sigue colocando un elemento que distorsiona absolutamente lo sucedido y sus implicaciones posteriores. Hablamos del error, la confusin, el equvoco

El argumento del "trgico error" o la "confusin reiterada" fue utilizado por el ministro de Interior del momento, Juan Jos Rosn, como elemento causal que dio lugar a todos los acontecimientos posteriores. Ciertamente y para desgracia de la verdad, la expresin ha hecho fortuna. Y no, no puede ser. Se trata de una tergiversacin de la historia que el error, la confusin, la equivocacin constituyan uno de los elementos capitales del Caso Almera.

El relato del Caso Almera que perdure en nuestra sociedad no puede incluir una distorsin que atene la extrema gravedad de lo sucedido. El error es un factor de azar, un atributo que nada tiene que ver en este caso con la tortura y asesinato de tres jvenes bajo custodia. La obcecacin criminal del teniente coronel Castillo Quero le hizo sostener en el juicio al que fue sometido que lo volvera a hacer. Porque para l no hubo ningn error en ejecutar a tres asesinos etarras, delincuentes comunes, o lo que, segn su criterio, fueran aquellos tres jvenes que cayeron en sus dominios.

Lejos de abandonar esta lnea argumental, el ltimo espacio informativo de difusin general que ha tratado el Caso Almera, el programa de La Sexta 'Dnde estabas entonces?', dedicado al ao 1981 y emitido el 14 de diciembre de 2017, la reitera. Bajo la direccin de Itziar Bernaola, Ana Pastor comenzaba la locucin centrando el tema: "Hay historias que estn por escribir y otras que se interrumpieron de forma inesperada. Aquel mes de mayo del 81 se sucedieron las malas noticias. Tres jvenes viajaron desde Santander hasta Almera para asistir a la primera comunin del hermano de uno de ellos. Nada les hizo pensar que en ese viaje perderan la vida por una terrible confusin".

El planteamiento del trgico error o de la confusin como titular del Caso Almera convierte lo circunstancial en sustantivo. Llevando la premisa al absurdo tambin podemos concluir que la causa de todo fue la avera del coche que les transportaba desde Santander o convertir al ciudadano que crey reconocer en ellos al comando etarra que haba asesinado brutalmente en Madrid el 9 de mayo de 1981 a Guillermo Tebar, Manuel Rodrguez y Antonio Nogueras y dejado gravemente herido al teniente general Joaqun Valenzuela y que llam a la Guardia Civil, como el origen de lo sucedido. No, el peso del error finaliza un segundo despus de ser detenidos. A partir de ese momento, ya bajo custodia, comienza lo irregular, lo arbitrario, las prcticas criminales: el horror. No hay una lnea razonable y coherente que en un estado democrtico conduzca de una detencin errnea a la tortura y al asesinato.

Volvemos en este punto a recordar un fragmento de lo escrito por Jorge M. Reverte en la tribuna de El Pas titulada 'Almera', publicada el 12 de abril de 1994: "Dicen los cronicones que Castillo Quero mand torturar y asesinar a unos jvenes porque los confundi con etarras. El crimen de Castillo Quero fue, entonces, confundirlos? Si hubieran sido etarras sera menos crimen torturar y asesinar a unos chavales? Nos podemos confundir mucho. El crimen es el mismo en cualquiera de los casos. Castillo Quero tortur y asesin a unos jvenes". Convendra que periodistas, documentalistas, historiadores, etctera, no olviden el sentido y trascendencia de estas palabras cuando elaboren programas o escriban retrospectivas sobre el tema.

El otro elemento fundamental que ha contribuido a fijar en la sociedad un relato distorsionado de los sucesos fue, sin duda, el desarrollo del juicio por el Caso Almera y la sentencia dictada.

Se presupone que el juicio debera haber aportado luz y habernos acercado a la verdad de lo sucedido para condenar a todos los culpables y aplicado una pena proporcional a los crmenes cometidos. Nada de esto sucedi. Treinta y seis aos despus de su celebracin sigue pareciendo un elemento necesario que contribuy a no disipar la niebla que interesadamente se extendi sobre los sucesos. Si como en todo juicio los objetivos fundamentales eran probar unos hechos, tipificarles, aplicar los fundamentos de derecho y dictar sentencia en funcin de las peticiones de las partes y el fiscal, el empeo fue una pura frustracin.

