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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-05-2018

Karl Marx, viejo filsofo del maana, cumple 200 aos

Chris Gilbert
Rebelin


Se apagan las luces y comienza a rodar el proyector. En la parpadeante pantalla vemos al joven protagonista descubriendo un viejo anillo o una reluciente espada que cambiar su destino. El artefacto, a pesar de ser muy antiguo, ofrece poderes especiales a quien lo recoge, dndole acceso a conocimiento acumulado por muchas generaciones y abrindole paso, por sus poderes especiales, al futuro Sin muchos ajustes a este guin fantasioso, as concebimos el papel del pensamiento de Marx en nuestro presente.

No es accidental que en estas obras de fantasa, el mundo de los adultos suela estar signado por una mezquindad y vaciedad que lo convierten en fiel reflejo del nuestro. Aunque desde el comienzo el joven protagonista intuye que no pertenece a un mbito tan gris y montono, es el encuentro con lo antiguo con la generacin de los abuelos, bisabuelos o tatarabuelos lo que afirma su pertenencia a un mundo superior que lo convoca a luchar sin tregua por su realizacin.

Huelga decir que si tuviramos la capacidad de asumir la vida real con el mismo compromiso emocional que le aplicamos a las fantasas de Hollywood, seramos conscientes de que ese mundo superior es el socialismo y que la crtica marxista de la sociedad actual, junto a la lucha de los oprimidos, es la que abre el paso a su emerger. Pero hoy da el pensamiento de Marx es como un anillo mgico y poderoso botado en el fango al borde del camino. Muy pocos se paran para recogerlo, pero la joya no ha perdido su brillo a pesar del abandono generalizado que sufre.

Su persistente brillo es empricamente comprobable, puesto que el pensamiento de Marx ha demostrado su vigencia en tantas ocasiones, desmintiendo as a los detractores que con casi cada dcada desde que surge el marxismo se han entregado al rito vaco de anunciar su muerte. Recordemos, por ejemplo, los planteamientos afirmando que la importancia del marxismo, por haberse desarrollado en el siglo diecinueve, se desvanecera con el progreso del mundo, con la emergencia de la nueva clase media, con la prosperidad generalizada, o con la invencin de los controles macroeconmicos keynesianos... No ocurri as! Todos estos desarrollos y tantos otros que iban a marchitar a Marx se marchitaron con el tiempo. En cambio, el pensamiento de Marx se ha mantenido fresco y lozano!

As, el repaso de las pginas chispeantes y casi mgicas de Marx, pese a haber sido escritas hace ms de un siglo, sigue produciendo reacciones electrificantes e impredecibles en los lectores ms diversos. Podramos decir que el frescor y la vitalidad de sus palabras se condensa en el planteamiento marxista de que vivimos en la prehistoria de la humanidad, mientras la verdadera historia est por comenzar. Esta historia porvenir, segn el viejo filsofo del maana, se desplegar en un mundo de productores donde el libre desarrollo de cada uno ser la condicin del libre desarrollo de todos. Esta es una frmula que debemos blandir como un Excalibur frente a las metas mezquinas de los economistas y polticos de hoy que son ms bien nuevos filsofos del pasado.

Tiempos fuera de quicio

Tanto en las obras de fantasa como en el discurso de Marx se plantea que el mundo est fuera de quicio, marcado por la usurpacin y por una profunda ruptura del orden justo. En eso, tanto Marx como la fantasa tienen ms razn que todos los discursos que intentan endulzar o naturalizar nuestro presente capitalista.

Marx escribi que en el capitalismo Todo lo slido se desvanece en el aire. No es as? En el siglo veintiuno, la economa mundial se ha ido enrareciendo, se ha tornado extica, etrea e incluso espectral. Basta visitar un portal financiero para comprobar este hecho. All los sacerdotes de la economa irreal apuntan a nmeros irracionales y grficos enrevesados mientras hablan de productos y derivados que hacen que una fachada barroca luzca como un ejercicio de moderacin. Frente a este mundo enrarecido y surrealista, las ideas de Marx se revelan robustas y humanas, con los pies firmemente plantados sobre la tierra.

