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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-05-2018

La ruptura entre economa y poltica en el mundo del capital

Jaime Osorio
Viento Sur


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Llamamos capital a la unidad diferenciada de valor que articula relaciones sociales de explotacin y dominio. En el mundo del capital toda relacin de dominio de clases (para diferenciarlo de formas de opresin o de poder que no son constitutivamente de clases: padre/hijo; profesor/alumno; hombre/mujer, mdico/paciente, etc.) es simultneamente relacin de explotacin (directa, sobre trabajadores activos, o indirecta, sobre trabajadores inactivos) y toda relacin de explotacin es, a su vez, relacin de dominio de clases.

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El capital no puede revelarse en el mundo fenomnico como explotacin y dominio, porque la burguesa es portadora de la promesa civilizatoria de conformar un mundo de hombres libres e iguales. A pesar de violentar esa promesa, sin embargo debe reconstituirla. Para ello debe conformar la ficcin real de un mundo de hombres libres e iguales. Ficcin, porque encubre y desvirta la esencia de su ser. Real, sin embargo, porque dicho trastocamiento acta y alcanza consistencia. Opera de manera efectiva.

Por ello el capital necesita presentarse de manera distorsionada, al revs de lo que es. Esto forma parte de su proceso de fetichizacin, que le posibilita crear un mundo encantado, invertido y puesto de cabeza 1/ . Por medio de la fetichizacin el ser se manifiesta ocultndose. Aqu nos interesa develar algunos de los procesos que hacen posible sostener aquella ficcin.

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Un primer paso del capital en ese proceso de ocultarse y revelarse de manera distorsionada implica la ruptura de su unidad econmico-poltica, conformando stas dimensiones como esferas autnomas e independientes, ya no como diferencias en el seno de una unidad. El desarrollo de esta tendencia llevar a la conformacin de saberes con objetos particulares: la ciencia de la economa o ciencia econmica, y la ciencia de la poltica o ciencia poltica. De all a constituirse en disciplinas, en momentos en que los saberes sociales se disciplinan, se presentar como un paso normal.

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Para comprender en su complejidad la unidad econmico/poltica del capital y el proceso de ruptura de esa unidad es pertinente considerar la particularidad de la primera fase de la circulacin, en donde se realiza la compra y venta de medios de produccin y de fuerza de trabajo. All los portadores de capital y trabajo se presentan como sujetos libres, que de manera soberana llevan a cabo el proceso de intercambio. Por ello, dice Marx, el mercado, aparece como el reino de la libertad 2/. El obrero es dueo de su fuerza de trabajo y de manera libre, sin coaccin visible ni sujecin a otros sujetos, se presenta a vender su mercanca, al igual que el burgus, quien tambin de manera libre llega al mercado con mercanca dinero, dispuesto a comprar fuerzas de trabajo.

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En ese proceso de libre intercambio importa destacar el obscurecimiento de los procesos polticos que lo hacen posible, y que ponen de manifiesto la coaccin y la ficcin de libertad en que se encuentra el vendedor de fuerza de trabajo 3/. Primero, porque l y su clase han sido objeto de violencia en los procesos de despojo y expropiacin de tierras y herramientas, quedando desnudos de medios de produccin. Segundo, porque el monto de dinero percibido por la venta de su fuerza de trabajo, slo le permite al trabajador su reproduccin diaria. Esto implica que necesariamente deba presentarse un da con otro nuevamente en el mercado a vender su mercanca, ya que de lo contrario es su propia existencia, como ser vivo, la que queda en entredicho. Lo que tenemos entonces es una nueva coaccin poltica imperando en la libertad de los trabajadores y su cotidiana presencia en el mercado. Tercero, porque el trabajador es expropiado de valor , a lo menos del que excede al valor de su fuerza de trabajo, lo que implica explotacin, y un Estado de derecho (dominio) que hace posible dicha explotacin.

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La fuerza de trabajo reposa en la corporeidad viva del trabajador, (msculos, cerebro, sistema nervioso, esqueleto, corazn, pulmones, etc.). No hay forma de separar a una del otro. Por tanto, cuando el trabajador vende su fuerza de trabajo, el capital no slo se lleva aquella mercanca, sino tambin la corporeidad viva total del trabajador. Y todo lo que le suceda a esa fuerza de trabajo, trabajando, en trminos de extenuantes jornadas, intenso trabajo, para no hablar de agotadoras horas de traslado de la vivienda al trabajo y viceversa, es al trabajador y a su cuerpo al que le sucede. Aqu radica el punto central del poder del capital sobre la vida, o biopoder. Y es por desconocer o relegar este proceso por lo que las formulaciones de Michel Foucault y Giorgio Agamben 4/ , en su radicalidad, terminan dejando de lado el proceso fundamental y generalizado que explica la capacidad del poder (del capital) sobre la vida, y de ponerla de manera permanente en entredicho en nuestro tiempo 5/.

