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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-05-2018

El bitcoin, Hayek y la privatizacin de la moneda

Juan Francisco Martn Seco
Contrapunto


El mundo financiero es un cmulo de sorpresas. No han desaparecido an las secuelas ocasionadas por el estallido de la burbuja de las hipotecas subprime, cuando ya se est formando una nueva burbuja especulativa que, si tarda en explotar, tendr efectos incluso ms nocivos que las anteriores. Pocas dudas caben de que, antes o despus, la catstrofe se cernir sobre el mercado de los bitcoins y ese da con toda probabilidad los que hayan invertido en esta criptomoneda perdern todos sus ahorros. Lo que resulta realmente prodigioso es que haya alguien que pueda pensar lo contrario.

Desde el mismo instante de su creacin -2009- el bitcoin ha venido revalorizndose en porcentajes cada vez mayores y totalmente desproporcionados. La especulacin se ha hecho ms evidente en los ltimos tiempos. En 2017, la cotizacin se ha multiplicado por veinte, alcanzando un mximo de 19.000 dlares a mediados del mes de diciembre; sufre, no obstante, una gran volatilidad desde el momento en que se ha comenzado a cotizar a futuros en EE.UU. Mltiples analistas han advertido acerca de la inmensa burbuja especulativa que se est formando y del desastre que amenaza a los inversores. JP Morgan, el mayor banco de inversin de Estados Unidos, ha manifestado tajantemente que el bitcoin es un fraude.

El carcter falaz de esta criptomoneda y su vacuidad debe distinguirse de la tecnologa que aplica, la llamada Blockchain, que se ha convertido en uno de los mayores focos de inters de la industria financiera, y de otros tantos sectores. Una nueva forma de registrar tanto transacciones como otras interacciones digitales de manera segura y transparente. Las posibilidades que ofrece son muchas. Las bondades de su tecnologa y el hecho de que en el futuro pueda tener mltiples utilidades diferentes a la de soportar las operaciones de una criptomoneda no hacen, sin embargo, consistente al bitcoin, que contina siendo humo, un dinero que intenta serlo sin tener nada que lo sustente.

El bitcoin nace de la pretensin un tanto ingenua de corregir una cierta contradiccin en la que se ha venido moviendo a su pesar el liberalismo econmico. Los intereses econmicos que se sitan detrs, si bien exigen la desregulacin de todos los mercados, en especial del laboral, no estn dispuestos a ceder al juego de la oferta y la demanda la creacin del dinero. A largo de la Historia las constantes quiebras y crisis de las entidades que actuaban como bancos aconsejaban limitar la capacidad de emisin. No obstante, aunque en esta materia desconfan del mercado, tampoco estn determinados a abandonarla en manos del Estado. La influencia que las clases populares tienen sobre los gobernantes a travs de las consultas electorales haca arriesgada tal cesin, y por eso pretenden que las decisiones monetarias sean tomadas por una entidad independiente y neutral.

De este modo, las fuerzas conservadoras y el neoliberalismo econmico han logrado cuadrar el crculo en materia de poltica monetaria. La autonoma de esas instituciones llamadas bancos centrales les ha permitido hacer compatibles posiciones contradictorias en s mismas. Han conseguido compaginar su aversin a lo pblico y a los mecanismos democrticos con la certeza de que algo tan delicado y sustancial para sus intereses como es el dinero no se poda dejar al albur de la mano invisible. Se han inclinado abiertamente por la intervencin, pero no por la del poder poltico democrtico, sino por la de una institucin que revisten de tecnicismo y profesionalidad, autonoma e independencia, para hacerla en realidad dependiente de los poderes econmicos.

Un neoliberalismo econmico consecuente debera inclinarse por la abolicin del monopolio de emisin de dinero que hoy tienen los Estados y que han cedido a los bancos centrales. Tendran que defender la libre creacin de moneda por todo aquel que quiera realizarla y que disponga de suficiente credibilidad en el mercado para que el pblico acepte sus pasivos como medio general de pago. Sin embargo, esta postura es minoritaria; nicamente Friedrich Hayek ha defendido, y en poca reciente (1976), la liberalizacin del mercado del dinero. Su obra La desnacionalizacin del dinero es un alegato a favor de la libre competencia en la emisin y circulacin de los medios de pago. Considera el dinero como una mercanca ms que, por lo tanto y de forma similar a cualquier otro bien, de acuerdo con su doctrina, puede ser suministrada por el sector privado con mayor eficiencia que por un monopolio estatal.

