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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-05-2018

Uruguay
Dlar planchado, defensa del statu quo explicada didcticamente

Marcelo Marchese
Rebelin


As como la ruptura de la tablita fue un factor determinante para la cada de la dictadura, la disparada del dlar y el corralito en el 2002 fue un elemento determinante para la derrota de los partidos tradicionales. De esa manera, en la escena poltica, se proyectaron las sombras del incendio que arras la economa nacional.

El pas entero mira de reojo a la Argentina y piensa que una corrida del dlar sera funesta para los trabajadores, los productores y el gobierno. Un desastre total, pero a ro revuelto, ganancia de pescadores, pues la crisis sera harto beneficiosa para aquellos que cuentan con reservas suficientes para acaparar bienes. Siempre significan una aceleracin en el proceso de concentracin de riquezas.

Habida cuenta de la devaluacin en Brasil y Argentina, desde el gobierno se intenta dar tranquilidad a la plaza y nada se puede objetar en ese sentido. El gobierno cumpli con todos los requisitos exigidos por el Banco Mundial y las calificadoras de riesgo: libre circulacin de capitales, dficit fiscal menguado y aumento contenido de la inflacin. Precisamente esas metas permitieron una buena calificacin, que a su vez otorga credibilidad a la hora de invertir en nuestros bonos, es decir, en nuestra deuda. El gobierno a su vez ha ido cambiando la deuda de dlares a pesos brindando bonos con buen inters. La deuda en pesos alcanza un 47%, y buena parte de esa deuda se encuentra en unidades indexadas, lo que quiere decir que cada peso a pagar aumenta a medida que el peso pierde valor.

El gobierno argumenta y propagandea que ha logrado el desacople de la regin, que significa que hemos diversificado nuestros destinos de exportacin y por eso dependemos menos de las ventas a Argentina y Brasil (1). Significa tambin que el porcentaje de depsitos por parte de argentinos en nuestros bancos ha disminuido y por eso los avatares del dlar en la regin deberan incidir menos que en el pasado.

Ahora bien, por ms relativo desacople que se haya logrado, el verdadero problema es que no hemos logrado un desacople a una economa minscula y frgil por donde se la mire.

El aumento del dlar en una economa minscula y frgil

El precio del dlar funciona por la ley de la oferta y la demanda. Cuantos ms dlares se lancen al mercado menor ser su valor y viceversa. El Estado tiene una variedad de recursos para planchar por un tiempo el dlar, dos de los cuales son las reservas del Banco Central que no se tocan por nada del mundo salvo para vender o comprar dlares (hemos perdido millones en esas operaciones) y la emisin de bonos en pesos, para cuya obtencin los inversores extranjeros deben desprenderse de dlares deprimiendo as su precio.

Sin embargo, una suma de factores pueden empujar a la suba del dlar, pues desde el momento en que EEUU aumenta su tasa de inters, los inversores compran los bonos de all, as que los dlares se van de ac para all y se supone que adems en un mes volvern a subir las tasas de all, lo que acentuar la depreciacin del resto de las monedas.

Esto quiere decir que si se deprecian las monedas locales de los pases que compiten por colocar los mismos productos que nosotros, ganan en competitividad y nos desplazan de los mercados, habida cuenta que todos vendemos en dlares. A su vez, si se deprecian las monedas locales en los lugares donde nosotros exportamos, como Argentina y Brasil, y no se deprecia la nuestra, tambin se reduce nuestra competitividad. Sumemos a estos factores la presin al alza por la consecuente prdida de ingresos por el turismo, pues pierde atractivo como destino un pas donde el dlar tiene escaso valor.

Dependemos, como todos los dems, de los vaivenes de la economa mundial: el aleteo de una mariposa en el este puede generar un cataclismo en el oeste. El problema es que no dependemos como todos los dems de los vaivenes de la economa mundial, sino que dependemos mucho ms que todos los dems de los vaivenes de la economa mundial, pues somos una economa minscula que en vez de aprovechar la dcada de buenos precios para generar produccin industrial, agregar valor a nuestras exportaciones, invertir en innovacin y desarrollo, robustecer el mercado interno, producir para la regin y diversificar de verdad nuestros puntos de venta, nos dedicamos a defender el statu quo de productores de bienes primarios que rezan para que no bajen los precios.

La inversin extranjera

En vez de utilizar la bonanza para iniciar el salto a la industria, hemos seguido las recetas del Banco Mundial y hemos logrado el visto bueno de las calificadoras de riesgo y as, a la hora de pagar deuda, emitimos ms deuda, que es lo que hacemos, mientras alentamos la inversin extranjera que nos permitira adquirir ms tecnologa, tecnologa que no hemos adquirido ni por las chapas, y dinamizar nuestra economa, dinamizacin que no encontraremos aunque busquemos afanosamente (2).