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Es la presencia de una violencia institucional (consagrada por leyes en un Estado de derecho), de una coaccin encubierta, lo que explica que no tengan que presentarse policas a sacar de sus camas a los trabajadores a altas horas de la maana, ni a golpearlos para que se dirijan a los centros de transporte pblico y de all a sus trabajos. Aquella violencia de despojo ancestral, a la cual se aade ahora la violencia cotidiana (expropiacin diaria de plusvala), los obligan a buscar un salario para sobrevivir. Este es el cuadro de la libertad del vendedor de fuerza de trabajo. Lo que se presenta como operaciones simplemente econmicas son tambin operaciones polticas de sometimiento, violencia y coaccin encubiertas.

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Histricamente la ruptura entre economa y poltica toma forma en las ltimas dcadas del siglo XIX, con la llamada revolucin marginalista. Para la economa poltica clsica, que cristaliza en la segunda mitad del siglo XVIII y primera del siglo XIX, la reflexin de la economa remita de manera directa hacia las clases sociales y las formas de apropiacin de la riqueza social. As ocurra en el fisicrata Francois Quesnay con su Cuadro econmico (1758); en el primer libro, de los cinco que conforman La riqueza de la naciones (1776), de Adam Smith, o en David Ricardo, con su teora de la distribucin del ingreso en Principios de Economa Poltica (1817) 6/. Con el ingls William Stanley Jevons, el francs Len Walras y el austraco Anton Menger, antecedidos por el francs Antoine Augustin Cournot, la poltica explcita de la economa es definitivamente abandonada, para dar paso a una economa cada vez ms circunscrita a asuntos de la circulacin y del mercado, alejndose de los problemas de la produccin y despolitizada en su apariencia, y que se plantea como sustento de cientificidad la sofisticacin matemtica y estadstica 7/ .

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La despolitizacin de la economa (que no es sino otra forma de operacin poltica) tiene como uno de sus efectos abandonar la mirada sobre el conjunto de las fases del proceso econmico para concentrar su atencin en la circulacin y particularmente en la segunda fase, all en donde las mercancas valorizadas son lanzadas al mercado para su realizacin. Problema nada irrelevante para un capitalismo que hace crecer considerablemente la masa de valores de uso como resultado de las elevaciones de la productividad (y de la intensidad) y con ello propiciando la tendencia recurrente a las crisis. Las condiciones de equilibrio entre oferta y demanda, competencia perfecta, precios, utilidad marginal, entre otros temas, pasarn a constituirse en temas privilegiados de la nueva ciencia econmica y su mirada reduccionista.

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No es ocioso sealar que como resultado del quiebre antes sealado en el seno de la economa (que implica el paso de la economa poltica a manos del marxismo) y frente al incremento de las luchas sociales que acompaan el paso del capitalismo manufacturero al industrial, resultado a su vez de la constitucin de un proletariado cada vez ms extenso y organizado, surge la necesidad de una nueva disciplina en las ciencias sociales, ahora la sociologa, que se har cargo de explicar los problemas sociales, pero desde una perspectiva donde prevalece impedir el desorden social (o la anomia), bajo la impronta emprico/positivista de analizar los hechos sociales como cosas, al decir de Durkheim, en manos de quien cristaliza la nueva disciplina 8/.

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La conformacin de la economa y la poltica como disciplinas independientes, deja sin embargo a cada una bajo el espectro de las relaciones sociales que las constituyen, de explotacin a una y de dominio a la otra. Esto implica un problema demasiado serio an para el proceso del capital de revelar-ocultando. Por ello es necesario llevar a cabo una segunda ruptura, ahora en el seno de cada esfera, a fin de romper con las relaciones sociales que las constituyen.

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Romper relaciones y asumir cosas como objeto de reflexin es una caracterstica de los saberes que pone en marcha el mundo del capital 9/. Este paso, relegar relaciones y asumir cosas, se encuentra en la base del individualismo metodolgicoque prevalece en las ciencias sociales. El individuo cumple con todas las exigencias de la ciencia emprica y experimental que caracteriza en lo fundamental a los saberes en la modernidad capitalista. Por ello no tiene nada de extrao que se le asuma como la unidad bsica desde la cual los saberes actuales piensan los procesos de la sociedad.