En este sentido, y pese a lo que digan, no hay nada ms humano y robusto que la apuesta marxista por una sociedad descrita, al final del primer tomo de El Capital , como la negacin de la negacin . A esta reflexin la han seguido una ingente cantidad de reclamos sobre su supuesto carcter hegeliano y metafsico. Pero el planteamiento no es metafsico en absoluto cuando se considera que el mundo en el que vivimos es tan claramente terrible negativo, para las grandes mayoras. Solo hay que observar cmo vive el grueso de la humanidad sobre todo los nios y las mujeres en los pases de la periferia. Esta es la cara principal, la cara ms comn y difundida del capitalismo: un infierno terrenal en el que se ahogan los pocos destellos positivos del sistema. Siendo as las cosas, hay que negar el sistema, superarlo! Esto es, en fin, la negacin de la negacin sobre la que escribe Marx y no tiene ni una gota de misticismo.

Lo mismo se puede decir del planteamiento marxista de la crtica despiadada de todo lo existente . Abstracto? Extravagante? Exagerado? En realidad este planteamiento es mucho menos extravagante que su contrario. La propuesta marxista consiste esencialmente en demostrar que las categoras que rigen la sociedad actual (una sociedad que es obviamente insostenible durante un siglo ms), son productos histricos y por lo tanto superables. Esta propuesta prctica y terica, que rebasa el vulgar proyecto de humanizar o reformar lo existente, sigue siendo hoy la nica base slida de una propuesta civilizatoria. En cambio, la propuesta ms normal de preservar la sociedad bajo las formas y relaciones actuales nos lleva por un camino de infinitos vericuetos y mistificaciones.

Este mundo fuera de quicio se registra en el discurso marxista como una realidad dominada por los fetiches del capitalismo: la mercanca, el dinero y el capital. Frente a este exoticismo que es inseparable de la modernidad en su encarnacin capitalista, Marx propuso despejar la neblina y el hechizo del capitalismo, planteando la necesidad de devolver al ser humano desplazado por el pseudo-sujeto que es el capital, el verdadero monstruo de Frankenstein de nuestros tiempos al centro de la sociedad y al mando de la produccin. Solo as puede el ser humano recuperar su capacidad de escoger en un momento en el que enfrenta disyuntivas impostergables sobre el medio ambiente, el desarrollo sostenible y la paz.

Las fuerzas oscuras que atacan la vida

No hay discurso poderoso (ni artefacto mgico!) que no pueda caer en manos del adversario, y la magnitud del acontecimiento marxista se puede medir por la difusin de sus ideas y sus mtodos en el campo enemigo. En efecto, tan adentro han calado ciertos elementos de la visin marxista, que en ocasiones parecera que la derecha es quien mejor entendi a Marx en nuestros tiempos. La derecha internaliz, por ejemplo, que la economa es la columna vertebral de la sociedad. Palabras ms palabras menos, esa fue la leccin que Marx le dio a su amigo Kugelmann apuntando a que cualquier formacin social que no asegure su propia reproduccin se extinguir en meses, y hoy es axiomtica para todos los think tank del sistema.

As las cosas, los gobiernos de derecha, ahora ms materialistas que los de izquierda, tratan de controlar las riendas de la economa a travs del FMI, del Banco Mundial, del Banco Interamericano de Desarrollo, etc. Tambin se organizan para asfixiar los proyectos alternativos por va de ataques econmicos, embargos y sanciones. La economa para ellos es lo primordial. Lo dems, piensan, es cuchicheo de pasillo... Se apoyan adems en el concepto marxista del Estado, como evidencia aquel funcionario yanqui que se burlaba de Salvador Allende en el documental de Patricio Guzmn por no entender las enseanzas de Lenin e imaginar que la burguesa se suicidara sin rechistar.

La naturaleza de la lucha contra este tipo de enemigo, como la de la lucha en las obras de fantasa, es pica y radicalmente diferente que las mezquinas contestas y guerras que conocemos. As que, aunque Marx, como l mismo recalc, no pintara a los capitalistas color de rosa, se neg tambin a responsabilizar sin ms al individuo de unas relaciones de las cuales socialmente es producto. Su mtodo en paralelo al de Balzac, al que tanto admir era demostrar que los actores capitalistas son personificaciones de categoras econmicas. Cun necesario es retomar este trabajo antihegemnico hoy, cuando se celebra desenfrenadamente y sin criterio a los personajes de la jet set empresarial que se han levantado cruelmente sobre el sufrimiento de millones!

El enemigo en esta batalla pica no es meramente otro individuo o grupo humano; en verdad, apenas es humano, es ms bien la negacin de la humanidad. Como los caminantes blancos o los zombies de las pelculas, el enemigo consiste en una monstruosidad moderna de confeccin capitalista, y no es accidental que la vida y obra de Marx se desarrollasen en paralelo con el surgimiento de los vampiros en la literatura, forma narrativa con la cual Marx comparti mucho de su contenido y toda su pasin. The Vampyre de John William Polidori, la primera obra del gnero, se escribi en 1819 cuando Marx tuvo apenas un ao. Bastantes aos ms tarde, el siglo de Marx concluye con la publicacin del Drcula de Bram Stoke r . Resulta significativo y nos convoca a la reflexin el hecho de que desde la ficcin sobre vampiros y desde la ciencia marxista, se enfrent el mismo problema: el desangre del mundo por una fuerza misteriosa, peligrosa y ajena al ser humano...

No hay feliz final sino feliz comienzo

Cunto tiempo va a durar este desangre capitalista, este parasitismo del capital (trabajo muerto) sobre el ser humano (fuerza viva)? Marx sentenci que ninguna formacin social desaparece antes de que se desaten todas las fuerzas productivas que caben en su interior. Nuestra realidad, por su condicin crtica y extrema, hace muy sencillo descifrar esta frase epigramtica, porque hoy la fuerza productiva fundamental, la humanidad misma, no cabe realmente en un mundo capitalista. Trgicamente la fuerza productiva desatada que es la humanidad no encaja en este mundo de relaciones capitalistas porque no puede darnos de comer, garantizar el oxgeno que respiramos o el agua que bebemos.

Aunque el modo de produccin capitalista se agot, segn este criterio hace rato, cumplindose as la sentencia de Marx, esto no es suficiente. Como es el caso con toda sentencia, alguien debe llevarla a cabo, y sobre sto Marx nos dej tambin algunas pistas. En el cuestionario que le dio su hija, Marx afirmaba que su virtud favorita era la fortaleza, que su idea de la felicidad era la lucha y que sus hroes eran Espartaco (rebelde organizador) y Kepler (la ciencia y el valor). Pero el herosmo de Marx no era el del individuo sino el de lo cotidiano y colectivo y su tarea no era sencillamente derrocar un adversario, sino erradicar todo un sistema.

La lucha del proletariado, o de los ninguneados del sistema capitalista, es una lucha a muerte pero tambin en contra de la muerte. El penltimo captulo de El Capital muestra, por ejemplo contrapuesto, qu es el socialismo. Puesto que la esencia del capitalismo es separar al obrero de sus condiciones de trabajo y de vida, una separacin que llega, en palabras del propio Marx, chorreando sangre y lodo, en el socialismo los trabajadores sern reasociados, en pleno uso de sus facultades racionales y creativas, con estas mismas condiciones de vida. Terminar as la historia? No, lo que Marx nos ensea, como ya hemos resaltado, es que con este pequeo paso la historia humana justo comienza. Encendemos las luces, salimos a la calle, ahora con fuerza y sabidura a toda mquina, para lanzarnos a una realidad reencantada.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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