En el sistema diseado por Hayek la creacin de dinero sera libre. Toda aquella entidad financiera que lo desease podra crear su propio medio de pago, pero debera cuidar de la estabilidad de su valor, emitiendo tan solo aquella cantidad que fuese demandada por el pblico. Existiran, por tanto, diferentes monedas, con denominaciones distintas, una por cada uno de los bancos privados que quisieran emitir dinero. Toda entidad que en un exceso de avaricia pusiese en circulacin ms medios de pago que aquellos que el pblico deseara tener vera devaluarse su dinero con respecto a otras monedas y perder capacidad adquisitiva, con lo que el pblico huira de esa moneda para refugiarse en otras ms seguras. Es decir, cada banco o entidad financiera que emitiese dinero debera mantener constante su valor por el procedimiento de retirar del mercado la cantidad adecuada del mismo cuando se devaluase, y emitir la necesaria en el caso de que se apreciase por exceso de demanda. Abolido el principio de aceptacin obligatoria -propiedad de la que goza en este momento el dinero legal y que lgicamente no sera aplicable a los medios de pago creados por los bancos privados- la ley de Gresham no se cumplira, y se dara ms bien la situacin contraria, que la moneda buena desplazara a la mala.

La postura de Hayek es, como ya hemos dicho, consecuente, pero apenas ha encontrado eco entre sus correligionarios, y por supuesto nadie hasta ahora haba pretendido llevar a la prctica sus conclusiones. La razn resulta bastante evidente cuando se intuyen los graves problemas que acarreara y los absurdos a los que nos conducira su aplicacin.

En el fondo, la teora no es tan original como a primera vista pudiera parecer. Si nos remontamos en la Historia, comprobaremos que en el origen del dinero hay situaciones que guardan una gran similitud con el sistema propuesto, y que la intervencin pblica -en esto como en otras muchas situaciones econmicas- surge de una necesidad. Si la acuacin de moneda se reserva a los poderes pblicos es en un principio para garantizar su valor. De hecho, desde los primeros momentos de la actividad bancaria, las quiebras y las insolvencias acompaaron la vida de las instituciones financieras. En la poca actual, a pesar de la especial vigilancia de los poderes pblicos y de que los bancos no gozan de la facultad de emitir dinero primario, las crisis bancarias acaecen con mayor frecuencia de lo que sera deseable, y su coste lo asume el erario pblico. Podemos imaginarnos lo que ocurrira si cada banco pudiese emitir su propio dinero, distinto del de otras instituciones financieras? Hasta dnde alcanzaran los fraudes y los timos bancarios?

El modelo de Hayek solo puede funcionar sobre el papel, y ni los ms ardientes defensores del libre mercado han abogado por un sistema de tales caractersticas. Qu grado de complejidad tendra la realidad econmica si para cada transaccin hubiera de escogerse una clase distinta de dinero? Es posible exigir a todos los ciudadanos la condicin de financieros, a efectos de disponer y saber utilizar una informacin tan compleja como la de conocer cul es el dinero ms estable y cul el que ms se deprecia? Ni siquiera las personas ms expertas podran afirmar con certeza qu moneda es la ms conveniente, al estar cada una de ellas definida por cestas diferentes de distintos bienes.

Por otra parte, nada impedira la especulacin. Cmo podra un banco privado hacer frente a fuertes operaciones especulativas realizadas contra su moneda, cuando hoy en da ni siquiera los Estados -incluso a veces aunando sus esfuerzos- son capaces de librar a sus divisas de los implacables ataques a los que se ven sometidas? Si ya en las actuales coordenadas del sistema capitalista existe una inflacin desmedida del mundo financiero, en el que sus operaciones multiplican con creces las transacciones reales, hasta el extremo de convertir los mercados en grandes casinos, podemos imaginarnos el incentivo adicional que significara para la especulacin financiera la existencia de un nmero indefinido de monedas, tantas como bancos, y la posibilidad de tomar posiciones instantneamente en una u otra voluta?