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Fracturadas las relaciones sociales y establecido el privilegio de las cosas como objeto de las ciencias, en la esfera econmica el mercado se conforma en la entidad fundamental de una economa ya no-poltica. Es all en donde interactan los individuos, llevando a cabo operaciones de compra y venta. Pero en el mercado tenemos adems a individuos libres: nadie los coacciona, que no sean las razones del propio mercado, en sus procesos de intercambios. La ficcin de un mundo de hombres libres gana posiciones en las rupturas que realiza el capital.

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En la esfera poltica, autonomizada de la economa y abandonadas las relaciones sociales, suceden operaciones semejantes. En los relatos prevalecientes son individuos -que reclaman pasar del estado de naturaleza (all donde el hombre es un lobo para los dems hombres) al estado poltico- los que establecen un contrato social y los que darn vida al Estado. Ninguno de ellos tiene la capacidad de imponerse sobre los otros. Por ello el Estado podr erigirse en la autoridad de todos. La igualdad poltica de los que acuerdan es fundamental para sostener el imaginario de un Estado de todos. El relato contractualista juega as un papel central en la fetichizacin del capital en torno al imaginario de una sociedad de hombres iguales.

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Con la constitucin del ciudadano y ms tarde con el sufragio universal aquel proceso alcanza una nueva vuelta de tuercas. Cada cabeza es un voto y un voto es igual a cualquier otro voto. La democracia liberal termina por consagrar la igualdad poltica de los individuos.

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El doble proceso de fractura sealado -entre economa y poltica, inicialmente, y luego de las relaciones sociales que las constituyen- le permiten al valor que se valoriza (capital) reforzar la ficcin-realidad de un mundo de hombres libres e iguales. Y que lo que acontece en una esfera no tiene relaciones con lo que sucede en la otra. En pocas palabras, la doble fractura permite que la economa se manifieste como no-poltica, para que a su vez la poltica se manifieste como no-econmica 10 /
. Esto implica asumir que nada de lo que acontece en la economa (y ms particularmente en el mercado) es resultado de decisiones polticas (lo que sera muy gravoso).Y que nada de lo que acontece en la poltica es resultado de la accin de poderes econmicos (lo que rompera la ficcin de iguales).

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En el plano econmico, el capital no puede ocultar sin embargo que el mundo que construye est conformado por notables desigualdades sociales. La riqueza y la pobreza son visibles, como visible es su desigual reparto. El problema inicial ser naturalizar estos procesos. En pocas palabras, presentar que no existen relaciones sociales que los generan. As se dir que el mercado, en tanto mecanismo neutro socialmente, se encarga de distribuir la riqueza a travs de criterios puramente tcnicos, en funcin de las diferencias en materia de esfuerzo, talento y capacidades de los individuos. De este modo la desigualdad social imperante en la esfera econmica se presenta como no-poltica: no hay nada de dominio y de poder -en tanto relaciones entre agrupamientos clasistas-, sino slo operaciones tcnicas, las presentes en la generacin de riqueza y pobreza en el capitalismo. Las responsabilidades por la presencia de una y de otra reposan a su vez en razones puramente individuales: cada individuo, segn sus esfuerzos, capacidades y talentos, es el dueo de su suerte social.

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La desigualdad social no slo es un resultado puramente tcnico para el relato del capital. Constituye adems para ese relato- un gran motor en el desarrollo de la sociedad. Aquellos individuos que perciben menores proporciones de la riqueza social -y teniendo a la vista la riqueza y el bienestar de otros-, se vern impulsados a realizar mayores esfuerzos y a buscar mejores capacitaciones con el fin de acceder a escalones superiores de bienestar. De esta forma las acciones individuales en favor del ascenso social traen consigo mejoras para la sociedad en su conjunto.

