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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-05-2018

Apocalptico fin el del capitalismo?

Eduardo Montes de Oca
Rebelin


Uno cita los datos con la ira a toda mquina: mientras 800 millones de personas, o ms, pasan hambre en todo el mundo, el volumen de vveres que se desperdician cada ao es de 1 300 millones de toneladas, casi un tercio de la totalidad planetaria, segn la Organizacin de las Naciones Unidas para la Alimentacin y la Agricultura (FAO).

Aunque a ratos surgen medidas dignas de encomio, en buen romance deben considerarse tibias. Estas brotan precisamente en los territorios industrializados, los que ms pitanza derrochan. Como comenta Jos Mara Gmez Vallejo en las digitales CCS y Rebelin, en los ltimos tiempos la sociedad civil ha ejercido un importante papel en la concienciacin, gracias al activismo de muchas entidades y grupos ecologistas, al extremo de que ha llegado al Parlamento Europeo el anlisis para que se elabore una legislacin reductora de tamaa prdida. A Francia le toca el honor de ser la primera nacin en obligar a los supermercados a donar lo sobrante a las ONG y bancos al efecto. Pero esta disposicin contrasta con falta de voluntad ejecutiva de la UE.

Culpa de los grupos liberales, populares y socialdemcratas se encrespa Gmez-, las iniciativas de esa ndole quedan en meras recomendaciones, sin capacidad para exigir a los pases miembros la adopcin de medidas concretas. Por eso, en buena medida, el desinters y el abandono de las funciones de la Unin Europea, cuando el 20 por ciento de lo cosechado y lo elaborado se pierde y el 10 por ciento de la poblacin del Viejo Continente afronta dificultades para garantizar el yantar.

Ahora, entendamos que la UE supone solo un ejemplo entre los ms desarrollados, uno de los tantos exponentes de un problema harto globalizado. No en vano la propia FAO no duda en calificar de mximo responsable del statu quo el actual modelo de produccin masiva, que excede a la demanda En los estados seeros, los bendecidos, por supuesto.

Nos preguntamos dnde nos hemos topado con esto antes. No ser en la obra de los conocidos padres de la filosofa de la praxis? Lo cierto es que hoy los supermercados desechan las unidades que no logran una apariencia perfecta, e incluso exponen las que no se van a aprovechar, por el hecho de que una estantera llena vende ms.

Y si es cierto que, al decir de personas tales Manuel Brusacas, activista y promotor de la campaa Stop al desperdicio de comida en Europa, trado a colacin por Gmez Vallejo, todos podemos poner de nuestra parte para evitar que cada hogar europeo arroje a la basura entre 300 y 400 euros de comida al ao, no es menor verdad que no se puede equiparar la responsabilidad de la ciudadana con la de las cadenas de distribucin. En s, explica la periodista y escritora Nazaret Castro, si no debemos cejar en la bsqueda de alternativas de consumo ms justas y saludables para el planeta, no olvidemos que el sistema juega a colocar las responsabilidades en las espaldas de los individuos, cuando hablamos de un problema poltico y social de dimensiones universales.

Porque lo que se esconde tras el evidente despilfarro es el dispendio exagerado que impone el modelo capitalista, donde concluye Gmez- no se produce en base a las necesidades, sino por la bsqueda del mximo beneficio, sin preocuparse por el medio ambiente ni por las personas. Obligar a las empresas del sector a que destinen el excedente para aquellos que no tienen es un primer paso, pero no es ni mucho menos la solucin. El hambre no se combate con caridad, sino con polticas que reduzcan la pobreza y posibiliten a todo el mundo el derecho al acceso a los alimentos.

Empero, podremos esperar que tal formacin econmico-social se digne por s sola a deshacer ese entuerto? No, si tomamos en cuenta obras tales Cmo terminar el capitalismo?, del socilogo alemn Wolfgang Streeck, que, reseada por Alex Roche en CTXT, nos brinda una versin apocalptica del fin de un rgimen que ha esquilmado a la humanidad desde la mismsima acumulacin originaria de capital.

Si bien nos permitimos la duda en cuanto a lo que plantea Streeck sobre la era poscapitalista como un interregno inestable e ingobernable, en el que los seres humanos, abandonados a su suerte, podrn ser golpeados por el desastre en cualquier momento esperemos que las izquierdas confluyan en una salida idnea-, no podemos menos que concordar con l en que el proceso de la descomposicin ya est en curso. Sabiamente, Roche entresaca del texto el argumento de que el capitalismo avanzado de los pases de la OCDE ha ido tambal e ndose de crisis en crisis a partir de los aos setenta del siglo pasado.

Cada crisis, elemento consustancial del sistema, se iba metiendo en un cajn, de modo que la solucin temporal que se encontraba acababa abriendo otro cajn en forma de otra crisis, y as sucesivamente. La manta con la que los gobernantes han tenido que maniobrar es demasiado corta: si intentaban taparse los pies de la economa, con medidas impopulares exigidas por los tcnicos, se destapaban el pecho de la poltica, pues causaban el descontento del electorado. El desequilibrio entre economa y poltica es intrnseco.

Conforme al glosado autor germano, desde 2008 vivimos en la ltima etapa de esta continuidad de cracks. Al entregarnos su visin del libro, Alex Roche subraya reflexiones de tino, entre ellas que el estancamiento econmico, la deuda y la desigualdad los tres jinetes del apocalipsis del capitalismo contemporneo continan devastando el paisaje econmico y poltico. Hoy, el endeudamiento conjunto es ms alto que nunca y la recuperacin [] no es ms que la sustitucin de desempleo por empleo de baja calidad.

Con respecto a la desigualdad sistmica, est alcanzando tal nivel, denuncia Streeck, que los ms ricos pueden considerar, con razn, que su destino se ha vuelto independiente del destino de las sociedades de las que extraen su riqueza y que, por tanto, pueden permitirse dejar de preocuparse por sus conciudadanos. Para mantener esta situacin, los megarricos utilizan diferentes estratagemas. Por ejemplo, compran legitimidad social mediante actos de filantropa que en parte llenan los huecos en servicios sociales que deja su propia evasin de impuestos. Actos de filantropa entre los que se incluiran las medidas galas sobre la reparticin de condumio a los muchos ayunantes.

Mas lo anterior no es sino mera porcin de un conglomerado en el cual al mismo tiempo que la secuencia de crisis iba avanzando -en el leal saber y ente n der de Streeck, con quien comulgamos-, el matrimonio de conveniencia entre el capitalismo y la democracia se iba deshaciendo. La toma de decisiones relativas a la distribucin de recursos escap del mbito de la accin colectiva hacia una esfera ms remota y opaca controlada por ejecutivos de bancos centrales, organizaciones internacionales y reuniones intergubernamentales de ministros.

La viabilidad del modelo keynesiano (regulador) que rigi en los decenios posteriores a la Segunda Guerra Mundial, acota, dependa del poder poltico y econmico que los trabajadores eran capaces de ejercitar en las economas nacionales, ms o menos cerradas de aquella etapa. Con el fin, en los setenta, de esta poca dorada de crecimiento, las clases pudientes dependientes del beneficio empezaron a buscar una alternativa y la encontraron en la globalizacin. El capital presion para ir a un nuevo modelo de crecimiento basado en la redistribucin de abajo a arriba.

De esa guisa principi el camino hacia el neoliberalismo, como una rebelin del capital contra el keynesianismo. Las menores tasas de crecimiento eran aceptables para los nuevos poderes siempre y cuando fueran compensadas por mayores tasas de beneficio y una distribucin de recursos cada vez ms desigual. La democracia se convirti en una amenaza para este nuevo modelo y por tanto tena que ser desconectada de la economa poltica. As naci la posdemocracia, que Streeck caracteriza con una frase ms que ingeniosa: Ahora los Estados estn situados dentro de los mercados, en vez de los mercados dentro de los Estados.

Sucede que la industria financiera, al explayarse, escap del control democrtico, convirtindose en un mando privado que mangonea a las comunidades nacionales y a sus gabinetes. Hoy, la democracia puede ser concebida como una lucha entre dos electorados los ciudadanos de los Estados y los mercados internacionales en la que el poder del dinero ha quedado por encima del poder de los votos. La democracia, se lamenta el pensador, ha perdido su carcter redistributivo e igualitario, por lo que en importantes aspectos es indiferente quin gobierne.

Esta pseudodemocracia sirve para aparentar que la sociedad capitalista es producto de la eleccin popular, cuando en realidad hace tiempo que el control democrtico ha desaparecido. As, la democracia, vaciada de contenido sustancial, se convierte en una sucesin de debates estriles sobre los estilos de vida y caractersticas personales de los polticos y otras cuestiones culturales.

Remarqumoslo: lo postrero nos hace desconfiar de cosas como la burguesa filantropa de distribuir a ONG y bancos al efecto los alimentos sobrantes. La alternativa? Una operacin quirrgica que no concordara, eso no, con la idea de un poscapitalismo catico, ingobernable. Para conjurar ese pronstico tendran las izquierdas que resolver su fraccionamiento y apuntar al unsono por federadas sociedades planificadas ante la sempiterna sombra de la barbarie. Por el socialismo.

Sumados lo conseguiramos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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