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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-05-2018

El discurso sobre el populismo en la coyuntura electoral mexicana

Miguel A. Ruiz Acosta
Ruta Krtica


Durante los ltimos das de abril el abigarrado paisaje de la Ciudad de Mxico amaneci con una pequea novedad: los autobuses de una de las innumerables rutas de transporte urbano comenzaron a rodar mostrando la publicidad de una serie de televisin que se transmitira prximamente: Populismo en Amrica Latina. El anuncio es muy sencillo pero sugerente: muestra las fotos de Luiz Ignacio Lula da Silva, Juan Domingo Pern, Hugo Chvez y Andrs Manuel Lpez Obrador, quienes aparecen juntitos, hombro con hombro. Este ltimo (popularmente conocido como El Peje) es candidato por tercera ocasin a la presidencia de Mxico, en esta contienda por el joven partido Movimiento de Regeneracin Nacional (MORENA). La idea transmitida tanto por el anuncio como por el triler del quinto y ltimo captulo, dedicado al Peje, es muy simple: Andrs Manuel es el continuador de una estirpe de polticos latinoamericanos caracterizados como populistas.

No es nuestra intencin llamar la atencin sobre los intrngulis de la proyeccin de una serie que an no ha sido televisada, y que tal vez no salga pronto al aire por la controversia que gener su anuncio, sobre todo por dos incgnitas que hasta el momento no han sido respondidas: quin la transmitir? Y, sobre todo, quin la financi? Por el contrario, nos concentraremos en otras interrogantes de carcter ms general: A qu nos referimos en la actualidad cuando hablamos de populismo? Es pertinente la utilizacin de este trmino para comprender mejor el presente latinoamericano? A quines conviene y por qu motivo mostrar a Lpez Obrador como un lder populista?

Tal expresin ha tenido a lo largo de la historia contempornea usos muy variados y hasta contradictorios, de acuerdo a quien los elabora, como sostienen el politlogo Marco DEramo El populismo y la nueva oligarqua o el filsofo Jorge Luis Acanda, entre otros: desde los partidos polticos de finales del siglo XIX que incorporaron con orgullo en su denominacin y programa al pueblo, en Estados Unidos y Rusia, por ejemplo; hasta las oligarquas actuales que lo usan para nombrar a los lderes o movimientos polticos que ponen en cuestin sus privilegios; pasado por diversas acepciones de carcter ms sociolgico a lo largo del siglo XX.

Si bien reconocemos que esa etiqueta puede ser de cierta utilidad para comprender un momento particular de la historia de algunos pases de Amrica Latina (los aos treinta y cuarenta en Mxico, Brasil y Argentina), coincidimos con Acanda cuando sostiene que en la actualidad la utilizacin indiscriminada del trmino constituye un mecanismo engaoso, con una clara intencionalidad poltica: atemorizar a la poblacin respecto al peligro (social, econmico) que implicara apoyar proyectos encabezados por lderes supuestamente demaggicos e irresponsables. O, para ponerlo en palabras de Marco DEramo: el trmino dice mucho ms del que lo profiere que de quien es simplemente denigrado por l En qu sentido sostenemos tales afirmaciones?

En primer lugar, creemos que es engaoso porque la forma ms comn en que hoy lo utilizan el discurso periodstico y la ciencia poltica hegemnica y esto excluye la variante propuesta por Ernesto Laclau se refiere ms a una cuestin de forma que de fondo, centrndose principalmente en ciertas caractersticas del discurso, y no tanto en los contenidos de fondo o en la gestin poltica encabezada por movimientos o gobiernos considerados populistas. Al proceder de esta forma, el saco populista es tan grande que caben experiencias histricas harto dismiles y hasta contrapuestas: los gobiernos de Hitler, Mussolini, Crdenas, Pern, Berlusconi, Chvez, Lula, Evo, Bucaram, Correa; el liderazgo de Haya de la Torre o el actual movimiento electoral encabezado por Lpez Obrador. Difcilmente una aproximacin seria a la historia del mundo podra arrojar una identidad esencial entre la lista mencionada pues, ms all de las posibles coincidencias circunstanciales en el estilo retrico de algunos de los personajes en cuestin, no parece existir algn elemento comn de fondo que los iguale en una misma categora poltica.

Por otro lado, creemos que DEramo tiene razn al plantear que en los tiempos que corren, cuando omos hablar de populismo es ms fcil sacar conclusiones sobre los actores que emiten el mensaje que sobre los aludidos. Si hiciramos un sencillo ejercicio de bsqueda periodstica para averiguar cules son los principales grupos sociales que en Amrica Latina hoy hablan sobre el fantasma del populismo como un espectro del cual deberamos tener cuidado, no sera difcil concluir que la mayora de ellos son parte, de una u otra manera, de las capas ms privilegiadas de nuestras sociedades: grandes grupos empresariales y mediticos, partidos polticos e intelectuales comprometidos con la conservacin de un orden social excluyente, etc. Por lo general, estos sectores son los ms interesados en conjurar la posibilidad de que partidos o movimientos que cuestionen (aun sea de forma tmida) los privilegios existentes, puedan convertirse en alternativas de poder poltico.

En este sentido, el caso mexicano no es una excepcin. Nuestro pas hermano est a puertas de un proceso electoral en donde se est jugando la posibilidad de tomar cierta distancia de las formas en que se ha venido ejerciendo el poder poltico; mismo que ha sido puesto al servicio de un proyecto a la medida de las oligarquas que lo controlan y de los intereses de su poderoso vecino del Norte. No es de extraar que hoy, esas fuerzas que se sienten amenazadas, lancen una campaa como la antes descrita, para desprestigiar al lder de un movimiento electoral que ha ido creciendo en los ltimos meses; que adems tiene posibilidades de tornarse gobierno, con lo que el statu quo se pondra en entredicho.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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