La lectura hoy de las crnicas periodsticas del juicio produce, 36 aos despus de que tuviera lugar, indignacin e impotencia. Es un hecho evidente la desigual correlacin de fuerzas que se plante desde un comienzo en la sala y fuera de ella. Las presiones y coacciones de todo tipo fueron extraordinarias, como bien puede dar testimonio el abogado de la acusacin, Daro Fernndez. Se intoxic con falsedades a medios de comunicacin y opinin pblica. Periodistas como Melchor Miralles sufrieron amenazas contra su integridad fsica

Para empezar, la instruccin del sumario fue deficiente, por no hablar de la fiabilidad de las pruebas forenses. Ya en el juicio, las contradicciones de los testimonios aportadas por los encausados, la inconsistencia de su relato, la destruccin o desaparicin de documentos y pertenencias de las vctimas y la evidente colocacin de pruebas falsas motivaron la peticin de reconstruccin de los hechos por parte del abogado de la acusacin. A pesar de todo ello, el fiscal y la presidencia de la sala no la consideraron necesaria. Este elemento y que se diera por buena la prctica totalidad de la versin de los procesados fue capital a la hora de emitir el fallo.

Bien por estrategia, bien porque el juicio no se atuvo completamente al desarrollo que haban previsto, incluso los abogados de los tres guardias civiles cambiaron la peticin de absolucin inicial por la de homicidio en la exposicin de conclusiones, acercndose as a la tipificacin de la fiscala. No por ello aminoraron en su empeo de condicionar y amedrentar al tribunal, valgan como muestra dos intervenciones efectuadas en la fase de conclusiones: "Sois un tribunal civil pero debis juzgar teniendo en cuenta normas de tipo militar, porque la ley os obliga a ello" o, de forma ms chusca, "66.000 compaeros de los procesados esperan con ansiedad vuestra sentencia, convencidos de que en su comportamiento los procesados actuaron lealmente como guardias civiles y esperan que as lo reconozcis".

Si, ya de entrada, nicamente fueron juzgados tres de los once guardias civiles que participaron en los hechos que condujeron a la muerte de los tres jvenes, la sentencia se situ en un punto medio entre la peticin del fiscal y las de las defensas al aceptar dentro de la calificacin de homicidio las eximentes parciales de cumplimiento del deber (teniente coronel Castillo Quero) y obediencia debida (sus subordinados Gmez Torres y Fernndez Llamas). El juicio se cerr as en falso, por lo que los sentimientos de dolor, angustia e impotencia han anidado desde entonces en las familias de las vctimas. De ah la certera afirmacin del valiente periodista y profesor universitario, Antonio Ramos Espejo, de que el Caso Almera es un caso cerrado para la Justicia y abierto para la Historia.

La actuacin de la Guardia Civil como institucin dej mucho que desear a lo largo de todo el proceso. Su alineacin con los encausados y condenados fue ms all del corporativismo y lleg al cuestionamiento de la honorabilidad de las vctimas y al intento de deteriorar las relaciones entre las familias de los asesinados, lo que no consiguieron. La dilacin en el cumplimiento de las sentencias, las condiciones en las que se desarrollaron e incluso la utilizacin de fondos reservados son nicamente explicables a partir del deficiente desarrollo democrtico de las instituciones y el contexto poltico de aquellos aos.

La Guardia Civil como institucin hara bien en pedir perdn de forma expresa a las familias. No hacen falta cmaras de televisin. Han pasado casi 40 aos y hay posiciones que no deberan mantenerse por ms tiempo. Como puede leerse en la pgina oficial de la Guardia Civil: "El honor es un conjunto de obligaciones que, de no cumplirse, hacen que se pierda". Son solo palabras de un lema?

Actos de homenaje como el que se van a celebrar el 10 de mayo en el Parlamento de Cantabria y declaraciones institucionales como la del Ayuntamiento de Santander de mayo de 2016 o la propia del Parlamento cntabro, unidas a la posibilidad que abre la Ley de Memoria Histrica y Democrtica de Andaluca (y esperemos que prximamente la de Cantabria) de su reconocimiento como vctimas, constituyen contribuciones necesarias y valiosas para la restauracin de la justicia y el derribo del "muro de silencio", en expresin de Reyes Mate. Igualmente necesaria e imprescindible es la reforma de la Ley de Reconocimiento y Proteccin Integral a las Vctimas del Terrorismo, para que personas como Luis Cobo, Juan Maas, Luis Montero y tantos otros, tengan cabida.

Fuente: http://www.eldiario.es/norte/cantabria/desmemoriados/relato-democratico-Caso-Almeria_6_767883209.html



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter