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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-05-2018

Con corrupcin no hay revolucin

Alberto Acosta
Rebelin


otro eje estructural bsico (de la Revolucin Ciudadana), la recuperacin y la forja de valores que permitan cristalizar una sociedad libre de corrupcin, entendida sta no slo como actos reidos con la ley, sino como el abuso de poder por parte de individuos u organizaciones sea en el mbito pblico o privado, en actividades econmicas, polticas, sociales, empresariales, sindicales, culturales, deportivas, que beneficien directa o indirectamente a una persona o a un grupo de personas.

 Plan de Gobierno de Alianza pas 2007-2011 (2006)

 

La corrupcin ha sido -y es- un tema de urgente actualidad. Los medios estn llenos de denuncias y escndalos. Sin embargo, a pesar de su gran difusin, pocas veces este fenmeno social recibe un anlisis profundo. Muchas son las lecturas inapropiadas que se hacen para entenderla, y peor an, con frecuencia no se llega a sancionar adecuadamente los hechos corruptos. Esto causa una generalizada frustracin y no menos confusiones, especialmente entre quienes no son corruptos, pero ven -impotentes- que los inmorales nos han igualao

Realmente el tema es recurrente en la vida de la Humanidad, pero no por eso tolerable en ninguna circunstancia, aun cuando la plaga infecte a casi toda dimensin del convivir humano . Desde hace ms de mil aos, cuando el cdigo de Hammurabi explicaba qu castigos se deban destinar a los corruptos , hasta la fecha muchos acontecimientos histricos marcados por la corrupcin, se han registrado. Claro que, en dicho registro, hay episodios pequeos y otros que sellaron pocas. En ocasiones la corrupcin contribuy a destruir y construir civilizaciones, como pas con aquella estafa de canjear espejitos por oro y piedras preciosas hace ms de cinco siglos, cuando los europeos se impusieron violentamente en Amrica, frica y otras regiones del mundo.

Dentro de esas sociedades herederas de la pesada sombra colonial, hasta se podra pensar en una corrupcin dependiente, impuesta por la dominacin de quienes vinieron y vienen de afuera, quienes impusieron e imponen un modo de vida ajena, a ms de una modalidad de acumulacin explotadora de seres humanos y Naturaleza. Desde entonces subdesarrollo y corrupcin se alimentan orgnica e indefinidamente, dando vida a una corrupcin mutante, aunque no muy lejana de la corrupcin de las potencias imperiales.

Ejemplo de esa corrupcin dependiente es la sumisin tanto de gobiernos neoliberales como progresistas al capital transnacional, antes norteamericano o europeo, y ahora tambin chino (que ha salido de compras por el mundo). Con la ampliacin salvaje de los extractivismos -que llevan la corrupcin en sus venas -, exigida por el capital transnacional y aceptada por neoliberales y progresistas, vemos una desposesin tal como la entiende David Harvey e incluso una suerte de acumulacin originaria global, similar a la que plante Carlos Marx, en donde corrupcin y violencia conviven a flor de piel.

Vemos, pues, que la corrupcin llega incluso a matizarse con los procesos de dominacin globales, llegando a conformar verdaderas estructuras corruptoras dependientes en la periferia. Sin embargo, no debemos confundirnos. Hoy ms que nunca sabemos que la corrupcin no es evidencia del subdesarrollo de algunos pases o culturas. No hay primicia cultural, racial, geogrfica o social. No se puede afirmar que hay naciones corruptas y otras que no lo son. La corrupcin emerge en todas las latitudes, est globalizada. Es duro admitir, pero su sombra cubre a casi todas las organizaciones e instituciones humanas, incluso aquellas supuestamente creadas para defender derechos: hasta las Naciones Unidas han sido acusadas como una potencia mundial corrupta. En el Vaticano o en la Academia Sueca de Premios Nobel tampoco han faltado las denuncias de corrupcin, peor en los organismos multilaterales de crdito. Y as por el estilo.

Por otro lado, aunque muchos vean el inicio de la corrupcin en el Estado o en el gobierno, sta no se agota ah. La corrupcin rebasa a cualquier institucin, de modo que verla exclusivamente en el Estado es no entender su real dimensin o es hacer un mero ejercicio ideolgico que no ayuda a enfrentar el problema. Igualmente es errado reducir el asunto a lo privado. En ambas esferas aflora la corrupcin y muchas veces sta se potencia cuando ambos sectores confluyen en diversas relaciones corruptas, que superan hasta a los intereses econmicos, pudiendo ser stos polticos, o sociales en trminos amplios. Y por cierto la corrupcin -tanto global como local- tiene apellidos, llegan a salpicar a ilustres familias e instituciones tradicionales, cuya existencia debemos cuestionar si buscamos una democracia efectiva.

Adems, difcilmente se puede esperar que el Estado sea eficiente si muchas veces no se le permite serlo. El Estado, bien lo sabemos, responde a un proceso social, donde los grupos de poder siempre buscan permear sus intereses y moldearlo segn sus apetencias. Su burocratismo, sus trabas regulatorias, sus regulaciones obscuras y pesadas, su ineficiencia son propias de un Estado dbil: una causal importante de corrupcin. La corrupcin debilita al Estado, y un Estado dbil facilita la corrupcin.