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Las preguntas clsicas de la economa: qu se produce? cmo se produce? Para quin (es) se produce?, ponen de manifiesto que en momentos histricos determinados son los proyectos de determinados capitales los que prevalecen y organizan la vida en comn. Porque cuando decimos capital, en el fondo decimos muchos capitales, inscritos unos en la produccin, otros en la circulacin, terceros en la banca y las finanzas, y adems de tamaos y peso diferenciado y, lo ms relevante, orientados a mercados sociales distintos. No es lo mismo valorizar el capital produciendo automviles, que produciendo pan. En otras palabras, no existe un proyecto de reproduccin que permita a todos los capitales resolver sus necesidades por igual. El capitalismo es un sistema de competencia entre capitales y son algunos -en momentos histricos determinados- los que logran sacar adelante sus proyectos, en desmedro de los intereses de otros capitales. Esto se expresa a su vez hacia los sectores dominados, donde los proyectos del capital tienen consecuencias diferenciadas en sus condiciones de existencia 11/.

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El hecho que sean determinados proyectos del capital los que prevalezcan en momentos determinados (que significa decir: los intereses de determinadas clases, fracciones o sectores dominantes son los que prevalecen) nos traslada de manera inmediata al terreno de la poltica y del Estado. Quiere decir que los proyectos de determinadas clases, fracciones y sectores dominantes se han hecho hegemnicos y que en ese proceso han subordinado a otros proyectos de agrupamientos dominantes, que con mayor o menor fuerza, ventajas y desventajas, se articularn en torno a los proyectos hegemnicos, dando forma a una articulacin particular del bloque en el poder. Con ello nos acercamos a responder uno de los interrogantes claves del anlisis poltico: quin(es) detentan el poder? 12/
Desde esta perspectiva, la nocin de hegemona asume necesariamente una connotacin econmica/poltica, expresando dimensiones diferenciadas de la unidad del capital.

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Que la poltica aparezca como no-econmica es una dimensin fundamental para mantener el imaginario de una sociedad en donde la poltica, esto es, la capacidad de los sujetos de decidir sobre el curso de la vida en comn, es un asunto de todos en condiciones de igualdad poltica. Este imaginario se rompera si las desigualdades sociales imperantes en la economa se expresaran sin mediaciones como fuerza diferenciada en lo poltico, con lo que la mayor riqueza de algunos se manifestara como mayor poder poltico. Todas las fracturas que realiza el capital en su despliegue impiden que se erijan esos puentes y se establezcan esas ecuaciones.

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El sufragio universal apunta a resanar las fisuras que tienden de manera permanente a producirse en esa realidad. Cada cabeza es un voto y slo un voto. Por tanto, a la hora de decidir sobre los asuntos de la vida en comn, el dueo de Telfonos de Mxico (Telmex), Carlos Sl 13/, slo deposita un voto y con ello el grado de decisin proporcional correspondiente, igual que acontece con el voto que deposita el portero de aquella empresa. Al final, uno y otro slo dispusieron de un tomo de poder en la decisin general. El recuento final mostrar la correspondencia entre votos y ciudadanos participantes. Y para disipar dudas se pueden poner urnas transparentes en donde va medios electrnicos todos pueden ser testigos que Carlos Slim slo introduce una papeleta en la urna, igual que cualquier otro ciudadano.

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En una esfera poltica as conformada se construye adems la ficcin que en las elecciones fundamentales (las presidenciales en un rgimen presidencial, las parlamentarias en un rgimen parlamentario) se encuentra en juego todo o casi todo, salvo la democracia misma. En definitiva, que es el curso y la organizacin de la vida en comn lo que se pone en disputa cuando se elige a las mximas autoridades. Con ello se fortalece a su vez la ficcin del poder de los ciudadanos: los ciudadanos, en este relato, no pueden ser sino sujetos empoderados 14/

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En los hechos los ciudadanos eligen en un campo de juego que ha sido previamente delimitado y en donde las opciones a elegir han sido filtradas por las reglas y procedimientos inscritas en aquella delimitacin. El Estado de derecho imperante expresa los lmites del campo de juego y las reglas al interior de ese campo a las que deben someterse los jugadores-ciudadanos y sus rganos de representacin, los partidos polticos. De esta forma, en tales procesos, slo se encuentra en juego lo que aquellas delimitaciones permiten. Ello explica el enorme peso que alcanzan las exigencias a los contendientes sobre el respeto al Estado de derecho.