Es en este contexto donde hay que situar el juicio acerca del bitcoin. Las crticas vertidas sobre el sistema de Hayek son aplicables en su totalidad a las criptomonedas, amn de otras que le son propias. El bitcoin se inserta en el deseo de dotar de total automatismo a la creacin de dinero, prescindiendo de toda discrecionalidad y sustrayendo a los Estados, e incluso a los bancos centrales, la poltica monetaria. Lo que llaman minera, es decir, el proceso de creacin de los nuevos bitcoin, se disea a semejanza de la extraccin de metales preciosos, con lo que se pretende dar idntico automatismo que el que ofreca el patrn oro. De sobra son conocidos, y Keynes ya los anunci, los resultados negativos que algunos pases, por ejemplo, Inglaterra, cosecharon tras la Primera Guerra Mundial por el empecinamiento de mantener la moneda anclada en el oro. Los bitcoins presentan la misma rigidez, con el agravante de que no se identifican con ningn metal precioso, por lo que carecen de valor intrnseco, no son nada, puro aire.

El bitcoin se define como dinero, pero est muy lejos de cumplir todas las condiciones necesarias para ser tenido como tal. El dinero surge como la superacin de la economa de trueque, y es de aceptacin comn que debe ser capaz de cumplir tres funciones bsicas: unidad de cuenta, medio de pago y, por ltimo, depsito de valor. El bitcoin no cumple la condicin primera ya que no constituye una unidad de cuenta propia, sino que se expresa con respecto a las otras divisas. En todo caso sera dinero secundario al estilo de los depsitos bancarios u otros activos financieros. No tiene, por tanto, la pretensin al menos por ahora, de desplazar y sustituir a las divisas emitidas por los bancos centrales. En este sentido se diferencia del dinero propuesto por Hayek, porque en su sistema los bancos centrales desapareceran.

S hay similitud, sin embargo, en los defectos que las dos monedas presentan como medio de pago. En ambos casos la volatilidad, la falta de concrecin y la dificultad en la instrumentacin los invalidan para este objetivo. En el caso del bitcoin lo paradjico es que en un principio se dise principalmente con esta finalidad para hacer ms fciles las transacciones, y reducir su coste eliminando intermediarios, pero lo cierto es que la tercera funcin, la de depsito de valor se ha desarrollado de tal forma y ha creado tal ola especulativa que hace imposibles las otras dos funciones. Si hoy tuviramos que definirlo, ms que de dinero tendramos que hablar de activo financiero, pero con el agravante de que no se corresponde con ningn pasivo, no hay deudor al que reclamar nuestro derecho. Tampoco constituye una cosa (oro, obra de arte, etc.) con un valor intrnseco independientemente del precio del mercado. No es nada. Pura especulacin. Mera expectativa de que un segundo inversor pague ms dinero que el primero por la expectativa a su vez de que un tercero pague ms que el segundo. La hecatombe se produce cuando la tendencia se invierte y sin saber muy bien por qu la fiebre de vender se apodera del mercado.

Buscando comparaciones, quizs el caso ms similar sera el de los tulipanes de Holanda del siglo XVII. Hace ya bastantes aos que John Kenneth Galbraith escribi un librito realmente sugerente, Breve historia de la euforia financiera. Narra diversos acontecimientos en los que la estulticia humana ha creado burbujas especulativas difcilmente explicables. La primera que cita es la de la tulipanmana . Cuesta creer que pudiera pagarse por un bulbo de tulipn cifras astronmicas y que su precio pudiera subir ininterrumpidamente hasta poder intercambiarse en algunos casos por una mansin de lujo. El final de este sinsentido lleg en 1637 cuando los ms inquietos comenzaron a abandonar el mercado, y de forma rpida se gener la estampida. Muchos de los inversores perdieron todos sus ahorros, pero el coste no recay exclusivamente sobre ellos, sino sobre toda la sociedad holandesa que entr en lo que llamaramos hoy una depresin econmica. Hay que temer que la historia se repita y pase lo mismo con los bitcoins , si los Estados no adoptan ahora las medidas adecuadas.

www.martinseco.es

Fuente: https://www.republica.com/contrapunto/2018/01/04/el-bitcoin-hayek-y-la-privatizacion-de-la-moneda/#



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