Como corolario, se ha comprobado que no hay una relacin entre el tamao del Estado y la corrupcin; hay Estados grandes e intervencionistas con baja corrupcin (por ejemplo los pases de Europa del norte: Finlandia, Noruega, Suecia o Dinamarca). Hay otros casos, como los EEUU, que con un sector pblico relativamente reducido, registran casos de corrupcin de considerable proporcin. Eso s, se podra decir que los Estados menos proclives a la corrupcin son aquellos fundados en mayor democracia, es decir con mayor transparencia y participacin ciudadana, a ms de una adecuada distribucin de riqueza e ingreso. Un Estado, en suma, no es fuerte por su tamao, sino por la calidad -y democracia- de sus decisiones y de sus resultados, y es esa calidad la que define cun difcil ser que la corrupcin logr permear.

Sin afn de sentar ctedra, me gustara proponer una definicin incluyente de corrupcin, empezando por una doble negacin. La corrupcin no es slo la comisin de actos ilcitos, que competen a los tribunales, o la simple malversacin de recursos. La corrupcin, en una amplia definicin cultural -indispensable para abordarla y combatirla- es la esencia del abuso del poder, como se estableci con claridad en Ecuador en el Plan de Gobierno de Alianza Pas 2007-2011, elaborado en 2006 (pgina 50). Tal definicin incluye actos incorrectos, aunque no sean antijurdicos. Se manifiesta en diversos abusos, sea estatales o privados, que beneficien directa o indirectamente a una o a varias personas. En muchos casos sintetiza a la par lo ilcito y lo incorrecto, pudiendo llegar a mbitos econmicos, sociales, polticos culturales, universitarios, deportivos e incluso periodsticos.

Actualmente -quiz de forma novedosa-, muchos hechos de corrupcin que son denunciados parecen seguir un libreto comn: los escndalos de corrupcin son olvidados por nuevos escndalos, haciendo que la corrupcin se complementa con una rampante impunidad. Los escndalos, al dejar de recibir la atencin meditica, parecen condenados a la desmemoria, perdidos en vericuetos legales que a veces no desembocan ni en una sentencia legal contra los implicados. Es ms, cuntas veces los implicados en un atraco, pasado el tiempo de la prescripcin o an antes (sobre todo si son de cuello blanco), asoman libres de cualquier sospecha, envalentonados para volver a la vida pblica: en la accin poltica, en la gran empresa, en los mismos medios de comunicacin...

Si pudiramos escribir una historia de la corrupcin y de su complemento, la impunidad, sta sera un teln de fondo reverberante del devenir de las ltimas dcadas. Aparte, corrupcin e impunidad son impensables sin el cinismo y la prepotencia reinantes.

Por todas estas razones se debe rechazar categricamente a quienes minimizan la corrupcin de los regmenes progresistas en Amrica Latina (que casi nada tuvieron de izquierda), aduciendo simplonamente que antes, con el neoliberalismo, la corrupcin era peor; o simplemente sealando que las demandas de corrupcin son parte de una campaa de la derecha en contubernio con grandes medios de comunicacin; o cayendo en la torpe astucia de decir que la corrupcin es propia del capitalismo (lo cual es cierto), de modo que primero deber superarse al capitalismo para recin entonces poder combatirla (lo cual no es cierto) Definitivamente no hay nada ms contra revolucionario que tolerar o callar la corrupcin para no hacerle el juego a la derecha o al Imperio; la corrupcin, entendida como abuso del poder, debe acusarse venga de donde venga (de hecho, la denuncia al abuso del poder -sea del capital o del Estado- debera ser la esencia de la izquierda).

Es lamentable, pero inocultable: el abuso de poder -la esencia de la corrupcin- estuvo y est presente en todos los progresismos de Amrica Latina, sea en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Uruguay, Venezuela.... Tratar de tapar esta realidad es un gravsimo error (que raya hasta en complicidad). Ral Zibechi, periodista uruguayo, analizando el caso del expresidente brasilero Lula da Silva -que fue intermediario de grandes conglomerados empresariales de su pas, incluso cuando ya no estaba en el gobierno- nos recuerda que, viendo los inocultables y graves casos de corrupcin en la regin, mirar para otro lado porque no nos conviene o porque son los nuestros, es propio de un pragmatismo suicida. La gente comn termina por percibir las mentiras. Luego da un paso al costado, probablemente para siempre.

En resumen, precisamos recoger el mensaje de Jos Mujica, dicho de forma sencilla y muy clara: si a la izquierda le toca perder terreno, que lo pierda y aprenda, porque tendr que volver a empezar. Y si cometi errores, tendr que reaprender. La lucha contina, aunque en realidad la lucha siempre estar empezando, ojal que siempre admitiendo y superando los errores del pasado.


Alberto Acosta, economista ecuatoriano, profesor universitario, exministro de Energa y Minas, expresidente de la Asamblea Constituyente y excandidato a la presidencia de la Repblica del Ecuador.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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