Se supone que en nuestros pases falta inversin y que las nicas posibles son las que provienen del extranjero. De ah los beneficios fiscales para atraerlas, es decir, la prdida de millones de dlares en forma de tributos no cobrados, aunque otros pases como nosotros no exoneran y el capital igual permanece. Se supone que toda la inversin extranjera es benfica e innovadora, pero lo que aqu ha hecho es aduearse de lo que ya funcionaba, amn de tierras: frigorficos, arroceras, produccin cerealera, exportaciones, bebidas, grandes superficies e instituciones bancarias (3).

Falta en rigor demostrar que aqu no haya capitales para invertir. Los uruguayos tenemos ms dinero colocado afuera que la suma de nuestra deuda y el Banco Central reserva millones de dlares para la eventualidad de tener que frenar una disparada del dlar, o para mantenerlo en la franja preestablecida, y as un da vende y el otro compra y perdemos fortunas que se suman a las fortunas que perdemos cada vez que emitimos nueva deuda, para pagar la deuda vieja y tirar la pelota para adelante.

Sin mencionar el imprescindible plan de desarrollo nacional que seguiremos esperando, acaso con algunos de esos miles de millones de reserva se podra hacer algo, un incentivo a los productores nacionales que nos equipare con los inslitos beneficios a los capitales extranjeros. Acaso los mil millones, que a la larga sern mucho ms que mil millones, que gastaremos para beneficio de UPM mientras despuebla el campo con forestaciones y termina de poluir el Ro Negro, podran utilizarse para algo ms creativo, como financiar la produccin de aceite de soja o sostener a la gente que debe vender sus campos.

Hace tiempo la Cmara de Industria y los productores rurales claman por un dlar ms alto y la sla idea de un dlar ms alto nos asusta a todos, pues nos recuerda el 2002 y el 82, pero si la exportacin tiene un freno, si perdemos competitividad, si se corta la cadena de pagos, si se deprime el mercado interno, si se pierden puestos de trabajo, como se han perdido cincuenta mil en los ltimos tres aos, a la postre, todo esto junto a los otros factores, provocarn la subida abrupta del dlar y la ruina por aadidura.

La poltica monetaria

Podemos mantener el dlar o subirlo un poquitito, para asegurarnos el gran logro de frenar la inflacin, apostar a cierto consumo de bienes importados y mantener el dficit fiscal bajo, pero eso significa mantener el statu quo, mantenernos flotando como un corcho en tanto sigan comprando a buen precio nuestra carne y nuestra soja (no existe nuestra celulosa; nuestra carne y nuestra soja tampoco son del todo nuestras), pero apenas los precios bajen, como ha sucedido siempre en la historia del capitalismo, nos veremos en serios problemas y eso es lo que ha pasado: los precios bajaron, los productores rurales se endeudan, las empresas van a concurso, la inversin retrocede, la desocupacin se incrementa, la marginacin crece, la inseguridad aumenta y los tiburones que especulan con la crisis acechan, pues penosamente desaprovechamos el momento para iniciar el camino a otra economa y nos guardamos la guita para la eventualidad de usarla para mitigar lo inevitable, como si un hombre que muere de sed guardase un balde de agua para la eventualidad de apagar un incendio.

Una leve y progresiva suba del dlar aliviara la situacin, pues sera un incentivo a la produccin nacional, el verdadero motor de la economa. Es una medida que debera acompaarse de otras medidas, como atender a los asalariados y a los deudores en dlares.

Las seales de alerta son evidentes. No por capricho surgi el movimiento de los autoconvocados y de nada sirve divagar con que es un movimiento con intereses poltico partidarios. Ac no vienen a cuento las estadsticas amaadas. Los signos de crisis son elocuentes, los vemos en la movilizacin del campo y los vemos en la calle. Todava hay margen de sobra para actuar, pero si slo destinamos los recursos a mantener el statu quo, en algn momento nos encontraremos a las puertas del desastre.

Notas:

(1) El actual desacople no es muy seguro, pues nos encontramos en la eventualidad que nuestro principal mercado China, invierte en alcanzar el autoabastecimiento de alimentos y a modo de ejemplo, compra millones de hectreas en otros pases.

(2) Lejos de dinamizar, la inversin extranjera lo que ha hecho es despoblar y empobrecer. El aliento al monocultivo de eucaliptus ha sembrado taperas. Su impacto social son grandes bolsones vacos de poblacin, con la consecuente destruccin de formas culturales de arraigo y permanencia. Citado de entrevista a Federico Cantera Nebel.

(3) Salvo la produccin de celulosa, que por otra parte se ha apropiado de los eucaliptus.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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