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Destacar lo anterior permite poner de manifiesto que todo Estado de derecho expresa el poder de clases que subyace en -y que establece- un orden social, previo a cualquier eleccin. Por tanto tiene sentido que el dueo de Telmex y el portero de dicha empresa depositen cada uno solo un voto. En los hechos Carlos Slim y todos sus iguales ya han votado (o ms claro, decidido) de manera previa, estableciendo las fronteras de lo legal y lo ilegal, de lo posible y lo imposible, del juego, del campo de juego y de sus reglas. Y son esas decisiones previas, en tanto poder constituido, las que organizan el curso de la vida en comn y, por supuesto, tambin las elecciones. Por ello, tendencialmente, quienes expresan ese poder siempre ganan en las elecciones, cualquiera sea el resultado. Y el voto de los porteros y sus iguales contar como la cuenta de los que no-cuentan al decir de Rancire 15/. Por eso, cualquiera sea el resultado, tendencialmente siempre pierden.

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En las elecciones de la democracia liberal no est puesto en juego el poder poltico del Estado. No se convoca para dirimir si la vida en comn la organizaremos en torno a la propiedad comn o en torno a la propiedad privada de los medios de produccin. En las elecciones slo se dirime qu fuerzas polticas y/o personeros asumirn los principales cargos del aparato de Estado, es decir, quienes encabezarn las instituciones en donde se administra el poder poltico, no quienes detentan el poder poltico. Ese aparato de Estado no est para servir a intereses sociales cualesquiera, ya que constituye la cosificacin de las relaciones de poder del Estado. Por ello an si se diese el caso de que fuerzas y personeros anti-capitalistas ganarn en elecciones y alcancen las cspides del aparato, ste operar como un verdadero pantano poltico en donde aquellas fuerzas y personeros, mientras ms se muevan en sus lmites, ms terminarn hundindose y desvirtundose sus proyectos.

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Dentro del marco de las relaciones sociales existentes, con el arribo de una clase reinante con proyectos distintos a los prevalecientes e incluso encontrados u opuestos, se pueden producir modificaciones en las relaciones de fuerza entre las clases dominantes y las clases dominadas, sin que se altere el fundamento del poder y del dominio. Tambin se pueden producir modificaciones en el seno del bloque en el poder y en el campo de las relaciones de fuerza entre el bloque de las clases dominadas.

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La eficacia de estos procedimientos se puede medir por el enorme nmero de elecciones realizadas a lo ancho del planeta, y en cada sociedad, en un periodo que cubre casi un siglo desde que se estableci el sufragio universal, bajo las reglas de la democracia liberal, y los pobres resultados alcanzados en materia de transformaciones polticas para el mundo de los dominados.

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Slo asumindose como negacin de lo alcanzado, y por tanto como paso posible, pero transitorio y rupturista, incluso con lo alcanzado, en la ruta de la destruccin de las relaciones sociales imperantes, es que aquellos triunfos electorales podrn revestirse de nuevas potencialidades rupturistas. Instalarse en el aparato y suponer que desde all pueden llevarse a cabo las transformaciones sociales es quedar atrapado en la telaraa fetichista construida por el poder poltico imperante, que terminar de entrampar y desgastar a los que se suponan triunfadores.

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La promulgacin de leyes en favor de los explotados y dominados por gobiernos populares insertos en el aparato de Estado burgus es algo bueno. Pero ello no puede hacernos perder de vista que esas leyes se inscriben en un Estado de derecho que como unidad protege y defiende los intereses de las clases dominantes que lo establecieron y promulgaron y que crearon un poder para sostenerlo. Tambin por ello promulgar un nuevo Estado de derecho o una nueva Constitucin, sin crear el poder de los dominados para imponerlo y defenderlo, no deja de ser una operacin bien intencionada, pero condenada al fracaso. Y en esta materia los fracasos tienen duros costos humanos y polticos y son de larga duracin.

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Discutir sobre las acciones polticas de gobiernos populares no significa desconocer su significacin, an para proyectos que se plantean transformar y revolucionar el orden social existente. Simplemente se trata de establecer sus lmites y romper con el fetichismo que lleva a hacer creer que instalndose en el aparato de Estado es posible no slo someter al capital, sino incluso construir un mundo ajeno al mismo. El Estado burgus y el aparato de ese Estado no son el lugar para una ni para otra cosa. Slo desde una poltica que busque ganar y acumular fuerzas para destruir las relaciones sociales imperantes tendr sentido ocupar posiciones en el aparato de Estado, de manera transitoria, si ello es posible. Pero desde esta perspectiva, pronto se har presente la necesidad de romper y negar aquello que se ha ganado, porque su carga y su condicin de obstculo para acumular fuerzas ser cada da mayor y mayor el desgaste de los sectores populares.

Notas:

1/ Marx [1973], El Capital, Mxico, Fondo de Cultura Econmica, Mxico, t. III, p. 768.

2/ La rbita de la circulacin o del cambio de mercancas, dentro de cuyas fronteras se desarrolla la compra y la venta de la fuerza de trabajo, era, en realidad, el verdadero paraso de los derechos del hombre. Dentro de estos linderos, slo reinan la libertad, la igualdad, la propiedad. Marx [1973], El Capital, Op. Cit., vol. I, pg. 128. (itlicas en el original).

3/ El contrato por medio del cual (el obrero, JO) venda se fuerza de trabajo al capitalista demostraba a ojos vistas () que dispona libremente de su persona. Cerrado el trato se descubre que el obrero no es ningn agente libre, que el momento en que se le deja en libertad para vender su fuerza de trabajo es precisamente el momento en que se ve obligado a venderla. Marx [1973], El Capital, op. Cit., p. 240. (Itlicas en el original).

4/ Del primero puede verse [1977], Historia de la sexualidad I. La voluntad de poder, Mxico, Siglo XXI Editores;[2000], Defender la sociedad, Argentina, Fondo de Cultura Econmica, y [2006], Seguridad, territorio, poblacin, Mxico, Fondo de Cultura Econmica. Del segundo, vase [1998], Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida.Valencia, Pre-Textos.

5/Para el desarrollo de estos problemas, vase de Osorio [2012], Estado, biopoder, exclusin. Anlisis desde la lgica del capital, Barcelona, Anthropos/UAM.

6/ Vase de Marx [1980], Teoras sobre la plusvala, Mxico, Fondo de Cultura Econmica, tomos I y II.

7/ Vase de Meek [1977], La revolucin marginal y sus consecuencias, E. K. Hunt y J. G. Schwartz, Crtica de la teora econmica, Mxico, Lecturas del Fondo de Cultura Econmica, 21. Tambin de Dobb [1977], La tendencia de la economa moderna, en Hunt y Schwartz, op. cit.

8/ Vase de Marini [1983], Razn y sinrazn de la sociologa marxista, Sergio Bag et. al, Teora marxista de las clases sociales, Mxico, Cuadernos de Teora y Sociedad, UAM-Iztapalapa. Una lcida exposicin de estos y otros problemas presentes en los orgenes de la sociologa puede verse en el libro de Therborn [1980], Ciencia, clase y sociedad. Sobre la formacin de la sociologa y del materialismo histrico. Madrid, Siglo XXI Editores.

9/ Prez Soto, Desde Hegel. Para una crtica radical de las ciencias sociales [2008], Itaca.

10/ Como acertadamente lo ha sealado valos en el libro de valos y Hirsch [2007], La poltica del capital, Mxico, UAM-X.

11/ Los problemas anteriores remiten a la nocin Patrn de reproduccin del capital. Para su tratamiento vase de Osorio [2016], Teora Marxista de la dependencia, Itaca-UAM, Mxico. Tambin de Osorio [2004b] el captulo 2 Patrn de reproduccin del capital: una alternativa en el anlisis econmico, Crtica de la economa vulgar. Reproduccin del capital y dependencia. Mxico, Miguel ngel Porra-UAZ.

12/ El otro interrogante clave es: cmo se ejerce el poder?. Vase de Osorio [2004a], El Estado en el centro de la mundializacin. La sociedad civil y el asunto del poder. Mxico, Fondo de Cultura Econmica.

13/ Uno de los hombres ms ricos del mundo de acuerdo a las clasificaciones de revistas como Forbes.

14/ Pero empoderados bajo formas (de violencia) institucional establecidas. De all el temor y la sorpresa cuando los ciudadanos expresan su poder en las calles, por ejemplo, y adems no de manera atomizada, sino bajo formas supra-individuales.

15/Vase Rancire [1996], El desacuerdo. Poltica y filosofa. Buenos Aires, Ediciones Nueva Visin, Buenos Aires, 1996.

Bibliografa:

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Marini [1983], Razn y sinrazn de la sociologa marxista, Sergio Bag et. al, Teora marxista de las clases sociales, Mxico, Cuadernos de Teora y Sociedad, UAM-Iztapalapa.

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Therborn [1980], Ciencia, clase y sociedad. Sobre la formacin de la sociologa y del materialismo histrico. Madrid, Siglo XXI Editores.

Jaime Osorio es profesor/investigador, Departamento de Relaciones Sociales, UAM-Xochimilco.

Fuente: http://vientosur.info/spip.php?article13796



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